sábado, 22 de julio de 2017

Mi séptima ola


Siempre supe que volvería a Zaragoza, no sabía cuándo, pero sí que lo haría… y no como lo hacía habitualmente, no… lo haría para quedarme. Ahora, pasados algunos años desde que me fui obligado por la crisis, ha llegado el momento… y vuelvo.
Desde hace meses era una posibilidad que podía tomar forma y la semana pasada se materializó. Con un par de amigos, y después de tener ciertas garantías, hemos dado el paso de emprender algo que puede ser interesante, ya que parece que el sector de la construcción comienza a moverse y hay que estar presente.
Cuando la posibilidad tenía todos los visos de ser real recordé a Sancho Panza, cuando dejó el gobierno de la ínsula Barataria.

Yo no nací para ser gobernador, ni para defender ínsulas ni ciudades de los enemigos que quisieren acometerlas. Mejor se me entiende a mí de arar y cavar, podar y ensarmentar las viñas, que de dar leyes ni de defender provincias ni reinos. Bien se está San Pedro en Roma: quiero decir, que bien se está cada uno usando el oficio para que fue nacido. Mejor me está a mí una hoz en la mano que un cetro de gobernador; más quiero hartarme de gazpachos que estar sujeto a la miseria de un médico impertinente que me mate de hambre; y más quiero recostarme a la sombra de una encina en el verano y en mi libertad, que acostarme con la sujeción del gobierno entre sábanas de Holanda”.

Con este pasaje no hace falta explicar nada, está todo dicho. Zaragoza, Aragón, ser feliz, vivir.
A veces que hay que arriesgar, tirar una moneda al aire y, si es preciso, soplar para que caiga del lado que queremos engañando al destino. Dicen que de los 20 a los 40 años aprendemos y a partir de los 40 es cuando podemos aplicar lo aprendido. Supongo que ha llegado el momento y lo que yo no haga por mí no lo hará nadie, lo que no haga ahora no lo haré en el futuro. Digamos que parto de cero y tengo un camino por delante… en positivo.
A partir de esta próxima semana comienza un nuevo camino, una nueva etapa. Estoy lleno de energía, ilusionado y con ganas, convencido de que esta es la gran ola que estaba esperando, aquella sobre la que escribí hace un par de años, esa que algunos llaman ‘la séptima ola’ y arrasa con todo. Nada vuelve a ser igual después de ella.

***

Llevo unos días dándole vueltas al nombre y al logo que usaremos y el resultado es éste. Habrá que ver lo que dicen mis compañeros. Quizá no les guste, quizá tengan otras opciones o, quizá, tomemos la decisión de que alguien nos lo diseñe. De momento es una simple idea…


martes, 18 de julio de 2017

Herramientas para dibujar


No sé hasta que punto ser lo último o lo primero en algo es bueno o malo. Hace unas entradas comentaba el cambio que ha supuesto en los despachos de arquitectura pasar de la mesa de dibujo al ordenador. Yo soy de esas promociones que están a caballo entre lo antiguo y lo moderno. Como decía en aquella entrada, yo conocí esa transición que llamamos nuevas tecnologías.
No sé lo que actualmente se enseñará en las escuelas de arquitectura, me imagino que si volviese el curso que viene estaría totalmente perdido en lo referente a las asignaturas. Por ejemplo, la asignatura de expresión gráfica consistía en dibujar a mano alzada fachadas de edificios singulares (iglesias, ayuntamiento, casas señoriales, etc.), algunos todavía los tengo guardados en una carpeta grande. Otra parte era dibujo técnico (diédrico y acotado). Por la experiencia que tengo, era algo muy difícil de aprender. Hacía los dibujos paso por paso, docenas de veces. Ahí estaba yo con el escalímetro, la escuadra, cartabón, compás y ¡ale! Línea de tierra, cambio de plano, dibujando los distintos tipos de líneas, planos, figuras, intersecciones… ¡y no había manera! Me cambiaban un dato y ya no sabía hacerlo. Era como aprender la misma multiplicación y si cambiaban los números ya no saber multiplicar. ¿Cómo lo aprendí? De la forma más extraña. Después de muchas horas dibujando, sin saber porqué hacía las cosas, un día me levanté y ya sabía hacerlo, lo que suele decir ‘ver la luz’; tanto es así, que luego yo daba clases de esa parte de la asignatura a otros compañeros.
Desconozco si todo esto se seguirá estudiando, supongo que sí, aunque no con la misma intensidad. El caso es que hoy en día todo se hace por ordenador y, la verdad, ya no hace falta ensuciarse las manos con la tinta de los ‘rotring’. El programa por excelencia, el que sustituyó a la mesa de dibujo, es el AutoCAD. Con sus diferentes versiones, es el que más se ha utilizado orientado a la producción de planos, empleando para ello los recursos tradicionales de grafismo en el dibujo, como color, grosor de líneas y texturas tramadas Con este programa se pueden realizar todo tipo de diseños técnicos en 2D y 3D a la escala deseada.

 

Pero desde hace cuatro o cinco años, ha aparecido Revit. Es parecido al anterior, pero, aunque suene contradictorio, totalmente diferente. Funciona por componentes dando la opción de poner ejes y muros arquitectónicos. Aquí no se dibuja, se construye. No se pone una línea, se pone un muro, viga, pared… A los muros les puedes puertas y ventanas, además de asignarles un material. También agregar elementos como muebles, columnas o cortinas. Es un programa sumamente complicado y dudo que haya gente en el mundo que lo sepa manejar todo, todas sus posibilidades, al 100 %.


Finalmente está Sketchup. Con este programa se conceptualizar volúmenes y formas arquitectónicas. Muy intuitivo y sencillo de utilizar. Suelo usarlo cuando tengo que hacer una presentación rápida en 3D para que alguien vea de forma sencilla, por ejemplo, una distribución.


