martes, 28 de agosto de 2012

sábado, 28 de julio de 2012

Slowly


Siempre he querido ir de forma slow. Nunca me han gustado las prisas.
He preferido pisar sabiendo donde lo hacía que no arriesgar y caerme al vacío. ¿Por qué? No lo sé, pero así es. Cuando me he guiado por impulsos motivados por la euforia del momento siempre he fracasado, siempre. Nunca me ha ido bien. Me he sentido presionado por la inseguridad de saber si lo que vio es real o fruto del momento. Entonces pienso, ¿y mañana?
Soy de vivir el momento, sí, pensando en el mañana. Procurando siempre tener la certeza que no me voy a equivocar y eso no se sabe en un día, una semana o un mes. Al menos yo no lo sé. ¿El riesgo? Sí, es necesario, pero sabiendo que hay algo detrás con garantías que lo avalen. Arriesgar por arriesgar es un absurdo.
He caminado siempre slowly y eso, aunque parezca mentira, también es un riesgo porque es posible que a veces cuando quiero caminar más rápido para alcanzarlo ya he llegado tarde y, otra vez, se vuelve a escapar. Entonces pienso, ¿realmente merecía la pena?
Ilusiones todas, pero que sean reales, insisto, no motivadas por el momento.
Quiero saber donde estoy y por donde me muevo y eso, solamente, lo puedo hacer si camino de forma slow. Necesito algo más que unos días para apostar; algo más que palabras de trovador que endulzan el oído. No, no me valen ciertas cosas. Me gusta pelearlas, conseguir mis metas pero de forma pausada. No me gusta que me sirvan en bandeja los triunfos; es mejor conseguirlos, ¿de qué sirve que todo esté ya hecho? Así se aprecia mejor el esfuerzo de las cosas.
Cyrano fue Cyrano por Roxanne, ¿hubiera sido lo mismo si ella le hubiera dicho que sí desde el primer momento? No, Cyrano fue Cyrano por las circunstancias de Roxanne... y llegaron al final de manera slowly.
Lamento decepcionar pero es así. No estoy para arriesgar en plan “voy a probar”. No, yo no. Arriesgo sabiendo que voy a ganar y eso no lo puedo saber en poco tiempo. No sé si es fácil o difícil de entender. Pero es así como veo las cosas, como veo la vida y como me gusta hacer las cosas. Hasta ahora… haciendo balance es posible que pudiera estar mejor, pero también es posible que pudiera estar peor. Por ello estoy donde creo que tengo que estar.
Si esta noche, el planeta revienta en confeti que sea slowly.
No sé si es fácil de entender o no lo es. Yo no pido nada, no que caminen a mi ritmo no que caminen por delante o por detrás… simplemente que me dejan caminar a mi ritmo… y quien quiera que me acompañe; de lo contrario no andamos el mismo camino. Me entiendes, ¿verdad?



sábado, 14 de julio de 2012

¿Y ahora a quién podemos reclamar?


Después de ver los vídeos se admiten cualquier tipo de comentarios. PROMETO NO CENSURAR NINGUNO.

















