martes, 31 de diciembre de 2019

Otro más...



Siempre se suele hacer balance a final de año… ¿qué va a cambiar de un día para otro?
Este 2019 ha sido especial por muchas cosas y quedará grabado a fuego en mi memoria y corazón. Lo que me importa es 2020… el futuro se presenta apasionante.
Feliz año para todos.

martes, 24 de diciembre de 2019

Una noche distinta



Esta es la misma entrada que puse hace un año, dos, tres, cuatro, cinco… y la misma que puse en esta fecha desde que comencé en el maravilloso mundo bloguero, allá por el cada vez más lejano enero de 2008. El día es el mismo, por eso creo que sirve. Un año más y los motivos son los mismos, como lo serán al año que viene y al siguiente, y al siguiente, y al siguiente… Sólo eso, al fin y al cabo, aunque no participe del folclore navideño, sí que creo que es una noche distinta.
Desde el año 97, el día de Nochebuena, siempre hago lo mismo; a las 8 de la tarde subo a la terraza de la casa de mis padres y enciendo una vela. No soy muy amante de la Navidad, pero sí que creo que esa es una noche especial. Tengo la suerte de haberla celebrado siempre en compañía de mi familia, por ello me siento afortunado, por poder estar con la gente que quiero. Pero también surgen otros sentimientos inevitables, como son el acordarme de mis seres queridos que ya no están. Por eso necesito un momento para acordarme de ellos en soledad. Justo es el momento en el que enciendo la vela. Me acuerdo, especialmente, de ellos y no puedo evitar la melancolía, esa que solamente se puede sentir en privado... y es que algunas cosas nunca cambiarán.
Después del primer recuerdo dedico mi luz a más gente; primero a personas que conozco y que comparten cualquier tipo de relación conmigo y después, muy especialmente, a gente que no conozco pero que existen. Y pienso en todos los que están lejos de casa por motivos de trabajo y esta noche no estarán con sus familiares, en aquellos que tienen que pasar la noche en un hospital, que tienen que dormir en un cajero, en un banco o en cualquier contenedor. En esas madres que desde sus países pensarán en sus hijos, lejos de casa; en aquellos lejos de sus países por cualquier motivo; en los que están de viaje; en aquellos que esta noche cenarán solos en casa porque no tienen familia u otros que, sencillamente, no podrán cenar; en todos aquellos que acabaron sus días lejos del hogar… como mi admirado poeta y en tantos más que se nos podrían ocurrir y que no por no nombrarlos están ausentes. Por todos ellos también enciendo la vela, para que su luz, al menos esta noche, no les haga sentirse tan solos. Que sepan que alguien, desde la distancia, se acuerda de ellos y sabe que existen. Nunca se sabe, quizá, alguna vez, tal noche como esta, yo pueda estar en alguna de esas situaciones y no tener a nadie cerca para poder compartirla.
Este año, como los anteriores, también les dedico esta canción. Un canto a la paz y a la libertad nunca igualado, igual que os la dedico a todos los que pasáis por aquí.

Que paséis una buena noche.



sábado, 21 de diciembre de 2019

Lectura y arquitectura



Hoy muchos escriben, muchos ven edificios… todos quieren expresar sentimientos y opiniones mediante las palabras, todos se emocionan delante de un edificio con singularidad arquitectónica. Pero, ¿cuántos leen? ¿Cuántos saben lo que están viendo? En cierta forma, la lectura es un estado superior a la escritura, de la misma forma que la observación lo es de la visión. Sólo sabremos escribir con el lenguaje que se haya adquirido leyendo… sólo sabremos saber lo que estamos viendo con la observación.
Es posible que algunos nazcan con el don de la palabra y puedan transmitir sus sentimientos y pensamientos de una forma distinta, pero esa virtud también se tiene que trabajar y cuidar. Las palabras están ahí, nadie las conoce si antes no las ha buscado o leído por casualidad… es algo que está al alcance de cualquiera.
Del mismo modo ocurre con la arquitectura. Cuando nos encontramos delante de un edificio, pongamos una iglesia, ¿sabemos lo que estamos viendo? En tales situaciones siempre hago dos preguntas ‘¿te gusta?’ y ‘¿por qué?’ y las respuestas nunca varían, ‘sí’ o ‘no’ y ‘porque es bonito’ o ‘porque es feo’, respectivamente. En este punto, hago una tercera pregunta… ‘¿por qué te gusta?’ o ‘¿por qué no te gusta?’… y es aquí cuando la otra persona encoje los hombros y se limita de decir ‘no sé’. Aquí es donde quería llegar… la gente ve, pero no observa, y no observa lo que está viendo.
No recuerdo quien dijo que ‘si no lees no sabes escribir’, igualmente podría decirse que ‘si no observas no sabes lo que estás viendo’.


