sábado, 29 de diciembre de 2012

¿Qué más da 12 que 13?


Después del Día de Navidad todo son felicitaciones sobre el nuevo año. “Feliz Año Nuevo” es lo que más se escucha. En ocasiones me sorprende la simplicidad de la gente como se aferra a un cambio de fecha para llenarse de esperanza y pensar que la porquería en la que está sumido este país pueda cambiar del 31 de diciembre al 1 de enero.
Será porque no tengo el optimismo de Pangloss, ese personaje que moldeó Voltaire en su novela Cándido. No, dejémonos de tonterías porque, como decía Julio Iglesias, “La vida sigue igual”. Vamos a estar, cuanto menos, igual o peor que este año que termina. Es como una espiral, siempre girando sobre sí misma en un recorrido cíclico.
Decía Rajoy que llegando al otoño la cosa iba a mejorar. Este tío ya miente a largo plazo, ¿quién en su sano juicio va a creerse las palabras de Mariano teniendo en cuenta todo lo que ha mentido hasta la fecha? No diré sus innumerables embustes porque son sobradamente conocidos. Además, según la OCDE, este próximo año nada hace pensar que la cosa vaya a mejorar.
No se pude confiar en los políticos por mucho que digan. No podemos confiar en unos políticos que son el tercer problema para la gente, según las encuestas, y no podemos confiar en unos políticos que son los más corruptos de la Europa occidental, con unos niveles de corrupción comparables a Botswana, ese país que el Borbón ha hecho tan famoso.
Los únicos que pueden cambiar esto son las gentes de a pie, pero tampoco tengo demasiada fe. Para que aquí cambiara la situación, de verdad, solamente haría falta una cosa: que la gente pase hambre, hambre de verdad. Sí, cualquiera me podría decir que ya hay gente que lo pasa mal y yo soy consciente de ello, detrás de cada puerta de cada casa se esconde un drama y todos conocemos, por desgracia, este tipo de situaciones. Ahora bien, si en este país de 45.000.000 de habitantes, la situación de miseria la pasaran 30.000.000 ó 35.000.000 de personas… algo cambiaría.
Todos nos hemos apretado el cinturón y si antes te tomabas un café todos los días ahora te lo tomas cada tres o cuatro y la familia que no llega tiene a padres o abuelos que les echan una mano. Yo no me refiero a eso. Me estoy refiriendo a no tener comida, a ir a un supermercado y no poder comprar o a que el panadero o el carnicero ya no te fíen porque le debes la compra de tres días atrás. Luego ir a casa y no poder alimentar a los tuyos; entonces sí que cambiarían las cosas porque cuando alguien ya no tiene nada más que perder que la libertad, porque ya lo ha perdido todo, incluso la esperanza, en ese momento da lo mismo.
Pero mientras eso no se dé yo no veo solución. Quizá el ímpetu que tenía en años interiores por hacer algo ahora se ha desvanecido. Las ansias y las ganas por cambiar cosas se me han esfumado poco a poco. He perdido la ilusión. Tengo muchos compañeros que se han ido al extranjero, gente preparada, posiblemente la mejor que generación que ha tenido este país. Otros se van después de fiestas y algunos ya tenemos el pasaporte en la mano. Ahí os quedáis; para mí la vida pronto dejará de seguir igual. Pero, a pesar de todo, ser todo lo felices que podáis. Os lo deseo de corazón.

lunes, 24 de diciembre de 2012

Una noche distinta


Esta es la misma entrada que puse hace un año y, también, la misma de hace dos, tres… y cuatro. El día es el mismo, por eso creo que sirve. Un año más y los motivos son los mismos, como lo serán al año que viene y al siguiente, y al siguiente, y al siguiente… Sólo eso, al fin y al cabo, aunque no participe del folclore navideño, sí que creo que es una noche distinta.
Desde hace quince años, el Día de Nochebuena, suelo hacer siempre lo mismo; a las 8 de la tarde subo a la terraza de mi casa y enciendo una vela. No soy muy amante de la Navidad, pero sí que creo que esa es una noche especial. Tengo la suerte de haberla celebrado siempre en compañía de mi familia por ello me siento afortunado, por poder estar con la gente que quiero. Pero también surgen otros sentimientos inevitables, como son el acordarme de mis seres queridos que ya no están. Es duro, muy duro y por ello necesito un momento para acordarme de ellos en soledad. Justo es el momento en que enciendo la vela. Me acuerdo, especialmente, de los familiares que no están y no puedo evitar soltar unas lágrimas y es que algunas cosas nunca cambiarán.
En esos momentos, después del primer recuerdo, dedico mi luz a más gente. Gente que no conozco pero que existen. Y pienso en todos los que están lejos de casa por motivos de trabajo y esta noche no estarán con sus familiares, en aquellos que tienen que pasar la noche en un hospital, que tienen que dormir en un cajero, en un banco o en cualquier contenedor. En esas madres que desde sus países pensarán en sus hijos, lejos de casa, en aquellos lejos de sus países por motivos políticos, en los que están de viaje, en aquellos que esta noche cenarán solos en casa porque no tienen familia, u otros que sencillamente no podrán cenar, en todos aquellos que acabaron sus días lejos del hogar… como mi admirado poeta, y en tantos más que se nos podrían ocurrir y que no por no nombrarlos están ausentes. Por todos ellos también enciendo la vela para que su luz, al menos esta noche, no les haga sentirse tan solos. Que sepan que alguien, desde la distancia, se acuerda de ellos. Nunca se sabe, quizá al año que viene, tal noche como esta, yo pueda estar en alguna de esas situaciones
Este año, como los anteriores, también les dedico esta canción; un canto a la paz y a la libertad nunca igualado, igual que os la dedico a todos los que pasáis por aquí.

Que paséis una buena noche.

sábado, 15 de diciembre de 2012

Que seas feliz Infinito


Siempre supe que algún día escribiría esta entrada, cuando llegase el momento lo haría y ahora creo que ha llegado. Alguna vez he estado tentado de hacerlo, de escribir sobre esta canción y sobre lo que me transmite; aunque no sabría decir si es sobre una canción, sobre una chica o las dos unidas. Sí, posiblemente sea eso, en este caso canción y mujer van unidas.
Todos tenemos canciones que nos recuerdan episodios de nuestra vida, canciones que en un momento, para bien o para mal, nos marcan y al escucharlas no podemos dejar de asociarlas con aquel momento vivido. En mi caso hay muchas canciones que podría recordar y que servirían para evocar; mi banda sonora tiene un buen repertorio. Pero hay una canción que, no sé por qué es la que más me hace recordar y vivir otros días, la que más me ha marcado. Quizá porque fue la primera vez que perdí la cabeza por alguien, la primera vez que sentía cosquillas en el estómago, que lloré por ausencias, de felicidad, de rabia… quizá porque fue la primera vez que de verdad me enamoré; la canción es Infinito, de Enrique Bunbury.
Aquello fue, lo que puedo suponer, una historia que recordar cuando llegue el invierno de mi vida y los fantasmas del pasado me aborden: un chico va a la universidad y conoce a una chica y… el resto ahí queda. Una historia que ahora no creo que deba contar; hay historias que mejor dejar guardadas para uno mismo.
Ahora la recuerdo como el que mira al pasado y sonríe por haber vivido aquello. Mientras escribo estas líneas rememoro toda aquellos años desde el primer hasta el último día, lo he desempolvado de algún cajón de mi memoria. Frases, palabras, conversaciones, momentos, he vuelto a recordar que París no está lejos y que merece la pena coger el coche e ir y volver solamente por tomar un café viendo la Torre Eiffel, que se puede pasar toda una noche en el coche escuchando música sin necesidad de decir una palabra, que pasarte toda la noche estudiando es genial, que es posible perderse sin rumbo fijo para que no te encuentren, que pesaba más la tristeza de un suspenso suyo que la alegría de mi aprobado, que… hay muchos ‘ques’ que aprendí y que sentí. Por todo ello y por más cosas, ella me dijo una vez: “Sé que algún día escribirás un libro y contarás nuestra historia”. De momento, esa historia la tengo guardada.
Infinito… “Y decían que bonito era vernos pasear, queriéndonos infinito, pensaban siempre será igual”. Cada vez que nos alejábamos del mundo la escuchábamos; había otras canciones pero esta, por muchos motivos, era especial. Era un tiempo en el que creía que la vida era otra cosa a lo que es hoy y que muchas cosas serían para siempre. Un tiempo que quería atrapar en una botella cristal y poner un corcho para que no escapase ni un solo instante.
Infinito… “¿Cómo lo permitimos? ¿Qué es lo que hicimos tan mal? Fue este orgullo desgraciado que no supimos tragar”. Llegando al final, cuando de verdad tienes que tomar una dirección y sabes que una etapa se va a cerrar le propuse que hiciéramos juntos el camino y al igual que Meryl Streep en ‘Los puentes de Madison’ tampoco se bajó del coche mientras Clint Eastwood la esperaba en el suyo. En el fondo siempre lo supe, no me equivoqué, no hay que darle más vueltas.
Me caló hondo, sí, volvió mi mundo del revés.
Durante mucho tiempo tuve “una herida en mi alma que tardó en cicatrizar”. Después de eso aprendí que un clavo no quita otro clavo y que la soledad es la mejor cura.
A pesar de todo no me arrepiento de lo vivido; ambos quedamos en paz, como le dije pocos días antes: “Yo he vivido un amor imposible y tú un amor prohibido pero, al fin y al cabo, amor; estamos en paz”.
Desde aquél día, hace ya más de una década, no hemos vuelto a hablar, ni a vernos; ninguno de los dos hemos hecho nada por mantener el contacto directo; yo sabía de ella por antiguos compañeros, de la misma forma que ella, quizá, sabría de mí, no lo sé.
Ahora, con el paso del tiempo, la recuerdo como el que puede recordar diez años después la primera vez que se enamoró; no como la que más he amado; después he vuelto a amar y ha sido distinto, cada vez distinto, ni mejor ni peor, ni más ni menos. No creo que haya un amor más grande que otro, simplemente distinto, de lo contrario no tendría mucho sentido aferrarse a algo que no puede ser.
Hace un par de semanas recibí un correo electrónico de esos que se mandan a todos los contactos. Era de ella. Decía que se casaba el 12 de diciembre en una ceremonia íntima.
No sabía que contestar, ni cómo hacerlo, aunque sabía que tenía que decirle algo. Le respondí cortésmente deseándole mucha suerte y toda la felicidad del mundo.
Muchas gracias”, es lo único que me contestó.
Yo sonreí al leerlo. He vuelto a cerrar el cajón y a guardarlo en mi memoria.