sábado, 7 de julio de 2012

Cada palo que aguante su vela


Creo que los dos pilares fundamentales para que un país funcione tienen que ser la educación y la sanidad; dos piezas fundamentales.
En estos tiempos estamos viendo como ambos elementos se están yendo al garete. A la derecha se le ocurren muchas cosas y ninguna buena y entre los recortes que se aplican los principales perjudicados son, precisamente, la sanidad y la educación.
Actualmente es frecuente ver en los centros de salud y en las escuelas a médicos y maestros respectivamente manifestándose por lo que ellos denominan “sus derechos”. Me parece normal, ya que la gente está muy cabreada y si esta situación hubiera ocurrido hace 80 años no me cabe duda que las calles estarían llenas de barricadas. Sí, sin duda, la sociedad está atontada.
Para nada me parecen correctos los recortes que aplica el Gobierno. Hacerlo en educación es una aberración, ya que un país como el nuestro, sin recursos naturales para competir con otros la única solución que tiene de ser un país plenamente avanzado y desarrollado es sacando buenos profesionales que pasen por nuestro sistema educativo. Hacerlo en sanidad es aberrante, ¿alguien se imagina tener que pagar el tratamiento de un cáncer o de cualquier tipo de operación?
Ahora bien, también opino que no todo es lo que parece y las manifestaciones de médicos y maestros me por “sus derechos” me parecen un tanto oportunistas.
Veamos. El sistema educativo español está fatal. Hace años que estamos en el pelotón de los torpes. El informe PISA (si no me equivoco se llama así) indica que España está a la cabeza en fracaso escolar, es decir, que algo no funciona. En sanidad, ¿quién no ha esperado horas y horas en una sala de espera de un hospital? ¿A quién no le han dado cita para semanas o meses después de haber pedido consulta con algún especialista? Es decir, que algo no funciona. Por lo tanto y aquí viene mi pregunta y mi reflexión: ¿Dónde estaban todos estos que ahora se manifiestan por “sus derechos” cuando las cosas iban igualmente mal? ¿Por qué no salían a la calle los maestros exigiendo otro sistema educativo? ¿Por qué no salían a la calle cuando nuestro país estaba (y sigue estando) a la cola europea en educación? ¿Por qué no salían los médicos a la calle exigiendo una mejor atención para sus pacientes? Estas mismas preguntas se la he hecho a un profesional de la enseñanza y su respuesta ha sido que “es que entonces las cosas funcionaban”. Sin comentarios.
El problema de estos gremios no es que luchen por “sus derechos” el problema es que cuando a uno le tocan el bolsillo ya le tocan “sus derechos” y se tienen que espabilar. Lo que ocurre es que antes todo estaba igual de podrido que ahora pero como no les hacían recortes salariales pues bien “entonces las cosas funcionaban”. Y con esto no quiero decir que todos hayan sido así; como en todas las cosas habrá excepciones.
Está claro que el barco se hunde a marchas forzadas; ahora bien, aquellos que aún sabiendo que las cosas iban mal no movían un dedo porque no les tocaban “sus derechos” creo que son los menos indicados para hacerse las víctimas o, por lo menos, no me causan ninguna simpatía.

sábado, 2 de junio de 2012

Junio


Junio. Si hay algún mes duro no cabe duda que es este; sobre todo para los estudiantes… y sé bien de qué hablo. Entran las prisas por los exámenes, uno se hace sus cábalas pensando si le dará tiempo para llegar a x examen; se hacen los resúmenes de resúmenes eliminando materia y, a última hora, lo que “no ha dado tiempo” siempre cabe en alguna que otra chuleta que esperamos que nos pregunten, ya que es un puntito seguro.
Sí, esa es la vida de estudiante o, al menos, en alguna ocasión me he visto así. Atrás quedan los meses en los que acababas la convocatoria de febrero y pensabas que para la de junio daría tiempo. Ale, unos meses de descanso… sin despistarse, por supuesto. Sí, siempre que llegaba junio me acordaba de que no me vendrían mal un par de semanitas más para estudiar.
¡Bendita vida de estudiante!
Ahora lo mismo. Uno que se aburre y para matar el tedio no se le ocurre otra cosa que meterse en una ingeniería… Me ha tocado desempolvar antiguos libros y apuntes que guardaba de antes para refrescar cosas. He tenido que volver a meterme con termodinámica, mecánica de fluidos, equipos de obra, instalaciones, estructuras, senos, cosenos, integrales... y un sinfín de cosas que en su tiempo me sirvieron para aprobar y que no volví a utilizar.
Lo malo es una cosa, que vuelvo a tener vida de estudiante sin serlo. Vuelvo a la universidad de una forma distinta; sin vivir en un piso de estudiantes, sin poder tomarme una cerveza cuando acabo un examen y terminar por la noche, sin poder quedarme en la cama si no me apetece ir a clase, sin… ¡Ay, benditos años universitarios! Sí, desde luego que cualquier tiempo pasado fue mejor.
Aunque, la verdad, no sé para que estudié. Si hubiera sido más listo me hubiera enchufado a un partido político, ser un trepa y voilá, a vivir del cuento.
Lo mire por donde lo mire sin duda me he equivocado. En fin, siempre me quedará recurrir a Sócrates y a su “sólo sé que no sé nada”.
Suerte para todos los que, como yo, os enfrentáis a exámenes en estas o en fechas próximas.