Por eso hablaba al principio de las ventajas y desventajas de la transición entre lo antiguo y lo moderno. Imagino que el manejo de estos programas se aprenderá en las escuelas de arquitectura, mientras que en mis tiempos no existían (con timidez se hablaba de AutoCAD y en pocos estudios se usaba de forma profesional), yo he tenido que aprender a manejarlos de forma autodidacta y cuando llegaba a un punto que no podía seguir no tenía más remedio que hacer cursos particulares (con el correspondiente gasto). Con AutoCAD y Sketchup no tengo ningún problema, pero con Revit… pasará mucho tiempo hasta que me sienta seguro para usarlo sin problema y ni así sabré utilizar todo su potencial.
No obstante, a pesar de todos estos avances, a veces, echo de menos una pequeña mancha de tinta en un plano y maldecir al cielo por ello. No sé... tiene algo de romántico.

Volverán las oscuras golondrinas
de tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a tus cristales,
jugando, llamarán.

Pero aquellas manchas de tinta,
que veíamos salir del rotring
y caer como lágrimas del día...
ésas... ¡no volverán!

sábado, 15 de julio de 2017

Entrevista a Camarón de la Isla


Cerremos los ojos y escuchemos la entrevista, ¿quién diría que quien habla es el mejor cantaor de flamenco de todos los tiempos? Ciertos personajes son más de lo que muestran al mundo y eso los convierte en únicos, en inmortales...


martes, 11 de julio de 2017

Solución para no volver



Si digo Monsieur Sans-délai, probablemente, la gran mayoría no sepa a quién me estoy refiriendo. Si digo Monsieur Sans-délai y Larra, quizá, siga sin sonar a nada. Pero si digo Monsieur Sans-délai, Larra y Vuelva usted mañana es posible que algunos hayan adivinado a quién me estoy refiriendo. La resolución de la ecuación es que Monsieur Sans-délai es un francés que ha venido a España para reclamar unas propiedades, presentar unas propuestas de negocio y visitar Madrid, dicho de otra forma, es el personaje principal del ‘Vuelva usted mañana’, de Mariano José de Larra. Cuando Sans-délai pretende resolver sus asuntos en quince días, Larra, conocedor del carácter de los españoles, le advierte que va a necesitar unos cuantos meses… y así fue.
Pues bien, me siento como Monsieur Sans-délai. Hace unos tres meses me encargaron un proyecto. Se trataba de un garaje para tres coches. La construcción era independiente de la vivienda, con sus instalaciones, puerta basculante eléctrica, etc., etc. Corría prisa, porque querían tenerlo construido para el verano, ya que la propiedad no quería tener sus flamantes vehículos al raso mientras pasaba las vacaciones.
En menos de diez días lo tenía hecho: memoria, presupuesto, planos, cálculos, etc. Alguna noche hasta bien tarde y algún madrugón inesperado. Bien, lo tengo acabado, visado y entregado, ¿qué faltaba? Lo más importante: cobrar. Como el encargo era de un conocido hice un precio generoso por todo el trabajo y decidí cobrar 3.000 euros.
En principio no había problema. “A la semana que viene”, me dijeron. Pero ‘a la semana que viene’ no dieron señales de vida, así que llamé ese viernes a última hora y no me lo cogieron.
Llamé a la siguiente y cuando me lo cogieron, después de pedir disculpas, que me sonaron a excusas, me dijeron que en unos días se pondrían en contacto conmigo y me lo liquidarían. Yo estaba entre la resignación y el cabreo. Me llamaron a los diez días y me pidieron una obra anexa al garaje y al tenerlo lo liquidarían todo. Era algo sencillo, me llevó un par de tardes, y lo entregué. Después siguieron las excusas: que no sé quién se había muerto, que estaban de viaje, que… Lo que me hizo gracia es cuando me dijeron que “de momento hemos aparcado las obras” y yo, que no puede reprimirme en la contestación, respondí “sí, si metéis coches pequeños, tenéis más espacio”. Se rieron con un simple “je, je” y me confirmaron que antes de comenzar las obras me pagarían… y así estamos.
Las obras no han comenzado. Se de buena tinta que quieren hacerlas… pero a saber. Ahora soy yo ‘el que fuma en pipa’, pero ya llegará el momento del certificado final de obra…
Aunque no hay mal que por bien no venga. Desde entonces tengo a los bares como un ejemplo a seguir. Cada vez que entro en alguno y veo el típico azulejo que pone, ‘Hoy no se fía, mañana sí’ me siento como un vulgar aprendiz en las relaciones laborales. Pero, sin duda alguna, mis ídolos son esos que tienen un garrote que dice: ‘paga o me descuelgo’ o ‘paga lo que debes’, ¡qué grandes hombres de negocios! A partir de ahora, cada vez que presente un presupuesto, en la última hoja irá impreso un garrote con alguna de esas leyendas. A ver si así no tengo que volver más veces. Bromicas las justas.

sábado, 8 de julio de 2017

Pasando por el taller



Hay dos cosas que me horrorizan: que se estropee el coche y que no funcione el ordenador. Probablemente más lo primero que lo segundo, ya que el ordenador, en ocasiones, puede ser suficiente con formatearlo y… más se perdió en Cuba. Pero el coche no. Eso ya es algo más complejo que no depende de uno mismo.
Pues bien, eso es lo que ha pasado. Se me ha estropeado el coche. Esta semana hice un viaje largo y al llegar al destino salía humo por el capó del motor. En esos momentos (y que me perdonen los creyentes) me acordé de todos los santos que hay en el cielo (a lo mejor me dejaría alguno). Me gustaría añadir que los últimos 200 kilómetros de mi viaje no conducía yo, sino que lo hacía otra persona. No sé si esto pudo influir o no. Cada uno tiene una forma de conducir distinta y conoce su coche. Sabe cuando cambiar de marchas, hasta donde puede estirarlas, que velocidad coger, cuando frenar, como reducir… creo que se establece una simbiosis entre el coche y el conductor, ambos se conocen y se acoplan perfectamente. Con esto no quiero decir que el hecho de que mi coche fuera conducido por otra persona durante un trayecto tan largo haya influido en la avería, digamos que es casualidad.
Como decía, salía humo del capó. Lo abrí y no tenía agua. Esperé un buen rato y cuando se enfrió un poco le puse refrigerante que siempre llevo en el maletero. Pero nada. Por algún sitio la perdía. Esta mañana lo he llevado al taller de un conocido. Ha empezado a quitar tornillos y piezas como si no hubiera mañana. A cada tornillo que quitaba yo estaba más asustado pensando si luego sabría encajarlos de nuevo, ¡qué mal rato! Por fin, ha dado con el problema: un manguito de no sé dónde se había partido y por ahí perdía agua. De paso, me ha recomendado cambiar la correa de distribución (“una vez que abrimos el motor la cambiamos”, me ha sugerido), en teoría le faltan 60.000 km, pero se veían algunas grietas y ya, puestos en faena, el filtro de aceite, el aceite, el filtro del aire, ver la culata de no sé qué, no sé cuántos manguitos y otras cosas que no recuerdo y que prefiero no recordar.
Resumiendo, si fuera una persona se podría decir que va a pasar por el quirófano. No es que tenga muchos años (este mes once) ni tenga muchos kilómetros (188.000), pero supongo que este momento tenía que llegar. En este caso, la recuperación no será de reposo… será de mi bolsillo.

