sábado, 25 de marzo de 2017

Siempre me sorprenderá


Estoy sorprendido,
pasmado,
impresionado,
estupefacto,
desconcertado,
sobrecogido,
perturbado,
atónito,
aturdido,

Cervantes jamás escribió ‘El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha’, ¡no! Cervantes escribió ‘El ingenioso hidalgo de La Mancha’. Añadir ‘don Quijote’ fue una aportación del impresor Juan de la Cuesta. Este es el expediente de solicitud de licencia de impresión que instruye Antonio de Herrera a petición manuscrita y autógrafa de Miguel de Cervantes para la impresión del libro titulado ‘El Ingenioso Hidalgo de La Mancha’ (pinchar sobre la imagen para aumentar de tamaño). 


Aquí se puede leer la transcripción de la petición. Contiene diligencia de examen y aprobación, va acompañada de solicitud y trámite.

Si hay días que lo mejor no es levantarse de la cama, ¿qué ocurre cuando son semanas? Comencé la semana con la piscina y la finalizo con esto… ¿finalizo? No, todavía queda el día de hoy y mañana domingo…

martes, 21 de marzo de 2017

De cabeza a la piscina



Martes y ya estoy ‘off’. Dos días de semana y estoy agotado, pero no es un cansancio físico, no, se trata de un cansancio mental. Tenía que terminar con rapidez el proyecto de rehabilitación de una fachada; no es complicado, lo que ocurre es que me lo encargaron hace dos semanas, ya que esta semana querían comenzar los trabajos y he tenido que ir a toda leche.
A todo esto tengo que añadir a un tocapelotas que quería que le calculase unas cargas en una piscina que van a remodelar. Tiene, más o menos, forma de riñón, con una profundidad de 1’80 m. Pues bien, quiere que la mitad se le quede a profundidad de 40 cm. sobre un forjado y el resto no tocarlo. El forjado iría sobre muretes perimetrales y se colocarían siete escalones, a eso habría que añadir un banco corrido sobre la parte menos profunda. El problema de todo ello es que no me ha dado medidas de la piscina (la he tenido que dibujar por intuición) y he hecho los cálculos en base a unos planos originales que tienen más de 20 años. Resumiendo, una vez hechos todos los cálculos (en menos de una semana) me envía un correo haciendo unas puntualizaciones que no es lo que me había pedido, añadiendo otras que son absurdas, hay que decir que no me había pasado suficientes datos y me he regido por el CTE.
Ahora mismo tengo un cabreo impresionante. Tengo que pensar cómo escribo la contestación a su correo, cómo le contestaría a un amigo si el encargo fuera suyo, pero hacerlo de forma elegante; como alguien me dijo una vez “con una sonrisa en la boca se le puede llamar hijo de puta a cualquiera”. Tendré que poner mi mejor sonrisa. Pero hoy no tengo ganas de pensar, mañana será otro día.

sábado, 18 de marzo de 2017

Hablamos en diez años


Siempre hay un punto de inflexión. Estoy convencido que ante una situación o decisión difícil no hay ser humano que no haya pensado en algún momento ‘si el tiempo volviese atrás…’, ‘si lo hubiese sabido antes…’, en clara alusión a una posible rectificación de las circunstancias actuales.
Creo que fue Stephen Hawking el que dijo que la prueba de que no se puede viajar en el tiempo es que en nuestra época no hay gente del futuro. Cosa bastante lógica, por cierto, de no ser así, ¿por qué en este 2017 no hay gente de años sucesivos? Me da lo mismo 2100 que 3500. Conclusión: el viaje en el tiempo es imposible.
Cada decisión que tomemos en determinados momentos puede ser decisiva para el futuro y aquel ‘yo’, quizá, recrimine a este ‘yo’ por qué no ha pensado mejor las cosas. Soy una persona que piensa mucho antes de tomar según qué decisiones, que calla antes que decir según qué cosas; quizá porque temo que puedan tener la influencia no deseada en el futuro, aunque en el presente puedan ser llevaderas. Un silencio no creo que comprometa y, en cierta forma, no me gusta el compromiso (esto requeriría un artículo para explicarlo). Si a veces nos parásemos a pensar cómo podemos vernos en el futuro estoy convencido que no pensaríamos tantas veces en el pasado para tener la opción de rectificar. Así pues, la cuestión no es haberlo sabido antes, la pregunta sería ¿cómo me veo de aquí uno, dos, cinco o diez años? ¿Por un momento alguien ha pensado cómo será su vida en un futuro? ¿Cómo le gustaría que fuera? Simplemente hay que pensarlo un momento, para no tener que decir eso de ‘si el tiempo volviese atrás…’. El ‘carpe diem’es algo que habría que cogerlo con pinzas…
¿Cómo me veo yo en un futuro? ¿Cómo te ves tú? ¿En diez años, por ejemplo? Te espero allí para contárnoslo, nos vemos en 2027. Si el tango dice que ‘veinte años no es nada’, diez son ‘na’.

martes, 14 de marzo de 2017

¿No ibas hacia la luz?