martes, 1 de mayo de 2012

Yo


¿Y por qué no hablar de uno mismo? ¿Y por qué no contar esa faceta que sabemos que tenemos pero que no nos gusta? Me estoy refiriendo a eso que los demás ven y nosotros nos negamos a aceptar. Es muy sencillo caer en la adulación propia o reconocer ciertos defectos que se pueden justificar con excusas. El ejercicio de mirarnos al espejo, mostrarnos tal como somos, reconocerlo y aceptarlo es bastante más complicado que todo eso.  
Aceptar nuestras bondades y que nos digan lo maravillosos que somos es algo que a todos nos agrada, ¿a quién no le gusta, si bien que le regalen el oído, que le digan, de vez en cuando, lo maravilloso que es? Todo forma parte de nosotros; lo bueno y lo malo. Somos el conjunto de todo. Con esa rara mezcla de virtud y defecto se forma nuestra personalidad.
No voy a mostrar la parte amable, la que todo el mundo ve y esa con la que salgo a la calle. Evidentemente me considero una buena persona si tenemos en cuenta que mis únicos problemas con la justicia han sido alguna que otra multa de tráfico.
Pero no por ello dejo de reconocerme y conocerme a mí mismo. Aquí diría que hay poca gente que realmente sabe como soy en realidad. Me refiero a ese tipo de gente que con sólo verte o hablar te intuye, no hace falta decir más. Eso considero que no es ni bueno ni malo simplemente es así. Posiblemente podrían definirme mejor que yo mismo o podrían haberme dictado esta entrada.
Pues sí, uno de mis defectos o virtudes es el orgullo. Soy una persona muy orgullosa y cuando tengo que sacar esta faceta de mí puedo llegar a ser hiriente. No me refiero a un orgullo selectivo en base a unos valores, condición social o estudios, no, no es eso. Me refiero al orgullo que me sale cuando tengo conversaciones, sean del tipo que sean, y mi interlocutor no atiende a razones. En esos momentos tiro de sarcasmo e ironía e intento quedar por encima. Tampoco sé hasta qué punto eso es malo o bueno; demostrar lo que sabes o lo que has aprendido depende con qué personas no considero que se tenga que esconder; en ese sentido la humildad no va conmigo. No me gustan los ignorantes que van de listos y llegados a ese punto no tengo ningún problema en sacar el demonio de la soberbia para ridiculizar; reconozco que en esos momentos la empatía no es algo que vaya conmigo.
Cuando discuto puedo llegar a ser hiriente, aparte de por lo que digo por la forma que tengo de hacerlo; aunque siempre me controlo y sé hasta dónde puedo y debo llegar. Quizá por eso no me gusta afrontar las discusiones en un mismo momento, no, yo soy más de dejar pasar un tiempo prudencial (días u horas) para recapacitar, analizar y tratar de solucionarlo. Hace años, una compañera de estudios me dijo que si hay una persona con la que no le gustaría discutir es conmigo; supongo porque ella sabía esa cara mía. Solamente una vez he discutido he llegado al extremo de querer hacer daño; en ese momento ya no hay retorno. Saqué toda la artillería y me llevé a esa persona, como suele decirse, “por delante”, sin reparar en consecuencias porque yo las asumía y sabía que eso era el final, aunque llegado a ese punto tampoco me importaba. Acepto la responsabilidad que mis palabras conllevan. Quizá, por eso prefiero dejar pasar un tiempo.
Reconozco que soy rencoroso. Puedo olvidar pero perdonar me cuesta más. Creo que nadie está obligado a perdonar, eso es un acto que va con cada uno. La confianza es algo que se tiene que conseguir día a día y si la pierdo ya es muy difícil que la consiga y sí, aunque la dé ya no es lo mismo, siempre tendré una espinita clavada.