enrique bunbury - infinito por franzua

sábado, 8 de diciembre de 2012

¿Cómo se construye un iglú?



Una construcción habitable no tiene porque ser ladrillos unidos con hormigón. Alrededor del mundo hay muchos ejemplos de viviendas que no utilizan esos elementos y son perfectamente habitables.
Hace años, cuando estudiaba, hice un trabajo sobre este tipo de construcciones y me decanté por el iglú. Siempre me había parecido algo raro y extraordinario que en condiciones climatológicas adversas el hombre se adaptase al medio para construír algo habitable
La verdad es que un iglú es más complicado de construir de lo que a priori puede parecer. De hecho la calificaría como una construcción artesanal; supongo que no todos sabríamos hacer uno si nos pusiéramos a ello, aunque la teoría está clara.
Este tipo de construcción se suele dar en zonas heladas pudiendo servir de refugio temporal o de vivienda; todo depende del tamaño que se construya. Evidentemente también hay constructores que se dedican a ellos y el tiempo en construirlo puede ser muy variable dependiendo de su experiencia, pero supongamos que se tarda una mañana o un día como mucho (para que salga algo digno).
Las herramientas a usar son muy rudimentarias. Basta con un cuchillo dentado, propio de los esquimales y que podría hacer la función de una sierra, y una pala.
Lo fundamental es que la nieve esté compacta, ya que de lo contrario los bloques de hielo no tendrían ninguna cohesión y la construcción se nos vendría abajo. Para ello, habría que escarbar un poco hasta encontrar la nieve más dura. Ese mismo hueco dejado podría servir para la base de la construcción, unos 50 centímetros, a modo de cimentación; además es importante que haya una pequeña variación de nivel entre la superficie exterior y la interior, ya que eso impedirá que se formen puentes térmicos que alteren la temperatura interior siendo esta, de normal, entre 15 y 20 grados centígrados respecto al exterior.
La forma de construcción de un iglú es en espiral, con bloques de creciente tamaño. Es importante que la primera pieza tenga hecha en una de sus caras un rebaje en forma de cuña; el resto de piezas se van recortando con el cuchillo y dándole la forma adecuada para que vayan encajando unas con otras de una forma casi perfecta. El diámetro de la construcción depende del constructor. De esa forma, se van colocando las piezas, una encima de otra, hasta terminar en la cúpula.
Es normal que entre los bloques queden huecos abiertos que no han podido cerrarse. La forma de sellarlos es con trozos de nieve que el frío exterior se encargará de compactar.
La puerta es un proceso bastante delicado; es preferible hacerlo en la zona donde menos viento sople y en el que previsiblemente se gozará de más horas de sol. Ésta no se construye al nivel del suelo, como pueda dar la impresión, sino que se construirá un pequeño túnel desde dentro del iglú hasta afuera por debajo de su pared.
Es importante hacer un pequeño agujero en la parte superior que puede servir de chimenea en caso de que en el interior se preparen alimentos, ya que el calor podría derretir el hielo, así como colocar aislamientos térmicos para evitar que el frío penetre más todavía.
Un iglú puede ser perfectamente habitable, no deja de ser una obra constructiva hecha por y para el hombre y como tal es perfectamente válida por raro que pueda parecernos.

sábado, 1 de diciembre de 2012

¿Quién me acompaña?


En estos fríos días las mejores conversaciones surgen delante de una buena chimenea.


martes, 20 de noviembre de 2012

Otoño


Estás fotografías están tomadas un otoño, en Soria, hace muchos años. Dicen que en otoño vuelven las melancolías pasadas a hacerse presentes. Quizá por eso me gusta; es mi idiosincrasia. Siempre he perdido en otoño.
Ahora he vuelto. Pero podría ser en Soria o en cualquier otra ciudad. El nombre del lugar no importa y el de ella tampoco; será porque lo he olvidado.
Prometió quedarse a mi lado mientras yo le amaba con todos los cauces de todos los ríos del mundo. Recuerdo que mientras me llenaba la espalda de besos, yo le hablaba de amor y al tiempo que me pegaba su cuerpo yo le pedía quedamente al oído que fuera para mí.
Nos miramos más tiempo del que hicimos el amor. Yo le apagaba los miedos mientras a ella le bastaban contados segundos encender los más profundos míos.
Pero no era la misma persona. Me mintió, huyó, no luchó, no sintió, no escuchó, no vivió, me dejó.
Luego, ¿qué queda? Reconstruir cada pedazo. No se trata de encontrar cada fragmento y recolocarlo, no. Se trata de arrancar del alma los que quedaron prendados a ella, los que una noche decidieron atravesarla y entonces sangró. Al menos todo este dolor me hace ver que fue real. Que nunca me quiso, ¿por qué lo sé? Porque hay hojas que, aunque sea otoño, no caen de los árboles. Pero sí, era otoño y volvía a repetirse el ciclo.
He vuelto a caminar por aquel paseo, pero nada ha cambiado. Estoy aquí. Otoño. Vuelvo a ser feliz. Otoño.


martes, 13 de noviembre de 2012

El Mesón de la Dolores



Justo hoy hace dos años que estuve en el Mesón de la Dolores, en Calatayud. Era una tarde de sábado tomando café; no recuerdo si llovía, lo que recuerdo es que hacía mucho frío y el cierzo soplaba.
No era mi primera vez, ya había estado varias veces más. Desde entonces no he tenido ocasión de volver aunque sé, evidentemente, que volveré. Tampoco he tenido ocasión real de quedarme a dormir y eso es otra de mi asignatura pendiente que espero hacer en el futuro.
Se trata de un edificio del siglo XIX restaurado. Es lo que se supone que era el antiguo mesón de Dolores, la famosa protagonista de la jota.
El lugar es acogedor para tomar un café y estar charlando sin ninguna prisa. Te invita a estar allí sin preocuparte del tiempo. La restauración me gusta; creo que han sido bastante fieles a lo que se supone que podría ser en la época y ello unido a la vestimenta baturra de los camareros todavía le da un encanto más especial.
En este vídeo se puede ver el interior. Merece la pena visitarlo.


