sábado, 9 de abril de 2022

¿Y quién es uno?



¿Y quién es uno? Pues no se sabe muy bien. Porque como uno se va haciendo a lo largo de la vida, va cambiando de una manera o de otra. Pero en el interior de cada uno, siempre que se haya aprendido a pensar libremente, hay una especie de brújula que, si bien muchas veces no nos dice lo que tenemos que hacer, casi siempre nos dice lo que no tenemos que hacer. Y esa voz interior hay que saber escucharla. Uno va andando, vacilando, dice: voy a ir por aquí, y se encuentra con que la brújula le dice que no. Y así, titubeando, llega uno a los 96 años. A mí me preguntan, ¿qué piensa usted de usted mismo? Pues que he llegado a ser un aprendiz de mí mismo bastante bueno. Me parezco bastante a lo que yo quería hacer con José Luis Sampedro. No es una gran cosa, ni mucho menos, pero para mí significa mucho llegar a ser lo más parecido a lo que quería ser.

José Luis Sampedro

martes, 5 de abril de 2022

Reflexión de Pablo Motos


A veces, en ciertas situaciones no hay que pedir ayuda. Quien te rodea ya lo sabe… ya sabe cómo estás y cómo te puede ayudar; es como estar con alguien en un río, tú te metes y el otro se queda en la orilla y de repente comienzas a chapotear y a hundirte; no hace falta gritar “ayúdame que me ahogo”, quien está contigo ya sabe que te tiene que ayudar sin que tú digas nada.
El inmolarse (metafóricamente hablando) y hacerse a un lado dejándote a tu suerte, excusándose en que ‘lo hago por tu bien’, no es más que una prueba de egoísmo. Por eso lo mejor es marcharse a tiempo (de ciertas personas) o que se marchen ellas mismas. Ante ciertas situaciones se demuestran las cosas.



sábado, 2 de abril de 2022

Entrevista a Edurne Pasaban



Excelente entrevista a Edurne Pasaban. Me quedo con la frase: “La ansiedad, el malestar... Llega un momento en el que es tanto tu dolor que solo buscas la forma de hacerle frente, quitándote la vida. Solo quieres acabar con eso. Siempre digo que la gente que llega a ese extremo, casi toda, no quiere el resultado de la muerte. Pero no encontramos el camino de cómo salir de ahí”

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Ha estado literalmente en la cima del mundo, pero no siempre se ha sentido tan fuerte. «Pasé de jugarme la vida escalando montañas a un hospital psiquiátrico haciendo punto de cruz. Era surrealista». Cuando la alpinista tolosarra Edurne Pasaban rescata uno de los episodios más trágicos y angustiosos de su vida, aún sorprende cómo una persona con tanta fortaleza y determinación pudo llegar a esa situación de querer quitarse la vida. «Cuando tienes una depresión muy grande no controlas tu mente y hasta los mayores edificios caen. Le puede pasar a cualquiera», subraya Pasaban, que compartió este lunes su experiencia en una conferencia organizada por Agifes en San Sebastián, en el marco de unas jornadas para visibilizar la depresión y el suicidio, que finalizan este miércoles.

- ¿Cómo una persona que ha tocado la cima de catorce 'ochomiles' acaba sumida en una depresión?
- Es algo que me lo decía muchísima gente, hasta en el hospital donde estuve ingresada. No lo entendían. Pero es que esto le puede pasar a cualquiera y hasta los mayores edificios caen. La mente es algo que no controlas. Yo puedo tener muchísima fuerza para enfrentarme a montañas como las que he escalado pero luego no tener fuerzas para enfrentarme a la vida real. Miraba en internet cómo se podía hacer sin sufrir... pero no lo comentaba con nadie. En ese momento en el que lo vas a hacer no tienes el control de ti mismo.