Soy observador, pero no en plan inquisitorial. Me gusta conocer a la gente con la que me rodeo para saber que puedo y que no puedo decir, como puedo y como no puedo comportarme. Quizá, por ello, pueda dar una imagen de seriedad que con el tiempo cambia. Nunca me ha gustado ser el alma de la fiesta e ir de gracioso; me aplico aquello de que “más vale caer en gracia que ser gracioso”.
Quienes han compartido momentos conmigo me han dicho en ocasiones que puedo llegar a ser adictivo, pero no por nada, simplemente por ser como soy. Por eso, quizá, sea difícil dejarme de lado y de una u otra forma siempre estaré ahí. Como pongo en mi perfil “puedo ser un ángel o simplemente alguien que pase por tu vida”. Eso, también hace que se cree un vínculo especial con poca gente, con poquísima, solamente necesito mirar o escuchar su voz para saber. En ese sentido no tengo término medio. Quien me conoce puede valorarlo.
En el corazón tengo cicatrices de las que me acuerdo de vez en cuando; supongo que me gusta flagelarme. Tampoco es que me fustigue demasiado porque siempre acabo llegando a la misma conclusión: no merece la pena, en la vida cada cual sabe lo que deja lo que coge y lo que deja y, en mi caso, quien me ha conocido, o me conoce, sabe lo que puede perder y ganar conmigo.
Cuando he querido de verdad lo he transmitido y la persona lo ha sabido. Cuando ha sido al contrario también... en otras, simplemente, no era nuestro momento ni lugar.
Como he dicho antes, tengo cicatrices pero soy consciente que yo he dejado alguna. No intencionadamente, nunca he ido a hacer daño. Muchas veces se confunde la ilusión con el querer. Eso es algo que he aprendido. En este sentido, cuando he querido, cuando he amado, no he tenido límites. No me ha importado nada. Me ha dado lo mismo tomarme un café en el bar de la esquina, que ir a París, tomarlo mirando la torre Eiffel y volver, ¿qué más da? Eso es amar.
Siempre me ha costado mostrar mis sentimientos hasta estar realmente seguro de ellos. Nunca he prostituido mis sentimientos porque me hayan regalado el oído, me hayan dicho lo maravilloso que soy o que me hayan ensalzado de forma gratuita; las palabras dichas o escritas no me han servido sino han ido acompañadas de hechos; no tengo 15 años para creerme ciertas cosas. Para mí, el valor de un “te quiero” es mucho más que eso, algo que no se puede decir al primero que pasa porque te pinte la vida de colores. Pero esto lo pienso yo. No es fácil llegar a mi corazón pero una vez se llega, como dice Bunbury “si has venido a comprarme lárgate, si vas a venir conmigo agárrate”.
Tengo claro que en mi vida hay gente muy importante que quiero conservar y que, aunque jamás se puede saber, nunca perderé. Del mismo modo que hay otras que simplemente pasarán y con el tiempo simplemente serán recuerdos a los que pondré cara… o siquiera ni eso.
He tomado decisiones difíciles que me han desgarrado y las he asumido. En ocasiones no hay manera ni opción de volver atrás.
Acepto consejos de la gente que me ha demostrado las cosas; sé que ellos no me fallarán y que me lo dicen por algo. Del resto simplemente lo escucho.
Me cuesta reconocer que me he equivocado. Más que reconocerlo necesito darme cuenta de ello, ya que por mucho que me lo digan lo tengo que ver yo y no me cuesta admitir mi error.
De todas formas, a pesar de ser como soy, tengo gente que quiere tenerme a su lado, que sabe llevarme y entenderme. En este sentido saben que pueden contar conmigo.
Por todo esto y por mucho más, pido perdón a los que mi comportamiento no haya sido el correcto y gracias a los que me entienden y están a mi lado. No diré quienes son; si leen esta entrada ellos lo sabrán.

sábado, 21 de abril de 2012

Los blogueros, ¿una especie a extinguir?