martes, 27 de junio de 2017

De mesa de dibujo a ordenador


Parece que fue ayer. Aunque sea una frase hecha, simplemente hay que mirar atrás para darse cuenta lo rápido que pasa el tiempo.
La primera vez que vi una mesa de dibujo fue en el instituto. Me parecían unos trastos imponentes, muy sencillo de ajustar. Con un tornillo de palomilla en el lateral se apretaba y aflojaba y el pesado tablero se ponía a la medida. Algunas tenían un paralex, que sujeto mediante unos hilos a las esquinas de la mesa subía y bajaba para poder hacer líneas paralelas. Todo un descubrimiento.


Pasados los años, cuando me hizo falta, mis padres me compraron una mesa que ya no conservo. De 1’50 de ancho por 1’00 de largo. Era semiautomática, ya que con un pedal se podía subir y bajar el tablero con mayor comodidad. Le puse el paralex (que siempre acababa por torcerse) y un flexo. Creo que les costó 25.000 pesetas, hace entre 20 y 25 años. Ya no la conservo.
Cuando yo estudiaba esto era lo que había. Los complementos eran una escuadra, un cartabón, compás, escalímetro y distintas plantillas de letras y símbolos y, por supuesto, como no, los ‘rotring’. De 0’2, 0’4 y 0’8 eran los más usados y en menor medida los de 0’6… ¡cuántas puntas habré roto! ¡Cuántas veces me manchaba las manos rellenándolos! Y una vez acabados los planos, a un tubo de plástico que todavía guardo.


Hoy en día, todo lo anterior es innecesario. Lo único que necesito es lo que muestro en la fotografía de abajo: mi ordenador portátil. Aquí tengo todos los programas y aplicaciones necesarias que otro día explicaré. Se podría decir que la arquitectura ha pasado de convertirse en una profesión sedentaria a nómada; se puede trabajar en cualquier parte llevando el ordenador. Sí, sin duda alguna, el tiempo pasa muy rápido.


sábado, 24 de junio de 2017

Me someto a una ordalía



¿Qué es una ordalía? ¿Qué significa esta palabreja? Son actos que hoy han quedado como frases hechas, pero en la Edad Media eran reales. Era una institución jurídica eclesiástica que, atendiendo a mandatos divinos, juzgaba la inocencia o la culpabilidad de los que se sometían a ella. Por ejemplo, hoy en día se dice ‘poner la mano en el fuego’ (¿quién no lo ha dicho alguna vez?) cuando confiamos en algo plenamente. En la Edad Media no era así, eso era una ordalía. En aquellos tiempos, el acusado debía poner la mano en una hoguera o sujetar unos hierros candentes. Si Dios lo consideraba inocente no se quemaba, pero si lo consideraba culpable… y me da a mí que muchas veces lo consideraría culpable. Pero llamarlo ordalía es un eufemismo porque, como el lector habrá podido comprobar, no eran ni más ni menos que torturas. Pero no solamente está la que he citado, había una que consistía en  que el acusado debía sacar una pesada bola de un recipiente con agua hirviendo. Se le vendaban los brazos y manos y al cabo de x días se le quitaba el vendaje, si había sanado era inocente y si quedaban heridas era culpable. Se llevaban a cabo muchos tipos de ordalías y no me extenderé en el tema, en internet hay mucha información al respecto.
Después de esta introducción tendrá más valor lo siguiente, ya que yo me sometería a una ordalía y pondría la mano en el fuego porque ninguno de los que habitualmente visitan esta humilde bitácora tienen una cuenta en el extranjero. Es por eso, que a cualquiera de nosotros eso de las amnistías fiscales, desde el punto de vista patrimonial, nos importa tanto como el pinchazo de la rueda de una bicicleta en Pekín.
Pero sí que nos afecta desde el punto de vista que nos tomen por imbéciles (un poco más) de lo que habitualmente suelen hacerlo. Me estoy refiriendo a la que decretó Montoro, que es la misma que el Tribunal Constitucional dice que es ilegal y que ahora el mismo ministro anuncia a los cuatro vientos que hay que prohibir por ley que en el futuro se puedan decretar más amnistías de este tipo, ¡con un par!
El ministro de Hacienda ha comparecido en el Congreso para dar explicaciones… a su manera. Ha venido a decir que él no quería, pero tuvo que hacerlo por el riesgo de rescate y quiebra y, por ello, había que hacer lo que fuera para recaudar dinero. El resultado fue que de unos 30.000 declarantes se recaudaron 1.200 millones de euros de unos 40.000 millones que se suponen irregulares. Es aquí cuando nos toman por imbéciles. Cualquier español paga en impuestos entre el 20 % y el 47 % de su salario. Mientras que el Gobierno de Rajoy subía los impuestos, a los defraudadores le perdonaba el fraude a cambio de abonar el 10 %. Un inciso: ¿qué pensarán de esto en Venezuela? Sigamos. No queda ahí la cosa, ya que en lugar del 10 % del dinero no declarado, Montoro lo dejó en el 10 % de los intereses producidos por el dinero no declarado; una gran diferencia.
Pero la broma continua. Si se añadía cualquier activo no declarado en aquel momento, se pagaba un 10 % en lugar del 25 %, que es la media del impuesto de sociedades. Al final de todo, de los 2.500 millones de euros no se recaudó ni la mitad (1.200).
Llegados a este punto se me ocurren las siguientes cuestiones: ¿merece la pena pagar impuestos? Sí, es imprescindible. ¿Merece la pena pagar impuestos con esta gente en el poder? Es lo que hay. ¿Cuál es la solución? A mí se me ocurre alguna, lo que pasa es que decirla públicamente no sería demasiado aconsejable. Estoy cabreado. Si plasmase todo lo que me pasa por la cabeza mientras escribo este artículo, más que amnistía necesitaría un indulto.
Bien. Creo que he salido indemne de la ordalía, al menos así lo atestigua el que pueda seguir escribiendo: ninguno de los que habitualmente leen este blog se han visto beneficiados por la amnistía fiscal. Pero voy a someterme, de nuevo, a esta prueba divina. Después del cabreo que tengo voy a dejar de escribir sobre política -pongo la mano en el fuego- como mínimo hasta pasado el verano. Y añado al cabreo la vergüenza, ¡a saber qué se dirá de nosotros en Venezuela!