Estoy llevando la dirección de una obra; concretamente se trata de una vivienda de 120 m2 que ha sido prácticamente reformada y aunque siempre se ha dicho que ‘el que paga manda’, una cosa es pagar y otra tener razón.
Hace unos días cuando llegué a la obra para inspeccionar los trabajos (suelo ir cada dos días de visita de obras) dio la casualidad que también estaba allí la dueña del inmueble. De ese modo, acompañado de ella, hablé con los industriales que estaban trabajando y nos dimos una vuelta por la obra. De repente me suelta, así, a bocajarro:

- El tabique que hay en el comedor hay que demolerlo.
- ¿Y eso? - le pregunté extrañado.
- Me lo ha dicho la decoradora - contestó.

En ese momento, no sé de dónde, escuche una voz chillona que dijo:

- Buenos días. Soy Carmen, la decoradora.

Yo la vi y la primera imagen que me vino a la mente fue la de Tangina, la médium bajita de Poltergeist. Bien. Después del pertinente saludo expliqué, tanto a Laura (la propietaria) como a Carmen ‘Tangina’ (la decoradora), que eso que ellas llamaban ‘tabique’ no era tal, sino un muro de carga, que es imposible tocar porque afecta directamente a la estructura.
Tangina’ se puso a explicar que si se demolía quedaría un espacio mucho más amplio que permitía un juego de luces y sobras con la luz que entraba desde una ventana que entraba por la pared lateral y bla, bla, bla…
Cogí el lápiz que siempre llevo a las obras, por si tengo que hacer algún dibujo, y en una de las paredes hice un croquis de la pared que querían demoler… con flechas… cargas… esfuerzos… números… Sinceramente, si hubiera estado solamente ‘Tangina’ no me hubiera molestado en hacer tantas cosas, le hubiera dicho que no y punto. Pero estando Laura ella tenía que sentirse convencida de porqué no podía eliminarse esa pared.
Pues bien, aun así, la decoradora seguía en sus trece. Como la noche anterior no había dormido demasiado, era viernes y casi la hora de comer opté por una solución que me parecía que podría satisfacer a ambas partes.
Les dije que el lunes nos veríamos allí todos de nuevo. Yo iría en presencia de un notario y con un documento que habría redactado durante el fin de semana en el que me eximía de cualquier decisión que se tomase y que no estuviese redactada en el proyecto básico y de ejecución. Asimismo, que cualquier consecuencia derivada de la modificación recaía en ‘Tangina’ (yo dije Carmen).
Lo que son las cosas, esa pared de carga ya no hacía falta eliminarla. No obstante, tengo que reconocer que me salió bien la jugada, ya que eso que yo proponía no se puede hacer, es decir, no se puede tomar una decisión sabiendo que puede suponer un riesgo; la única solución era renunciar a la obra con todo lo que eso conllevaba (habría que leer el pliego de condiciones del proyecto) y, además, un decorador no tiene ninguna competencia en estructuras. Dicho de otra forma, me tiré un farol y me salió bien.
La propietaria se fue convencida y ‘Tangina’ con cara de pocos amigos. Yo me fui al muro de carga, sonreí y le di dos palmaditas. Menos mal que, al final, habían ido hacia la luz…

PD. Próximamente hablaré de los decoradores…

sábado, 11 de marzo de 2017

martes, 7 de marzo de 2017

El Quijote digitalizado


Versión digitalizada de 2010 (pinchar sobre la imagen)



Versión digitalizada de 2015 (pinchar sobre la imagen)