Comencé mi aventura con el blog por casualidad. Siempre me había seducido la idea de tener un lugar donde poder dejar constancia de lo que pienso, de lo que siento o de lo que me pasa así que cuando hace más de cuatro años (enero de 2.oo8) tuve la oportunidad de tener mi propio espacio no lo dudé y me lancé a ello. Lo más difícil, supongo que como para mucha gente, fue buscar un nombre. No quería enfocarlo a una temática en concreto porque creía que sería acotarme a mí mismo los temas sobre los que tratar; además, no siempre me iba a apetecer escribir de lo mismo, así que decidí ponerle “Pensamientos y más cosas”, porque puedo contar de todo, abarca mucha más libertad para escribir.
Salvada la primera duda, la siguiente era como lo subtitulaba. Pero esta resultó mucho más sencilla, ya que si el título era tan genérico siempre habría cosas sobre las que escribir, las que fuesen. Por ello le puse “Siempre hay algo que contar”, porque así lo creo. Aunque tengamos pereza de darle a la tecla, siempre tendremos algo que contar, por insignificante que parezca.
Después vino lo de aprender cómo funciona un blog: subir fotos, cambiar colores, añadir vídeos y un largo conjunto de cosas que aquellos que tenéis un blog conocéis.
El mío ha sufrido varias transformaciones. Desde la primera plantilla hasta la actual he ido modificando cosas y no tiene nada que ver con lo que era. Lo único que queda de aquella primera vez son los vídeos que tengo de homenaje a D. Antonio Machado y a Soria; esos forman parte del blog desde su nacimiento y siempre estarán.
Aunque pueda parecer pedante me gusta mi blog. No es porque sea maravilloso, ni sea mejor que cualquier otro, no, no es eso; simplemente porque es una creación mía en la que he pasado muchos momentos buscando y pensando cómo mejorarlo (salvando las distancias, como el pintor que se pasa mucho tiempo delante de un cuadro o el escultor que modela la piedra), además de permitirme, como he dicho anteriormente, poder plasmar lo que pienso y siento.
Una cosa que también alegra es el primer comentario, la primera persona a la que sigues y te sigue, el primer premio que te conceden… en fin, cosas por las que todo bloguero pasa. En ese momento piensas que algo estás haciendo bien y te animas a continuar.
En mi caso, la primera persona que me comentó, seguí, me siguió y me dio el primer premio fue Luis Lópec, del blog Escritos en la cresta de una ola. Ya expliqué en esta entrada como lo conocí. Después, a través de él, descubrí OnlyMary, un blog que también merece la pena; este fue mi segundo. A partir de aquí ya vinieron otros… pero por razones sentimentales a los primeros se les tiene un cariño especial; supongo que es lógico.
He querido recordar esto porque parece ser que últimamente el mundo bloguero esté desapareciendo. En mi caso tengo varios blogs a los que sigo que han sido cerrados pero me resisto a eliminarlos… quizá porque un día los disfruté.