sábado, 10 de noviembre de 2012

El infinito



Siempre me ha producido curiosidad el número “infinito”, algo que por ser tan inmenso no podía existir; escapaba a la razón humana.
Para mí era la sorpresa de un límite; alguien que constate su incredulidad y la prolongue más allá de esa imagen, en una idea que da lugar al nacimiento del “infinito”.
No existe el “infinito”, existe el instante abierto que se convierte en atemporal, sólido, intenso… un gesto condensado que se hace eterno.
Un gesto es una trayectoria a la par que un trayecto; el punto en el que un río se encuentra con el mar. Un punto “infinito” que se puede ver, tocar, sentir. Un gesto no se hace, no nace, simplemente acontece y cuando eso ocurre no hay escapatoria. Toda mirada se transforma en destello, la voz se significa y la palabra toma forma.
Un día lo descubrí, descubrí que era el “infinito”, me encontré con él cara a cara. Fue hace muchos años, en el instituto. Ese ocho tumbado. Funciones para valores crecientes de la variable independiente tienden a “infinito”, sucesiones de números, límites… es tan grande o tan pequeño que cualquier número, independientemente de grande o pequeño, está lejos de él.
Pero no, “infinito” no es un número más. Su significado, sin fin, lo explica. ¿Cómo es posible que en un centímetro haya puntos infinitos? Al encontrarnos con un “infinito” nos encontramos a cosas finitas pero ilimitadas y unidas a ellas mismas.
Después de todo quizá estaba equivocado y el “infinito” existe, se puede materializar, tocar, sentir… El infinito es esto, ahora; somos y vivimos en un presente infinito, constante. Al igual que ese ocho tumbado, para y se mueve para empezar de nuevo su ciclo constante.
Existe el “infinito”; nosotros lo somos. En este momento lo estamos siendo.

sábado, 3 de noviembre de 2012

"Calatravadas" generales



José Laborda Yneva es el nombre y apellidos de un profesor que tuve cuando estudiaba. Sin duda alguna una de las mentes más brillantes que he conocido, pero supongo que, como todos los genios, con un carácter muy ‘particular’. Merecía la pena asistir a sus clases por escucharlo hablar. Se subía a una tarima e iba de una punta a otra contándonos cosas, con las manos cogidas por detrás, hablando de arquitectura y de cualquier cosa que él consideraba interesante; mirando al suelo, de vez en cuando se paraba y nos miraba. Jamás he vuelto a escuchar a un orador como él; cerrabas los ojos, agudizabas el oído y parecía que estabas escuchando a alguien que por un don divino había adquirido todos los conocimientos habidos y por haber; su voz también invitaba a ello.
Pues bien, una sola vez me sorprendió raramente. Una vez que hablaba sobre arquitectura actual, no recuerdo exactamente que era, y dijo “Calatrava es un arquitecto bastante corriente”.
En esos momentos todos pensamos que este hombre no sabía lo que decía. ¡Cómo osaba decir que Calatrava era vulgar! Era el espejo en el que mirarnos.
Después, con el paso del tiempo, las cosas se ven de otra manera.
Hace tiempo que entendí las palabras de mi antiguo mentor, evidentemente un doctor arquitecto como es Laborda tiene muchos más motivos para juzgar que unos simples aspirantes a arquitectos.
Escribí en este blog hace ya tiempo que la arquitectura tiene que ser funcional y práctica. Es decir, tiene que estar pensada por y para el hombre. Así de simple, así de sencillo. La distancia más corta entre dos puntos es una línea recta, no hacen falta líneas quebradas; en arquitectura sucede lo mismo.
Si uno observa la arquitectura de Calatrava podrá darse cuenta que utiliza cualquier cosa menos las líneas rectas. Con ello no digo que no tenga su mérito, pero no todo es como nos lo pintan.
Pero la arquitectura no es solamente lo que se ve; es mucho más. Calatrava, sencillamente, ha sabido venderse, especialmente al PP valenciano. Solamente hay que ir a Valencia para darse cuenta de ello. Claro que para esta gente (los peperos) Calatrava es el mejor arquitecto del mundo y además es valenciano y todos aquellos que le critican no tienen ni idea. Extraña ‘valencianía’ la de un hombre que vive entre Zurich y París y que solamente se acerca por Valencia cuando tiene que cobrar lo que no está escrito.
Pero esto es una simbiosis. Si Calatrava se ha llenado el bolsillo con las obras que ha hecho en Valencia, los políticos han encontrado en él la excusa necesaria para hacer obras faraónicas inútiles y si no salen bien las cosas echarle la culpa a los socialistas por su mala gestión anterior. Si es que ya está todo inventado.
Hay que concederle un mérito a D. Santiago y es que ha conseguido lo que años atrás parecía imposible: unir en un pensamiento común a ingenieros y arquitectos acuñando el término “calatravada”; sobran las explicaciones.
Claro que esto pasa cuando alguien se presenta al mundo como arquitecto, ingeniero, artista, escultor y no sé cuántos títulos más, es decir, Leonardo o Miguel Ángel eran unos aficionados comparados con él.
A simple vista, en la arquitectura de Calatrava podemos observar algunos “errores” que están por encima de la belleza.
Calatrava tiene un estilo repetitivo que hace que todos sus edificios se parezcan sospechosamente demasiado entre sí. En sus construcciones usa una figura por encima de cualquiera: el paraboloide hiperbólico (aquí se explica). Al principio puede ser un logro pero acaba siendo algo aburrido.
Busca la espectacularidad de sus edificios en lugar de su practicidad.
Todas sus obras sufren un desmesurado coste sobre el presupuesto inicial. Jamás se sabe cuánto va a ser el presupuesto final, ya que siempre se acaba multiplicando incomprensiblemente. En su obra más reconocida en España, la Ciudad de las Artes y las Ciencias, el presupuesto se multiplicó por diez. Pero no pasa nada, paga el ciudadano.
Prefiere edificios espectaculares a edificios prácticos. La apariencia prima sobre la función. Por citar un edificio diré el Museo de la Ciencia, una construcción con muchos metros cúbicos construidos pero realmente muy pocos metros cuadrados que realmente se puedan aprovechar. En este apartado habría que analizar todas sus obras para darnos cuenta que siguen el mismo patrón.
Sus edificios no se adaptan a una sostenibilidad energética. ¿Qué significa esto? Que dado su gusto por los grandes volúmenes vacíos de contenido, sus edificios son caros de mantener debido al desmesurado gasto en climatización. No se adapta a las características climáticas ni ambientales del lugar. Daría lo mismo construir en Siberia que en el Sáhara.
Gusta de recurrir a soluciones caprichosas que son muy vistosas pero que son carísimas a la hora de realizarlas; no están justificadas económicamente. En sus puentes, por ejemplo, siempre suele poner un arco que los adorne cuya función es esa, adorno. No tienen ninguna función estructural simplemente estética… pero que tiene un sobrecoste elevado. Cualquier ingeniero de Caminos podría confirmarlo.
Realiza una mala práctica de la ingeniería. Insisto, sus proyectos visualmente son grandiosos pero, ¿y calcularlos? ¿Alguien se imagina lo que tiene que sufrir un ingeniero para calcular esas estructuras? La ingeniería no es eso. La ingeniería es, al igual que la arquitectura, belleza, funcionalidad y coste ajustado. Es en estos casos donde al saltarse estos preceptos las obras se encarecen brutalmente.
La Ciudad de las Artes tiene un coste de 1.300 millones de euros, de los cuales Calatrava ha cobrado en concepto de honorarios unos 94 ó 95.
La primera vez que vi ese complejo pensé que era la satisfacción de un megalómano y la seña de identidad de la corrupción valenciana. Así es como lo veo yo. Un show, una cultura del despilfarro y un homenaje a lo que nunca se debería haber hecho. Todo se hizo sobre la marcha, sin resolver su utilidad final. Se sabía que era algo, pero no el qué. Pero sí, a la gente le gusta. Esto es España y ya se sabe que en este país todo el mundo entiende de política, de fútbol y, últimamente, de arquitectura.
Ahora, cada vez que veo una obra de Calatrava recuerdo las palabras de mi profesor: “Calatrava es un arquitecto bastante corriente”.
El vídeo que sigue es el único que he encontrado suyo en la red. Una delicia para mis oídos volver a escuchar a aquel hombre en cuyas clases tanto disfrute escuchándolo hablar. Hoy he vuelto a ser su alumno.


martes, 23 de octubre de 2012

Lo que no dijo Plácido



Me alegra haberte visto. Hacía ya mucho tiempo que no nos veíamos.
Sí yo también. La verdad es que alguna vez pensaba, ¿qué será de esta chica? Pero entre unas cosas y otras nunca te llamaba.

Había coincidido con Marian, una amiga a la que hacía mucho tiempo que no veía y hacía buen rato que nos habíamos sentado en una cafetería a tomar un café y a hablar de nuestras cosas. Siempre habíamos tenido una relación muy cordial que no iba más allá de la pura amistad. Como pasa siempre, la vorágine hace que sigas tu vida y aunque no te olvides de la gente es inevitable que la relación no sea tan fluida.

Y dime Marino, ¿qué sabes de él? ¿Qué sabes de Placido?

 La miré fijamente con un gesto de seriedad, ya que no esperaba la pregunta.

Está bien, muy bien. Hace unos días que estuvimos hablando y me contó que tiene un proyecto entre manos que le ocupa parte de su tiempo. Está bastante ilusionado en general; hace tiempo que no lo veía así.

