No recuerdo si Sancho Panza, gran recitador de refranes, dijo en algún momento ese de ‘el hábito no hace al monje’. Pero, si no lo hizo, seguro que no hubiera encontrado un mejor motivo para hacerlo como el que me ha ocurrido recientemente. O, tal vez, ese de ‘zapatero a tus zapatos’. Sea como sea, cualquiera de los dos podría servir.
Estaba en Zaragoza, por motivos de trabajo, revisando una obra. En concreto se trata de un bajo en el que se ha hecho una reforma para transformarlo en oficinas, en total 12, de entre 15 y 25 m2 cada una de ellas. Estaba allí con el albañil (amigo desde hace años) y éste estaba entrando unos sacos de yeso a una de las oficinas para comenzar a enyesar las paredes. Por echarle una mano, me puse con él a cargar sacos y a meterlos para adentro, con la mala suerte que uno de los sacos tenía un pequeño agujero por el que caía el yeso y me ensucié de blanco los pantalones vaqueros y las zapatillas negras que llevaba; afortunadamente ya no tenía que ir a ningún sitio después, ya que no iba muy presentable.
Cuando habíamos metido todos los sacos, el albañil me dice: “Voy al baño que me ha entrado un apretón” (tal cual) y yo me quedé por allí revisando materiales y lo que había hecho en otras dependencias. A los cinco minutos de estar solo entraron dos hombres por la puerta, saludando uno de ellos con un simple “buenas tardes”, a lo que yo respondí lo mismo. El que saludó se presentó diciendo que era de una inmobiliaria e iba de parte de la propiedad. Ambos se pusieron a ver el estado de las obras.
Volví a la habitación en la que estaban los sacos de yeso y quería abrir uno de ellos. Yo, allí agachado, con una paleta en la mano de enlucir intentando abrir el saco y escucho a mi espalda una voz que me dice lo siguiente:
“¡Illo! Vente un momento y exale una pazaita de yezo a una paré”.
Así, literal, con esas palabras. No sé si habréis visto una escena de Matrix en la que Trinity se queda flotando en el aire y todo a su alrededor se paraliza. Así es como me sentí yo: con la paleta en una mano, sujetando el saco con la otra, sin moverme, sin reaccionar. Para que os hagáis una idea…
Así, literal, con esas palabras. No sé si habréis visto una escena de Matrix en la que Trinity se queda flotando en el aire y todo a su alrededor se paraliza. Así es como me sentí yo: con la paleta en una mano, sujetando el saco con la otra, sin moverme, sin reaccionar. Para que os hagáis una idea…
No es necesario que escriba lo que pensé cuando mis funciones vitales volvieron a ponerse en funcionamiento, con el siguiente dibujo se entenderá perfectamente.
Me levanté, me di la vuelta y contesté: “No, yo no soy el albañil”.
“Tú quién ere”, me preguntó el de la ‘pazaita de yezo’, que era uno de los dos que habían entrado, el que hasta entonces había estado callado.
“Yo soy arquitecto”, respondí.
“No decicamo a lo mimo, zomo cazi colega”, contestó.
“¿También es arquitecto?”, pregunté.
“Como zi lo fuera, llevo en la conztrucción toa la vida y ezto tiene poco zecreto pa mi. En cazi to lo trabaho lo arquitecto me preguntan que zolucione ze podrian tomá zi zurje argo” (o algo muy parecido me soltó).
Yo (como antes, creo que no hace falta explicar nada) …
Afortunadamente llegó el albañil, con cara de alivio y ajustándose la correa… “Este es el albañil, hable con él para que vea lo que me ha comentado”, me despedí y me fui. ¡Manda uebos! Que en el centro de Zaragoza…
Me levanté, me di la vuelta y contesté: “No, yo no soy el albañil”.
“Tú quién ere”, me preguntó el de la ‘pazaita de yezo’, que era uno de los dos que habían entrado, el que hasta entonces había estado callado.
“Yo soy arquitecto”, respondí.
“No decicamo a lo mimo, zomo cazi colega”, contestó.
“¿También es arquitecto?”, pregunté.
“Como zi lo fuera, llevo en la conztrucción toa la vida y ezto tiene poco zecreto pa mi. En cazi to lo trabaho lo arquitecto me preguntan que zolucione ze podrian tomá zi zurje argo” (o algo muy parecido me soltó).
Yo (como antes, creo que no hace falta explicar nada) …
Afortunadamente llegó el albañil, con cara de alivio y ajustándose la correa… “Este es el albañil, hable con él para que vea lo que me ha comentado”, me despedí y me fui. ¡Manda uebos! Que en el centro de Zaragoza…