Es posible que cada vez seamos menos los que resistamos y los que tengamos ganas de dejar constancia de las cosas. Los motivos pueden ser varios. Primero la falta de ganas y de motivación. Escribir esta parrafada que estoy escribiendo no es sencillo y me quita tiempo pero me gusta, es condición sine qua non, ya que de lo contrario sería una obligación absurda. Segundo pienso que otras redes sociales, por ejemplo facebook, han hecho que ya la gente prefiera poner “K guay me lo he pasao en la playa”, antes que escribir algo decente. No sé, personalmente prefiero el blog, aunque tenga facebook nunca se me ocurriría darle el mismo tratamiento que aquí. Aparte que la gente que se pueda conocer a través de aquella red… en fin, como dice alguien, “detrás de una pantalla tu puedes ser Superman” (algunos casos de ese tipo conozco...). Evidentemente la gente del blog me parece mucho más sana, centrada y fiable por muchos motivos que no vienen al caso y que si algún día decido escribir algo sobre facebook ya diré lo que me parece.
He querido hacer esta reflexión escrita porque, en mi caso, no escribo tan asiduamente como antes. En unas ocasiones la falta de tiempo, en otras la falta de motivación y, en otras, que no estaba centrado han hecho que deje un poco de lado mi espacio cibernético. Tampoco me gusta escribir por escribir pero sí que he bajado la intensidad con lo que lo hacía. Así pues, en 2.008 hice 73 entradas, en 2.009 87, en 2.010 65, en 2.011 31 y este año llevo 8. Aunque he ido decreciendo, a pesar de todo me gusta y es algo que no pienso dejar. Quizá llegue el momento en que ponga una o dos entradas al año, pero tengo claro que no cerraré el blog nunca, porque como dice el subtítulo “Siempre hay algo que contar”.
Todo esto va enlazado y tiene que ver con la entrada de “Escritos en la cresta de una ola” titulada “Batiendo Records”, en la que Luis ha sopesado la idea de cerrar su blog. Sinceramente pienso que sería una pena porque es un bloguero de los que ya no quedan y que, por supuesto, esta entrada no suponga ningún tipo de obligación ni de presión. Que la gente entre o no entre, comente o no lo haga (bajo mi punto de vista) es algo que forma parte de este mundo. Yo suelo entrar cada vez que puedo a los blogs actualizados aunque no los comente. Me gusta conocer las inquietudes de la gente que son capaces de plasmarlo con tanta dedicación; poner, “esta noche me voi de fiesta con mis colegas” y luego colgar las fotos, es algo que todos sabemos hacer; algunos solamente saben hacer eso. Pero escribir una entrada digna para que la gente la lea ¡ay amigo! Eso es más difícil.
De la misma forma, que cerrar un blog es una decisión que hay que pensarse mucho: primero, porque, insisto, siempre hay algo que contar aunque sea una vez al año y, segundo, porque como he explicado al principio, es como algo que has ‘parido’, le has dado forma y lo has cuidando hasta ser lo que es; si alguien mantiene tantos años un blog no es por casualidad.
En fin, esta era mi reflexión. Yo seguiré aquí, como dice el himno “Sereno y alegre, valiente y osado”, en el mundo bloguero. Supongo que poco a poco, los que tenemos blog, nos estamos convirtiendo en una especie en peligro de extinción pero de nosotros depende el desaparecer o el seguir.