Ella hizo una mueca parecida a una sonrisa melancólica y se encendió un cigarro sin decir nada. Yo la miraba mientras apuraba el café que me quedaba en el vaso. Por unos instantes se hizo un silencio que parecía que se podía cortar. Hasta que ella dijo.

Me alegro escuchar eso, no sabía nada. Hace tiempo que no sé de él.
Sigue teniendo el mismo número de teléfono y el mismo correo electrónico.- Le contesté.

Volvió a hacerse el silencio esta vez más prolongado que el anterior. Circunstancia que aproveché para pedir otro café para mí y otro para Marian al ver que su mano, con dos dedos levantados, me indicaba que quería otro.

El puede llamarme cuando quiera, yo lo considero mi amigo. Sigo siendo la misma.

En esos momentos no supe que pensar. Podría optado por haberme callado y haber dicho que sí. Allí tenía a una buena amiga hablándome de Plácido, mi mejor amigo. Con el que tantas horas había hablado. Plácido me contó la historia que había tenido con Marian. En el momento en el que ella dijo eso volvieron a mí las conversaciones de dolor que yo había tenido con él cuando me desnudaba su corazón y solamente podía ver amargura. Por todos esos momentos creo que se lo debía.

Marian, yo lo sé todo. Plácido me lo contó.

Lo suponía, por eso te digo esto, porque eres tú y sé que lo sabes. Solamente te digo que sigo siendo la misma, que no he cambiado, que…

No- dije interrumpiéndola –Tú no eres la misma. Tú no eres la misma Marian que él conoció. Tú cambiaste, de un día para otro, sin saber por qué, sin haber ninguna razón. Lo dejaste perder todo por nada. Me dijo que al principio te cantaba el estribillo de una canción: “Se te nota en la mirada que vives enamorada”… y ahí él se callaba. La segunda parte sigue así: “… Te ha acompañado la suerte. Han debido de quererte tanto para que me olvidaras…”, ¿verdad que así ha sido? - dije de modo sarcástico.
Bueno, si esa es tu opinión la respeto- me dijo dándole un sorbo al café y encendiéndose de nuevo otro cigarro.
Marian, tú lo sabes tan bien como yo. Aunque él no me lo hubiera contado lo hubiera supuesto, ¿y sabes por qué? Porque lo conozco, porque hablaba con él y me hablaba de ti. Solamente escuchar tu nombre salir de sus labios demostraba ternura, amor e ilusión. Lo sé porque son muchos años los que lo conozco. Y eso, Marian, eso, no lo supiste conservar, no lo supiste cuidar. Lo dejaste perder.
Dices que “tú sigues siendo la misma”. No, eso no es cierto. Tú no eres la mujer que él conoció. Tú no eres la mujer que quería estar con él y con la que él quería estar. No eres la mujer por la que él esperaba que pasase el tiempo para estar contigo. La mujer con la que el tiempo era una circunstancia y la distancia se medía en el tiempo que se tardaba en recorrer para volver a estar juntos. Es mujer se fue, desapareció sin más, incluso dudo que algún día hubiera sido real porque de haberlo sido continuaría estando. Se esfumó de un día para otro, ¿y sabes qué es lo peor? Sin razón, sin nada a cambio. ¿Y aún dices que sigues siendo la misma y no has cambiado? No, Marian, no, tú no eres la mujer de la que Plácido se enamoró.

Ella me miraba con gesto serio sin decir nada.

¿Y dices que continúas siendo su amiga? Perfecto, no lo dudo y estoy seguro que él así lo cree pero hay cosas que no se olvidan tan fácilmente. Lo que no entiendo es como tú puedes hacerlo. ¿Tú puedes pasar de estar con alguien y pensar que es “lo que jamás hubieras imaginado en tu vida” a verlo como un amigo? Yo, como he estado enamorado y he querido te puedo asegurar que eso es imposible, no se puede. La única respuesta que encuentro es que nunca lo has querido, que todo fue una mentira y esa es la sensación que él me ha transmitido. Si con él no has sabido ver todo lo que vivisteis y cuidar lo que tenías… ¿crees que lo harás algún día? Sabes que, para bien o para mal, él nunca se ha equivocado cuando te ha dicho alguna cosa.
Después de lo que tuviste y viviste antes de conocerlo, ¿cómo no lo conservaste Marian? Estoy seguro que ha sido el hombre que más te ha querido; estuvo a tu lado en la peor etapa de tu vida, porque era él y nadie más aunque pienses lo contrario, cuando lo más fácil hubiera sido pensar que no tenía necesidad de complicarse la vida no lo hizo y estuvo siempre a tu lado, siempre, incondicionalmente, nunca te presionó, nunca te puso cadenas, siempre respetó y esperó a que tus cosas se solucionaran, hubiera ido contigo a cualquier lugar, ¿quién hubiera hecho eso si no es porque realmente te quiere?… y tú lo dejaste perder por… ¿por qué? No lo sé.
Aún así, después de aquello, estuvo un año a tu lado ¡un año! Esperando que volviera aquella mujer que él quería, que le dijera que volvería a abrazarle las piernas por debajo de la mesa.
Pero no volvía, al contrario, todavía se alejaba más, simplemente era un recuerdo y, aunque tú no lo vieras, sufría esperándola. ¿Y me dices que no has cambiado y sigues siendo la misma? Yo me pregunto, ¿qué Marian es la verdadera? Supongo que ésta, la que está aquí delante de mí… la otra era una ilusión, algo falso que no existió.
Esa es tu opinión. Aquello pasó, las cosas pasan.
Sí, es cierto, aquello pasó y por eso te estoy diciendo esto, porque tú me has preguntado por él. Si no os conociera como os conozco ten por seguro que sería un tema en el que no entraría.
No somos unos críos para andar con tonterías. Somos adultos para saber qué es lo que queremos y saber a quién vamos a tener a nuestro lado incondicionalmente pese a todo. A no dejarnos encandilar por cantos de sirena y a tener los pies en el suelo. Marian, tenemos una edad para saber que es real y verdadero y qué fruto de una ilusión. Con una edad y unas experiencias vividas las cosas se tienen que valorar… y tú es algo que no has sabido hacer o no has querido hacerlo. Lo vuestro no era una aventura temporal. Dejaste perder al hombre que más te ha querido y al que hubiera estado contigo sin importarle nada. Tú, que decías que preferías el ‘aquí y ahora’, cuando lo tuviste no lo supiste cuidar. Yo sabía de vuestra relación porque, como te he dicho antes, una luz salía de sus ojos al nombrarte y si por lo que tuvisteis no luchaste es que hay algo que no has aprendido. Quizá hay mujeres que no saben querer, no se merecen que las quieran o necesitan a su lado hombres que las traten de una forma ‘distinta’ y no como, por ejemplo, te trató a ti Plácido. En la vida hay oportunidades que pasan una vez, pasan dos, pero no pasan tres y tú tuviste esa segunda oportunidad durante todo un año a tu alcance. Algún día Marian, algún día te darás cuenta.
Porque lo sé todo puedo decir que es el hombre que más ha luchado por ti, el que más te ha querido, aunque no lo creas, pero también sé que, posiblemente, eres la mujer que más daño le ha hecho. Llega un momento en que tiene que parar y él decidió que ya había tocado fondo y no podía continuar así mientras tú tomabas otro camino. No hay más. Marian, le dijiste cosas que yo jamás le hubiera dicho a alguien que se hubiera portado y hubiera estado conmigo como él lo estuvo contigo. No fue él, fuiste tú quien lo alejó, quien quiso alejarlo y él en cierto momento decidió que tenía que hacerlo; tú le obligaste a ello. Entonces, por favor, no digas que “no has cambiado y que sigues siendo la misma”.
Esa nunca ha sido mi intención. Yo jamás he querido hacerle daño.
Marian, yo no digo que esa fuera tu intención. Simplemente digo que querer a alguien es luchar por ese alguien; Plácido lo hizo y demostró que te quería como nadie te ha querido y tú lo dejaste perder por nada. Fantasías humo e ilusiones falsas.
Pero te aseguro que no te guarda rencor. Simplemente decidió que no merecía la pena seguir luchando por ti.
Después de habértelo contado, ¿te ha vuelto a hablar de mí?

De repente sonó mi móvil. Como si fuera una jugarreta del destino vi un nombre en la pantalla.

