No suelo ir al cine. Hacía años que no iba. Creo que la última vez que estuve fue para ver Avatar y tampoco es que me emocionara demasiado. Pero el pasado sábado sí, era el día. Por fin iba a ver esa película tan deseada y esperada: 1898. Los últimos de Filipinas. Solamente hay una película anterior que cuenta los hechos y es de 1945... ya tocaba.
Hace muchos años que conocí esta historia y, desde entonces, es un tema que me fascina, tanto es así que el apellido de mi seudónimo lo he tomado del pueblo en el que transcurrieron los hechos: Baler. Es un episodio que me ha llevado muchas horas de lectura y búsqueda de información (uno de ‘los últimos’ era de mi pueblo y murió allí por heridas de guerra, el único recuerdo que queda suyo es el nombre de una calle). Pero en esta ocasión no hablaré sobre la historia, sino sobre la película que, supuestamente, trata los acontecimientos que allí ocurrieron.
Una lástima. Se ha perdido la oportunidad de poder hacer una película grandiosa que hubiese causado admiración en todo el mundo; el argumento hubiera dado para ello. Cuando en una película sobre un hito histórico advierten que los hechos ocurridos no se ajustan a la realidad y que algunos personajes son ficticios ya puede uno suponer que le han engañado. Una historia que era muy fácil de contar y tremendamente emocionante ha caído en manos de unos guionistas que han hecho un bodrio infumable, inventando otra historia diferente con personajes inútiles y absurdos que no existieron, como el sargento y el pintor; ignorando casi por completo a los que si existieron como, por ejemplo, los tres religiosos, que no pasaban de los 30 años, y que en la película están representados por un misionero sexagenario (Karra Elejalde) adicto al opio y al vino (sin ninguna consistencia histórica). A todo ello habría que añadir largas escenas sin sentido y que es fácil suponer que no existieron: la prostituta tagala cantando la canción, el asesinato, el corte del brazo, el fumadero de opio… y, al mismo tiempo, haciendo ridículas o ninguneando a hechos ocurridos como la entereza para afrontar la muerte y la del propio capitán Enrique de las Morenas, los parlamentos con los sitiados, la propia iglesia…
El peso del protagonista principal no recae en el teniente Saturnino Martín Cerezo (al mando durante gran parte del asedio por la muerte de los superiores), sino que lo hace sobre un teniente inexistente y un soldado pintor. El resto de soldados como si no hubieran existido.
La dirección, una pena. El argumento les venía grande y sin ideas, con escenas repetidas, como movimientos sin sentido en el interior de la iglesia, vuelos sobre la selva y la cascada de agua, así como largas escenas de arañas liando a sus víctimas, como sacadas de un documental… todo ello totalmente prescindible. Han hecho un refrito con escenas absurdas para ir rellenando metraje. Después de casi dos horas de película sales con la sensación de que te han estafado y, claro, ¿a quién reclamar? ¿Dónde está el libro de reclamaciones en un cine?
Presupuesto supongo que habría; actores también; atrezzo, mal que bien, era pasable; ambientación y fotografía buena… pero todo lo demás, lo más importante, el argumento, ha fallado estrepitosamente. ¿Alguien se imagina lo que sería esta historia en manos de buenos cineastas de Hollywood? ¿En manos de un Francis Ford Coppola o Clint Eastwood? Estaríamos hablando de una producción al nivel de ‘Apocalypse Now’ o ‘Cartas desde Iwo Jima’, sin duda alguna, porque argumento hay.
En definitiva, una película insulsa alejada completamente de la historia y que se podría haber titulado de cualquier otra manera, pero no ‘Los últimos de Filipinas’ o ‘Los héroes de Baler’. Se han aprovechado de una gesta, que bien contada podría haberles llevado a las más altas cimas del cine histórico, pero les ha faltado humildad para decir las cosas como fueron y no para contarnos otra historia diferente. Si hacen películas basadas en hechos históricos que piensen que algunos hemos leído algo sobre el tema y, en ocasiones, no vamos al cine para ver una simple película. Baler no fue un cuento, Baler se vivió.