- ¿Cuándo se dio cuenta de que algo no marchaba bien?
- Por aquel entonces estaba metida en un reto deportivo muy grande, como era escalar los catorce 'ochomiles', pero tampoco me dedicaba profesionalmente a eso, porque paralelamente trabajaba en el restaurante y a los 31 años me empecé a hacer muchas preguntas: qué estaba haciendo con mi vida, no tenía un trabajo estable como mis amigas, además se estaban empezando a casar y tener hijos, tampoco me dedicaba profesionalmente a lo que había estudiado (Ingeniería)... A todo eso se unió una rotura sentimental y al final caí en una enfermedad, porque no encontraba respuestas a lo que estaba haciendo con mi vida. A finales de 2005 me empecé a encontrar muy mal, sentía mucha angustia, ansiedad… El problema es que al ser una enfermedad tan desconocida tampoco sabes detectar muy bien lo que te pasa, tú mismo no sabes diferenciar entre tristeza y depresión, y cada vez estaba peor. Había caído en el agujero más negro. Un día exploté y les dije a mis padres que me ayudaran.

- ¿Cómo reaccionaron sus familiares?
- Decidieron, gracias a un médico de familia de confianza, ingresarme en un hospital psiquiátrico. Al principio reaccionaron con sorpresa; no es fácil dejar a tu hija allí para que se trate. Además, como el tema es tan desconocido es difícil identificarlo. Ellos veían que su hija estaba triste, que no me quería levantar de la cama... pero se dejaron aconsejar por los médicos. Había que ingresar. Estuve primero dos meses. Me dieron el alta y de nuevo volví a ingresar y entre los ingresos fue cuando ocurrió el intento de suicidio.

- ¿Qué es lo que le llevó a hacerlo?
- La ansiedad, el malestar... Llega un momento en el que es tanto tu dolor que solo buscas la forma de hacerle frente, quitándote la vida. Solo quieres acabar con eso. Siempre digo que la gente que llega a ese extremo, casi toda, no quiere el resultado de la muerte. Pero no encontramos el camino de cómo salir de ahí. Por eso es tan importante hablar, podemos ayudar a mucha gente a que pida ayuda.

- ¿Cómo fueron aquellos meses de ingreso?
- Surrealistas. Yo ingresé el 6 de enero de 2006, después de haber pasado todas las Navidades escalando en hielo en los Alpes, con mi primo Asier. Y de repente llegué a casa, volví a la realidad y me puse muy mal. Dos días después de estar escalando en situaciones extremas me encontré en la sala de un hospital haciendo punto de cruz. No sabía si llorar, gritar... No sabía lo que me estaba pasando.

- Después del intento de suicidio, ¿cómo se sentía?
- Avergonzada de tener que pasar por un hospital a que te hagan un lavado de estómago. Avergonzada de haberlo hecho.

- Pero consiguió armar una salida. ¿Qué le ayudó a hacerlo? 
- Los especialistas, la medicación, que ayuda un montón, es imprescindible, y mi familia y amigos que me comprendieron, me acompañaron y ayudaron a encontrar mi camino. Tuve mucha suerte. Una vez que empecé a encontrarme mejor, me ayudó mucho el deporte y volver a la montaña.

- ¿Cómo se encuentra ahora? ¿Ha salido fortalecida de aquel episodio?
- No me siento más fuerte, lo que sí he cambiado ha sido la forma de valorar algunas cosas. Pero es que yo ya he visto la muerte en otros sitios y he perdido a muchos amigos. La muerte es algo que en mi vida está muy cerca y muy interiorizada. Todo lo que he vivido, la depresión, los intentos de suicidio, la pérdida de amigos en la montaña... sí que me han hecho cambiar. Hay que vivir el momento. Ahora me encuentro muy bien, se puede salir del agujero más oscuro pero esto no quita que jamás vaya a sufrirlo.

- ¿Cuáles son las señales que pueden volver a encender la alarma?
- La ventaja que tengo yo es que ahora me conozco mucho mejor y cuando el semáforo se pone en ámbar sé que algo está pasando, porque no duermo o tengo ansiedad, y estoy alerta. Por eso es tan importante que se hable de ello, que se conozca la enfermedad.

