
Qué gran libro. Qué obra maestra ¿cómo es posible que no sea de lectura obligada en todos los colegios? ¿Se puede pasar por la vida sin leerlo? Hace años un hombre sabio me dijo: “Si alguien te dice que le gusta leer pregúntale si se ha leído el Quijote. Si te dice que no te miente en su afirmación pues a alguien que le gusta la lectura y no se ha leído semejante obra es como alguien que diga que le gusta la música pero no ha escuchado nunca a Beethoven”. Quién lo haya leído sabrá a lo que me refiero y quién no posiblemente no me entenderá. Quizás algún día escriba algo sobre el Quijote pero ocurre lo mismo que con D. Antonio Machado. Poner palabras a un sentimiento es complicado. Simplemente se tiene que sentir, no definir.
Por ello al leer cierta noticia no he podido evitar acordarme de esta inmortal obra y de unos textos en concreto que son los más apropiados para esta ocasión.
Hace días me enteré que un genealogista partiendo del abuelo paterno de Letizia Ortiz ha descubierto que desciende de una estirpe real de un rey castellano durante la, mal llamada, Reconquista, Fernando II. Parece ser que esa imagen de modernidad que pretendían darle a nuestra ilegítima monarquía aludiendo a que el príncipe se casaba con una plebeya se ha ido al traste o bien han buscado un antepasado real encasquetándoselo a Letizia con calzador para que así todo quede en familia. Reyes con reyes, como toda la vida. Quizás cuando este verano en Pekín le preguntaron a qué se dedicaba y ella respondió: “Yo soy una princesa”, ya lo decía con conocimiento de causa. Pero manda narices (de esto la ex periodista sabe algo) que toda la vida haya sido descendiente de reyes y lo haya sabido justamente ahora.
Pero claro, esto también es relativo, porque teniendo en cuenta la afición a las faldas que se tenía por aquella época quizás la antepasada progenitora de la estirpe no fuera la reina sino una vulgar campesina, porquera o mujer de vida alegre con la que se amancebó dicho rey. Aunque yo me pregunto ¿Por qué con el abuelo paterno? ¿Y los otros abuelos no tienen estirpe real? ¿Acaso habrá alguno que tenga algo que ocultar? Sí es así no pasa nada porque los reyes por muy detestables, tiranos, vividores y traidores que sean siempre son reyes y todo se les perdona. A las pruebas me remito puesto que no hay más que leer sobre los antepasados de su marido y conocer un poco la historia de los Borbones en España. Todavía sigue la misma familia con una corona sobre su cabeza en este país. Esto me recuerda a Zapatero cuando alude siempre a su abuelo el que mataron en la guerra ¿Y de los otros tres que sabemos? Pero claro, al republicano hay que sacarle provecho… y yo me entiendo.
Así que, por fin, Letizia parece que desciende de noble cuna y es de sangre azul por los cuatro costados ¡Cuánta gilipollez con esta gente! ¡Cuánta admiración por los franceses!
Pero tampoco es algo tan inusual ni extraordinario descender de reyes. Por ejemplo, Manolo Escobar proviene de regia cuna como él mismo dice:
"El cateto de tu hermano/que no me venga con leyes/que es payo y yo soy gitano/ y llevo sangre de reyes".
Así que si nos ponemos a indagar es posible que a todos nos toque un pedacito de corona por parte de algún reyezuelo visigodo, moro o cristiano (¡Qué horror! Eso sería un trauma para mí).
Por ello no he podido dejar de acordarme, como decía al principio, del Quijote y de especialmente de un par de capítulos que tratan de unos consejos que le da don Quijote a Sancho Panza cuando antes de que este parta a la ínsula de Barataria de la cual ha sido nombrado gobernador por parte del duque. Copio los que me parecen más apropiados para esta noticia.
“Haz gala, Sancho, de la humildad de tu linaje y no te desprecies de decir que vienes de labradores porque viendo que no te corres ninguno se pondrá a correrte, y préciate más de ser humilde virtuoso que pecador soberbio. Inumerables son aquellos que de baja estirpe nacidos, han subido a la suma dignidad pontificia e imperatoria; y desta verdad te pudiera traer tantos ejemplos que te cansaran”.
“Mira, Sancho: si tomas por medio a la virtud y te precias de hacer hechos virtuosos, no hay para qué tener envidia a los que padres y agüelos tienen príncipes y señores porque la sangre se hereda y la virtud se aquista y la virtud vale por sí sola lo que la sangre no vale”.
“Siendo esto así, como lo es, que si acaso viniere a verte cuando estés en tu ínsula alguno de tus parientes, no le deseches ni le afrentes, antes le has de acoger, agasajar y regalar, que con esto satisfarás al cielo, que gusta que nadie se desprecie de lo que él hizo y corresponderás a lo que debes a la naturaleza bien concertada”.
