
A pesar del confinamiento físico e informativo al que nos vemos sometidos desde hace unos días por el dichoso virus, nada es capaz de frenar el cuestionamiento popular de una institución caduca, antidemocrática y profundamente corrupta.
La degeneración del anterior titular de la Corona adquiere tal magnitud que ya ni los medios monárquicos son capaces de esconderla, pues van aflorando como hidra de siete cabezas imposible de doblegar.
Tras las noticias que conocimos días atrás desde medios extranjeros (de nuevo nos tenemos que enterar a través de otros), el domingo 15 por la noche la Casa Real nos sorprende con un increíble comunicado con el que el hijo de Juan Carlos trata de limpiar su imagen y sus vínculos hereditarios. Respecto de la herencia económica, ni deja claro que su renuncia sea real, ni parece legalmente posible. Y de la herencia política, el trono, nada dice, como era de esperar.
Si el escándalo de la cacería africana de Juan Carlos en plena crisis mundial, y especialmente dramática en España, desembocó pocos años después en su abdicación, el nuevo escándalo de la casa real, en plena crisis y confinamiento colectivo, puede desembocar en una nueva abdicación; ¡ojalá!
Quizás Felipe VI tuvo la idea de que el actual estado de alarma y confinamiento colectivo podría ser el mejor momento para que sus escándalos familiares pasasen desapercibidos; pero es posible que se haya equivocado rotundamente. Precisamente el actual estado de shock en que se encuentra la población, altera los estados de ánimo, a veces de una manera incontrolada, desde el punto de vista social y de las relaciones. Mientras el conjunto de las familias de este país se enfrentan a una crisis sanitaria, con graves riesgos para la salud, para los ingresos económicos y los puestos de trabajo, resulta que la familia real se dedica a sus trapos sucios de herencias millonarias de origen corrupto, y todo aderezado con la singular tradición braguetera de la dinastía que nos reina.
Fue un gran error (quizás no le quedaba otra) publicar el domingo 15 el comunicado sobre unos asuntos que llevan coleando hace años; pero el remate fue dirigirse a sus súbditos, como si aquí no hubiera pasado nada y sin disculpas que valgan, para exponerse cual títere de feria. El pueblo español, tan bueno para algunas cosas, y otras no tanto, no perdió la oportunidad que el monarca le brindaba para colocarlo en la picota del escarnio colectivo, rememorando algunos episodios del pasado.
La prensa monárquica y rastrera en su afán de blanqueamiento de la monarquía ha blindado al Borbón de tal forma que, además de inviolable por la constitución, fuera impublicable y que ese ejercicio de fiscalización que se supone que debe tener ‘el cuarto poder’ quedará en un halo de protección y querer presentar a los Borbones como familia ejemplar… Pero parce que algo está cambiando (aunque a pasos muy, muy lentos).
De hecho, para justificar que Felipe VI pudiera reinar se le llamaba ‘el Preparado’… pero ahora, con lo que ha salido del golfo de su padre y que todos sabemos (y la propia familia mucho antes que nosotros) habría que cambiarle el sobrenombre y llamarle ‘el Pillado’.
Felipe VI está intentando, por todos los medios, que su padre no le infecte con sus infectos negocios. A diferencia del coronavirus, con el virus de la Corona, el peligro no es que el más joven mate al más viejo sino al revés. Para evitarlo, el rey en activo ha impuesto una distancia de seguridad con el rey emérito y se ha lavado las manos. Pero desde Poncio Pilatos lavarse las manos en política es una forma de manchárselas. No puedes quitarte toda responsabilidad sin parecer un irresponsable. Al limpiarse de toda culpa, se ha ensuciado.
Dos veces al menos. Ha reconocido ‘el Pillado’ que sabía hace un año que era el segundo beneficiario del dinero que la dictadura saudí le regaló a su padre en una cuenta en un paraíso fiscal dejado en evidencia que lo reconoce ahora porque ha salido en prensa y las fiscalías suiza y española lo están investigando. Dice que lo puso en conocimiento de la autoridad competente sin especificar cuál y que se fue al notario para dejar por escrito que renunciaba a esa parte de la herencia. No consta lo primero y no cuadra lo segundo.
Si conocía un posible delito de su padre tenía que haber sido el primero en ir a denunciarlo como ciudadano ejemplar y debiera haberlo hecho público. ¡Pero que es el Rey! El que se supone que debe dar ejemplo. Siendo realistas, la familia parásita que vive de nuestros impuestos por el simple hecho de nacer. No hizo ninguna de las dos cosas sino esconderlo hasta que le han descubierto. Por otro lado, no es posible legalmente renunciar a una herencia hasta que no muera el benefactor ni es posible renunciar a una parte de ella. Tendría que renunciar a toda. El trono también es hereditario, no lo olvidemos.
Durante estos días angustiosos de pandemia, ha sido estruendoso el silencio de la Casa Real. El que tanta prisa se dio en salir a reprender a la mitad de Cataluña por el referéndum, no había tenido tiempo ni de mandar un comunicado de aliento a las familias. No sale ahora en televisión preocupado por su pueblo sino preocupado porque su pueblo le quiera echar del puesto. Es vergonzoso que utilice nuestras tragedias para limpiar sus miserias. Nada nuevo.
Pero el momento no puede ser peor, aunque se crea lo contrario. El coronavirus no vacuna del virus de la Corona, acentúa sus efectos. Como le ocurrió a su padre con la cacería, un país quebrado es mucho menos paciente con los vicios de la monarquía. Entre otras cosas, no hay papel higiénico para limpiarlos. A su favor juega que vivimos en un país de partidos y periódicos cortesanos que han salido todos al rescate y que los más republicanos son socios de un gobierno en plena crisis pandémica que no está para debates. En su contra, que el virus ya lo ha contraído y aún quedan por ver más síntomas de esta epidemia que son los Borbones para España.
El hijo ha matado al padre. Pero el padre es un Saturno que puede acabar devorando a su hijo. Cada vez quedan menos miembros en esa familia disfuncional que ya no cumple el único requisito que justifica su existencia: dar ejemplaridad y estabilidad. De ésta podríamos quitarnos los dos virus, el coronavirus y el virus de la Corona.