Disculpa, Plácido me está llamando…

Ella se encendió otro cigarro.


sábado, 20 de octubre de 2012

Escribir


Escribir es descifrar, compartir, darle un nombre a los deseos y ponerle carne al viento.
Escribir es dibujar el rostro que se anhela, construir el espejo que nos diga quiénes somos, esculpir un cuerpo cuando la soledad se vuelve intolerable o crear un rincón solitario donde poder hablarnos, callarnos, dialogar con los muros y las sombras.
Escribir es buscar un espacio cuando todos los espacios están llenos o vacíos; crear un tiempo aparte.
Escribir es hacer que las palabras se conviertan en cielo, en mesa o en un ojo que nos mire piadoso a veces implacable.
Escribir es ser la costilla del texto; es descubrir que cualquier ausencia puede transformarse en un otro presente, que se sienta a observarnos a través de las letras; es saber que uno puede elegir cuándo morirse; cuándo renacer; cuándo aullar; cuándo sentarse a escuchar los caminos; qué silencio morder; en qué palabra hundirse; qué nervio dejar entre las hojas; alrededor de qué obsesión danzar y danzar gozosos, hasta que amanezca; elegir lo que es verdad y lo que es mentira; qué nostalgia reservarse para la próxima vez, pero, sobre todo, escribir es descubrir los nombres que nos conforman; las palabras que nos crearon como somos; saber que alcanzar; conocer las letras que nos pertenecen y nos permiten cambiar nuestro pasado o entenderlo; crear nuestro presente eligiendo la palabra precisa y caminar hacia un futuro con el rostro develado o develándose siempre a través de los nombres humildes, de los vocablos fértiles, de los silencios grandes.
Escribir es comprender que cada mundo creado en la palabra es un mundo posible de encarnarse en una realidad vital. Que la palabra es cosa seria, pero que nos permite reírnos de nosotros mismos y de este mundo de encuentros y desencuentros de este mundo en el cual nada es posible si no se dice lo que se quiere, si no se expresa lo que se piensa, si no se transmite lo que se siente, si no se habla puntualmente, si no se eleva un pensamiento, si no se sabe callar cuando es preciso. Si no entendemos que sólo cuando la letra entra en el polvo nace el hombre. Que somos polvo pero podemos ser, si nos juntamos, tan inmensos como el desierto de todas las revelaciones.
Escribir somos nosotros. Somos lo que escribimos, somos como escribimos.

sábado, 13 de octubre de 2012

Alas de libertad


He de empezar a asumir que mi vida estará teñida por siempre de un dramatismo con aires melancólicos.
Una vez me dijeron que nunca pertenecería a nadie completamente… y puede que sea cierto.
No me considero un espíritu libre, pero conozco mis ilimitaciones.
Desear pertenecer a alguien no ha hecho más que coserme dos grandes alas a la espalda y no hay manos o miradas que consigan arrancarlas.
Sentir que has perdido, aunque no sea más que una mera ilusión producto de tu corazón, te concede un poder extraordinario de conciencia real.
La realidad se brinda hacia a ti como una alfombra roja sobre la que caminar, sobre la que pararte a descansar, observar, absorber y abarcar cada uno de sus rincones tan sólo con rozarlos con las yemas de los dedos.
Cuando ya no tienes nada que perder, sí, eres libre.
El resto de la vida se plantea como un territorio explorable nada hostil.

sábado, 29 de septiembre de 2012

Tren sin retorno



Después de lo que me has contado, ¿qué quieres que te diga Plácido? Permíteme que sea breve y que no profundice demasiado. Quizá mi opinión no te gustaría y sé que tampoco permitirías que arremetiese vulgarmente. Hasta en estos momentos eres noble.
Es fácil llorar y quejarse de que la gente es mala, que van a hacer daño, ¿verdad que sí amigo Plácido? En un momento hay que pararse a pensar, ¿qué haces por cambiar esa situación? ¿Qué haces cuando tienes la oportunidad de cambiar cuando alguien te ofrece un hombro sobre el que llorar, unos brazos para que te abracen y un oído para que te escuche? Hay quien la deja perder sin inmutarse.
Hay personas que pasan por nuestra vida como los trenes que pasan por delante de nuestros ojos en una estación. Sin embargo, hay otras que no es así. Hay trenes que no se pueden dejar perder. Hay que saber lo que se coge y lo que se deja; aunque esto nunca se aprende. Siempre he sido de la opinión que a ciertas personas hay que saberlas conservar, valorar, por lo que te han dado y te han aportado, cuando lo fácil hubiera sido dejarte a la deriva. Hay personas, créeme, que eso no lo saben valorar y cuando ya no les sirves te apartan de su lado, por mucho que les hayas dado. No importa que hayas estado ahí, a su lado, para lo que fuera. Hoy en día cualquiera usa la palabra amigo. Lo otro, no es fácil encontrarlo y una vez se ha hecho simplemente hay que cuidarlo. Las cosas hay que merecerlas y no quererlas.
No te preocupes Plácido, tú ya has hecho lo que debías. Supongo que el precio pagado por perderte merecerá la pena y el precio por el que alguien se vende lo mismo. Tú lo sabes. Quien te conoce y a quién hayas tenido a tu lado también. Saber que alguien te llevará un paraguas un día de lluvia, una Tizona sin esperarlo, el almuerzo cuando te lo hayas dejado o simplemente una tarta de chucherías sólo por verte sonreír después de un mal día es algo que, yo creo, no se puede dejar perder por piropos, cancioncitas o promesas de comprar una casita que tendrá vaquitas. En definitiva, Plácido, alguien a tu lado incondicionalmente para lo bueno y para lo malo sin importar circunstancias. Al menos así pienso; prefiero la certeza del presente, de lo que tengo y sé que me aporta a… algo que solamente queda en la imaginación.
Después de contarme tu historia, ¿qué quieres que te diga? Quizá porque soy más frío que todo eso. Quizá porque necesito mucho más que un simple adorno de oído para decir un “te quiero”, para pensar en formar una familia después de leer un poema adulador, para pensar que quiero compartir el resto de mi vida con alguien que solamente sabe adornarme la realidad. La vida es algo más que todo eso. Lo sé, aunque en alguna flaca imaginación se diga lo contrario yo sé que quien estuvo a su lado en el peor momento de su vida: fuiste tú y nadie más. Por mucho que haya cien motivos salidos del delirio y pensamientos que se piensen; aunque supongo que cada vez habrá cien motivos diferentes (o los mismos) y pensamientos que se que piensen (o los mismos) para el momento, da igual para quien sean. Sí, ya me callo. No diré más. Como dijo alguien “no quisiera que mis hijos se avergonzasen de mí”.
La vida son elecciones. Elegimos a quién queremos a nuestro lado y a quién no. Cada cual sabrá los motivos y pondrá en una balanza lo que más le convenga. La vida no es justa ni injusta; tenemos lo que nos merecemos.
Para bien o para mal siempre has acertado. Lo que piensas tú te lo guardas. Cada cual tiene lo que se merece por ser como es y eso no lo podrá cambiar por mucho que lo intente. También es cierto que en la vida hay oportunidades que pasan una vez, pasan dos… pero no pasan tres. Ya somos mayorcitos para saber lo que nos conviene; aunque hay lecciones que nunca se aprenden, me entiendes, ¿verdad? 

martes, 28 de agosto de 2012

sábado, 28 de julio de 2012

Slowly


Siempre he querido ir de forma slow. Nunca me han gustado las prisas.
He preferido pisar sabiendo donde lo hacía que no arriesgar y caerme al vacío. ¿Por qué? No lo sé, pero así es. Cuando me he guiado por impulsos motivados por la euforia del momento siempre he fracasado, siempre. Nunca me ha ido bien. Me he sentido presionado por la inseguridad de saber si lo que vio es real o fruto del momento. Entonces pienso, ¿y mañana?
Soy de vivir el momento, sí, pensando en el mañana. Procurando siempre tener la certeza que no me voy a equivocar y eso no se sabe en un día, una semana o un mes. Al menos yo no lo sé. ¿El riesgo? Sí, es necesario, pero sabiendo que hay algo detrás con garantías que lo avalen. Arriesgar por arriesgar es un absurdo.
He caminado siempre slowly y eso, aunque parezca mentira, también es un riesgo porque es posible que a veces cuando quiero caminar más rápido para alcanzarlo ya he llegado tarde y, otra vez, se vuelve a escapar. Entonces pienso, ¿realmente merecía la pena?
Ilusiones todas, pero que sean reales, insisto, no motivadas por el momento.
Quiero saber donde estoy y por donde me muevo y eso, solamente, lo puedo hacer si camino de forma slow. Necesito algo más que unos días para apostar; algo más que palabras de trovador que endulzan el oído. No, no me valen ciertas cosas. Me gusta pelearlas, conseguir mis metas pero de forma pausada. No me gusta que me sirvan en bandeja los triunfos; es mejor conseguirlos, ¿de qué sirve que todo esté ya hecho? Así se aprecia mejor el esfuerzo de las cosas.
Cyrano fue Cyrano por Roxanne, ¿hubiera sido lo mismo si ella le hubiera dicho que sí desde el primer momento? No, Cyrano fue Cyrano por las circunstancias de Roxanne... y llegaron al final de manera slowly.
Lamento decepcionar pero es así. No estoy para arriesgar en plan “voy a probar”. No, yo no. Arriesgo sabiendo que voy a ganar y eso no lo puedo saber en poco tiempo. No sé si es fácil o difícil de entender. Pero es así como veo las cosas, como veo la vida y como me gusta hacer las cosas. Hasta ahora… haciendo balance es posible que pudiera estar mejor, pero también es posible que pudiera estar peor. Por ello estoy donde creo que tengo que estar.
Si esta noche, el planeta revienta en confeti que sea slowly.
No sé si es fácil de entender o no lo es. Yo no pido nada, no que caminen a mi ritmo no que caminen por delante o por detrás… simplemente que me dejan caminar a mi ritmo… y quien quiera que me acompañe; de lo contrario no andamos el mismo camino. Me entiendes, ¿verdad?



sábado, 14 de julio de 2012

¿Y ahora a quién podemos reclamar?


