sábado, 27 de noviembre de 2010

Ana



Me decía mi amiga Ana, residente en la misma ciudad que el Padrino Fabra, que nunca le había escrito nada, que nunca le había dedicado un escrito. Claro, hay veces que cuando te pillan en una falta, sabiendo que es verdad, no sabes cómo salir del paso y tratas de darle la vuelta a las cosas, dudando mucho que la otra persona se lo crea; cosa lógica por otra parte, porque no te lo crees ni tú mismo.

El otro día me lo volvió a decir, y yo, que últimamente parece que mis musas hayan emigrado en busca de mentes más cálidas, le prometí que lo haría. Lo primero que pensé, mientras asumía mi compromiso, era acordarme de Lope de Vega:

Un soneto me manda hacer Violante,
que en mi vida me he visto en tal aprieto...


Así que pensando y pensando creo que este escrito puede suplir mi falta y mi descuido que, por otra parte, no es ni mucho menos intencionado. Estoy seguro que ella lo sabe.

Tiene ese puntito agudo que me preocupa, me desconcierta y es una derrota de mi ego porque me comprende, quizá, como nadie. En ocasiones me siento como un caballero sin su armadura y ella, supongo que sabiéndolo, responde con una risa evidenciando su enésimo triunfo hacia mi coraza. Pero esto yo nunca se lo reconoceré mirándola a los ojos. Siempre queda algo de orgullo como último bastión.

Podemos estar tiempo sin hablar y volver a hacerlo en el mismo punto que lo habíamos dejado, como si hubiera sido un hasta mañana.

Ahora, quizá, no esté pasando por sus mejores momentos personales, la pérdida de una madre siempre es un duro golpe. Pero, aún así, estoy seguro que pronto volverá a relucir su maravillosa sonrisa, porque no la ha perdido, solamente la tiene aparcada durante un tiempo.

Y yo, seguiré su consejo y me portaré bien. No entraré en provocaciones infantiles donde el afán de protagonismo va acompañado de ignorancia. En ocasiones como esa yo diría, emulando a los dioses griegos, en una mezcla de arrogancia desmedida y ego descontrolado: “Sería una muestra insignificante de mi poder”. Y ella me contestaría: “Es que, cuando tú das, das”. Además, tengo otros motivos para hacerle caso, me ha prometido que me hará una bufanda para el frío invierno que se avecina. Ahora, es ella la que está en deuda conmigo.

martes, 23 de noviembre de 2010

Pajaritos

Me ha hecho gracia este corto de Pixar que vi el otro día.


martes, 16 de noviembre de 2010

La Dolores




Se funde la leyenda con la realidad. Es difícil conocer que parte pertenece a cada cual, puesto que apenas hay datos lo suficientemente claros como para poder establecer un paralelismo entre ambas situaciones.

La Dolores es, posiblemente, la más famosa jota que existe, la que al mismo tiempo le da fama a la ciudad en la que transcurre la acción, Calatayud.

La Dolores, ciertamente fue un personaje real. Su nombre verdadero era María de los Dolores Peinador Narvión. Hija de un militar gallego (D. Blas) y una distinguida bilbilitana (Dª Delfina Manuela), nació un 13 de mayo de 1.819.

Cuando Dolores tenía seis años, su padre fue nombrado alcalde de Daroca y dos años más tarde (1.827) murió su madre, dejando una fabulosa herencia a sus hijos que administró su viudo.
D. Blas se volvió a casar y continuando con su carrera política fue nombrado alcalde de Gerona, para pasar a ser juez de primera instancia. Parece ser que con tanto ajetreo político, la herencia que había dejado su mujer no salía de sus bolsillos.

Cuando Dolores cumplió 20 años, era una hermosa mujer que atraía a paisanos más distinguidos. Sin embargo esta decidió casarse en secreto (San Miguel de los Navarros, Zaragoza, iglesia que todavía existe) con Esteban Tova, un andaluz que acababa de dejar el ejército y que lo que, por lo visto, más le gustaba de su mujer era la herencia que no había recibido.

Como pasaba el tiempo y la herencia no llegaba, decidieron meterse en largos pleitos hasta que, por fin, la herencia va a sus beneficiarios.

Se ha calculado que hoy en día serían más de 60 millones de euros y sin embargo, entre los numerosos gastos del andaluz y la ayuda de la aragonesa quedaron arruinados.