Recientemente he leído ‘Los cipreses de Córdoba’, de la escritora neozelandesa Yael Guiladi. Es un libro que pertenece a una colección de novela histórica de la Edad Media y, después de muchos años, he decidido leer. Parece ser, que su autor se inspiró para el personaje principal en Hasday ibn Shaprut, un médico y diplomático judío del siglo X. Esta novela en cuestión trata sobre una saga familiar que nos traslada al califato de Córdoba del siglo X. Un joven judío médico llamado Da’ud, por influencia de su padre, entra al servicio de Abderramán III para hallar los componentes de una pócima que anule los efectos mortales de la picadura de víbora, lo que le convertirse en un personaje muy influyente en la corte y cuya labor e influencia tendrá continuidad en sus hijos y nietos. Es una trama que engancha, sobre todo al principio, pero luego se va desinflando hasta desear que llegue el final. Especialmente se me hicieron pesadas las últimas 75 páginas, donde, más o menos, toman protagonismo los nietos del protagonismo. Asimismo, me parece exagerado que se magnifique tanto la importancia de estos personajes, ya que parece que el esplendor andalusí dependiera de ellos. Me pareció un libro novedoso, ya que no había leído novelas inspiradas en el periodo de los califas. Mezcla acontecimientos y personajes reales con la ficción, cosa que siempre es peligrosa desde el punto de vista del rigor histórico. Creo que es una novela a la que se le podría haber sacado mucho más partido si, en lugar de contar la vida de tres generaciones, se hubiera centrado en un solo protagonista. En la colección de novelas que cito al principio hay un par más de esta autora, espero que no me vuelva a dejar indiferente.
Argumento: 4
Ambientación: 6
Personajes: 5
Capacidad para seducir al lector: 4
El respeto que tenemos que tener a la muerte de Rita Barberá no es justificante para el panegírico a su figura política ni para todos los honores que le están rindiendo. No viene a qué. Lo que merecía es un juicio que ya no se celebrará para que explicase su implicación en la trama de blanqueo y financiación del PP, pero no se merece ningún elogio ni respeto institucional quien ha dirigido una alcaldía en la que todos sus miembros han sido imputados. La muerte no hace mejor a nadie, simplemente mata.
Y en su partido, como siempre, con cinismo. Fueron sus propios compañeros los que la obligaron a que se apartara del PP y la habían convertido en una apestada; tanto que ni siquiera se atrevían a acercarse a ella el día del comienzo de la legislatura. Ahora la convierten en poco menos que Isabel la Católica. Algo bueno puede tener la muerte de Rita, no servirá para blanquearla a ella, pero servirá para que algunos blanqueen su mala conciencia. Aunque algunos son tan zotes que ni siquiera saben lo que es la vergüenza, con un diccionario en las manos comenzarían por la primera palabra hasta encontrar esa palabra. Hace falta ser muy sinvergüenza para acusar del fallecimiento de Barberá a los periodistas que han publicado sus presuntas corruptelas y probados despilfarros. Ha sido su propio partido el que la ha abandonado y ahora buscan culpabilizarnos a todos; pero la única responsable de su situación ha sido la propia Rita. Fue ella quien despilfarraba el dinero público y cargaba gastos de partido a las arcas de la alcaldía, quien aceptaba bolsos de Louis Vuitton, quien abandonó su coche en el garaje del ayuntamiento durante años como si fuera su casa, quien gastó una millonada en coches oficiales, quien se pasó 54 días sin pisar el Senado (pero cobrando como si fuera) donde la aforó Rajoy o quien dirigía el PP de Valencia mientras se ‘pitufeaba’ para financiar el partido en B. Piden respeto para quien no lo tuvo con los ciudadanos. El respeto no lo da la muerte, se gana en vida. Por eso ha sido improcedente dedicarle un minuto de silencio en el Congreso. En el Parlamento, donde se les ha negado a otros, como a Labordeta, y es muy poco habitual. El minuto de silencio a Barberá era un homenaje que no merecía, no necesitaba e interesado. El problema no es que Unidos Podemos se haya ausentado, el problema es utilizar las instituciones de este país para distinguir a políticos que las han deshonrado. España debe dejar de dignificar a quienes representan el despilfarro y la corrupción. Hay que reconocer que ha llevado el aforamiento hasta sus últimas consecuencias. Por ese privilegio de no poder ser juzgada por un tribunal ordinario, ahora solamente Dios podrá juzgarla sometiéndola al juicio divino… paradojas de la vida. El PP ha empezado su canonización. La han hecho mártir, la han ascendido a los cielos y acabarán subiéndola a los altares: Santa Rita mártir, patrona de la corrupción. No seré yo quien le quite en su muerte nada de lo que fue en su vida, un ejemplo de lo que no debiera ser nunca la política.