Creo que no hace falta explicar la nada.
Pero claro no todos tienen la honradez, la dignidad y la humildad de Sancho cuando con estas sabias palabras que a continuación cito renunció a su ínsula sin avergonzarse ni de lo que era, ni de su linaje aunque, posiblemente, también tuviese un antepasado con corona.
“Abrid camino, señores míos, y dejadme volver a mi antigua libertad: dejadme que vaya a buscar la vida pasada, para que me resucite de esta muerte presente. Yo no nací para ser gobernador ni para defender ínsulas ni ciudades de los enemigos que quisieren acometerlas. Mejor se me entiende a mí de arar y cavar, podar y ensarmentar las viñas, que de dar leyes ni de defender provincias ni reinos. Bien se está San Pedro en Roma: quiero decir que bien se está cada uno usando el oficio para que fue nacido. Mejor me está a mí una hoz en la mano que un cetro de gobernador, más quiero hartarme de gazpachos que estar sujeto a la miseria de un médico impertinente que me mate de hambre, y más quiero recostarme a la sombra de una encina en el verano y arroparme con un zamarro de dos pelos en el invierno, en mi libertad, que acostarme con la sujeción del gobierno entre sábanas de Holanda y vestirme de martas cebollinas. Vuestras mercedes se queden con Dios y digan al duque mi señor que desnudo nací, desnudo me hallo: ni pierdo ni gano; quiero decir que sin blanca entré en este gobierno y sin ella salgo, bien al revés de como suelen salir los gobernadores de otras ínsulas. Y apártense, déjenme ir, que me voy a bizmar, que creo que tengo brumadas todas las costillas, merced a los enemigos que esta noche se han paseado sobre mí. Así dejaré de irme como volverme turco. No son estas burlas para dos veces. Por Dios que así me quede en este ni admita otro gobierno, aunque me le diesen entre dos platos, como volar al cielo sin alas. Yo soy del linaje de los Panzas, que todos son testarudos, y si una vez dicen nones, nones han de ser, aunque sean pares, a pesar de todo el mundo. Quédense en esta caballeriza las alas de la hormiga, que me levantaron en el aire para que me comiesen vencejos y otros pájaros, y volvámonos a andar por el suelo con pie llano, que si no le adornaren zapatos picados de cordobán, no le faltarán alpargatas toscas de cuerda. Cada oveja con su pareja, y nadie tienda más la pierna de cuanto fuere larga la sábana; y déjenme pasar, que se me hace tarde”.
Y es que como ese sabio hombre me dijo también: “Hay dos clases de personas: Las que se han leído el Quijote y las que no”.
Por ello al leer cierta noticia no he podido evitar acordarme de esta inmortal obra y de unos textos en concreto que son los más apropiados para esta ocasión.
Hace días me enteré que un genealogista partiendo del abuelo paterno de Letizia Ortiz ha descubierto que desciende de una estirpe real de un rey castellano durante la, mal llamada, Reconquista, Fernando II. Parece ser que esa imagen de modernidad que pretendían darle a nuestra ilegítima monarquía aludiendo a que el príncipe se casaba con una plebeya se ha ido al traste o bien han buscado un antepasado real encasquetándoselo a Letizia con calzador para que así todo quede en familia. Reyes con reyes, como toda la vida. Quizás cuando este verano en Pekín le preguntaron a qué se dedicaba y ella respondió: “Yo soy una princesa”, ya lo decía con conocimiento de causa. Pero manda narices (de esto la ex periodista sabe algo) que toda la vida haya sido descendiente de reyes y lo haya sabido justamente ahora.
Pero claro, esto también es relativo, porque teniendo en cuenta la afición a las faldas que se tenía por aquella época quizás la antepasada progenitora de la estirpe no fuera la reina sino una vulgar campesina, porquera o mujer de vida alegre con la que se amancebó dicho rey. Aunque yo me pregunto ¿Por qué con el abuelo paterno? ¿Y los otros abuelos no tienen estirpe real? ¿Acaso habrá alguno que tenga algo que ocultar? Sí es así no pasa nada porque los reyes por muy detestables, tiranos, vividores y traidores que sean siempre son reyes y todo se les perdona. A las pruebas me remito puesto que no hay más que leer sobre los antepasados de su marido y conocer un poco la historia de los Borbones en España. Todavía sigue la misma familia con una corona sobre su cabeza en este país. Esto me recuerda a Zapatero cuando alude siempre a su abuelo el que mataron en la guerra ¿Y de los otros tres que sabemos? Pero claro, al republicano hay que sacarle provecho… y yo me entiendo.