martes, 20 de junio de 2017

Firmas


Con lo contento y orgulloso que estaba con mi firma y… ¡menudo coñazo! Esta mañana he estado en el colegio visando un proyecto. Se trata de la colocación de un ascensor en un edificio. Es habitual firmar en la parte inferior izquierda de cada hoja que tenga algo escrito o dibujado.
He presentado un proyecto de 300 folios por una cara (memoria, pliego de condiciones, plan de control de calidad, estudio de seguridad y salud, gestión de residuos, presupuesto y planos) lo que supone firmar ¡300 veces! como mínimo.


Como hace años que tengo la misma firma, no sé si a estas alturas podría cambiarla, ya que todos mis documentos tienen el mismo diseño. Pues nada, tendré que hacerme une cuño y, ale, como si fuera un oficinista: tinta - folio, tinta - folio, tinta - folio, tinta - folio, tinta - folio, tinta - folio, tinta - folio, tinta - folio, tinta - folio, tinta - folio, tinta - folio, tinta - folio, tinta - folio, tinta - folio,… y así cientos de veces. ¡Menudo coñazo!


PD. Es fácil adivinar cuál es mi firma original y cuál sería mi firma deseada.

sábado, 17 de junio de 2017

Hay cosas más importantes y ahora no toca



En España hemos pasado del “vuelva usted mañana”, de Larra, al “hay cosas más importantes” o “ahora eso no toca”. Cualquiera de las dos últimas variantes podría servir. Hay cosas más importantes que preguntar a los españoles si queremos monarquía o república; hay cosas más importantes que juzgar los crímenes del franquismo, desenterrar a las víctimas del franquismo y eliminar los honores a los hispanicidas; hay cosas más importantes que solucionar el problema de Cataluña; hay cosas más importantes que revisar los privilegios eclesiásticos; hay cosas más importantes que hacer una reforma electoral; hay cosas más importantes que hacer una reforma fiscal y, ¡cómo no!, hay cosas más importantes que hacer una moción de censura al Gobierno más corrupto de toda Europa occidental y parte de la oriental.
Esas son las excusas que ponen esos que llevan toda la vida atornillados al sillón tratando de desviar cualquier cuestión que pudiera arrancarles de su privilegiada posición. Ellos saben lo que nos conviene y lo que no. Los españoles no somos capaces de tomar decisiones para nuestro futuro y ya están ellos para decirnos que “hay cosas más importantes” o “ahora eso no toca”.
Pero en esas llegó la moción de censura de Unidos Podemos y, por supuesto, había cosas más importantes que hacer. Aunque se respire la putrefacción de la corrupción. Aunque el Tribunal Constitucional haya declarado que la amnistía fiscal de Montoro fue ilegal. Aunque un exministro presione junto con otro alto cargo político la conveniencia para sus intereses del nombramiento de determinado fiscal. Aunque el partido del Gobierno esté imputado y declarado como organización criminal. A pesar de todo eso: hay cosas más importantes, ahora no toca.
Evidentemente que hay cosas más importantes, aunque en España seamos líderes europeos (además de en el fútbol) en temporalidad, desigualdad, desempleo, paro juvenil, pobreza infantil, recortes sanitarios, educación o en las cuotas mínimas de los autónomos a las que tienen que hacer frente todos los meses puedan o no puedan. Ellos pueden pasarse la legalidad por donde les dé la gana, pero tú no salgas a la calle con el pelo de colores porque eres un antisistema.
A la moción de esta semana le sobran los motivos (como a Sabina), para lo que no sobran es para votar en contra. Admito que el partido de Pablo Iglesias podría haber encontrado un momento mejor y un consenso previo para evitar lo que finalmente ocurrió, vale, lo acepto. Pero ahora viene la segunda parte… la mayoría le habría respondido que les fallan las formas, que el día les viene fatal, que hoy no estamos… lo que ya sabemos, que “hay cosas más importantes” o “ahora eso no toca”. El verdadero espíritu nacional que retrató Larra con el “vuelva usted mañana”. Hay situaciones, problemas y emergencias que no pueden esperar más.
Sinceramente, lo que más me irritó de la moción no fue como se desarrolló ni que Unidos Podemos la perdiera. Lo que más me repateó fue una frase del españolísimo Alberto Rivera cuando le dijo a Pablo Iglesias: “Usted quiere demoler el sistema y yo quiero reformarlo”. ¡Pues claro que hay que demoler el sistema! Cuando uno tiene gangrena en un brazo lo más sano es amputarlo, no poner tiritas. De la misma forma que cuando en una edificación hay riesgo de colapso lo mejor es demoler. Cuando el sistema está podrido hay que hacer una catarsis. Lo que está claro es que la situación no se reforma apoyando a esos que han traído la putrefacción a las instituciones.
¿Y el PSOE? Psssseee, estos pasaban por allí, como el que no quiere la cosa, oiga. Los sociatas tenían la excusa de Pedro Sánchez y desde que salió elegido hasta el día de la moción tiempo han tenido para sumarse, pedir una prórroga o presentar una propia como les ofreció Pablo Iglesias. Pero tampoco escapan al mal español: hay cosas más importantes y ahora eso no toca.
Es lo que pasa. Acababa Larra su famoso artículo con “¡ay de aquel mañana que no ha de llegar jamás!”. Nunca es el momento de hacer las cosas que tenemos que hacer porque hay cosas más importantes y ahora eso, lo que sea, no toca. Y siempre estamos en el mismo sitio, sin avanzar.