Recuerdo un anuncio de Coca-Cola que decía algo así como… “Para los gordos. Para los flacos. Para los altos. Para los bajos. Para los que ríen. Para los optimistas. Para los pesimistas. Para los que juegan…” y acababa diciendo “Para todos”. Pues eso… para todos los que os habéis interesado por la salud de mi madre muchas gracias. Todo ha salido bien, gracias a los médicos. Ahora queda la recuperación. Ha sido una semana rara, rara para mí en muchos sentidos, pero ya ha pasado. Tiempo habrá de pensar en ella, lo importante es que, al final, todo ha ido muy bien. Repito, muchas gracias.
Tengo la sensación de que el mes de noviembre es, por llamarlo de alguna manera, especial. Desconozco la razón por la que en este mes siempre me han ocurrido cosas importantes que han influido de manera notable y vital en mi existencia. Prácticamente las recuerdo todas. Unas comenzaron, se desarrollaron y desaparecieron; otras comenzaron, se desarrollaron y -en mayor o menor medida- continúan y otras comenzaron, acabaron… pero continuarán para siempre. Quizá porque suene menos violento, pero al cáncer le suelen llamar tumor maligno. Al fin y al cabo, son lo mismo. Este lunes, mi madre entra en el quirófano para operarse de un cáncer de útero, lo que se llama un vaciado; a su edad no tiene intención de parir más, además, habiéndome tenido a mí (momento narcisista) … Desde que supe la noticia, no he pensado demasiado en ello, quizá porque percibía que mi madre tenía buen ánimo. A medida que se acerca el lunes sí que he pensado más y una cierta angustia o nerviosismo me iba dominando. Ayer recordaba la relación con mi madre, desde que tengo uso de razón hasta ahora: momentos vividos, conversaciones… Lo que yo sienta o deje de sentir es algo que, en esta ocasión, no viene al caso. Estamos en noviembre y, al menos para mí, siempre ha sido un mes de acontecimientos positivos importantes en mi vida; el lunes habrá otro más. En noviembre siempre pasan cosas buenas.
Ahora mismo soy un indocumentado, un sin papeles. Ayer perdí (o quizá fui víctima de algún carterista habilidoso) el tarjetero en el que llevaba el DNI, carnet de conducir, tarjetas del banco, tarjetas varias… ¡todo! Me parece mentira que toda mi identidad se haya esfumado sin saber dónde ni en qué momento. Lo primero que hice fue anular la tarjeta del banco; me mandarán otra en una semana a un módico precio de 4 € (bancos…). En la comisaría de policía me dijeron que esperase unos días por si aparecía. Así que ahora mismo no tengo identidad, menos mal que no hay elecciones a la vista, ya que además de la evidencia de no tener voz, tampoco tendría voto.