Por ello, si no tenemos palabras, si no tenemos lecturas en nuestra memoria que enriquezcan nuestro lenguaje, nuestro pensamiento será pobre.
Hay personas que toleran y dicen sin ruborizarse que no leen, pero si se les dice que no saben pensar, eso lastima su orgullo y, sin embargo, una cosa condiciona a la otra.
Por ello, la lectura es una herramienta de desarrollo fundamental y donde mejor se desenvuelve esta herramienta es en los libros, no en pequeños artículos que abundan en internet. El vehículo es importante y nada como el papel; igual que no es lo mismo ver la fotografía de, por ejemplo, el Coliseo de Roma que estar allí tocando sus piedras y respirando su esencia.
Así pues… observemos las palabras y leamos los edificios. Nosotros mismos nos lo agradeceremos.

martes, 17 de diciembre de 2019

Dejándome llevar


Lao-Tse

Imagino que a todos les habrá pasado; salir, por ejemplo, un sábado por la noche a cenar y, sin tener nada planeado, pensar que lo van a pasar muy bien, por el simple hecho de salir de casa siendo un día habitual para hacerlo.
Algo así me ocurre ahora. Dada mi costumbre de publicar martes y sábado, hoy toca. Cuando cree este blog (al que en ocasiones llamo cariñosamente ‘mi niño’, porque, en cierta forma, es algo que yo he ‘criado’ como a mí me gustaba) tenía la intención de escribir de vez en cuando, sólo cuando tuviese algo que contar (de ahí el subtítulo). Pero con el paso del tiempo me di cuenta que me gustaba más de lo que pensaba; digamos que ‘salí del armario’ (metafóricamente hablando), ya que alguien de ciencias como yo había descubierto que las letras le apasionaban. 
Pues bien, hoy es martes y me apetece escribir, pero, la verdad, no sé sobre qué hacerlo. Decía Lao-Tse, en su libro en Tao Te King, que: 

Treinta radios convergen en el centro
de una rueda, 
pero es su vacío
lo que hace útil al carro.

Se moldea la arcilla para hacer la vasija,
pero de su vacío
depende el uso de la vasija.

Se abren puertas y ventanas
en los muros de una casa,
y es el vacío
lo que permite habitaría.

Es decir… a veces es más importante el vacío, la nada… eso es lo que le da utilidad. En este caso creo que ocurre lo mismo. Me siento delante del ordenador, sin saber qué escribir, pero algo va saliendo. Esa ausencia de ideas ya es algo, ya es importante, porque me da pie a seguir escribiendo.
Podría contar cosas del día a día… que ayer, por ejemplo, estuve por motivos de trabajo, en Pamplona… o que desde hace un tiempo a esta parte mi corazón late con una fuerza que jamás lo había hecho antes… o también que de mis ojos han salido lágrimas como hacía años que no fluían… o que una simple palabra puede hacer que tengas ilusión y te sientas vivo… Podría, podría, podría contar muchas cosas, pero seguramente no se entenderían o simplemente lo haría su destinatario y, para eso, mejor decirlo en otros medios.
Al final, sin proponerlo, sin saber qué decir o escribir ya he escrito algo, ya he contado alguna cosa y mis dedos han sido los que han ido moviéndose por el teclado con la libertad de una hoja cayendo de la rama de un árbol porque, aunque no lo parezca, siempre hay algo que contar.
Sí… ha sido algo inesperado, no es sábado pero, para el caso, lo mismo da. A veces es como mejor surgen las cosas… dejándose llevar.

