martes, 18 de noviembre de 2014

Enganchado a ti


Estás enganchado/a”… ¿A quién no le han dicho o ha escuchado nunca esa frase? Supongo que suele ser un diagnóstico muy claro que nos da alguien ante algo ilógico y sin explicación, evidentemente no me estoy refiriendo a nada que sea adictivo, no va por ahí esta entrada; me estoy refiriendo a lo sentimental o emocional.
Yo lo definiría como querer, desear algo que sabes que no puede ser y no porque no quieras, no siempre querer es poder. Somos peones de los dioses que nos ponen donde ellos quieren.

Aunque me haga daño,
aunque sea extraño…”

Vivir en una especie de bucle en el que por mucho que pasa el tiempo no te hace olvidar. Y sí, pasan los días, semanas, meses y años… pasa la vida pero algo permanece igual y no cambia.

No sé cuál es la medida hasta que todo termina,
nunca supe decir basta no creí que hiciera falta…”

Una situación te recuerda a…, una palabra…, una situación…
Hay que aceptarlo.

Aunque me hayas capturado
dejé la vergüenza a un lado…”

Pero una y otra vez, de una u otra manera esos mismos dioses hacen que se den las casualidades para continuar en ese bucle. No importa el tiempo que transcurra, ni si las circunstancias cambian… se vuelve porque hay algo que por mucho tiempo que pase jamás desaparece. Siempre se busca volver. Siempre hay esperanza.

Si te digo: ‘me he quitado’ no es verdad,
las evidencias no se pueden ocultar...”


sábado, 15 de noviembre de 2014

Trabajar y estudiar



Estoy convencido que a nadie le gusta trabajar. El ser humano, antropológicamente hablando, se siente más cómodo tumbado, sin hacer nada, que en movimiento, haciendo un esfuerzo. Puede que a unos les guste el trabajo que hacen, pero si pudieran elegir, probablemente, preferirían no tener que hacerlo. No obstante, también habría que señalar que hay, lógicamente, unos trabajos más cómodos y agradables que otros.
Esto mismo también se podría trasladar al ámbito estudiantil; a nadie le gusta estudiar. Muchos estudiantes ni siquiera entienden por qué tienen que hacerlo y lo consideran algo aburrido y sin sentido. No obstante, creo que muchos estudiantes no entienden que estudiar es un trabajo. Me explico. Cualquier trabajador en empresa privada o pública tiene unas responsabilidades con las que cumplir, unas obligaciones y un rendimiento que ofrecer, de lo contrario tiene unas consecuencias para él mismo y para la función que desempeña (al menos en lo privado… en lo público es otra cosa de la que hablaré en otra ocasión); ¿alguien se imagina que un ingeniero de una multinacional de automóviles no presentase los proyectos “porque no le ha dado tiempo”? ¿Alguien se imagina que un bombero no llegase a tiempo a un incendio “porque no se había enterado”? No es difícil imaginar las consecuencias para estos dos profesionales.
Pues bien, para un estudiante no hay consecuencias por la omisión de su trabajo más allá que la del suspenso. Porque sí, un estudiante es un trabajador. Tiene la obligación de estudiar y de cumplir unos objetivos… aprender. El trabajo del estudiante es el más cómodo que hay, ya que el horario se lo pone uno mismo y tener un horario libre en tu profesión es lo más bonito que puede haber en el mundo laboral.
No obstante, en la época estudiantil eso no se ve así y se vive la vida con una ligereza y una total omisión de obligaciones que roza y en ocasiones sobrepasa la línea del pasotismo. ¿Qué quiero decir con esto? Muy sencillo. Uno es consciente de sus propias limitaciones y sabe el tiempo que necesita para estudiar algo, simplemente es dedicarle las horas necesarias para ello. Se puede ser muy bueno en matemáticas y con dos un par de horas ser suficiente para resolver unos ejercicios, o se puede ser muy bueno en literatura y con un par de horas aprender los románticos del siglo XIX. Cada cual lo sabe. Ahora bien, lo que es inconcebible es estar delante de un libro 5 horas y no aprovechar el tiempo.
Entiendo que estudiar no es fácil y puede tener su dificultad pero, por el contrario, tiene la ventaja de poder dedicarle el tiempo que uno considere necesario. Lástima que algunos no sepan aprovechar la oportunidad de estudiar teniendo posibilidad de hacerlo.
Quizá, mi visión de lo que es estudiar difiere mucho de lo que opinan los profesionales que se dedican a la educación. Este es un tema que, con alguien a quien aprecio mucho, ha sido motivo de ‘divergencia de opiniones’; otro día hablare sobre ello.

martes, 11 de noviembre de 2014

Micro IV


En la vida hay tiempo para todo, sin excusas; la muerte marcará lo que no podremos hacer.

