sábado, 24 de octubre de 2015

Soria


“Por donde traza el Duero su curva de ballesta en torno a Soria”

En la anterior entrada relataba la coincidencia de la misma fotografía doce años después en Soria. Soria… Soria… Soria… Mi relación con esta ciudad castellana vieja se remonta a años atrás. Tendría que bucear mucho en mi memoria para recordar algún sitio en el que haya estado por primera vez y tener la sensación que ya lo conocía… eso me ocurrió con Soria.
Nunca he escrito de ella, tampoco creo que lo haga al igual que he hecho con otras ciudades, eso lo dejo para cuando me decida a escribir ese libro que alguien me dijo que algún día escribiría; o quizá porque mi historia con Soria todavía está incompleta… Siempre he pensado que la mujer con la que quiero compartir mi vida tengo que pedírselo en el Paseo de los Enamorados, entre San Polo y San Saturio, en la curva de ballesta, al margen izquierdo del Duero, por donde paseaba Antonio con Leonor… así, como si nada, ambos caminando y yo preguntándole: “¿Tienes algo mejor que hacer el resto de tu vida que compartirla conmigo?”
Hacía más de tres años que no paseaba por sus calles, tres… demasiado tiempo en la piel de Ulises queriendo regresar a Ítaca. Pero, a pesar de todo, siento que ha sido única. No tengo sensaciones porque cada vez es única… ¿cómo definirlas? Para mí sería como ‘hacer el amor por primera vez con la mujer que amas’ y esa primera vez se convierte en única y, por extensión, convierten las siguientes en primeras y también únicas. No hay una primera, segunda, tercera… siempre es una única vez; muchas veces que son una única vez.
Que todo vuelva a ser cada vez único. Para ello, como dijo el poeta: “Dame tu mano y paseemos”.


Campos de Soria (Campos de Castilla, Antonio Machado)

VIII
He vuelto a ver los álamos dorados,
álamos del camino en la ribera del Duero,
entre San Polo y San Saturio,
tras las murallas viejas
de Soria -barbacana
hacia Aragón, en castellana tierra-.
Estos chopos del río, que acompañan
con el sonido de sus hojas secas
el son del agua, cuando el viento sopla,
tienen en sus cortezas
grabadas iniciales que son nombres
de enamorados, cifras que son fechas.
¡Álamos del amor que ayer tuvisteis
de ruiseñores vuestras ramas llenas;
álamos que seréis mañana liras
del viento perfumado en primavera;
álamos del amor cerca del agua
que corre y pasa y sueña,
álamos de las márgenes del Duero,
conmigo vais, mi corazón os lleva!

IX
¡Oh, sí! Conmigo vais, campos de Soria,
tardes tranquilas, montes de violeta,
alamedas del río, verde sueño del suelo
gris y de la parda tierra,
agria melancolía
de la ciudad decrépita.
Me habéis llegado al alma,
¿o acaso estabais en el fondo de ella?
¡Gentes del alto llano numantino
que a Dios guardáis como cristianas viejas,
que el sol de España os llene
de alegría, de luz y de riqueza!

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