Dedicado a Luis Lópec, un bloguero de los que ya no quedan. 

martes, 17 de abril de 2012

Burgos


Hace unos días estuve en Burgos. Una ciudad en la que nunca había estado salvo una vez que pasé con el coche, hace algunos años, cuando me dirigía a León. Durante los tres días y medio que duró mi estancia en la capital castellana la sensación fue contradictoria.
En mi imaginario tenía la idea de que Burgos sería otra cosa; una ciudad con más arraigo a su pasado; su historia y su propia etimología invitaban a ello. La típica ciudad medieval en la que se respira un ambiente pretérito mezclado con un presente que avanza paso a paso hacia el futuro, sin olvidar de donde viene. Cuando uno va por primera vez a una ciudad no sabe lo que se puede encontrar pero sí que tiene ciertas sospechas de lo que espera encontrarse. En esta ocasión no ha sido así.
Me da la impresión que esta ciudad vive de espaldas a su pasado, que ha avanzando en el tiempo sin tener en cuenta lo que ha sido y con esto no quiero decir que todo lo añejo se tenga que conservar; hay edificios que no merecen la pena, pero sí un cierto simbolismo presente de lo que en su día fue, hay formas y formas de conservar las cosas y conjugarlas con los tiempos actuales. Se puede entrelazar perfectamente la historia y la arquitectura pasada y presente de un lugar sin que esto tenga que suponer que se solape una época con otra.
En el aspecto urbanístico, únicamente es posible hacerse una idea de lo que fue por las calles aledañas a la catedral. Calles estrechas y con requiebros donde uno puede imaginar lo que pudo ser en otros tiempos, es decir, la típica ciudad de la Edad Media. Salvo esa excepción no hay forma de suponer nada. Burgos tiene un urbanismo actual que nada puede hacer suponer lo que allí ocurrió.
En la actualidad, si le borramos el nombre, podría pasar como una ciudad moderna que no tiene nada que contarnos de los orígenes que se le suponen.
Abundan los grandes edificios, como en cualquier otra capital importante, con avenidas anchas y parques. El río, el Arlanzón, es un elemento más de la vida de las gentes que allí viven; un elemento que no molesta y que no ha sido impedimento para el desarrollo de ésta. Se ha creado una unión perfecta que invita a recorrerlo dando un paseo sin que entre el aburrimiento.
El elemento más representativo de la ciudad es su catedral. Una maravilla gótica sobre la que se pueden escribir libros enteros y que no entraré en detalles por no ser este el motivo de esta entrada. Por lo descrito anteriormente me da la impresión que es un elemento añadido que distorsiona bastante la realidad; es como un islote en medio de la vorágine; no tiene nada que ver con la idiosincrasia de la actual Burgos. Incluso su entorno parece distinto, como si alguien la hubiera colocado allí sin saber por qué. No es el lugar que cabría esperar de semejante obra arquitectónica y con esto no estoy juzgando este edificio, simplemente su ubicación desde un punto de vista arquitectónico. Está porque está y punto, no porque queramos que esté. Me pareció significativo que en la misma plaza hay una oficina de turismo muy actual pero ubicada en un lugar bastante escondido, incluso para un lugareño sería difícil encontrarla. Algo que se supone que es para dar información y mostrar las maravillas de las que disfrutar debería tener un sitio más visible. Esto sí que me llamó la atención.



Vista nocturna de una parte de la catedral

Yo, que esperaba saciarme de románico y, en menor medida, de gótico me fui de allí con esa carencia. Y no es porque no lo haya, simplemente, como he dicho antes, parece que no se le dé importancia y que sean aspectos que no se han cuidado. Por ejemplo, paralelo al río hay un paseo, el Paseo de la Isla, donde hay una antigua puerta románica colocada allí, en medio del paseo, sin ningún sentido, como si hiciera falta rellenar ese hueco con cualquier cosa y era lo primero que se les ocurrió; no entiendo lo que pretendían con esas piezas montadas de una forma tan artificial como poco realista.



Puerta románica en el Paseo de la Isla

Otro aspecto que me llamó la atención es la poca utilización que se hace de la figura del que posiblemente es el personaje más representativo del lugar: el Cid.