- ¿Por qué decidió contarlo?
- Pienso que puedo ayudar a otras personas que están pasando o han pasado por lo mismo. El que tiene una enfermedad mental piensa que solo la tiene él y no es así. Yo conozco mucha gente que parece que está en lo más alto y lo está pasando mal. Si quitamos ese estigma y hacemos ver que esto le puede pasar a cualquiera y que es una enfermedad como todas las demás creo que podemos ayudar a muchos jóvenes a que llamen a las puertas, que no se avergüencen y pidan ayuda. Las enfermedades mentales están matando a mucha gente.

- La depresión es una enfermedad que afecta a mucha gente. Sin embargo sigue siendo un tema tabú...
- Se habla muy poco de ello. Existe mucho miedo a decir que tenemos una depresión. La palabra enfermo mental se relaciona con la locura. También nos avergonzamos de tomar un antidepresivo, pero es como tomar una pastilla para el azúcar o la tiroides. Mi mensaje es que de esto se puede salir, por eso hay que buscar apoyo. Lo que no ayuda nada son las típicas frases de 'Lo tienes todo', 'Tienes la mejor vida del mundo...' Sabes que quizá sea cierto pero eso no te saca de donde estás metido.

- Ahora que es madre, ¿cómo ha cambiado su forma de ver las cosas?
- Disfruto de la montaña a otro ritmo, en parte lo echo de menos pero soy muy feliz. Además, el riesgo lo mido diferente. El año pasado estuve en una montaña de 7.000 metros, las condiciones no estaban bien y yo decía: que le den, paso de todo esto, por miedo a que me pasara algo por mi hijo. En otro tiempo no habría sido así. También doy charlas de motivación y liderazgo en empresas, sobre todo de España y Latinoamérica y sigo con la Fundación Montañeros por el Himalaya by Edurne Pasaban.

martes, 29 de marzo de 2022

El viento a favor


Pertenece al álbum ‘Pequeño’, del año 1999… ¿y quién si no la podía cantar? No podía ser otro: Enrique Bunbury. El autor de la banda sonora para cada momento de mi vida.
¡Cuántos recuerdos me trae esta canción!
La escuchaba hace como unos veinte años (¿tanto?). Por aquella época se cerraba una parte importante de mi vida, probablemente la más influyente; acababa mis estudios y era el momento de tomar decisiones que marcarían mi futuro; evidentemente eran cuestiones que no dependían de mí. Un sí o un no (como así ocurrió) lo podían cambiar todo.
Esos momentos en lo que creías que habías tocado fondo y que nada podía cambiar, ya que no tenías ganas de nada y te metías en un mundo de cristal. Es en esos momentos cuando necesitabas palabras de aliento y una esperanza que te advirtiese que desde un punto de inflexión cualquier cosa que pasase sólo podía significar que todo iría mejor.
Esta canción sonaba una y otra vez desde mi ordenador (internet quedaba un poco lejos todavía). Todavía guardo aquel CD.
Hoy, como entonces, es la que mejor puede sonar.

Si ya no puede ir peor,
haz un último esfuerzo,
espera que sople el viento a favor.
Si sólo puede ir mejor
y está cerca el momento,
espera que sople el viento a favor.



sábado, 26 de marzo de 2022

El hilo rojo


Escribí hace tiempo sobre el hilo rojo. Ese que nos une a otra persona y que puede estirarse y enredarse, pero nunca romperse.
Hace unos días vi la película que trata la leyenda y para mí escenifica lo que significa la leyenda. No se trata de hacer un spoiler de la misma, pero el final le da todo el sentido. No hay que quedarse en lo que ocurre, si no en lo que es, en lo que significa. Para mí es sólo la primera parte; en la segunda se cumple la leyenda.

Un hilo rojo nos conecta…
No importa el tiempo…
No importa el lugar…
Se puede estirar…
Tensar o enredar…
Pero nunca romper.



martes, 22 de marzo de 2022

Teruel, la leyenda sigue viva...