La fama de La Dolores comenzó a tomar cuerpo en Calatayud, en donde vivieron hasta mediados de siglo con los cuatro hijos que nacieron en esta población. Después se fueron a vivir a la calle de la Ballesta (Madrid), teniendo dos hijos más hasta que a la edad de 71 años y viuda se traslada a pasar los últimos años de su vida a la calle Jardines. El 12 de agosto de 1.894 falleció, reposando en el cementerio de la Almudena.

Esta es la que podríamos definir como la verdadera historia de La Dolores. La parte de leyenda es una copla anónima que cuenta las aventuras de una joven honesta y caritativa que sirve en un mesón de Calatayud. Seducida por un barbero llamado Melchor, es pretendida, a la vez, por Patricio, un rico mercader y por un sargento petulante llamado Rojas. De la muchacha se enamora locamente el seminarista Lázaro, sobrino de la mesonera. La historia termina con la muerte de Melchor al recibir una puñalada de manos de Lázaro.

¿De dónde surge la copla?

¿Qué fundamento tiene?

Son preguntas de muy difícil respuesta, que posiblemente nunca se sepan. Sea lo que sea es indiscutible que fue una mujer de gran relevancia que no dejó indiferente a sus coetáneos.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Frankenstein, de Mary Shelley



En esta ocasión podría decirse que la ficción supera la realidad. Siendo ambas ficción pero una que podríamos denominar auténtica y otra falsa. La obra maestra de Mary Shelley, Frankenstein, es una de esas extrañas sorpresas que te llevas cuando piensas leer una cosa y acabas con otra. El mito del moderno Prometeo está muy arraigado por esa película que interpretara en los años 30 el gran maestro del terror, Boris Karloff.

Sin embargo, en nuestra realidad, nada tiene que ver. La criatura (me niego a llamarla monstruo) es un ser del que se puede llegar a sentir compasión. Su creador, el doctor Víctor Frankenstein, es el responsable de todo, de forma involuntaria es una causa efecto. El destino de ambos está unido y luchan por cambiarlo. Llega un momento en que se sienten admiración; uno por ser el creador y el otro por ser creado.

Sin embargo, más allá de la novela, se pueden sacar unas conclusiones que resultan paradójicas. La criatura, es totalmente inocente y no se le puede hacer responsable de sus actos. Los actos que comete son involuntarios, movido por la ignorancia. No tuvo a nadie que le enseñaran, tenía sentimientos, sí, pero no sabía distinguir entre el bien y el mal. Nadie se preocupó por ello, por enseñarle. Posiblemente un ser excepcional, con cualidades pero, como pasa siempre, se suele prestar más atención a la presencia que al fondo. Una interesante moraleja de la realidad actual, de la relación padres e hijos y la responsabilidad que tienen los primeros con los segundos.

A la criatura se le llega a coger cariño y, en un acto de bondad, es posible que alguien se solidarice con ella. Aunque, como he dicho al principio, la película de los años 30 creó un mito cuya etiqueta será muy difícil eliminar.

Sin duda alguna, la representación más fiel de esta novela gótica es la del año 1.994, cuyos protagonistas son Robert De Niro, en el papel de la criatura y Kenneth Branagh haciendo de Víctor Frankenstein. Una película que os recomiendo. Ese será mi plan para la noche del sábado.





Argumento: 5
Ambientación: 5
Personajes: 5
Capacidad para seducir al lector: 6

sábado, 6 de noviembre de 2010

El precio de la felicidad



¿Y qué es la felicidad? Sin duda es algo complicado de definir. Tenemos un concepto abstracto de esa palabra, pero llegamos a desconocer su verdadero ser. Es curioso que siendo así, todos traten de alcanzarla, sin duda alguna pocos lo consiguen. Solemos anhelar lo que no tenemos y eso hace que nuestra vida sea una completa búsqueda, casi siempre estéril.

Quizá, quien mejor se acerque a este concepto sea el budismo. Según esta filosofía (yo no la definiría religión), eliminando el deseo eliminamos el sufrimiento. Pero ello conlleva un trabajo que no es fácil.

Solemos tener una concepción equivocada si comparamos nuestra vida con otros que tienen lo que nos falta, ¿quién no ha pensado nunca, por ejemplo, que sería feliz si tuviera dinero? Luego viene el consuelo de los tontos, el dinero no hace la felicidad.

