Tenía un profesor que el primer día de clase entraba en el aula y sin decir nada cogía una tiza y en la pizarra escribía lo siguiente: 3 + 2 = 5 y 2’9 + 2 = 4’9. Después, mirando a la clase decía “un 5 es aprobado y un 4’9 suspendido; que nadie venga a reclamar nada en junio. O se es maricón o no se es, pero el medio maricón no existe”… y dicho eso empezaba la presentación de la asignatura.
Yo no sé si durante los tres años que me costó aprobar esa asignatura era maricón o no lo era, lo que sí que tenía claro es que no era medio maricón y, por ello, nunca protestaba mi nota en las revisiones.
Cada vez que escucho o leo cosas sobre ‘presuntos corruptos’ me acuerdo de las palabras de mi antiguo mentor, por desgracia, últimamente, más de lo que quisiera. Basándonos en su teoría sería que o se es corrupto o se es honrado, pero el presunto no existe. Y yo creo que es así.
Mucho se habla de esta democracia y no son menos los que se dan palmadas en el pecho diciendo eso de “nosotros los demócratas bla, bla, bla…”.
Pues bien, llegados a este punto y viendo como está la situación política podemos afirmar sin temor a equivocarnos que estamos padeciendo a la clase política más corrupta de la historia de España desde los tiempos del duque de Lerma, el valido de Felipe III, que consiguió trasladar la capital de España de Madrid a Valladolid por una operación inmobiliaria que había hecho en la ciudad castellana comprando numerosas propiedades para luego revenderla a la corona una vez se hubo trasladado.
Lo único que ha cambiado es que en el siglo XVII el duque era un contumaz corrupto, e incluso tuvo que tomar los hábitos para salvar su vida y, en la actualidad, en el siglo XXI, el duque sería un ‘presunto’ y tendría detrás toda una maquinaria partidista amenazando con querellarse contra todo aquel que lanzase semejantes acusaciones; esa es la diferencia. El duque de Lerma bien podría ocupar un cargo de responsabilidad en cualquier partido político.
Demasiados casos de corrupción han azotado a la sociedad y han metido la mano en las arcas públicas para que todos sean acusaciones falsas e inventos; además, tampoco hay esperanzas de ver a corruptos entre rejas; es lo que tiene la politización de la justicia y que el Consejo General del Poder Judicial sea elegido por los partidos políticos y no por los propios jueces.
Lo último que ha salido a la luz es el caso Bárcenas y los sobres de dinero negro que el extesorero repartía entre dirigentes del PP pero, claro, nadie sabe nada y todos son inocentes. ¿Alguien cree que por este asunto alguien irá a la cárcel? Seamos serios por favor. Y todavía tendrá este Gobierno de derechas la desfachatez de hacernos sufrir nuevos recortes y subirnos, otra vez, los impuestos, ¿con qué catadura moral se dirigen al pueblo?… a la par que el paro no para de aumentar, ya son seis millones, ¿no?
En los países nórdicos el dinero público es sagrado y se han dado casos de políticos que han dimitido por coger un taxi pagado de arcas públicas… en España no, ¿y eso por qué? Supongo que será porque en aquellos países están muy mal acostumbrados y lo normal será lo que pasa en España.
La indecencia de la clase política en España es tal que, personalmente, como políticos, no me merecen ningún respeto. No se puede respetar a aquellos que no saben ejercer con honradez el cargo para el que han sido elegidos y se aprovechan de esa confianza transformándola en privilegio, del mismo modo que tampoco se puede respetar a aquellos que los apoyan.
Cuando se dice que en este país no todos los políticos son iguales yo me pregunto: ¿En qué no son todos iguales? ¿En que no todos son corruptos o en que no todos son honrados? Porque abrir los periódicos y ver las noticias da verdadero asco. A estas alturas, que no vengan defendiendo la honradez de la clase política porque, parece ser, que en este país el político que no se corrompe es porque no puede o porque es tonto.
¿Cómo se soluciona todo esto? Según la Biblia, Dios destruyó Sodoma y Gomorra lanzando azufre y fuego. Siendo más terrenales habría que hacer una catarsis de toda la clase política y regenerarla; no podemos confiar en que los mismos que nos han llevado a este desastre nos saquen de él; demasiadas oportunidades han tenido y no han hecho ni puñetero caso. Pero claro… no creo que se vayan, tampoco tienen dignidad, ni honradez, ni vergüenza para ello. El 15M, que parecía algo esperanzador, tampoco ha hecho nada.
Me pregunto el tiempo que tardará en que todo explote; el momento en que la gente vea a un político y le muestre su desprecio, simplemente por serlo; como si fuera un apestado.
Quizá llegue el día en que cuando la gente vea a un político por la calle no se le ocurra otra cosa que soltarle cuatro improperios o tirarle pedradas; al fin y al cabo ellos se lo están buscando. Las palabras no siempre sirven.






