jueves, 15 de mayo de 2008

La verdadera historia del rey Midas


Según la mitología, Midas, fue obsequiado por el buen dios Baco con el poder de transformar en oro todo cuanto tocase. Pero una cosa es la realidad y otra la mitología. Veamos como sucedió realmente. Una historia muy interesante que pasaré a relatar a continuación.

Cuentan las crónicas que, todavía infante, el joven Midas, jugando con su tierno hermanito a indios y vaqueros, le descerrajó un tiro en la cabeza. Ante el cuerpo todavía con un hilo de vida, juró a su padre que el desafortunado hecho fue un fatal accidente, en absoluto fruto de la envidia. Puesto que no había testigos que contradijeran esta versión, ésta fue aceptada como buena y, al igual que Billy el Niño, salió inocente del fratricidio.

Pasaría el tiempo y la vida placentera propia de un príncipe y su matrimonio con una descendiente de Afrodita (aunque la belleza se había quedado por el camino). Su primer vástago fue una hermosa princesita de rubios cabellos. Pero pronto fue evidente su condición pasmada, debido a las uniones entre los mismos miembros de la familia a lo largo de siglos, y hubo que recurrir a la Ley Sálica para salir del futuro del paso, lo que destronaría a las sucesivas hijas nacidas del matrimonio, incluso antes de nacer. Por fin a la tercera fue la vencida.

Pero no adelantemos acontecimientos y veamos como a Midas llegó a ser rey, le fue concedido el don y lo que ocurrió después.

Mandaba por entonces en el país un viejo general, muy temido por las gentes de bien que, subyugadas, habían convivido con su extrema crueldad y conocían su enfermiza ambición, su entorchada megalomanía. Las huestes militares bajo su mando habían diezmado la población del país tras sublevarse contra el gobierno legítimo, y en los triunfalistas años posteriores acabaron con cualquier atisbo de inteligencia crítica, gracias, entre otras, a la colaboración necesaria de la piadosa religión y sus santos oficios.

El general tenía una desusada afición: en los descansos entre fusilamiento y garrote vil, hacía nudos. Sí, nudos. El tirano sabía hacer nudos de todo tipo: tejedor, carraca, ballestrinque, guirnalda, calabrote, briol, japonés, barrilete… del ahorcado, de yugo… Y todos los hacía magistralmente: lo que él enlazaba quedaba atado y bien atado para siempre jamás.

Por razones de Estado, el general ofreció al padre de Midas, que era, además, el jefe de la Real Casa de los Bribones, educarlo bajo su tutela, a su uniformada imagen e irracional semejanza, para que, a su muerte, le sucediera al frente del país, perpetuando así su ideología ultra conservadora, patológicamente nacional. Midas competía con el general en ambición y falta de escrúpulos. Así, por supuesto, se acogió a su protección abandonando definitivamente el hogar familiar para instalarse en el palacio dictatorial. Su nuevo mentor no tardó en dejar claras a Midas las condiciones de su pacto. Cuando reinase, debería mantener en el país los principios que él había establecido: “una, grande y libre”, lo que, traducido el eufemismo, significaba “palo, palo y palo”. El ya príncipe no dudó en aceptar el trato jurando por el Libro Sagrado que así sería.

Tras años de convivencia y connivencia en los que no faltaron espeluznantes actos de barbarie cometidos al alimón, al fin el dictador fue llamado a celestial capítulo y Midas pudo ser coronado, erigiéndose en Rey y Comandante en Jefe de todos sus ejércitos, los mismos que auparon en la jefatura del estado a su predecesor. Pero el nuevo monarca, mucho más joven y mejor asesorado estando como estaba enterado del creciente descontento del oprimido populacho, optó por cambiar algo para que todo permaneciese igual. Bueno, todo no: su patrimonio habría de crecer sin mesura en pocos años. Faltaría más.

Nadie en el país ignoraba el pedigrí de los Bribones -por algo habían enviado al exilio a más de uno-, siendo proverbial el desenfreno del reinante pese a que los pregoneros oficiales, conjurados, falseaban la realidad palaciega, haciendo creer a la plebe que Midas y su familia eran un dechado de virtudes.