Sí, es posible que así sea, el dinero no concede la felicidad, simplemente ayuda a tenerla. Pero ello no significa que se consiga. Una persona con una buena posición económica, sin problemas aparentes, una vida cómoda y con sin preocupaciones, no tiene porque ser feliz, ¿alguien le ha preguntado si lo es? Posiblemente no haría falta esa pregunta, a ojos delos demás lo es.

Pero la felicidad no viene por arte de magia, hay que buscarla, hay que arriesgarse y, en ocasiones, renunciar a lo que se tiene. El precio no importa.

Me viene a la cabeza la Reina Critina de Suecia, que renunció a su trono porque una reina católica no podía reinar en un país protestante. No es el único caso, ¿cuántos han renunciado a lo que tenían por hacer realmente lo que querían? Salir del armario no es solamente en el ámbiro sexual. Es un precio que se tiene que pagar, pero más que pagar se compra con gusto.

Se tienen conceptos equivocados sobre estatus sociales ¿Podría un cirujano dejar su trabajo e irse a un huerto a vivir? ¿Y un rico banquero dejar sus finanzas e irse de anacoreta a una cueva? ¿Y una arquitecto dejar su depacho e irse a contar historias de la gente? Sí, sin duda. El tener un sueldo respetable y una posición no implica que sea lo que esa persona quiera, simplemente lo que le ha tocado vivir. Al fin y al cabo hay cosas que el dinero no puede comprar.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Manuel Azaña, 70 aniversario de su muerte



Hoy se cumplen 70 años de la muerte de D. Manuel Azaña. No es simplemente un político un político de la II República, que lo fue, ni es alguien que sufrió las consecuencias de una terrible, que también. Se trata del último jefe de estado elegido democráticamente por las urnas. Después de él, Franco y el rey, ¿qué gran diferencia, verdad?

De don Manuel se han dicho muchas cosas, casi todas infectadas por la dictadura o por aquellos que querían aprovecharse de su legado, incluso Zapatero tuvo la poca vergüenza, la desfachatez, de decir que "esta era la España que más se parece a la que había soñado Azaña". Las cosas son así, es lo que tienen los buenos hombres, que todos, para bien o para mal, quieren tener algo que ver con ellos.

Del hombre poco se sabe, se sabe del político. Poca gente sabe que fue Premio Nacional de Literatura en 1.926 por la obra La vida de Juan Valera, que llegó al poder casi por casualidad porque su verdadera pasión era escribir, como queda demostrado en tiempos de guerra con su última obra La velada de Benicarló.

Alguien excesivamente crítico con la España de su tiempo, la que le tocó vivir y que quería realizar una profunda catarsis, creía en ella. Esa condición de superación le llevó a pronunciar frases como "Si los españoles habláramos sólo y exclusivamente de lo que sabemos, se produciría un gran silencio que nos permitiría pensar", o esta otra de gran significado en los albores de una naciente república, "La república no hace felices a los hombres, los hace sencillamente hombres".

Pero si hay una frase que lo persiguió hasta sus días fue "España ha dejado de ser católica", algo que sus más acérrimos enemigos clericales nunca le perdonaron y lo que quería decir era la separación entre iglesia y estado que proclamaba la República.

El que fue, sin lugar a dudas, el mejor orador de la Europa de su tiempo pronunció su último discurso en Barcelona, el 18 de julio de 1.938, cuando la guerra ya estaba agotada y la república perdida. Terminó el mismo con unas palabras que quedarán para la historia: "Paz, piedad y perdón". Hubo paz, sí, pero los vencidos no obtuvieron ni piedad ni perdón.

Azaña, el intelectual y el político, es el mayor exponente de una impotencia, de un fracaso histórico que, tras la derrota republicana, sumió al país en la etapa más terrible de su historia contemporánea.

Dimitió en febrero del 36, cuando Francia e Inglaterra reconocieron a Franco como Jefe de Estado. Se exilió a Francia, al igual que el poeta lo había hecho un mes antes, al igual que miles de españoles que huían de la barbarie de aquellos que iban a salvar a España. Fue escondiéndose de pueblo en pueblo, perseguido por la Gestapo puesto que su nombre figuraba el primero de la lista que los franquistas habían entregado a los nazis para su captura. No es difícil averiguar su fin si hubiera sido capturado.

Su última parada fue en Montauban, donde la llegada de un grupo de falangistas que le iban pisando los talones, puso en alerta al embajador mejicano, Luís Ignacio rodríguez Taboada, quién alquiló un par de habitaciones bajo su protección para él y su séquito. D. Manuel ya estaba muy enfermo y después de diversos ataques cerebrales que le privaron de movimiento y habla murió el 3 de noviembre de 1.940 a los 60 años de edad.