Hay una leyenda que dice que Teruel nació sobre el monte en el que se divisó a un toro que buscaba alcanzar la primera estrella del anochecer. Todo esto sucedió en el siglo XIII, cuando aún el linaje y la nobleza determinaban el destino de los turolenses. Caprichoso y hostil destino, a menudo.
Y ahí, bajo los inviernos fríos de la villa del toro y el repicar de las campanas de la Iglesia de San Pedro, se esconde una verdadera historia de amor, la de los amantes de Teruel, Isabel de Segura y Juan (aunque por culpa de Lope de Vega es más conocido como Diego) Martínez de Marcilla, dos adolescentes enamorados pero condenados al desamor. Cinco años de espera, un beso rechazado, una muerte de tristeza y otra de culpa.
Este año, excepcionalmente durante el mes de febrero, la ciudad de Teruel revive la tragedia de Los Amantes. En sus calles se recrea el ambiente medieval de la época, así como las distintas escenas de la historia de Los Amantes convirtiendo a la ciudad en una fiesta que sumerge al visitante en el Siglo XIII.
Y de eso ya hace más 800 años… Y allí están, para toda la eternidad, pero sin llegar a tocarse… un amor imposible… o quizá no tanto, porque más de 8 siglos después siguen juntos.




sábado, 19 de marzo de 2022

Me canso


Me canso de caminar con pasos sin sentido y que mis pies sigan un recorrido desconocido.
Me canso de que los latidos de mi corazón suenen como el rugido de un león enjaulado.
Me canso de que mi sonrisa sea un simple acto reflejo forzado.
Me canso de que mis ojos sigan abiertos cuando la pesadez de mis parpados suplica lo contrario.
Me canso de las palabras, de las conversaciones y de las frases sin sentido.
Me canso de la gente con la que tengo que tropezar.
Me canso de pagar por favores que no me han hecho, que no he pedido.
Me canso de no ver llegar las decepciones y fingir que no pasa nada.
Me canso de amistades disfrazadas.
Me canso de hablar, de callar, de tener que sacar palabras forzadas y silencios encarcelados.
Me canso de las cicatrices que no tuvieron que nacer de una herida.
Me canso de las confianzas traicionadas.
Me canso de excusas injustificables.
Me canso de lo que no me cansaba.
Me canso y eso me lleva al me he cansado.
Me he cansado…
Me he cansado…
Me he cansado…
Me paro… que el mundo siga girando.

martes, 15 de marzo de 2022

Las razones y las sinrazones de Rusia (y de los otros)