martes, 13 de junio de 2017

Grandeza y desgracia



La moción de censura de Unidos Podemos contra el Gobierno de Mariano Rajoy, me trae a la memoria la frase de D. Manuel Azaña en su discurso ‘Paz, Piedad y Perdón’: “¡Dichoso el que muere antes de haber enseñado el límite de su grandeza! Muchos no han muerto, por desgracia para ellos”.

sábado, 10 de junio de 2017

Llegó el 40 de mayo



Aunque todavía falten un par de semanas para la llegada del verano, para mí, de manera oficial, comienza hoy mismo. Si hay un refrán que sigo a rajatabla es ese que dice ‘hasta el 40 de mayo no te quites el sayo’. Pues bien, hasta ayer mismo he estado vistiendo con camisa de manga larga (cierto es que la remangaba hasta el codo o le daba sólo una vuelta por la manga). Igualmente me pasaba en la cama. Con una sábana y una colcha que, la verdad, no molestaba cuando me la echaba por encima.
Así que todo eso se acabó hasta que vuelvan los primeros fríos. Hoy saldré a la calle con manga corta. Pero confieso que aunque sé que hace calor siempre pienso lo mismo: ¿tendré frío? Yo creo que no pero…
En fin, hoy comienza. Tengo delante de mí un emocionante, intenso y apasionante verano hasta que vuelvan las oscuras golondrinas.
Feliz verano.

martes, 6 de junio de 2017

Exámenes... ¡ni en sueños!



Digo yo si serán las fechas estas en las que nos encontramos, pero la otra noche soñé que todavía estaba estudiando, en plenos exámenes y me faltaban tres o cuatro asignaturas para acabar la carrera.
Un sueño bastante angustioso por dos motivos. El primero porque creo que recordar que entre las asignaturas que me quedaban estaban hormigón, proyectos y ampliación de matemáticas… tres verdaderos huesos. El segundo porque yo había firmado proyectos sin tener la potestad para poder hacerlo y, por ello, no tardarían en venir a buscarme acusándome de no sé qué delito.
Y nada, allí estaba yo, con mis otros compañeros, todos revueltos, preparando los exámenes. Como es normal, desde meses antes ya llevábamos metiéndonos caña, pero, lógicamente, no al mismo ritmo ni intensidad que cuando faltaban tres o cuatro semanas para nuestro particular ‘juicio final’.
¡Qué duro que era aquello! Yo nunca dormía la noche anterior a un examen. Al principio sí que me acostaba y pretendía dormir, por eso que dicen que hay que ir despejado a un examen, pero cerraba los ojos y veía números, letras, fórmulas, definiciones y siempre me tenía que levantar para buscar eso en lo que estaba pensando. Así que desde casi el principio decidí que la noche anterior a un examen era una tontería tratar de dormir. Cuando el examen era por la mañana, el día anterior había intentado hacer una buena siesta, aunque no siempre lo conseguía, y al despertarme me ponía a estudiar 3 ó 4 horas hasta la hora de cenar. Al acabar era lo peor. Sobre las 22:00 horas entraba el bajón al pensar lo que tenía por delante y, además, en televisión siempre por esas fechas proyectaban las mejores películas, parecía que lo hacían a propósito para joder. Pero no había más remedio. Iba a la habitación y me sentaba delante de una mesa que era un tablero de aglomerado con dos patas plegables. Toda lleno de folios. En el suelo dejaba montoncitos agrupados por temas de la parte de ejercicios y en la cama lo mismo, pero con la parte teórica. Eso parecía un campo minado, pero con folios. Y comenzaba la noche…
El reloj pasaba muy lento hasta llegar a las 4 de la madrugada, después parecía que se estabilizaba y a partir de las 5:30 ya empezaba a correr. El cenicero cada vez estaba más lleno y siempre quedaba en algún folio la marca del vaso caliente lleno de café.
A eso de las 7:45 una ducha y a esperar. Revisaba la bolsa veinte veces para no dejarme bolígrafos, lápices, etc. El DNI era muy importante, ya que lo solían pedir junto con la famosa ‘papeleta’ que daban días antes en secretaría y era una especie de justificante que había que presentar en el examen e indicaba que estabas matriculado (no fuera a ser que alguien se presentase por ti. Aunque este tipo de cosas darían para varios posts…).
Por la mañana eran los exámenes más largos. Comenzaban a las 9:00 y acababan a las 14:00 horas… eso era inhumano, ¡cinco cosas escribiendo, haciendo números o dibujando! Por la tarde solían ser los de las asignaturas cuatrimestrales. Estos eran más asequibles. Comenzaban a las 15:00 horas y acababan a las 18:00 horas… tampoco está mal tres horas, ¿eh?
Lo dicho… un suplicio cada vez que llegaban las fechas de exámenes, tanto en enero / febrero como en junio / julio. ¿Volver a pasar por aquello? ¡Ni en sueños!