http://quijote.bne.es/quiosco/

sábado, 4 de marzo de 2017

Cuando el tiempo es fugaz



En más de seis años pueden pasar muchas cosas. Volviendo la vista atrás podríamos recordar cosas que nos han marcado. Pero, quizá, seis años no sean nada, simplemente hojas caídas del calendario.
Hace unas semanas he retomado el contacto con una persona a la que hacía seis años que no veía, para ser exactos más de seis, desde finales de 2010. En cierta forma, aunque el contacto físico no existía, sí que existía el contacto virtual. Era muy espaciado, a cuentagotas, como un Pepito Grillo que te dice “¡Eh, estoy aquí!”. Si tuviera que usar un término más específico diría que nuestra relación estaba aletargada. Si retrocedo en el tiempo, no recuerdo qué fue lo que hizo que llegáramos a ese punto… puedo pensar que fue el estado natural de la situación.
Hay una curiosidad en mi vida que se ha repetido desde hace años: siempre he tenido una conexión especial con las mujeres que su nombre, ya sea sólo o compuesto, sea Ana o María… y, aunque pueda sonar extraño, lo atribuyo a que mi primera novia, que falleció a los pocos días de cumplir dieciocho años, se llamaba Ana María… quizá sea por eso. En este caso, la persona de la que estoy hablando se llama Ana.
Escribí sobre ella hace años, casi, casi en el umbral de las últimas veces que nos vimos y releyendo aquella entrada me atrevería a copiar casi, casi, letra por letra todo lo que allí decía. Podría decir que durante este sexenio largo la sensación sería extraña, casi como dos desconocidos, pero estaría faltando a la verdad. Al igual que escribí entonces, hoy puedo repetirlo:

Podemos estar tiempo sin hablar y volver a hacerlo en el mismo punto que lo habíamos dejado, como si hubiera sido un hasta mañana

Si para Fray Luis de León, cinco años se podían condensar en veinticuatro horas, el “como decíamos ayer” es algo que cabe perfectamente en nuestro reencuentro. Aunque solamente en apariencia. A los pocos minutos del reencuentro me dijo: “estás igual”, cosa que me contrarió, ya que si estoy igual que hace seis años es que me he quedado estancado, como una piedra en la cima de una montaña inexplorada. Sin embargo ella no, ella estaba distinta. Siempre ha sido muy elegante para vestir, sin ser lo que podríamos llamar ‘una pija’; yo diría que sabe lo que le queda bien y eso realza su elegancia; ha moldeado su cuerpo hasta proporcionarlo a su altura y tiene una forma de caminar y de sentarse que denota la seguridad que tienen las mujeres que se sienten observadas por otros hombres. Puedo dar fe de ello, ya que tanto caminando con ella, como sentado fui testigo de las miradas furtivas que le echaban algunos aficionados a galán… cosa que, dicho sea de paso, aumentaba mi orgullo por ser yo el que disfrutaba de su compañía. Si tuviera que hablar en término coloquial diría que ‘es un pibón’.
Resumiendo, yo continúo siendo una piedra y ella, de patita (no diré fea, porque no lo es), ha pasado a hermoso cisne.
Pero no todo es el físico. Ya he dicho anteriormente que tengo una conexión especial con la gente de cierto nombre, atribuyámoslo a algo esotérico. Quizá, por eso, podría decir que es la persona que mejor me comprende. Hay una persona, María (sigue la casualidad de la nomenclatura), de Zaragoza, que es la que mejor me conoce… aunque ahora no toca hablar de ella. Pero, por eso, quiero señalar que no es lo mismo conocer a alguien que comprenderlo… y Ana me comprende. Durante todos estos años, en más de una ocasión, he tenido la tentación de llamarla, de hablar con ella, pero… también tenemos vidas distintas que condicionan la libertad de poder tener una relación más fluida… cada cual vive en su jaula.
Con ella he tenido la libertad de expresarme como he querido, decir lo que me ha dado la gana y jamás he tenido un reproche por su parte… no sé si es porque ella piensa lo mismo o porque realmente sabe que es mi forma de ser, de pensar, de expresarme y lo respeta. La libertad de poder decir lo que quiera, sin que alguien se ofenda por todos mis pensamientos, solamente la he tenido con ella. Como dije en aquel escrito que le dediqué:

Tiene ese puntito agudo que me preocupa, me desconcierta y es una derrota de mi ego, porque me comprende, quizá, como nadie. En ocasiones me siento como un caballero sin su armadura y ella, supongo que sabiéndolo, responde con una risa evidenciando su enésimo triunfo hacia mi coraza. Pero esto yo nunca se lo reconoceré mirándola a los ojos

Y así continúa siendo. Pero tiene un precio… y es que cuando estoy con ella, por ejemplo, sentado en una terraza, el tiempo, que para el resto de los mortales serían tres horas, para nosotros son diez minutos. Como le dije una vez, si nos hubiésemos conocido de adolescentes y hubiésemos estado juntos, ambos seríamos ya dos nonagenarios. Nuestro tiempo no se mide en el calendario gregoriano… en él las hojas caen lentamente. Nosotros debemos inventar otro concepto para esa palabra.
Podría seguir escribiendo más, bastante más… pero ya queda para otra ocasión y son casi las 12:00 horas.