sábado, 8 de noviembre de 2014

‘Qué güeno quettoy’


Ayer fui a recoger los análisis. La verdad es que nunca se puede saber, pero yo no esperaba que saliese nada raro así que, para quitarle dramatismo al asunto, esta canción explica claramente los resultados de mis pruebas. Yo no lo diría mejor…


martes, 4 de noviembre de 2014

Mi primer análisis



Hoy me he hecho mi primer análisis, al menos que yo recuerde. Creo que la última vez que me sacaron sangre fue cuando tenía 8 ó 9 años para, que me dijeran cual es mi grupo sanguíneo.
Quienes me conocen saben que soy bastante aprensivo. No soporto que alguien me cuente operaciones y que me enseñe alguna cicatriz. Por lo general no me importa ir a los hospitales, pero cuando tengo que visitar a alguien y tiene goteros o veo a enfermos paseando por los pasillos con el gotero arrastrándolo en una especie de percha o alguien con sonda… palidezco, me pongo blanco y me entra malestar.
Hoy creo que me he portado bastante bien. Antes de comenzar la extracción de sangre he entregado un botecito con orina y la enferma, con no muy buenos modales, me dice: “Está muy lleno. Esto no se tiene que llenar tanto”. Yo, que estaba como un flan y lo que menos me apetecía era que me tocaran mis partes nobles (metafóricamente hablando), le he contestado: “Mire usted, en el bote no vienen ninguna indicación. Las instrucciones para mear las conozco, pero para llenar un bote de estos no, así que lo he llenado hasta arriba. La orina que sobre la pueden tirar”. Nos hemos fulminado con la mirada.
Me he quedado de pie esperando a que me llamasen (tengo la costumbre de no sentarme en hospitales ni ambulatorios) y a los tres minutos para dentro.
Me he sentado en una silla y un enfermero joven me ha dicho en que brazo quería que me sacaran la sangre; le he dado el izquierdo, ya que he pensado que del derecho no puede salir nada bueno, y le he preguntado si iba a sacar mucha cantidad, a lo que me ha respondido que “tres tubitos” señalándolos encima de la mesa; yo ni los había visto. Creo que he palidecido y me ha preguntado si me mareaba “no lo sé”, le he contestado, ya que, como he dicho antes, hacía muchos años que no me sacaban sangre. En esos momentos pensaba: “¿En mi situación habrá alguien que se haya levantado y no se lo haya hecho? Porque eso es lo que me apetece hacer ahora”. Me ha puesto una goma y me daba golpecitos con los dedos buscándome la vena y yo sin mirar. He notado un mínimo pinchazo y a partir de ahí solamente pensada: “Que acabe ya, que acabe ya, que acabe ya…”. Al momento dijo: “Ya está”. “¿Ya?”, respondí yo, ya que al ver tres tubitos esperaba tres pinchazos. La verdad es que no sé cómo lo ha hecho pero apenas he notado nada. Me ha puesto un algodón con esparadrapo y tras cerciorarse que no me mareaba mientras me levantaba (y yo también asegurarme que no lo estaba), nos hemos despedido, muy correcto el enfermero, y he salido.
La verdad es que no ha sido tan dramático como yo lo imaginaba. Pero eso sí, no es algo que tenga prisa por repetir.
El viernes sabré los resultados.

PD. Ya sé que la foto no tiene demasiado que ver con la entrada; pero no quería poner una demasiado explícita por motivos evidentes.

martes, 28 de octubre de 2014

¡Qué les corten la cabeza!



A estas alturas de la película, ¿alguien duda que vivamos en un país de políticos corruptos? Negar esto sería de necios, ya que es algo que está más evidente que la rivalidad Barça – Madrid. Por eso, hablar o escribir sobre algo que todo el mundo sabe es algo que está de más, máxime si sólo sirve para que uno se cabree al ponerse a pensar en los casos de corrupción que llevamos en los últimos años (por ejemplo durante todo el siglo XXI).
Llegados a este punto habría que preguntarse, ¿qué motiva al político corrupto para hacer lo que hace? Muy sencillo, que no hay escarmiento. Por lo visto, el riesgo de la cárcel no es suficiente elemento disuasorio para toda esta ralea que saquean impunemente las arcas públicos y se llenan el bolsillo por ocupar un cargo público.
Quizá habría que tomar otro tipo de medidas. A todo aquel que se le pille metiendo mano en la caja común o haciendo lo que no debe aprovechándose de su cargo que le corten las manos, sí, de manera literal, manos cortadas. El problema es que no tendríamos un país de mancos como lo eran Cervantes o Valle-Inclán. Ya, yendo más lejos y dependiendo de la cantidad robada o defraudada hacer lo que decía la Reina de Corazones: “¡Qué le corten la cabeza!”… es probable que eso hiciera a más de uno recapacitar y se lo pensase dos veces antes de hacer lo que no debe. Si por las buenas estamos viendo que no hay resultados habrá que hacerlo por las malas. Ya no caben más advertencias, demasiado estamos aguantando.