Así que, por fin, Letizia parece que desciende de noble cuna y es de sangre azul por los cuatro costados ¡Cuánta gilipollez con esta gente! ¡Cuánta admiración por los franceses!
Pero tampoco es algo tan inusual ni extraordinario descender de reyes. Por ejemplo, Manolo Escobar proviene de regia cuna como él mismo dice:
"El cateto de tu hermano/que no me venga con leyes/que es payo y yo soy gitano/ y llevo sangre de reyes".
Así que si nos ponemos a indagar es posible que a todos nos toque un pedacito de corona por parte de algún reyezuelo visigodo, moro o cristiano (¡Qué horror! Eso sería un trauma para mí).
Por ello no he podido dejar de acordarme, como decía al principio, del Quijote y de especialmente de un par de capítulos que tratan de unos consejos que le da don Quijote a Sancho Panza cuando antes de que este parta a la ínsula de Barataria de la cual ha sido nombrado gobernador por parte del duque. Copio los que me parecen más apropiados para esta noticia.
“Haz gala, Sancho, de la humildad de tu linaje y no te desprecies de decir que vienes de labradores porque viendo que no te corres ninguno se pondrá a correrte, y préciate más de ser humilde virtuoso que pecador soberbio. Inumerables son aquellos que de baja estirpe nacidos, han subido a la suma dignidad pontificia e imperatoria; y desta verdad te pudiera traer tantos ejemplos que te cansaran”.
“Mira, Sancho: si tomas por medio a la virtud y te precias de hacer hechos virtuosos, no hay para qué tener envidia a los que padres y agüelos tienen príncipes y señores porque la sangre se hereda y la virtud se aquista y la virtud vale por sí sola lo que la sangre no vale”.
“Siendo esto así, como lo es, que si acaso viniere a verte cuando estés en tu ínsula alguno de tus parientes, no le deseches ni le afrentes, antes le has de acoger, agasajar y regalar, que con esto satisfarás al cielo, que gusta que nadie se desprecie de lo que él hizo y corresponderás a lo que debes a la naturaleza bien concertada”.
Creo que no hace falta explicar la nada.
Pero claro no todos tienen la honradez, la dignidad y la humildad de Sancho cuando con estas sabias palabras que a continuación cito renunció a su ínsula sin avergonzarse ni de lo que era, ni de su linaje aunque, posiblemente, también tuviese un antepasado con corona.
“Abrid camino, señores míos, y dejadme volver a mi antigua libertad: dejadme que vaya a buscar la vida pasada, para que me resucite de esta muerte presente. Yo no nací para ser gobernador ni para defender ínsulas ni ciudades de los enemigos que quisieren acometerlas. Mejor se me entiende a mí de arar y cavar, podar y ensarmentar las viñas, que de dar leyes ni de defender provincias ni reinos. Bien se está San Pedro en Roma: quiero decir que bien se está cada uno usando el oficio para que fue nacido. Mejor me está a mí una hoz en la mano que un cetro de gobernador, más quiero hartarme de gazpachos que estar sujeto a la miseria de un médico impertinente que me mate de hambre, y más quiero recostarme a la sombra de una encina en el verano y arroparme con un zamarro de dos pelos en el invierno, en mi libertad, que acostarme con la sujeción del gobierno entre sábanas de Holanda y vestirme de martas cebollinas. Vuestras mercedes se queden con Dios y digan al duque mi señor que desnudo nací, desnudo me hallo: ni pierdo ni gano; quiero decir que sin blanca entré en este gobierno y sin ella salgo, bien al revés de como suelen salir los gobernadores de otras ínsulas. Y apártense, déjenme ir, que me voy a bizmar, que creo que tengo brumadas todas las costillas, merced a los enemigos que esta noche se han paseado sobre mí. Así dejaré de irme como volverme turco. No son estas burlas para dos veces. Por Dios que así me quede en este ni admita otro gobierno, aunque me le diesen entre dos platos, como volar al cielo sin alas. Yo soy del linaje de los Panzas, que todos son testarudos, y si una vez dicen nones, nones han de ser, aunque sean pares, a pesar de todo el mundo. Quédense en esta caballeriza las alas de la hormiga, que me levantaron en el aire para que me comiesen vencejos y otros pájaros, y volvámonos a andar por el suelo con pie llano, que si no le adornaren zapatos picados de cordobán, no le faltarán alpargatas toscas de cuerda. Cada oveja con su pareja, y nadie tienda más la pierna de cuanto fuere larga la sábana; y déjenme pasar, que se me hace tarde”.
Y es que como ese sabio hombre me dijo también: “Hay dos clases de personas: Las que se han leído el Quijote y las que no”.