sábado, 3 de junio de 2017

De frailes y zapateros


No recuerdo si Sancho Panza, gran recitador de refranes, dijo en algún momento ese de ‘el hábito no hace al monje’. Pero, si no lo hizo, seguro que no hubiera encontrado un mejor motivo para hacerlo como el que me ha ocurrido recientemente. O, tal vez, ese de ‘zapatero a tus zapatos’. Sea como sea, cualquiera de los dos podría servir.
Estaba en Zaragoza, por motivos de trabajo, revisando una obra. En concreto se trata de un bajo en el que se ha hecho una reforma para transformarlo en oficinas, en total 12, de entre 15 y 25 m2 cada una de ellas. Estaba allí con el albañil (amigo desde hace años) y éste estaba entrando unos sacos de yeso a una de las oficinas para comenzar a enyesar las paredes. Por echarle una mano, me puse con él a cargar sacos y a meterlos para adentro, con la mala suerte que uno de los sacos tenía un pequeño agujero por el que caía el yeso y me ensucié de blanco los pantalones vaqueros y las zapatillas negras que llevaba; afortunadamente ya no tenía que ir a ningún sitio después, ya que no iba muy presentable.
Cuando habíamos metido todos los sacos, el albañil me dice: “Voy al baño que me ha entrado un apretón” (tal cual) y yo me quedé por allí revisando materiales y lo que había hecho en otras dependencias. A los cinco minutos de estar solo entraron dos hombres por la puerta, saludando uno de ellos con un simple “buenas tardes”, a lo que yo respondí lo mismo. El que saludó se presentó diciendo que era de una inmobiliaria e iba de parte de la propiedad. Ambos se pusieron a ver el estado de las obras.
Volví a la habitación en la que estaban los sacos de yeso y quería abrir uno de ellos. Yo, allí agachado, con una paleta en la mano de enlucir intentando abrir el saco y escucho a mi espalda una voz que me dice lo siguiente:
¡Illo! Vente un momento y exale una pazaita de yezo a una paré”.
Así, literal, con esas palabras. No sé si habréis visto una escena de Matrix en la que Trinity se queda flotando en el aire y todo a su alrededor se paraliza. Así es como me sentí yo: con la paleta en una mano, sujetando el saco con la otra, sin moverme, sin reaccionar. Para que os hagáis una idea…


No es necesario que escriba lo que pensé cuando mis funciones vitales volvieron a ponerse en funcionamiento, con el siguiente dibujo se entenderá perfectamente.


Me levanté, me di la vuelta y contesté: “No, yo no soy el albañil”.
Tú quién ere”, me preguntó el de la ‘pazaita de yezo’, que era uno de los dos que habían entrado, el que hasta entonces había estado callado.
Yo soy arquitecto”, respondí.
No decicamo a lo mimo, zomo cazi colega”, contestó.
¿También es arquitecto?”, pregunté.
Como zi lo fuera, llevo en la conztrucción toa la vida y ezto tiene poco zecreto pa mi. En cazi to lo trabaho lo arquitecto me preguntan que zolucione ze podrian tomá zi zurje argo” (o algo muy parecido me soltó).
Yo (como antes, creo que no hace falta explicar nada) …

Afortunadamente llegó el albañil, con cara de alivio y ajustándose la correa… “Este es el albañil, hable con él para que vea lo que me ha comentado”, me despedí y me fui. ¡Manda uebos! Que en el centro de Zaragoza…


martes, 30 de mayo de 2017

Saladino



Al leer la biografía de un personaje desconocido pueden suceder dos cosas: que al final de la novela interese y se quiera aprender más o que deje indiferente. En este caso en concreto, optaría por la segunda opción.
Supe de Saladino hace años, de la forma más curiosa. Cuando yo estudiaba no había internet (parece mentira hoy en día) y matábamos el tiempo jugando a juegos con el ordenador. Uno de esos juegos era Age of empires, consistía en elegir una civilización de la Edad Media y luchar contra otras civilizaciones hasta derrotarlas. Pues bien, una de esas civilizaciones eran los sarracenos, cuyo caudillo era un tal Saladino. Ese fue mi primer contacto con este personaje. Es decir, yo sabía que había existido alguien que se llamaba Saladino y que había sido un guerrero musulmán en tiempos de las cruzadas, el gran estandarte del islam en aquellos tiempos. Nada más.
Hace años compré una colección de novelas históricas de la Edad Media y entre unos de esos libros estaba la biografía de Saladino, escrita por la francesa Geneviève Chauvel. Quizá por la estancia en países árabes de Chauvel, la biografía parce que se humanice más, al estar escrita desde el punto de vista árabe, algo a lo que no estamos acostumbrados. Sería como si un árabe escribiese una biografía del Cid.
En general, he leído el libro sin pena ni gloria. A veces me entusiasmaba y quería seguir leyendo y otras me aburría y leía más deprisa. Creo que se pierde demasiado en detalles que para nada influyen en la novela como, por ejemplo, colocar la montura a un camello (escena a la que dedica casi dos páginas).
Lo malo que tienen las biografías de personajes tan antiguos es que es muy difícil separar la línea de la realidad, la fantasía o la complacencia del autor. En este caso, tampoco se libra de ello y hay una clara separación entre cristianos malos y musulmanes buenos, no haciendo un relato del todo imparcial. No obstante, y dejando de lado prejuicios, creo que es una buena lectura para conocer a un personaje fundamental en el mundo del siglo XII y cuya influencia se mantiene hasta nuestros días. Fue precisamente Saladino el que arrebató Jerusalén a los cristianos y, desde entonces, nunca más volvió a manos cristianas.

Argumento: 4
Ambientación: 6
Personajes: 6
Capacidad para seducir al lector: 3

sábado, 27 de mayo de 2017

Muerte de Cyrano



¿Puede haber una mejor forma de morir?
Poesía…
Cultura…
Arrogancia…
Serenidad…
Grandeza…
Convicción…
Amor…
Orgullo…
Imagino cómo me gustaría que fuera mi final y… sólo se puede morir una vez y no creo en la vida más allá de la muerte. Tendré que esperar.

martes, 23 de mayo de 2017

Dignidad y orgullo, línea imperceptible



¿Cuál es el límite entre el orgullo y la dignidad?
Recuerdo el cuento del pastorcillo de ‘¡que viene el lobo, que viene el lobo!’ y cuando en la aldea lo escuchaban e iban a ayudarle, él estaba riéndose de todos… así una y otra vez, una y otra vez hasta que, al final, apareció de verdad el lobo, pidió ayuda, pero nadie acudió. ¿No le socorrieron por dignidad o por orgullo? Este ejemplo no lo tomemos de manera literal, hagamos un paralelismo a cualquier circunstancia personal. La línea entre el orgullo y la dignidad es muy difusa.
El anterior párrafo podría englobar miles de casos. ¿A veces no hacemos las cosas por orgullo o por dignidad? Cuando hemos dado todo lo que podíamos y hemos sufrido una decepción, cuando decidimos que no merece la pena continuar y decidimos poner un límite… ¿hasta qué punto sería orgullo o dignidad no dar una última oportunidad? ¿Debemos pensar que, aunque lo intentemos una vez más, nada cambiará o podrá pesarnos pensando en qué hubiera podido pasar si lo hubiésemos vuelto a intentar? Quis novit

sábado, 20 de mayo de 2017

Don Quijote de la Mancha (película)