Estatua del Cid

Podemos encontrar en una rotonda la famosa estatua del castellano caballero a lomos de Babieca con su espada, Tizona, en la mano. Creo que el Cid debería tener una mayor presencia en los ámbitos de la ciudad. Haciendo un paralelismo de Burgos con otra capital castellana que conozco bien, Soria, llego a la conclusión que son diametralmente opuestas. En la segunda, la figura de D. Antonio Machado se respira; es fácil imaginarse al poeta caminando por sus calles y mezclándose entre la vorágine de las gentes. En el aspecto arquitectónico, el románico está presente en claros ejemplos como en la iglesia de San Juan de Rabanera o Santo Domingo; caminando por el Paseo del Espolón se ve la perfecta unión del pasado y del futuro, incluso no es difícil imaginar la visión que tuvo el poeta cuando “La campana de la Audiencia da la una”. Todos estos y más son edificios que se han integrado perfectamente en la actualidad en la fisonomía de la ciudad. Todo lo contrario que ha ocurrido en Burgos.
Estoy seguro que alguien que conozca la ciudad o que habite en ella dirá que tengo una percepción equivocada que no se ajusta a la realidad. Es posible. Yo, simplemente, he pretendido transmitir sensaciones entre lo que me esperaba y lo que me encontré, desde un punto de vista histórico y arquitectónico; no se trata de una descripción real del lugar; decir como es una ciudad es fácil para cualquiera, incluso decir si es fea o bonita; se trata, insisto, de sensaciones. Aún así, sospecho que todavía me quedan cosas por descubrir. Si tengo la suerte de volver por allí, tiempo tendré de hacer un análisis más exhaustivo y, quién sabe, si de cambiar el concepto que tengo actualmente.

sábado, 14 de abril de 2012

¿Un guiño del destino?


Siempre he dicho que no sé lo que será de mi vida, dónde podré estar mañana o pasado; solamente hay algo que sí que me gustaría que ocurriese, una ilusión un deseo: dentro de muchos años, cuando sea anciano, estar en un mirador de Soria, sentado en una mecedora al lado de una viejecita que también se balancea, ambos cogidos de la mano y viendo nevar a través de la ventana.
¿Por qué Soria? Tengo un cariño especial por esa ciudad; dejémoslo ahí.
Supongo que todos tenemos ilusiones de cómo nos gustaría que fuera nuestra vejez, o raro que, por lo menos, no lo hayamos pensado alguna vez.
Pienso que es algo así como un paréntesis en la vida que te transporta al instante anteriormente descrito, al menos en mi caso.
Esta foto de hoy me hace pensar mucho en ese momento, en ese futuro. Descubrí estas figuras hace unos días en una plaza de Burgos, ciudad que no conocía, y de la que en alguna ocasión hablaré, en la que vive una amiga a la que fui a visitar.
Fue un impacto muy grande el encontrarme con esta bella estampa y al instante imaginé todo lo que he descrito al principio; todo pasó por delante de mí como un ‘dejavú’ futuro. Yo soy el que sostiene el bastón y mi mujer es quien está a mi lado tejiendo, parece ser, una bufanda. ¿Qué más puedo pedir para el final de mis días?
Hoy vivo en ese paréntesis. La futura ancianita también.
En alguna ocasión le he puesto cara, hoy no la tiene. Supongo que forma parte del destino, casualidad, causalidad, premonición, día a día… o como quieran llamarlo que descubriese esas figuras. ¿Una señal? Mmmm no sé… causa efecto o Segunda Ley de Newton, como quieran llamarlo. Sin saber por qué me han hecho ilusionarme, pensar, sonreír. Llegará, llegaremos; nos encontraremos en ese futuro los dos.

“¿Me das la mano?... Gracias por haberme hecho tan feliz… Mira, ya empieza a nevar… Te amo”.

sábado, 24 de marzo de 2012

Inocencia

Inocencia, pureza, delicadeza, bondad… ¿es eso la niñez? Recuerdo la mía, tengo pinceladas de hechos muy concretos y otros que me costaría hacerlo.
En ocasiones cuando veo a un niño pienso: “¿Qué preocupaciones podrá tener esa criatura?” Supongo que las propias de su edad, es decir: que su madre le ponga en el bocadillo del colegio lo que le gusta, que sus amigo no le obliguen a jugar de portero, que le salga x personaje en los cromos, hacer el deber del colegio… en fin, todas esas cosas que si leemos esto podemos recordar… Y ¿ahora? A mí nadie me dijo que el ser una persona adulta era lo que es.
He intentado reclamar para que me devuelvan mi niñez pero no sé dónde hacerlo ni a quién, así que tendré que aprender a vivir como un adulto.