Desde que comenzó el conflicto de Rusia y Ucrania he tratado informarme sobre los verdaderos motivos de esta guerra. Es ahí cuando uno se da cuenta de que no todo es como se lo han contado y, sin tratar de justificar las acciones rusas, tener una opinión propia. En una guerra siempre hay dos bandos y, sin ser partidista, es bueno conocer ambas posturas.
La actual tensión bélica en torno de Ucrania está motivada por el temor ruso a que se integre en la OTAN o que, sin llegar a tanto, se convierta en una especie de portaaviones repleto de armas occidentales apuntando hacia Moscú. Eso constituiría un riesgo existencial que Rusia nunca va a permitir. Pero siendo eso cierto, la realidad es que las apetencias rusas sobre Ucrania son más antiguas.
En primer lugar, la historia de Rusia y de Ucrania, el granero tradicional de Rusia y la cuna de los cosacos, están estrechamente ligadas desde el siglo IX, pues los rusos se reclaman herederos de la federación de tribus eslavas conocidas como los Rus de Kiev. Son lazos muy antiguos.
En segundo lugar, Putin considera la desaparición de la URSS en 1991 como ‘la mayor tragedia’ del siglo XX, porque privó a Moscú del control de 2 millones de kilómetros cuadrados, y Rusia dejó de ser una superpotencia a la que el mismo Obama despreciaba cuando la calificó de “una potencia regional” (hace falta ser imbécil para decir eso). Son muchos los rusos que aún hoy no comprenden que Bielorrusia, o Ucrania, o Estonia, Letonia y Lituania sean países independientes y que no toleran haber perdido el puerto de Riga, que era la salida natural de Rusia al mar Báltico.
En tercer lugar, es un error de occidente cuando en 1991 trató a Rusia como un país derrotado; cuando con la desaparición de la URSS quien fue derrotado fue el comunismo. Por ello, inconscientemente, se aisló a Rusia y no se la integró en el nuevo marco político en que estaba quedando Europa.
En cuarto lugar, Moscú afirma que, cuando la URSS se deshizo y con ella el Pacto de Varsovia, recibió garantías de que la OTAN no se acercaría a sus fronteras. Ahora nadie recuerda ese ‘compromiso’, que no está escrito en ningún lugar y que además violaría la soberanía de países independientes al coartar su derecho a decidir su libremente futuro.
En quinto lugar, la OTAN hizo en 1997 una gran ampliación hacia el este acogiendo en su seno nada menos que a doce países que antes habían estado en la órbita soviética como Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, Rumania, etc. Esto provocó un gran disgusto en el Kremlin, que desde entonces siente que la soga de la OTAN se aprieta en torno a su cuello. Y no le gusta esa sensación de asfixia.
En sexto lugar, no contenta con ello, en 2008 la OTAN ofreció el ingreso también a Georgia y a Ucrania. Fue un poco frívolo por su parte, porque no tenía intención real de admitir a esos dos países –como sigue sin tenerla hoy–, pero hizo correr otro escalofrío por la ya escaldada espalda de Rusia, que aprovechó el momento para intervenir en las regiones georgianas de Osetia del Sur y Abjasia.
Y cuando el presidente pro-ruso de Ucrania, Víktor Yanukóvich, vetó un acuerdo comercial con la Unión Europea, la gente se hartó, salió a la calle y le derrocó en las revueltas conocidas como Euromaidán, en las que el Kremlin siempre vio la larga mano de Europa. Rusia entendió que se había violado otra línea roja y reaccionó invadiendo Crimea con soldados sin distintivos y luego anexionándola sin mayores miramientos. Moscú no cree haber obrado mal, porque Crimea fue conquistada al Imperio otomano por Catalina la Grande y Potemkin. Fue rusa desde entonces y sólo pasó a pertenecer a la soberanía ucraniana cuando Kruschev se la regaló a Kiev, desde luego sin poder imaginar que un día Ucrania sería un país independiente. Moscú piensa que lo único que ha hecho es poner las cosas nuevamente en su sitio. Fue una decisión aplaudida por el pueblo ruso, que ha aceptado las sanciones que le ha impuesto la comunidad internacional y que considera injustas.
En Moscú se piensa que si se puede romper Serbia, como hicieron los EEUU en 2008 para crear la república de Kosovo, o si se deja a Israel anexionarse los Altos del Golán y partes de Cisjordania, y a Marruecos anexionarse el Sáhara Occidental, no hay razón para impedir que Rusia haga lo mismo en Crimea, o ahora quizás en Donbass. Y más aún cuando considera en peligro su seguridad.
La política exterior imperial de Putin no es en esto diferente de la que hubiera hecho la Rusia imperial zarista o la Rusia imperial comunista, porque las tres habrían estado hoy de acuerdo en la necesitad vital de rediseñar la arquitectura de seguridad europea para hacer retroceder el reloj hasta 1997, exigir la anulación de la ampliación de la OTAN al Este o al menos de sus efectos, crear un glacis de seguridad en torno de sus fronteras o, lo que es lo mismo, volver a dividir Europa para asegurarle a Rusia una zona de influencia como en su día tuvo la URSS.
Y si para eso tiene que pagar un precio está dispuesto a hacerlo y esa es la gran diferencia, porque Moscú parece dispuesto a poner muertos encima de la mesa para lograr sus objetivos y la OTAN no; Europa habla de responder con sanciones económicas (que es lo que está haciendo), porque Ucrania no es miembro de la Alianza Atlántica. Putin lo sabe y además Biden lo dejó también muy claro hace pocos días. Los soldados que ahora EEUU ha puesto en alerta no están destinados a defender a Ucrania, sino a tranquilizar a los países Bálticos y a Polonia. Imagino que Putin ha elegido el momento perfecto, ya que EEUU no está en el mejor momento de tomar la iniciativa después de haber salido de malas maneras de Afganistán, además, creo que le preocupa más el auge de China que el de Rusia. Francia tiene elecciones este año y Macron no tiene garantizada la reelección y en el Reino Unido Boris Johnson se ve acosado y puede caer por su frivolidad de hacer frecuentes fiestas en su residencia oficial mientras el resto del país estaba confinado por la pandemia. El resto –e incluyo a la UE como bloque– no contamos.
Pero si Putin tiene esas razones no tiene razón, porque lo que hace va en contra del Derecho Internacional. En 2022 no es admisible que se use el chantaje y la amenaza para tratar de doblegar la voluntad soberana de un país. Menos aún usar la fuerza para alterar las fronteras de Europa y aún menos para establecer una nueva división del continente y una nueva zona de influencia sometida a los dictados de Moscú. Es la seguridad de Europa entera la que está en juego, porque mirar ahora para otro lado probablemente animará a futuras agresiones en otros lugares y con otras excusas.
El problema es que aquí todos han ido muy lejos y ceder no es fácil. Putin no puede volver a meter en los cuarteles a los cien mil soldados desplegados junto a las fronteras de Ucrania y regresar a casa con las manos vacías. Y Estados Unidos –y Europa– tampoco pueden ceder porque tienen de su parte el derecho internacional, porque es la seguridad de nuestro continente la que está en juego y porque saben que China está siguiendo con mucha atención lo que ocurre en el escenario europeo y extraerá consecuencias que podrá poner en práctica con su propia reclamación sobre Taiwán.
Ojalá se imponga el sentido común porque si Rusia ahora se equivoca e invade –aunque sea parcialmente– Ucrania, le impondremos sanciones económicas muy fuertes que le harán mucho daño, que probablemente excitarán más el nacionalismo de una población que se sentirá injustamente tratada (tenemos el caso de Kosovo, el Sáhara, etc.) y eso contribuirá a empujar a Rusia a los brazos de China, cosa que tampoco interesa. Lo que a Europa le interesa es una buena relación con Rusia, pero no podemos construirla bajo el chantaje de las bayonetas.
Por todo ello sí que creo que Rusia tiene motivos para hacer lo que está haciendo; han estado provocándola, quizá para ver hasta dónde sería capaz de llegar, aunque probablemente no tenga razón por todo lo que supone. La solución no es fácil.