¡Ay! Seguro que a mi alter ego aldeano, ese que vive en el Teruel profundo, le importarán muy poco este tipo de problemas. Algo falló… en mi próxima reencarnación espero nacer en el lugar apropiado… aunque, quizá, pronto pueda prologarlo en esta vida.
“Pero acaeció que, yendo mi camino, cerca ya de Damasco, hacia el mediodía, de repente me envolvió una gran luz del cielo. Caí al suelo y oí una voz que me decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Yo respondí: ¿Quién eres, Señor? Y me dijo: Yo soy Jesús Nazareno, a quien tú persigues. Los que estaban conmigo vieron la luz, pero no oyeron la voz del que me hablaba. Yo dije: ¿Qué he de hacer, Señor?”. (Hechos de los Apóstoles 21: 6-10)
Así es como se cuenta la conversión de Saulo, el que perseguía a los cristianos, en Pablo, apóstol de Jesús.
Eso es lo mismo que le ha pasado a Pedro Saulo Sánchez, que se ha caído (o lo han tirado) del caballo y ahora va proclamando la buena nueva de que todo el sistema está manejado por intereses económicos. Que la democracia es sólo eso, una palabra que si se transformara en mujer sería, como dice Sabina, “la más señora de todas las putas, la más puta de todas las señoras”. Una palabra tan sumamente prostituida que ya no produce ni placer pronunciarla. Es lo que nos han vendido: una Transición ejemplar y una democracia que ha costado muchos años conseguir… y con eso nos quedamos. Pero en eso llegó la crisis. Todo cambia, la gente se cabrea y empieza a pedir cambios. La misma gente a la que incluyen cada vez que dicen que ‘el pueblo es soberano’. Entonces algunos salen a las calles y de ahí nace un partido político que llega al Congreso con posibilidades de formar Gobierno y con intenciones de que la prostituida democracia, que durante cuatro décadas han maltratado, pase a ser una mujer decente. La réplica a eso ya la sabemos… populismo, Irán, Venezuela, chavismo, Cuba, Corea del Norte, miedo, terror, nos van a quitar nuestras casas... ya me entienden… Pero volviendo con Sánchez… parece ser que ha visto la luz y en un programa de televisión denunció presiones de grupos mediáticos y económicos para que la democracia no abandone su mala vida. Llega un poco tarde la confesión, pero bienvenida sea. Nada nuevo bajo el sol. Espero que haya muchos más que, al igual que Pedro Saulo Sánchez, también caigan del caballo… y otros que se rompan la crisma.
Hay una canción cantada por Julio Iglesias y el mejicano Pedro Vargas titulada ‘Felicidades’. Cambiando un poco la letra es lo que le podría cantar al PSOE por su abstención en la investidura de Mariano Rajoy como Presidente del Gobierno. Probablemente, mis tiempos de ‘socialisteo’ me impiden sentir el mismo desprecio político hacia el PSOE que el que siento por el PP… pero no por ello tengo una opinión favorable de este partido que se dice de izquierdas mientras se llena el bolsillo con y por la derecha. Gabriel Rufián, de ERC, lo dijo bien clarito en el debate, como diría Unamuno “no es preciso que digamos esto con un tono más bajo”.
A mí me daría vergüenza haber votado al PSOE en las pasadas elecciones para que hicieran lo que han hecho. Alguna vez, en otras entradas, he explicado porqué deje de votar al PSOE; de haber seguido haciéndolo no me lo hubiera perdonado y, sin duda, esta felonía hubiera sido más que suficiente para dejar de votarlos y repudiarlos hasta el fin de mis días. ¿Qué íbamos a terceras elecciones? ¿Y qué? ¿Cuál es el problema? ¿No dicen que las elecciones son ‘la fiesta de la democracia’? ¿Cuál es el problema en asistir a una fiesta? De haberse celebrado unas terceras elecciones, el PSOE, probablemente, se hubiera hundido más, pero hubiera caído con la cabeza bien alta. No me cabe duda de que muchos que han votado al PSOE en las pasadas elecciones lo hubieran seguido votando en el futuro. Lo que no tengo claro es si muchos de los que han votado al PSOE estas pasadas elecciones lo volverán a votar en unas próximas... aunque no sé yo... Estos días, hablado con gente que ha votado al PSOE, me he encontrado de todo… unos dicen que están desengañados… otros que es un desastre… ¿qué van a decir? Pero es curioso, ninguno me ha dicho que no les va a volver a votar. Por lo visto, el ‘socialisteo’ va unido a la estupidez.