Me parecía triste que no hubiese una versión cinematográfica del Quijote. Es cierto que hay series, pero creo que ninguna de ellas tiene una fidelidad a lo que es la historia.
Teniendo en cuenta el año (1947), la duración (más de dos horas) y que sigue fielmente los diálogos y los capítulos, se podría decir que estamos ante una obra maestra.
Reconozco que incluir toda la novela hubiera supuesto algo apoteósico y, quizá, la época y los medios no lo pudieron hacer posible. No obstante, repito, sale un producto bastante digno.
Cuando una película está inspirada en una novela, la primera difícilmente puede superar a la segunda y este caso no es una excepción. Estamos ante una película que puede saciar el hambre de lectura de un amante del Quijote y, al mismo tiempo, despertar la curiosidad a aquellos que todavía no lo hayan leído.
Sea el caso que sea, merece la pena verla.
Para ver la película, pinchar en este enlace.

martes, 16 de mayo de 2017

No hay que volver



Dice Sabina: “Al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver”… pero uno siempre vuelve al lugar donde amó la vida, la brújula siempre marca el mismo destino.
Es posible que Sabina tenga razón. Quizá, al volver a esos lugares que han marcado tu vida ya no podrás volver a verlos igual, los recorrerás con la mirada descubierta, sin una venda de enamoramiento y plenitud absoluta. Los edificios son estructuras que acogen a autóctonos y a forasteros… pero ya no parecen ese decorado puesto a propósito para protagonizar aquella misma historia que viviste. Sus olores ya no serán compañeros. No serán cómplices en ese paso del periodo más hermoso de la vida por el que hay que pasar, pero también salir, pues parece que todo es mucho más hermoso cuando tiene un final. Es por eso que un amor imposible nunca muere, porque no puede desarrollarse, transformarse ni modificarse… Robert Kincaid y Francesca Johnson lo sabían.
Hay historias que tienen un recorrido justo en la vida, justo y necesario. Empeñándose en que dure, dejan de abrigar en las frías noches de lamentos; es preferible guardar quimeras como un tesoro, pues ese sentimiento, que nunca fue completo en su momento, será auténtico el resto de la existencia por ser inacabado.
Siempre se vuelve donde se amó la vida, incluso en la imaginación. Se vuelve ante cualquier recuerdo inesperado, cuando se quiere volver a ilusionarse con algo, un trabajo interior para demostrarse a sí mismo que podría ser capaz de hacerlo.
Se vuelve a los viejos sitios donde se amó la vida, a veces, sólo para lamentarse por haber dejado pasar su oportunidad y no haber sido valiente por miedos e inseguridades y, sin embargo, haberlo sido cuándo lo que ganaba no era la felicidad, sino la comodidad. Se vuelve con tristeza y arrepentimiento, pero, pese a todo, con más pasión, pues la llama sigue encendida. Ese tipo de certezas solo pasan una vez en la vida. Uno siempre vuelve a ese lugar como tributo de fidelidad para gritar que ningún otro lugar consiguió hacerle sentir lo mismo. Que ha habido personas, sensaciones y sucesos muy parecidos, pero la forma en que alcanzaron su corazón nunca fue igual.
Siempre se vuelve donde se amó la vida para ser valiente y curar heridas, aun a riesgo de saber que pueden volver a sangrar. Pero se vuelve porque un momento de plenitud vale por millones en cualquier otro lugar y porque no hay días felices, hay días que dan sentido a la existencia.
Siempre se vuelve por valentía, porque se es consciente de que un día se pudo vivir la vida en ese sitio, pero siente la necesidad de volver a intentarlo.
Pero sí… tiene razón Sabina: “Al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver”. Por eso es mejor un lugar sin que tu historia y la suya se fundan, sin que haya memoria ni recuerdos.

sábado, 13 de mayo de 2017

En busca del presupuesto perfecto



Llevo una semana de locos. Me he metido a gestionar unas ayudas para reformar cocinas y baños que ofrece la Administración. En presupuestos entre 2.000 y 12.000 euros, si lo aprueban, dan una ayuda del 35 %. Lo que pase de esa cantidad ya corre a cargo del particular, es decir, se puede presentar un presupuesto de 30.000 €, pero la ayuda sólo cubriría hasta los 12.000, el resto a cargo del interesado.
Pues bien, entre los requisitos que se piden es un presupuesto muy, muy bien detallado. Por ejemplo, si en una vivienda se va a reformar baño y cocina piden el presupuesto de lo que se vaya a hacer en cada estancia por separado. En este caso, suponiendo que es una reforma integral sería presupuesto de construcción, electricidad, fontanería y carpintería de la cocina y presupuesto de construcción, electricidad, fontanería y carpintería del baño… En esto insisto muy seriamente que se lo trasladen de esa forma a los profesionales que vayan a presupuestar ¡pues no hay manera! ¡Y mira que he insistido! La gente presenta presupuestos mezclados, por ejemplo, carpintería de baño y cocina en un presupuesto… y así el resto de partidas.
El plazo de estas ayudas comenzó hace tres meses y acabará el lunes. ¡Pues tampoco hay forma! Todo para última hora. Esta semana he tenido que gestionar la mitad de las ayudas que he gestionado durante todo el periodo que duraban y algunas con unos presupuestos tan penosos que estoy seguro que los van a rechazar. Pero bueno, lo importante es presentarlo, como dejarán un periodo en el que poder rectificar datos, en aquellos que estén aceptados y necesiten alguna corrección, ya habrá tiempo de hacerlo.
Y un capítulo aparte merecen las cantidades. No puede ser que por alicatar pidan 20 €/m2, por poner un ejemplo…
Es una pena, porque pudiendo obtener una buena ayuda… unos por no hacer las cosas como se les pide y otros por querer ir de listos no van a ver un céntimo. Lástima.