sábado, 12 de marzo de 2022

La función de teatro




¿Alguien recuerda cuando hubo una epidemia global por culpa de un virus llamado covid – 19?
¿Y alguien recuerda a aquel volcán de La Palma que arrasó media isla con miles de millones de daños?
Parece que no. Ahora no se habla de ello. En estos momentos lo que importa es la guerra entre Ucrania y Rusia.
Me parece algo complejo hablar del tema. A veces, no estar a favor de la opinión pública puede ser un tanto estigmatizante.
La guerra esta no empezó el 24 de febrero… comenzó mucho antes, décadas antes, justo desde la desmembración de la URSS. Desde ese día hasta que Putin decidió invadir al país vecino han ocurrido muchas cosas que no se han dicho. Pero llegados a este punto lo más sencillo es apoyar a Ucrania y criticar a Rusia.
Como dice el refrán, ni los buenos son tan buenos ni los malos son tan malos. A partir de aquí, cada cual que piense lo que quiera.
Nosotros somos simples espectadores que vamos a una función de teatro y los actores deciden como nos quieren contar la obra… en nosotros está el decidir si nos gusta o no lo que vemos. A eso se llama ser críticos.

martes, 8 de marzo de 2022

Sácame de aquí


Agotado y cansado… sin ideas… Sácame de aquí.