sábado, 14 de diciembre de 2019

Historias de un cementerio



Dice el refrán que hay que tener amigos hasta en el infierno. No hay que llevar las cosas tan lejos y si cuando nos llegue el momento es cierto que existe… ¿qué le vamos a hacer? Aunque para ser sincero no me preocupa; estoy convencido que hay gente que tiene un billete de ida en primera clase creyendo ser los mejores hijos de Dios, así que yo tranquilo, además, es posible que no quepamos todos.
Sin llevar el refrán al pie de la letra… pero casi, casi. Yo tengo amigos hasta en el cementerio y no, no es esa clase de amigos de los que reposan allí por los siglos de los siglos, amén. Tengo amigos que pasan el día allí y por la noche duermen, no el sueño de los justos, y sí sobre una superficie mucho más cómoda de lo que imagino que puede ser un ataúd. Resumiendo: tengo una amiga que trabaja en el cementerio de mi pueblo… ¡es enterradora!
Me viene a la memoria la típica pregunta que hacían a los niños ‘¿tú que quieres ser de mayor?’ Puedo imaginar cualquier respuesta, excepto la de decir ‘ser sepulturero / a’. Conociéndola y viendo la pasión que le pone a su trabajo no me extrañaría nada que ella sí que hubiese respondido eso.
A veces cuando hablo con ella me cuenta lo que yo defino (aunque a ella no se lo he dicho nunca) como ‘historias de un cementerio’:… que si se ha muerto este o el otro… que si han quitado tal lápida… que si ha hecho restos… que si ha quitado no sé cuantas coronas… que si mañana tiene 3 ó 4 entierros o si ha enterrado tantos desde la última vez que hablamos… ¡Ay! No quiero imaginar lo que sería una cena romántica con ella. Si en esas ocasiones se suele hablar de lo que a uno le gusta… si por ella fuera los zombis serían camareros y la mesa un ataúd. A veces, cuando he coincidido con ella en el cementerio, porque he ido a visitar a mis abuelos y tíos, me ha hecho un tour turístico que no tiene nada que envidiar a ningún guía turístico de París…
¡Y encima sale en el periódico en una entrevista en una página sólo para ella!
Lo que voy a decir no sé si es egoísta o qué… pero lo digo como lo siento. Si ella, algún día, requiere mis servicios estaría dispuesto a ofrecérselos… pero yo, sinceramente, espero no tener que necesitar nunca (es una forma de escribir) sus servicios o, en su caso, cuanto más tarde mejor. Así que no puedo decir si hace mal o bien su trabajo, porque no he podido comprobarlo… lo que sí que puedo decir es que le gusta y lo disfruta. Pero una cosa no se puede negar y es que trabaja en un sitio tranquilo; como decía mi abuela, ‘hay que temer a los vivos y no a los muertos’.
Es admirable la pasión que le pone, aunque definirlo como ‘un trabajo bonito’... no sé yo, creo que es llevar las cosas demasiado lejos... y es que, como alguien me dijo una vez, “habemos gente pa tó”.

Y hablando de cementerios y enterradores… no se me ocurre mejor canción que La hija de Juan Simón, interpretada por Antonio Molina (posterior a la original de Pepe Marchena o Angelillo y, para mí, la del segundo, incomparable).




sábado, 7 de diciembre de 2019

Dejar marchar


Hace unos tres años, un compañero de piso con el que estudié abrió un grupo de whatsapp en el que estamos la gran parte de los que compartimos aquellos años, así, a bote pronto, seremos unos quince.
Hace unas tres semanas alguien tuvo la idea de reunirnos por primera vez después de muchos años. Siempre se había dicho, pero esta vez parece que la cosa va en serio.
De repente comenzaron a enviar fotos escaneadas (entonces no había la tecnología que hay hoy) de aquellos tiempos. Algunas que ni recordaba en las que aparecía yo. Parece mentira como una simple imagen puede hacerte recordar cosas que parecían olvidadas. De eso habrá pasado entre veinticinco y dieciocho años…
De repente me entró la melancolía y puse esta canción…




Entre todos formábamos una piña. Éramos un grupo en el que nos llevábamos muy bien. En casi diez años podría contar y escribir muchas anécdotas e historias que harían interminable esta entrada.
Mientras recordaba me vino a la mente una canción que por entonces sonaba muchísimo y, sin saber de cómo, comenzaron los acordes… 




Pero recordé a Neruda, “Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”. No sé… pero no creo que sea lo mismo. Sería algo raro, extraño… Habría muchas cosas que se callarían, que no se dirían o que, en caso de hacerlo, no serían igual.
Por eso… después de pensar y recapacitar me acordé de Sabina cuando dice “Que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver”. Entonces decidí inventar una excusa para no acudir a la cita, que, presumiblemente, será el próximo fin de semana. Hay que dejar marchar lo que marchó… quizá, en otra ocasión, y no movido por la melancolía navideña que se aproxima, puede que asista si se da la ocasión.



martes, 3 de diciembre de 2019

¡Único!



No hay otro.
¡Único!
Cuando se retire, al menos para mí, el fútbol dejará de tener sentido.