Quien me conoce sabe que soy una persona que no toma decisiones a la ligera, que analizo todas las posibilidades que pueden existir y que no doy un paso hasta no haber visualizado las consecuencias del mismo.
Tanto a nivel laboral como sentimental nunca me he dejado llevar por impulsos. No me he dejado llevar por la codicia cuando se ha presentado una oportunidad de sacar un buen beneficio, pero que el riesgo fuera importante. Igualmente me ha ocurrió a nivel sentimental, no me he encandilado por cantos de sirena que sólo eran eso, cantos que endulzaban el oído, pero que una vez acabase la música quedarían en nada.
Esto enlaza con
la entrada en la que finalizaba que hay que ver las cosas en positivo. No, no significa que estemos bailando y sonriendo como que aquí no ha pasado nada, porque no es así, pasa.
Voy a contar un poco mi experiencia.
Hace un par de años hice un trabajo que no me pagaron, 8.300 euros. Gané el juicio, recurrieron y con esta situación se ha parado un poco el siguiente juicio que ya será definitivo.
El año pasado, la compañera de trabajo de un amigo dejó de pagarme 7.500 euros. Aquí no pude hacer nada, ya que al ser compañera de uno de mis mejores amigos me fie (mal hecho por mi parte) y no le hice firmar nada (mi amigo no se habla con ella). Es decir, estamos hablando que ‘me deberían’ 15.800 €.
En el mes de agosto comencé unas obras que acabé en marzo, pero como me debían el dinero que he dicho anteriormente necesitaba liquidez y eso hizo que tuviera que meterme en créditos, con lo que ello supone, aunque afortunadamente tenía un dinero del que he tenido que hacer uso.
Con esta crisis he perdido, mejor dicho, no he podido hacer ciertos trabajos que tenía contratados y he tenido que aplazar hasta no sé cuándo.
¿Qué significa lo anterior? Pues que de una u otra forma hay que seguir adelante. Si la primera vez que no me pagaron me hubiera derrumbado es posible que no hubiera hecho más cosas. Que las cosas cuestan, que hay que estar muy seguro de lo que se hace y que las circunstancias han hecho que cuando se trata de trabajo, es decir, de dinero, mi corazón se haya vuelto una piedra. Tengo amigos que se han arruinado, algunos han perdido hasta la casa, y cuando hablo de ruina no hablo de cantidades pequeñas, me refiero cifras que pasan de los 80.000 euros y no, yo no me quiero ver así.
Esta situación en la que estamos, extrapolándolo a lo que he contado anteriormente, no es nueva para mí, porque me he visto en situaciones complicadas y de todas he salido y esta no será distinto. El trabajo no me falta y aunque siempre podrían ir mejor las cosas en una situación normal no puedo quejarme para lo que se oye y se ve en televisión todos los días. Cuando esto se normalice, en el momento en que el Gobierno diga que todo vuelve a la normalidad, yo volveré a continuar con mi ritmo habitual, que si ahora es constante luego lo será más.
Sí, mi caso es distinto al de muchos trabajadores que están en una fábrica o trabajan para otros y que, posiblemente, han que quedado en paro o verán peligrar su puesto. Pero una cosa hay que tener en cuenta y es que, como contrapartida, mi riesgo (y hablo a nivel económico) también es mucho mayor.
Es por ello que en la entrada que decía acababa con un mensaje de optimismo al que hay que aferrarse, simplemente hay que esperar la oportunidad a que pase y entonces que no se escape.
Y, como he dicho al principio, no solamente a nivel laboral, también en el sentimental. La vida son oportunidades que pasan… simplemente hay que esperar a que llegue la de uno.
La séptima ola.
PD. El dibujo que he puesto me parece muy ilustrativo de lo que estoy diciendo. Hay varias opciones para elegir. Simplemente hay que analizarlas detenidamente, los pros y los contra, y tomar la correcta.