El entierro fue dos días más tarde en el cementerio de dicha ciudad. El mariscal Pétain, colaboracionista nazi, prohibió que se le enterrara con honores de jefe de estado y que la única bandera que se colocara sobre su féretro fuera la rojigualda de Franco. El embajador mejicano se negó a ello y le dijo al prefecto francés que ería enterrado con la bandera de Méjico. En sus memorias le explicó lo siguiente al prefecto:

"Lo cubrirá con orgullo la bandera de México. Para nosotros será un privilegio, para los republicanos una esperanza, y para ustedes, una dolorosa lección".

Hace poco falleció el embajador y, fue enterrado con la bandera tricolor por expreso deseo suyo. Supongo que nunca olvidaría aquellos días.

Hoy, Azaña, permanece en el mismo cementerio. Posiblemente un Jefe de Estado se merezca más, pero es lo que tenemos los españoles, tendemos a ensalzar la mediocridad y a devaluar la excelencia.




Yo, soy partidario que allí siga, para vergüenza de aquellos que lo empujaron y de aquellos que hoy ocupan su lugar.




Un día triste. Estoy afiliado desde hace cuatro años al partido que él fundó, Izquierda Republicana. Hay valores, cosas y sentimientos que valen más que unos votos.

Con respeto y admiración hacia un hombre que no pudo llevar a cabo su idea de España, D. Manuel Azaña Díaz.

Salud y III República.

martes, 26 de octubre de 2010

Momificación en el antiguo Egipto


Los antiguos egipcios creían en la vida después de la muerte. Pensaban que el alma del difunto viajaba al Más Allá. Cuando una persona moría en el Antiguo Egipto, su cuerpo se conservaba por medio del proceso de la momificación.

Pero sólo los egipcios más ricos, además del faraón y su familia, podían encargar su momificación, ya que era un proceso muy costoso, además de largo: la momificación tardaba 70 días en ser finalizada.

El proceso de momificación se llevaba a cabo dos o tres días después de la muerte. El cuerpo era llevado a los embalsamadores, quienes trabajaban a orillas del Nilo, ya que se necesita agua en abundancia. Se colocaba al difunto sobre una mesa de piedra o de madera, e incluso de alabastro, cuyas patas y su decoración tomaban la forma de león. También se empleaban otras más pequeñas para depositar los órganos del difunto.


Mesa de embalsamar para el tratamiento de los cuerpos, en el proceso de la momificación.




Herramientas empleadas en la extracción de los órganos del difunto para proceder a su momificación.




Se lavaba el cuerpo y se procedía a la extracción del cerebro. Se hurgaba con un hierro al rojo vivo por la nariz hasta que el cerebro se “derretía” y se iba extrayendo poco a poco.

A continuación, los órganos internos: el estómago, los intestinos, los pulmones y el hígado. Estos se extraían a través de un pequeño corte que se hacía en el costado. Hay que tener en cuenta que eran verdaderos conocedores de la anatomía humana los que realizaban estas labores.

Una vez extraídos, los envolvían en un paño de lino y se introducían dentro de los cuatro vasos canopos bajo la protección de cuatro dioses especiales, llamados “hijos de Horus”. En esos vasos se colocaba el estómago, intestinos, pulmones e hígados. El corazón se dejaba dentro del cuerpo porque no debía separarse de su cuerpo, pues era el lugar donde residían los sentimientos, la conciencia y la vida.

A continuación el cuerpo era cubierto con natrón, una sal que lo desecaba. Hay que decir que el secreto de la momificación es la sal. No hay otro y, especialmente, la sal del Nilo. Es una sal especial que tiene dos isótopos más que la sal normal, por ello el resultado era perfecto, al absorber más agua. Este tratamiento duraba entre 35 y 40 días, de forma que el cuerpo al estar totalmente deshidratado, ya no se descomponía.

El cuerpo se rellenaba utilizando limo o serrín procedentes del Nilo o especias. Después se cosía, y a veces, lo cerraban con lino, una placa de cera o tratándose de un rey, con una chapa de oro. Se lavaba con agua del Nilo y se ungía con bálsamos aromáticos. Y ya se podía vestir al difunto.

Una vez realizados todos estos pasos anteriores, el cuerpo se envolvía en vendas de lino impregnadas a veces en resina, mediante un ritual muy estricto.

