
Cuando se habla de alguien o se quiere describir se suele hacer referencia a su físico, pero ¿cómo es posible definirlo para saber lo que es ese alguien? Yo quiero hablar de alguien, quiero hablar de Alma. Podría decir que es alta, baja, rubia o morena… pero eso sería demasiado simple, por ello prefiero dar más datos de cómo es Alma para mí, de cómo yo la veo. Quizá así sea más fácil describirla.
Alma es:
Su nombre.
Un descuido intencionado.
Unos zapatos rojos.
Unas rastas.
Una graciosa peca en el lado derecho de la nariz.
Un falso beso atrevido.
Una tónica con hielo y sin limón.
Una pitillera.
Un cigarro a medias.
Un beso esperando que se ponga verde el semáforo de los peatones.
Una pequeña bola del mundo.
Una imponente estatua de Juan Ramón.
Un sonrojo en el Conquero.
Mi novia.
Unas manos entrelazadas.
Una cena especial.
Una escritura en el mundo.
Una visión triste por el retrovisor.
Un reencuentro en el andén.
Un desayuno apacible.
Una pregunta imposible.
Una respuesta susurrada al oído.
Un arco de herradura.
Arquitectura por descubrir.
El parque de María Luisa.
La Plaza de España.
Una comida en su coche.
Un primer concierto de Aranjuez.
Una cena en MC Donalds.
Un desayuno en El Amanecer.
El monasterio de la Rábida.
La tumba de Juan Ramón y Zenobia.
Una comida con mirada cómplice.
Una coca cola light.
Una partida de billar.
Una escalera de estación.
Un “hasta luego” esperanzador.
Un abrazo interminable.
Unas piedras zen.
Un paseo tranquilo.
Un helado de chocolate y limón.
Un café con mis padres para mostrarla orgulloso.
Una caña de lomo.
Una comida en mi coche.
Unas ansias exaltadas.
Unas conversaciones apasionantes.
Un lunes tarde platero en Moguer.
Una cena serrana en San Juan del Puerto.
Unos paseos nocturnos.
La mujer a la que le pido cientos de veces que se case conmigo pero que no me responda hasta que su respuesta sea afirmativa.
Poesía.
Una librería.
Un rincón en nuestra cafetería.
Una tarde en el cine de abrazos rotos.
Un baile inesperado en un parking de Triana.
Unas porras a la orilla del Guadalquivir.
Un paseo nocturno en Sevilla.
Carmona.
Una película en el salón con palomitas.
Unos posters de esos abrazos rotos.
Un coletero rosa que tengo en mi mesita.
Una camiseta De Gijón.
Una puesta de sol sobre el Odiel.
El río Tinto.
Es Río Tinto.
Una historia de año de tiros apasionante y para mí desconocida.
Un cementerio con encanto.
Unas historias inglesas.
Un pañuelo sobre el asiento de mi coche que me abraza al sentarme.
Unos besos de película.
Un texto desafortunado y mal entendido.
Algo que se ha roto.
Una despedida sin abrazo.
La misma sin beso.
Un cepillo de dientes olvidado.
Mi ex novia.
Unas conversaciones por teléfono.
Un reencuentro esperanzador.
Mi novia.
Una noche de concierto.
Tartesos.
El parasol de mi coche.
Una conversación por teléfono.
Una rectificación inservible.
Viejos fantasmas.
Mi ex novia.
Mis últimas lágrimas por una mujer.
Lo que pudo haber sido.
Esta es Alma. Estoy seguro que me dejo cosas, no por descuido, sino porque prefiero guardarlas para mi. Supongo que todos nos guardamos algo de alguien y yo no soy menos, cosas guardadas que solamente nos pertenecen a ambos.
Hay veces que si las miradas no se encuentran es inútil seguir el camino, sin buscar quien se equivoca. Todas las razones son igualmente válidas para quien las esgrime, sin culpables ni inocentes. Lo que vale es ser consecuente con ellas para ser feliz, sólo eso.







