
Estos días, vísperas de Todos los Santos, estoy un poco pensativo. Tampoco es que sea nada de importancia pero desde hace un tiempo me ha surgido una duda que se ha agudizado con la fiesta que se acerca en recuerdo de los muertos.
Es una especie de duda existencial sobre mí cuando ya no esté aquí. Tampoco es algo que no me deje vivir, pero sí que lo pienso de vez en cuando. Se trata de cuando me muera (evidentemente antes), elegir entre incineración o enterramiento de los de toda la vida, o sea dentro de la caja y al nicho.
De momento no tengo idea de morirme, pero es algo que pensé este verano, después de una visita al cementerio y vi una tumba abierta con un ataúd medio deshecho. No sé, está claro que no me enteraré cuando llegue el momento pero claro… acabar así…
Tampoco tengo miedo a caer en un estado de catalepsia, puesto que soy donante y espero que algún órgano vital se pueda aprovechar.
Por otra parte la incineración es algo que nunca me había planteado. Tampoco me parece muy agradable que alguien tenga las cenizas de un muerto encima del televisor, evidentemente espero que conmigo no lo hicieran, y si tuviera que decir que esparcieran mis cenizas en algún sitio hay, hoy por hoy, dos o tres donde me gustaría descansar, y el caso es que ir con el coche para que suelten un par de piernas y medio brazo transformado en polvo pues no sé, porque está claro que una vez muerto se trata de descansar en paz, y que los demás también lo hagan.
Llevo pagando (bueno mi madre) el recibo de los muertos desde que tengo un mes de vida así que, después de 35 años, ya hay pagados unos cuantos entierros, vamos que para que me lleven en carroza y suene la Marcha fúnebre de Chopin a mi paso. Por lo visto es más económico la incineración que el entierro normal (que es lo que estoy pagando) y menuda gracia estar pagando algo que luego no se usará porque, literalmente, irá al fuego.
En fin, esta es mi duda. Ya sé que todavía (o eso espero) no me llega la hora. Supongo que dadas las fechas, ha vuelto a resurgir esa duda en mi interior, algo así como ¿mañana me pongo corbata, o no, para ir a una reunión?
Es una especie de duda existencial sobre mí cuando ya no esté aquí. Tampoco es algo que no me deje vivir, pero sí que lo pienso de vez en cuando. Se trata de cuando me muera (evidentemente antes), elegir entre incineración o enterramiento de los de toda la vida, o sea dentro de la caja y al nicho.
De momento no tengo idea de morirme, pero es algo que pensé este verano, después de una visita al cementerio y vi una tumba abierta con un ataúd medio deshecho. No sé, está claro que no me enteraré cuando llegue el momento pero claro… acabar así…
Tampoco tengo miedo a caer en un estado de catalepsia, puesto que soy donante y espero que algún órgano vital se pueda aprovechar.
Por otra parte la incineración es algo que nunca me había planteado. Tampoco me parece muy agradable que alguien tenga las cenizas de un muerto encima del televisor, evidentemente espero que conmigo no lo hicieran, y si tuviera que decir que esparcieran mis cenizas en algún sitio hay, hoy por hoy, dos o tres donde me gustaría descansar, y el caso es que ir con el coche para que suelten un par de piernas y medio brazo transformado en polvo pues no sé, porque está claro que una vez muerto se trata de descansar en paz, y que los demás también lo hagan.
Llevo pagando (bueno mi madre) el recibo de los muertos desde que tengo un mes de vida así que, después de 35 años, ya hay pagados unos cuantos entierros, vamos que para que me lleven en carroza y suene la Marcha fúnebre de Chopin a mi paso. Por lo visto es más económico la incineración que el entierro normal (que es lo que estoy pagando) y menuda gracia estar pagando algo que luego no se usará porque, literalmente, irá al fuego.
En fin, esta es mi duda. Ya sé que todavía (o eso espero) no me llega la hora. Supongo que dadas las fechas, ha vuelto a resurgir esa duda en mi interior, algo así como ¿mañana me pongo corbata, o no, para ir a una reunión?