Mientras se realizaba este proceso un sacerdote que portaba una máscara del dios Anubis recitaba las fórmulas de encantamiento correspondientes.

Los vendajes aplicados a las momias se untaban con resina para una mejor sujeción conservación. Se empezaba vendando los dedos uno por uno, las extremidades y por último el resto del cuerpo. Los brazos podían ponerse estirados a lo largo del cuerpo, o se cruzaban en el pecho en posición osiriaca. Se terminaba con la cabeza.

Entre los vendajes se introducían amuletos y tiras de lino que recogían textos del Libro de los Muertos. Sobre el pecho se colocaban un escarabajo alado y las imágenes de los cuatro hijos de Horus, los dioses protectores de los órganos internos.




La cabeza de la momia se cubría con una máscara pintada, y en el caso de momias reales, la máscara funeraria podía ser de oro, como la encontrada en la momia de Tutankhamon.

Finalmente, la momia se introducía en uno o varios sarcófagos de madera o de piedra que se encaban unos con otros y se entregaba a la familia para comenzar con los ritos funerarios.

sábado, 23 de octubre de 2010

De lo que se entera uno...



Un profesor que tuve en la E.G.B. decía “piensa mal y acertarás”. Pues bien, uno como es muy mal pensado es lo que hace. Simplemente me voy a limitar a exponer los hechos sin lanzar el dedo acusador, cada cual que saque sus propias conclusiones.

El caso es muy sencillo de entender. En mi pueblo gobierna el PP, con mayoría absoluta, sí, es una vergüenza más para los alzireños, pero los valencianos somos así, no aprendemos ni a base de corrupción. Resulta que hay una universidad, la Universidad Católica San Vicente Martir de Valencia, la cual imparte una o dos carreras (es tan poco el éxito que tiene que ni sé cuál, o cuáles, pueden ser).

Hace un par de meses, más o menos, se empezó a construir un centro sociocultural cerca de dicha universidad, con dinero del Plan E, este que ha concedido ZP. Pues bien el coste es de casi un millón de euros, concretamente 955.000 €. Hasta aquí todo claro.

Pero donde empiezan la rarezas es cuando la concejal de educación, Anabel Juárez, dice a micrófono cerrado que el destino de dicho edificio no está muy claro, pero que si la universidad lo necesita el Ayuntamiento está dispuesto a ceder alguna sala a los profesores de esta institución. Blanco y en botella. La cosa está clara, con dinero público hacen un edificio para uso y disfrute privado (y encima católico).

Así, de esta forma tan despótica actúa el PP de mi pueblo, pasándose por el forro lo público para favorecer a lo privado.

Pero no, aquí no acaba la cosa. En el ayuntamiento de Alzira hay un tal José Vicente Morote Sarrión que actúa de asesor de urbanismo. La verdad que nadie sabe si hace algo o no, porque la oposición dice que no aparece por allí, el PP calla y el tío se embolsa 3.000 € mensuales por un supuesto asesoramiento. En fin, uno de los cientos de chanchullos que hay en los ayuntamientos donde, cuando la honradez y transparencia no son bandera, todo se convierte en la casa de tócame Roque.

Y aquí lo enlazo al principio y no diré lo que pienso puesto que no tengo pruebas, simplemente me limito a contar hechos, las conclusiones me las guardo. Da la casualidad que este Morote es miembro del Consejo de Gobierno de la Universidad Católica San Vicente Martir de Valencia. Y no solo él, también su hermano. Ello me lleva a lanzar una pregunta que, posiblemente, sea retórica:

¿Casualidad que el Ayuntamiento de Alzira se gaste un millón de euros de dinero público para una entidad privada y que el asesor de urbanismo del Ayuntamiento pertenezca al equipo de gobierno de dicha entidad?

Cada cual que piense lo que quiera. Yo, desde la lejanía y a pesar de no estar en mi pueblo, siento la vergüenza de actos como este.

martes, 19 de octubre de 2010

William Martin, el soldado desconocido



Esta es una de esas noticias que pasan desapercibidas para la mayoría de la gente pero que, sin embargo, cambian la historia de acontecimientos en un momento determinado.

Conocí la historia hace tiempo. Me la contaron siendo totalmente desconocida para mí. Un hecho apasionante que merece la pena conocer, de gente anónima que pasan a la posteridad sin pretenderlo. Esta es la historia de alguien que, sin saberlo, escribió un episodio importante en la II Guerra Mundial.