El plan funcionó. Tanto y tan repetidamente lo alabaron que consiguieron que los habitantes de aldeas, pueblos y ciudades se postrasen cada vez que Midas los visitaba si se lo permitía su agenda. Exento Midas de responsabilidad legal alguna por mandato expreso de la Magna Carta, y sabiéndose impune gracias a la indolencia y a la inopia intelectual de sus vocacionales súbditos, el país pasó a ser, ya sin tapujos, el gran cortijo de los Bribones, quienes se dedicaron a travesear a placer durante cada una de las cuatro estaciones de los años venideros.

Se rodeo, Midas, de gente con enorme riquezas y de la alta nobleza. Su mano derecha, por aquellos tiempos era Pedro Valle y Tontón de Carnaval, un noble que se enriqueció a la sombra de Midas. Entre otras cosas usaba en sus cartas el membrete real llegando a obtener ingresos de los cuales su señor se sirvió para aumentar su fortuna. Después tenemos al Conde Mario, un gran banquero, conocido como el banquero de la monarquía, que fue condenado por apropiarse de más de 600 millones de monedas de oro. Cuando fue detenido para meterlo en un calabozo se descubrieron dos cuentas a nombre de Midas. También estaba Marco Rico, perseguido en el país más poderoso del planeta, por evasión de impuestos, fraude, ganancias millonarias, venta ilícita de petróleo entre otras lindezas. Pero esto no era suficiente y Midas pidió el indulto de su amigo para que no fuese condenado. Pero como tampoco se trata de hacer esta lista interminable, para finalizar citaremos a un par de amigos más: los Alfredos, unos nobles que solían veranear con el rey, condenados por estafa de más de 4000 millones de monedas y que no fueron condenados por estos hechos. La pregunta es ¿tendría que ver algo la mediación de Midas por sus amigos?

Alguna gente se preguntaba si Midas era tan sumamente honesto, y al mismo tiempo estúpido, para tener las manos limpias y no saber rodearse de gente honrada o bien su inmunidad hacía que no pudiera ser investigado y condenado. Hay que recordar que el abuelo paterno de Midas tuvo que salir con lo puesto que, como buen Bribón, era dado a los placeres de la vida y del espíritu y había explotado al pueblo tanto que este decidió echarlo. Quizás por ello Midas supo protegerse bien en la Carta Magna para no poder ser acusado de ningún delito puesto que la ambición es un defecto que afecta a todos y nadie es honrado por nacer bajo un techo, aunque a Midas se le suponía.

En fin entre unas cosas y otras, Midas se convirtió en el tercer rey más rico de todo el continente y en la persona número 144 más rica del mundo. Mientras sus súbditos se las veían y deseaban para llegar a fin de mes.

Pero hete aquí que un día a los súbditos les dio por pensar y decidieron que no podían seguir manteniendo a una familia que vivía de ellos con todos los lujos, sin trabajar, procreando sin cesar y que nadie había elegido mientras que en el país cada vez había menos trabajo, los precios más altos y las condiciones de vida eran muy difíciles.

Así fue como Midas y su familia fueron expulsados por el pueblo y tuvieron que abandonar el país, constituyéndose una república. Pasaron a vivir en una casa bastante grande y aún cuando les quedaba dinero después de más de 30 años de oscuros negocios, las cosas para ellos ya no fueron como antes.

Salud.

P.D. Este cuento está basado en una historia real aunque los nombres y situaciones que se dan son ficticios, o bien, este cuento es pura ficción y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
¿Con qué opción de las dos os quedáis?

3 comentarios:

Luis López-Cortés dijo...

Con gran merecimiento por tu parte te añado a mis favoritos. Gracias por compartir tu blog. Saludos.

Marino Baler dijo...

Muchas gracias. Me siento muy halagado que alguien como tú me añada en sus favoritos. Siempre es un placer leerte.

Un saludo.

Luis López-Cortés dijo...

Lo mismo digo Marino. Un placer. Gracias por todo.