Después de ver los vídeos se admiten cualquier tipo de comentarios. PROMETO NO CENSURAR NINGUNO.

















sábado, 7 de julio de 2012

Cada palo que aguante su vela


Creo que los dos pilares fundamentales para que un país funcione tienen que ser la educación y la sanidad; dos piezas fundamentales.
En estos tiempos estamos viendo como ambos elementos se están yendo al garete. A la derecha se le ocurren muchas cosas y ninguna buena y entre los recortes que se aplican los principales perjudicados son, precisamente, la sanidad y la educación.
Actualmente es frecuente ver en los centros de salud y en las escuelas a médicos y maestros respectivamente manifestándose por lo que ellos denominan “sus derechos”. Me parece normal, ya que la gente está muy cabreada y si esta situación hubiera ocurrido hace 80 años no me cabe duda que las calles estarían llenas de barricadas. Sí, sin duda, la sociedad está atontada.
Para nada me parecen correctos los recortes que aplica el Gobierno. Hacerlo en educación es una aberración, ya que un país como el nuestro, sin recursos naturales para competir con otros la única solución que tiene de ser un país plenamente avanzado y desarrollado es sacando buenos profesionales que pasen por nuestro sistema educativo. Hacerlo en sanidad es aberrante, ¿alguien se imagina tener que pagar el tratamiento de un cáncer o de cualquier tipo de operación?
Ahora bien, también opino que no todo es lo que parece y las manifestaciones de médicos y maestros me por “sus derechos” me parecen un tanto oportunistas.
Veamos. El sistema educativo español está fatal. Hace años que estamos en el pelotón de los torpes. El informe PISA (si no me equivoco se llama así) indica que España está a la cabeza en fracaso escolar, es decir, que algo no funciona. En sanidad, ¿quién no ha esperado horas y horas en una sala de espera de un hospital? ¿A quién no le han dado cita para semanas o meses después de haber pedido consulta con algún especialista? Es decir, que algo no funciona. Por lo tanto y aquí viene mi pregunta y mi reflexión: ¿Dónde estaban todos estos que ahora se manifiestan por sus derechos cuando las cosas iban igualmente mal? ¿Por qué no salían a la calle los maestros exigiendo otro sistema educativo? ¿Por qué no salían a la calle cuando nuestro país estaba (y sigue estando) a la cola europea en educación? ¿Por qué no salían los médicos a la calle exigiendo una mejor atención para sus pacientes? Estas mismas preguntas se la he hecho a un profesional de la enseñanza y su respuesta ha sido que “es que entonces las cosas funcionaban”. Sin comentarios.
El problema de estos gremios no es que luchen por “sus derechos” el problema es que cuando a uno le tocan el bolsillo ya le tocan “sus derechos” y se tienen que espabilar. Lo que ocurre es que antes todo estaba igual de podrido que ahora pero como no les hacían recortes salariales pues bien “entonces las cosas funcionaban”. Y con esto no quiero decir que todos hayan sido así; como en todas las cosas habrá excepciones.
Está claro que el barco se hunde a marchas forzadas; ahora bien, aquellos que aún sabiendo que las cosas iban mal no movían un dedo porque no les tocaban “sus derechos” creo que son los menos indicados para hacerse las víctimas o, por lo menos, no me causan ninguna simpatía.

sábado, 2 de junio de 2012

Junio


Junio. Si hay algún mes duro no cabe duda que es este; sobre todo para los estudiantes… y sé bien de qué hablo. Entran las prisas por los exámenes, uno se hace sus cábalas pensando si le dará tiempo para llegar a x examen; se hacen los resúmenes de resúmenes eliminando materia y, a última hora, lo que “no ha dado tiempo” siempre cabe en alguna que otra chuleta que esperamos que nos pregunten, ya que es un puntito seguro.
Sí, esa es la vida de estudiante o, al menos, en alguna ocasión me he visto así. Atrás quedan los meses en los que acababas la convocatoria de febrero y pensabas que para la de junio daría tiempo. Ale, unos meses de descanso… sin despistarse, por supuesto. Sí, siempre que llegaba junio me acordaba de que no me vendrían mal un par de semanitas más para estudiar.
¡Bendita vida de estudiante!
Ahora lo mismo. Uno que se aburre y para matar el tedio no se le ocurre otra cosa que meterse en una ingeniería… Me ha tocado desempolvar antiguos libros y apuntes que guardaba de antes para refrescar cosas. He tenido que volver a meterme con termodinámica, mecánica de fluidos, equipos de obra, instalaciones, estructuras, senos, cosenos, integrales... y un sinfín de cosas que en su tiempo me sirvieron para aprobar y que no volví a utilizar.
Lo malo es una cosa, que vuelvo a tener vida de estudiante sin serlo. Vuelvo a la universidad de una forma distinta; sin vivir en un piso de estudiantes, sin poder tomarme una cerveza cuando acabo un examen y terminar por la noche, sin poder quedarme en la cama si no me apetece ir a clase, sin… ¡Ay, benditos años universitarios! Sí, desde luego que cualquier tiempo pasado fue mejor.
Aunque, la verdad, no sé para que estudié. Si hubiera sido más listo me hubiera enchufado a un partido político, ser un trepa y voilá, a vivir del cuento.
Lo mire por donde lo mire sin duda me he equivocado. En fin, siempre me quedará recurrir a Sócrates y a su “sólo sé que no sé nada”.
Suerte para todos los que, como yo, os enfrentáis a exámenes en estas o en fechas próximas.