A las 7:30 horas del día 30 de Abril de 1943, en plena guerra mundial, el pescador portugués José Antonio Rey María encuentra un cadáver junto a los restos de una balsa neumática, mientras pescaba en la Playa del Portil (Huelva). Atado a su brazo lleva un maletín...

El pescador traslada el cuerpo hacia el puerto, y se informa a las autoridades españolas de la existencia del cadáver. Rápidamente se descubre que se trata de un militar inglés de alta graduación por el uniforme que viste y la “Abwehr” local (el servicio militar de espionaje de los nazis que por aquel entonces eran aliados de Franco) representada en la provincia de Huelva por Adolf Klauss, hijo del consulado alemán en Huelva, tiene conocimiento inmediato de la existencia del cuerpo aparecido muerto, haciéndose con la cartera que éste llevaba.

En la embajada de Alemania en Madrid se examinan y fotografían cada una de las pertenencias, antes de entregarlas intactas a las autoridades británicas. Por la documentación que lleva, al cadáver se le identifica como el Comandante William Martín. Entre las pertenencias hay un juego de llaves, una reclamación de su banco por un descubierto en una cuenta bancaria, entradas de teatro recientes, una factura de alojamiento de su club de Londres, cartas de amor a su prometida Pamela... pero lo que realmente llama la atención de los alemanes es la carta dirigida a un General Inglés en la que se detallan los planes para invadir Grecia en los meses siguientes por el ejército aliado en la denominada “Operación Husky”, y el abandono de invadir Sicilia.

Enterado de ello, Hitler ante tal hallazgo decide reforzar Córcega y Cerdeña y envía al Mariscal Rommel (probablemente el más brillante de sus militares) hasta Atenas. Los buques patrulleros, minadores y dragaminas asignados a la defensa de Sicilia se mandan a Grecia. Dos divisiones Panzer del frente Ruso también se envían, justo en el momento en el que se estaban preparando para atacar a los rusos en la Batalla de Kursk.

El día 10 de Julio de 1943 los aliados comienzan a invadir Sicilia sin ningún tipo de oposición acelerándose el avance aliado por Italia.

Los alemanes habían caído en la trampa. Los informes que portaba el cadáver aparecido en la playa del Portil pretendían hacer creer a los alemanes que se invadiría Grecia cuando en realidad se atacaría Sicilia.

Para ello se creó una personalidad falsa. La del comandante William Martín, que supuestamente viajaría en avión para reunirse con las tropas del Norte de África portando documentación que el servicio de espionaje nazi no dejaría pasar por alto y la aeronave se estrellaría en el mar.

En el submarino “Seraph” se trasladó al cuerpo dentro de una caja metálica de dos metros, cuyo contenido ficticio se trataba de material óptico con la finalidad de no levantar sospechas entre la propia tripulación. El cadáver se dejó en el agua a las 4:30 horas del día 30 de Abril de 1943.

Lo más difícil de la operación a la que se bautizó con el nombre de “Operación Mincemeat” (“Operación carne picada”) fue la de encontrar un cadáver que pareciera haber muerto de frío por una larga estancia en el mar.


¿Pero cuál era la identidad verdadera del muerto William Martín?

Su verdadero nombre era Glyndwyr Michael. Se trataba de un vagabundo de 34 años que fue rechazado del ejercito “por trastornos mentales”, que según unos autores se suicidó tomando matarratas y que según otros murió de neumonía. El forense que realizó la autopsia facilitó su cadáver a los servicios secretos británicos.

En el epitafio de la tumba 14 del sector San Marcos del cementerio de Nuestra señora de la soledad de Huelva aparece el nombre de William Martín, Comandante de la Marina Inglesa. En el sepulcro se han depositado flores durante todos estos años. Los miembros de una familia de origen inglés residentes en Huelva se han encargado de ello.

martes, 12 de octubre de 2010

Salida de misa de doce del Pilar de Zaragoza (1897)

Su título no deja lugar a dudas.

Se trata de la filmación realizada por Eduardo Jimeno Correas, cineasta zaragozano, durante mucho tiempo la primera película grabada en España. Ahora, algunas investigaciones, entre las cuales una de Sánchez Vidal que demuestran que al final no, que era otra que por lo visto también fue grabada en Zaragoza. La "Salida de Misa de doce del Pilar de Zaragoza (1.897)" fue rodada artesanalmente, en una escalereta y revelada en la cercana Posada de las Almas, la posada (dicen también) más antigua de España, fundada un 3 de Enero de 1705.