sábado, 25 de octubre de 2014

La marioneta



La marioneta estaba en el suelo tirada, quieta, únicamente movía los ojos mirando a su alrededor.
Al instante comenzó a mover las extremidades y poco a poco a levantarse. Se quedó de pie y se dio cuenta que podía caminar sola y que sus cuerdas estaban cortadas.
En el estante de la pared estaban el resto de marionetas. De repente hubo una que miró hacia abajo y al ver a su compañera comenzó a gritar. Las otras se despertaron aturdidas. “¿Qué ha ocurrido? ¿Qué te ha pasado? ¿Te encuentras bien?”, le preguntaron desde arriba.
Sí, estoy bien”, contestó desde abajo, “he conseguido cortar mis hilos”.
Las otras marionetas se escandalizaron. No podían creerse que se hubiera atrevido a cortar sus ligaduras. “¡No vas a poder moverte! ¡No vas a poder hacer nada! ¡Ahora ya no servirás!...”, le gritaban, entre otras cosas, indignadas.
Ella escuchaba desde abajo mirándolas, sin inmutarse y cuando callaron les respondió: “Es cierto, tenéis razón. Puede que ya no pueda ni volar, ni saltar, ni correr, ni ser una princesa de la que se enamoren, tampoco hacer reír o hacer llorar… tal vez no pueda hacer prácticamente nada… pero a partir de ahora todo lo que haga lo haré por mí misma… para mí”.

martes, 21 de octubre de 2014

martes, 14 de octubre de 2014

No sé si aún me recuerdas...


A veces soñamos con personas que no están en nuestra vida, que hace mucho tiempo que salieron y que un día, de una u otra manera formaban parte de nuestro mundo.
Eso es lo que me ha pasado esta última noche y al despertarme esta mañana temprano he dicho su nombre preguntándole, “¿tú también te acordarás de mí?”
El espejo me dice que ha pasado mucho tiempo y, probablemente, el suyo le diga lo mismo. Pero, es curioso, ahora no creo que así sea… en estos momentos estamos los dos en su habitación. Sí, podría describir perfectamente cada detalle porque estoy allí. Su pequeña cama pegada a la pared y a sus pies una mesilla de noche y encima tiene un plato en el que se han derretido muchas velas de colores y forma una bonita miscelánea colorida.
Ella acostada boca abajo y yo sentado en un puf; ambos mirando cómo se consume una nueva vela, la única luz que nos alumbra… hablando... como tantas y tantas noches acompañados de tantas y tantas anteriores de diferentes colores, hasta las tres o cuatro de la madrugada… no nos hacía falta nada más: yo, ella, ella, yo y una vela.
Al día siguiente, cuando todos nos encontrábamos para ir a clase, nos saludábamos, pero nosotros nos mirábamos y sonreíamos, así eran nuestros ‘buenos días’; no hacía falta decir más.
Ahora vuelvo a la pantalla de mi ordenador y, sí, ha pasado mucho tiempo. Más de diez cursos hace ya que no nos vemos; allí comenzó y allí acabó. “Sé que algún día escribirás un libro y me lo dedicarás. Contarás nuestra historia”, me dijo casi al final… No sé si lo haré, quizá sí, quizá no, pero yo, “este loco de poco se olvida, por mucho que pasen los años de largo en su vida”. ¿Y tú?, “no sé si aún me recuerdas”.


martes, 7 de octubre de 2014

Menudas historias de la Historia



Hablar de Historia puede ser para muchos un sinónimo de tedio, cifras y fechas, así como una retahíla de nombres y lugares impronunciables. Pues bien, este es un libro de historia en el que no sucede nada de eso.
Su autora Nieves Concostrina relata a través de sus páginas acontecimientos, anécdotas, despropósitos, coincidencias, exageraciones, curiosidades o difamaciones ocurridas a lo largo de la historia de una manera muy amena y sencilla.
Se trata de una lectura divertida y agradable en la que su formato dividido en “microcapítulos”, de una o dos páginas como mucho, hace que se lea muy rápidamente.
Creo que es un libro lo suficientemente interesante para despertar la curiosidad y luego buscar más información sobre el hecho que interese.
La historia no está hecha de batallas, descubrimientos y conquistas; la historia está formada por pequeñas anécdotas que, probablemente, hayan pasado desapercibidas en los libros. Éste, en concreto, relata algunas de ellas sorprendentes. Porque todo tiene un por qué, pero nada es porque sí.

Argumento: -
Ambientación: -
Personajes: -
Capacidad para seducir al lector: 7