martes, 1 de mayo de 2012

Yo


¿Y por qué no hablar de uno mismo? ¿Y por qué no contar esa faceta que sabemos que tenemos pero que no nos gusta? Me estoy refiriendo a eso que los demás ven y nosotros nos negamos a aceptar. Es muy sencillo caer en la adulación propia o reconocer ciertos defectos que se pueden justificar con excusas. El ejercicio de mirarnos al espejo, mostrarnos tal como somos, reconocerlo y aceptarlo es bastante más complicado que todo eso.  
Aceptar nuestras bondades y que nos digan lo maravillosos que somos es algo que a todos nos agrada, ¿a quién no le gusta, si bien que le regalen el oído, que le digan, de vez en cuando, lo maravilloso que es? Todo forma parte de nosotros; lo bueno y lo malo. Somos el conjunto de todo. Con esa rara mezcla de virtud y defecto se forma nuestra personalidad.
No voy a mostrar la parte amable, la que todo el mundo ve y esa con la que salgo a la calle. Evidentemente me considero una buena persona si tenemos en cuenta que mis únicos problemas con la justicia han sido alguna que otra multa de tráfico.
Pero no por ello dejo de reconocerme y conocerme a mí mismo. Aquí diría que hay poca gente que realmente sabe como soy en realidad. Me refiero a ese tipo de gente que con sólo verte o hablar te intuye, no hace falta decir más. Eso considero que no es ni bueno ni malo simplemente es así. Posiblemente podrían definirme mejor que yo mismo o podrían haberme dictado esta entrada.
Pues sí, uno de mis defectos o virtudes es el orgullo. Soy una persona muy orgullosa y cuando tengo que sacar esta faceta de mí puedo llegar a ser hiriente. No me refiero a un orgullo selectivo en base a unos valores, condición social o estudios, no, no es eso. Me refiero al orgullo que me sale cuando tengo conversaciones, sean del tipo que sean, y mi interlocutor no atiende a razones. En esos momentos tiro de sarcasmo e ironía e intento quedar por encima. Tampoco sé hasta qué punto eso es malo o bueno; demostrar lo que sabes o lo que has aprendido depende con qué personas no considero que se tenga que esconder; en ese sentido la humildad no va conmigo. No me gustan los ignorantes que van de listos y llegados a ese punto no tengo ningún problema en sacar el demonio de la soberbia para ridiculizar; reconozco que en esos momentos la empatía no es algo que vaya conmigo.
Cuando discuto puedo llegar a ser hiriente, aparte de por lo que digo por la forma que tengo de hacerlo; aunque siempre me controlo y sé hasta dónde puedo y debo llegar. Quizá por eso no me gusta afrontar las discusiones en un mismo momento, no, yo soy más de dejar pasar un tiempo prudencial (días u horas) para recapacitar, analizar y tratar de solucionarlo. Hace años, una compañera de estudios me dijo que si hay una persona con la que no le gustaría discutir es conmigo; supongo porque ella sabía esa cara mía. Solamente una vez he discutido he llegado al extremo de querer hacer daño; en ese momento ya no hay retorno. Saqué toda la artillería y me llevé a esa persona, como suele decirse, “por delante”, sin reparar en consecuencias porque yo las asumía y sabía que eso era el final, aunque llegado a ese punto tampoco me importaba. Acepto la responsabilidad que mis palabras conllevan. Quizá, por eso prefiero dejar pasar un tiempo.
Reconozco que soy rencoroso. Puedo olvidar pero perdonar me cuesta más. Creo que nadie está obligado a perdonar, eso es un acto que va con cada uno. La confianza es algo que se tiene que conseguir día a día y si la pierdo ya es muy difícil que la consiga y sí, aunque la dé ya no es lo mismo, siempre tendré una espinita clavada.
Soy observador, pero no en plan inquisitorial. Me gusta conocer a la gente con la que me rodeo para saber que puedo y que no puedo decir, como puedo y como no puedo comportarme. Quizá, por ello, pueda dar una imagen de seriedad que con el tiempo cambia. Nunca me ha gustado ser el alma de la fiesta e ir de gracioso; me aplico aquello de que “más vale caer en gracia que ser gracioso”.
Quienes han compartido momentos conmigo me han dicho en ocasiones que puedo llegar a ser adictivo, pero no por nada, simplemente por ser como soy. Por eso, quizá, sea difícil dejarme de lado y de una u otra forma siempre estaré ahí. Como pongo en mi perfil “puedo ser un ángel o simplemente alguien que pase por tu vida”. Eso, también hace que se cree un vínculo especial con poca gente, con poquísima, solamente necesito mirar o escuchar su voz para saber. En ese sentido no tengo término medio. Quien me conoce puede valorarlo.
En el corazón tengo cicatrices de las que me acuerdo de vez en cuando; supongo que me gusta flagelarme. Tampoco es que me fustigue demasiado porque siempre acabo llegando a la misma conclusión: no merece la pena, en la vida cada cual sabe lo que deja lo que coge y lo que deja y, en mi caso, quien me ha conocido, o me conoce, sabe lo que puede perder y ganar conmigo.
Cuando he querido de verdad lo he transmitido y la persona lo ha sabido. Cuando ha sido al contrario también... en otras, simplemente, no era nuestro momento ni lugar.
Como he dicho antes, tengo cicatrices pero soy consciente que yo he dejado alguna. No intencionadamente, nunca he ido a hacer daño. Muchas veces se confunde la ilusión con el querer. Eso es algo que he aprendido. En este sentido, cuando he querido, cuando he amado, no he tenido límites. No me ha importado nada. Me ha dado lo mismo tomarme un café en el bar de la esquina, que ir a París, tomarlo mirando la torre Eiffel y volver, ¿qué más da? Eso es amar.
Siempre me ha costado mostrar mis sentimientos hasta estar realmente seguro de ellos. Nunca he prostituido mis sentimientos porque me hayan regalado el oído, me hayan dicho lo maravilloso que soy o que me hayan ensalzado de forma gratuita; las palabras dichas o escritas no me han servido sino han ido acompañadas de hechos; no tengo 15 años para creerme ciertas cosas. Para mí, el valor de un “te quiero” es mucho más que eso, algo que no se puede decir al primero que pasa porque te pinte la vida de colores. Pero esto lo pienso yo. No es fácil llegar a mi corazón pero una vez se llega, como dice Bunbury “si has venido a comprarme lárgate, si vas a venir conmigo agárrate”.
Tengo claro que en mi vida hay gente muy importante que quiero conservar y que, aunque jamás se puede saber, nunca perderé. Del mismo modo que hay otras que simplemente pasarán y con el tiempo simplemente serán recuerdos a los que pondré cara… o siquiera ni eso.
He tomado decisiones difíciles que me han desgarrado y las he asumido. En ocasiones no hay manera ni opción de volver atrás.
Acepto consejos de la gente que me ha demostrado las cosas; sé que ellos no me fallarán y que me lo dicen por algo. Del resto simplemente lo escucho.
Me cuesta reconocer que me he equivocado. Más que reconocerlo necesito darme cuenta de ello, ya que por mucho que me lo digan lo tengo que ver yo y no me cuesta admitir mi error.
De todas formas, a pesar de ser como soy, tengo gente que quiere tenerme a su lado, que sabe llevarme y entenderme. En este sentido saben que pueden contar conmigo.
Por todo esto y por mucho más, pido perdón a los que mi comportamiento no haya sido el correcto y gracias a los que me entienden y están a mi lado. No diré quienes son; si leen esta entrada ellos lo sabrán.

sábado, 21 de abril de 2012

Los blogueros, ¿una especie a extinguir?


Comencé mi aventura con el blog por casualidad. Siempre me había seducido la idea de tener un lugar donde poder dejar constancia de lo que pienso, de lo que siento o de lo que me pasa así que cuando hace más de cuatro años (enero de 2.oo8) tuve la oportunidad de tener mi propio espacio no lo dudé y me lancé a ello. Lo más difícil, supongo que como para mucha gente, fue buscar un nombre. No quería enfocarlo a una temática en concreto porque creía que sería acotarme a mí mismo los temas sobre los que tratar; además, no siempre me iba a apetecer escribir de lo mismo, así que decidí ponerle “Pensamientos y más cosas”, porque puedo contar de todo, abarca mucha más libertad para escribir.
Salvada la primera duda, la siguiente era como lo subtitulaba. Pero esta resultó mucho más sencilla, ya que si el título era tan genérico siempre habría cosas sobre las que escribir, las que fuesen. Por ello le puse “Siempre hay algo que contar”, porque así lo creo. Aunque tengamos pereza de darle a la tecla, siempre tendremos algo que contar, por insignificante que parezca.
Después vino lo de aprender cómo funciona un blog: subir fotos, cambiar colores, añadir vídeos y un largo conjunto de cosas que aquellos que tenéis un blog conocéis.
El mío ha sufrido varias transformaciones. Desde la primera plantilla hasta la actual he ido modificando cosas y no tiene nada que ver con lo que era. Lo único que queda de aquella primera vez son los vídeos que tengo de homenaje a D. Antonio Machado y a Soria; esos forman parte del blog desde su nacimiento y siempre estarán.
Aunque pueda parecer pedante me gusta mi blog. No es porque sea maravilloso, ni sea mejor que cualquier otro, no, no es eso; simplemente porque es una creación mía en la que he pasado muchos momentos buscando y pensando cómo mejorarlo (salvando las distancias, como el pintor que se pasa mucho tiempo delante de un cuadro o el escultor que modela la piedra), además de permitirme, como he dicho anteriormente, poder plasmar lo que pienso y siento.
Una cosa que también alegra es el primer comentario, la primera persona a la que sigues y te sigue, el primer premio que te conceden… en fin, cosas por las que todo bloguero pasa. En ese momento piensas que algo estás haciendo bien y te animas a continuar.
En mi caso, la primera persona que me comentó, seguí, me siguió y me dio el primer premio fue Luis Lópec, del blog Escritos en la cresta de una ola. Ya expliqué en esta entrada como lo conocí. Después, a través de él, descubrí OnlyMary, un blog que también merece la pena; este fue mi segundo. A partir de aquí ya vinieron otros… pero por razones sentimentales a los primeros se les tiene un cariño especial; supongo que es lógico.
He querido recordar esto porque parece ser que últimamente el mundo bloguero esté desapareciendo. En mi caso tengo varios blogs a los que sigo que han sido cerrados pero me resisto a eliminarlos… quizá porque un día los disfruté.
Es posible que cada vez seamos menos los que resistamos y los que tengamos ganas de dejar constancia de las cosas. Los motivos pueden ser varios. Primero la falta de ganas y de motivación. Escribir esta parrafada que estoy escribiendo no es sencillo y me quita tiempo pero me gusta, es condición sine qua non, ya que de lo contrario sería una obligación absurda. Segundo pienso que otras redes sociales, por ejemplo facebook, han hecho que ya la gente prefiera poner “K guay me lo he pasao en la playa”, antes que escribir algo decente. No sé, personalmente prefiero el blog, aunque tenga facebook nunca se me ocurriría darle el mismo tratamiento que aquí. Aparte que la gente que se pueda conocer a través de aquella red… en fin, como dice alguien, “detrás de una pantalla tu puedes ser Superman” (algunos casos de ese tipo conozco...). Evidentemente la gente del blog me parece mucho más sana, centrada y fiable por muchos motivos que no vienen al caso y que si algún día decido escribir algo sobre facebook ya diré lo que me parece.
He querido hacer esta reflexión escrita porque, en mi caso, no escribo tan asiduamente como antes. En unas ocasiones la falta de tiempo, en otras la falta de motivación y, en otras, que no estaba centrado han hecho que deje un poco de lado mi espacio cibernético. Tampoco me gusta escribir por escribir pero sí que he bajado la intensidad con lo que lo hacía. Así pues, en 2.008 hice 73 entradas, en 2.009 87, en 2.010 65, en 2.011 31 y este año llevo 8. Aunque he ido decreciendo, a pesar de todo me gusta y es algo que no pienso dejar. Quizá llegue el momento en que ponga una o dos entradas al año, pero tengo claro que no cerraré el blog nunca, porque como dice el subtítulo “Siempre hay algo que contar”.
Todo esto va enlazado y tiene que ver con la entrada de “Escritos en la cresta de una ola” titulada “Batiendo Records”, en la que Luis ha sopesado la idea de cerrar su blog. Sinceramente pienso que sería una pena porque es un bloguero de los que ya no quedan y que, por supuesto, esta entrada no suponga ningún tipo de obligación ni de presión. Que la gente entre o no entre, comente o no lo haga (bajo mi punto de vista) es algo que forma parte de este mundo. Yo suelo entrar cada vez que puedo a los blogs actualizados aunque no los comente. Me gusta conocer las inquietudes de la gente que son capaces de plasmarlo con tanta dedicación; poner, “esta noche me voi de fiesta con mis colegas” y luego colgar las fotos, es algo que todos sabemos hacer; algunos solamente saben hacer eso. Pero escribir una entrada digna para que la gente la lea ¡ay amigo! Eso es más difícil.
De la misma forma, que cerrar un blog es una decisión que hay que pensarse mucho: primero, porque, insisto, siempre hay algo que contar aunque sea una vez al año y, segundo, porque como he explicado al principio, es como algo que has ‘parido’, le has dado forma y lo has cuidando hasta ser lo que es; si alguien mantiene tantos años un blog no es por casualidad.
En fin, esta era mi reflexión. Yo seguiré aquí, como dice el himno “Sereno y alegre, valiente y osado”, en el mundo bloguero. Supongo que poco a poco, los que tenemos blog, nos estamos convirtiendo en una especie en peligro de extinción pero de nosotros depende el desaparecer o el seguir.