“Felicidades...
por haberles roto el corazón en mil pedazos. Felicidades...
por jugar al juego de la política y hacerles daño. Felicidades...
por jugar su orgullo con tanta frialdad. Felicidades...
por hacer de tu votante el triste rey de los payasos. Felicidades...
por robarles la palabra, la razón y traicionarlos”.
Una tos de una boca afrutada escupe tierra negra, buena como mantillo para las macetas de cualquier patio, macetas preñadas de flores rojas. Otra tos que saca más tierra de la garganta de la novia de Carlos, la damita que esa mañana había muerto ahogada en un pozo y que resucita cuando Lucio García mastica la última parte del corazón del enamorado que descansa con un hueco sangrado en su pecho, junto a ella, en la tierra negra que sigue escupiendo para recuperar la respiración.
El doctor no cavó muy superficialmente y los dejó a ras de tierra para que ella pudiera salir sola, sin ayuda, con un esfuerzo pequeño para arrancar raices y empujar terrones y piedras livianas.
La damita, la novia enamorada, caminó a trompicones entre lápidas en medio de la noche para llegar a la cancela del cementerio y sacudió sus hojas hasta que se abrieron para dejar al descubierto un camino trillado hasta el pueblo.
Lucio García la esperaba en la cama en la que estaba tendido. La tibia vela nocturna en la habitación temblaba nerviosa a cada golpe de viento que escapaba por las rendijas del ventanuco de madera.
Toc toc toc. Llama. Es ella. Lucio sabe que es la damita de la boca afrutada, que ha vuelto a la vida.
Toc toc toc. Ahora toca más fuerte. Está hambrienta. Lucio lo sabe y no le abre la puerta.
Un grito parecido al aullido de un lobo, se desliza hasta sus oídos. Luego más golpes y arañazos.
El doctor abre a la condenada que se le acerca olfateando su boca con aroma de corazón recién tragado.
La damita le empieza a arrancar la ropa y muerde al doctor en el estómago, que palpita de indigestión. Escupe los trozos de carne de Lucio y busca como salvaje el corazón de Carlos entre sus tripas hasta que llega a devorarle medio cuerpo.
Satisfecha, atraviesa de nuevo el umbral de vuelta al cementerio.
Uno de los tres tipos que jugaron con el doctor esa noche la ve horrorizado. La reconoce y se da la vuelta con espanto, para buscar a los demás.
La novia llega al agujero llena de amor y se cobija en el cuerpo muerto de su prometido para descansar pegada a él por los siglos de los siglos.
¿Qué os puedo decir? Escritor de vez en cuando, políglota frustrado y lector compulsivo. Difícilmente asombrable, con enorme afición por la ironía y el sarcasmo (si me obligan a ello). De ánimo variable y sonrisa escasa. Odio el ruido sin sentido, la burocracia, la mala educación y la impuntualidad. Soy de izquierdas hasta para escribir. Republicano convencido, ateo, quijoteinómano y machadiano. No soporto a las personas fatuas y a los prepotentes sin motivos. Me irrita con enormidad la gente que no habla con corrección y, especialmente, aquellos que creyéndose que lo hacen no pronuncian los participios olvidándose de la "D". Omito mis sentimientos... es una lección que he aprendido; temo que resulte comprometedor o demoledor. Quizás puedo llegar a ser un ángel o alguien insignificante que simplemente pase por tu lado.