Dedicado a Luis Lópec, un bloguero de los que ya no quedan

martes, 17 de abril de 2012

Burgos


Hace unos días estuve en Burgos. Una ciudad en la que nunca había estado salvo una vez que pasé con el coche, hace algunos años, cuando me dirigía a León. Durante los tres días y medio que duró mi estancia en la capital castellana la sensación fue contradictoria.
En mi imaginario tenía la idea de que Burgos sería otra cosa; una ciudad con más arraigo a su pasado; su historia y su propia etimología invitaban a ello. La típica ciudad medieval en la que se respira un ambiente pretérito mezclado con un presente que avanza paso a paso hacia el futuro, sin olvidar de donde viene. Cuando uno va por primera vez a una ciudad no sabe lo que se puede encontrar pero sí que tiene ciertas sospechas de lo que espera encontrarse. En esta ocasión no ha sido así.
Me da la impresión que esta ciudad vive de espaldas a su pasado, que ha avanzando en el tiempo sin tener en cuenta lo que ha sido y con esto no quiero decir que todo lo añejo se tenga que conservar; hay edificios que no merecen la pena, pero sí un cierto simbolismo presente de lo que en su día fue, hay formas y formas de conservar las cosas y conjugarlas con los tiempos actuales. Se puede entrelazar perfectamente la historia y la arquitectura pasada y presente de un lugar sin que esto tenga que suponer que se solape una época con otra.
En el aspecto urbanístico, únicamente es posible hacerse una idea de lo que fue por las calles aledañas a la catedral. Calles estrechas y con requiebros donde uno puede imaginar lo que pudo ser en otros tiempos, es decir, la típica ciudad de la Edad Media. Salvo esa excepción no hay forma de suponer nada. Burgos tiene un urbanismo actual que nada puede hacer suponer lo que allí ocurrió.
En la actualidad, si le borramos el nombre, podría pasar como una ciudad moderna que no tiene nada que contarnos de los orígenes que se le suponen.
Abundan los grandes edificios, como en cualquier otra capital importante, con avenidas anchas y parques. El río, el Arlanzón, es un elemento más de la vida de las gentes que allí viven; un elemento que no molesta y que no ha sido impedimento para el desarrollo de ésta. Se ha creado una unión perfecta que invita a recorrerlo dando un paseo sin que entre el aburrimiento.
El elemento más representativo de la ciudad es su catedral. Una maravilla gótica sobre la que se pueden escribir libros enteros y que no entraré en detalles por no ser este el motivo de esta entrada. Por lo descrito anteriormente me da la impresión que es un elemento añadido que distorsiona bastante la realidad; es como un islote en medio de la vorágine; no tiene nada que ver con la idiosincrasia de la actual Burgos. Incluso su entorno parece distinto, como si alguien la hubiera colocado allí sin saber por qué. No es el lugar que cabría esperar de semejante obra arquitectónica y con esto no estoy juzgando este edificio, simplemente su ubicación desde un punto de vista arquitectónico. Está porque está y punto, no porque queramos que esté. Me pareció significativo que en la misma plaza hay una oficina de turismo muy actual pero ubicada en un lugar bastante escondido, incluso para un lugareño sería difícil encontrarla. Algo que se supone que es para dar información y mostrar las maravillas de las que disfrutar debería tener un sitio más visible. Esto sí que me llamó la atención.



Vista nocturna de una parte de la catedral

Yo, que esperaba saciarme de románico y, en menor medida, de gótico me fui de allí con esa carencia. Y no es porque no lo haya, simplemente, como he dicho antes, parece que no se le dé importancia y que sean aspectos que no se han cuidado. Por ejemplo, paralelo al río hay un paseo, el Paseo de la Isla, donde hay una antigua puerta románica colocada allí, en medio del paseo, sin ningún sentido, como si hiciera falta rellenar ese hueco con cualquier cosa y era lo primero que se les ocurrió; no entiendo lo que pretendían con esas piezas montadas de una forma tan artificial como poco realista.



Puerta románica en el Paseo de la Isla

Otro aspecto que me llamó la atención es la poca utilización que se hace de la figura del que posiblemente es el personaje más representativo del lugar: el Cid.



Estatua del Cid

Podemos encontrar en una rotonda la famosa estatua del castellano caballero a lomos de Babieca con su espada, Tizona, en la mano. Creo que el Cid debería tener una mayor presencia en los ámbitos de la ciudad. Haciendo un paralelismo de Burgos con otra capital castellana que conozco bien, Soria, llego a la conclusión que son diametralmente opuestas. En la segunda, la figura de D. Antonio Machado se respira; es fácil imaginarse al poeta caminando por sus calles y mezclándose entre la vorágine de las gentes. En el aspecto arquitectónico, el románico está presente en claros ejemplos como en la iglesia de San Juan de Rabanera o Santo Domingo; caminando por el Paseo del Espolón se ve la perfecta unión del pasado y del futuro, incluso no es difícil imaginar la visión que tuvo el poeta cuando “La campana de la Audiencia da la una”. Todos estos y más son edificios que se han integrado perfectamente en la actualidad en la fisonomía de la ciudad. Todo lo contrario que ha ocurrido en Burgos.
Estoy seguro que alguien que conozca la ciudad o que habite en ella dirá que tengo una percepción equivocada que no se ajusta a la realidad. Es posible. Yo, simplemente, he pretendido transmitir sensaciones entre lo que me esperaba y lo que me encontré, desde un punto de vista histórico y arquitectónico; no se trata de una descripción real del lugar; decir como es una ciudad es fácil para cualquiera, incluso decir si es fea o bonita; se trata, insisto, de sensaciones. Aún así, sospecho que todavía me quedan cosas por descubrir. Si tengo la suerte de volver por allí, tiempo tendré de hacer un análisis más exhaustivo y, quién sabe, si de cambiar el concepto que tengo actualmente.