martes, 9 de mayo de 2017

Soñando en papel


¿Qué son los sueños? ¿Por qué soñamos? ¿Por qué recordamos sólo una parte de los sueños? Estas y cientos de preguntas más podríamos hacer acerca del mundo onírico. No estoy planteando nada nuevo y tampoco espero respuestas, porque no las hay.
Había comprado una casa (no sabría decir dónde). Yo estaba dentro ultimando con el antiguo dueño los últimos flecos. Miré por la ventana y la vi llegar acompañada, podría afirmar que de su hermana; dicen que no soñamos colores, pero vestía un traje corto color rosa y zapatos negros. Cuando entraron yo estaba sentado en una silla. Ella, tan radiante como siempre, se sentó en mi regazo y me pasó el brazo derecho por el cuello. La hermana se quedó de pie hablando con el hombre.
- ¿Te gusta? Esta será nuestra casa - dije yo.
- Sí, pero tiene dos plantas y el médico ha dicho que por lo de la espalda, quizá, pronto no pueda caminar - respondió con tristeza.
- No te preocupes. Yo siempre cuidaré de ti. Pondré un ascensor - contesté.
Y… ya no recuerdo más. Es lo único que recuerdo de lo que pude soñar hace tres noches. De hecho, no recuerdo haber vuelto a soñar.
Los sueños que, como los barquitos de papel, son breves y no tienen rumbo, ni sentido… imprevisibles.


sábado, 6 de mayo de 2017

Piscina y terraza: punto final, finalísimo


Hace semanas escribí sobre un trabajo que estaba haciendo. Se trataba de una memoria justificativa en una piscina y en una terraza. En ambos elementos se iban a realizar una serie de actuaciones que modificaban su estado actual y, por ello, hacía falta un informe que justificase que los nuevos trabajos no afectasen estructuralmente la edificación existente.
A priori se trataba de un trabajo sencillo. La piscina, con forma de riñón, tiene dos alturas, en su parte más profunda 1’80 metros y la menos 1’60, y se quiere que en lugar de 1’60 tenga 0’40 m. Para ello, más o menos por la mitad, la intervención sería un murete perimetral, un forjado aligerado encima y partiendo del forjado siete escalones hacia la parte profunda. Sobre la terraza habría que arrancar el solado colocar uno nuevo y construir en una esquina una cocina y una barra americana.
En principio, los cálculos no tienen mayor problema. El trabajo sería ver, con los planos originales, lo que está construido, calcular lo que se va a construir y ver si lo que hay ahora aguantaría. Nada más. Como he dicho antes una simple memoria.
Pues bien… llevo más de dos meses con los puñeteros cálculos por culpa de un ingeniero de caminos que me está tocando las narices. Él es quien tiene que dar el visto bueno, ya que las instalaciones están en un puerto de mar y eso pertenece a no sé qué delegación o ministerio. Todos los cálculos se hacen con un programa llamado CYPE. Se van poniendo datos y el programa da los resultados.
Lo que voy a contar ahora entra dentro de un aspecto más técnico y quizá haya palabras que no se entiendan. A lo que iba. Hice los cálculos en la piscina, se los envié y me respondió con un correo que parecía un testamento. Pedía cosas como el estado límite de fisuración, tracción en tramos cóncavos en el vaso de la piscina, transiciones entre soleras y algunas cosas más que no tenía ni idea y que en el cálculo de una piscina no se hacen y no porque lo diga yo, porque pregunté a amigos arquitectos y estos, por lo curioso de las peticiones, preguntaban a otros y nadie sabía lo que pedía este tío. Yo le recalculaba lo que podía, pero siempre había alguna pega, llegando incluso a dudar de mi competencia respondiendo que “lo relevante es que un técnico competente realice un cálculo justificativo ajustado a la realidad”, cosa que me tocó, y bastante, los cojones (hablando claro).
El siguiente correo que le envíe fue tirante. Le hice la justificación que eso no se iba a caer, que si lo que quería era un proyecto de ingeniería que buscase a otra persona, pero lo que a mí se me había pedido era la justificación de que lo que se iba a hacer era seguro, nada más, ni proyecto constructivo ni nada y recordando lo de “un técnico competente”, le señalé que las piscinas las calculan los arquitectos y que éstas no se hundían, jamás había escuchado una noticia en la que dijese que una noticia se había hundido; sin embargo, los puentes y carreteras son calculados por ingenieros de caminos y es habitual escuchar noticias de puentes y carreteras colapsados con, incluso, caso de muerte. Todo eso dicho con educación. Ya no puso más pegas a la piscina.


Ahora quedaba la terraza. Lo mismo que antes. Necesitaba todos los planos de estructura para saber lo que hay y si lo que hay aguantaría la nueva intervención. Mi sorpresa fue que al ver el plano de cimentación, ésta está construida con zapatas, algo muy, muy extraño, ya que la tensión admisible del terreno es de 0’05 MPa y el Código Técnico de la Edificación (CTE) recomienda (muy seriamente) que cuando sea inferior a 0’1 MPa se construya con losa, por una cuestión de seguridad. Yo calculaba la cimentación con 0’05 MPa y, lógicamente, el programa me daba como resultados que había que reforzar la cimentación (eso es un pastón), pero el ingeniero me respondía que reforzar la cimentación era algo inviable. Incluso parecía que dudaba de los cálculos del programa (CYPE es lo que usa a nivel nacional y en algunos países del extranjero para el cálculo de estructuras. No se trata de un programa cualquiera). Según él, sí o sí, la cimentación tenía que cumplir haciendo que las vigas de atado entre zapatas trabajasen como vigas centradoras para, así, que el momento producido se reparta a otras zapatas y que el axil quedase centrado en la zapata. Le respondí que la superficie de las zapatas es insuficiente para repartir las cargas del terreno y que las vigas de atado, aunque tuviesen un canto muy grande, no evitan que se supere la tensión admisible del terreno, porque las cargas son las mismas, haya o no vigas de atado. Como he dicho antes, utilizaría lenguaje técnico, pero esto último lo explicaré con un ejemplo muy sencillo. Una persona sobre una superficie de 30 cm de nieve se hunde, porque la nieve no aguanta el peso. Si esa persona está cogida de la mano de otra se hunden ambas, porque entre ellas se arrastran. La misma persona en la misma superficie de nieve, con esquís o raquetas en los pies no se hunde, porque el peso queda repartido en una superficie mayor. Si esa persona está cogida de la mano de otra que no lleva esquís ni raquetas ambas se hundirían, porque la segunda tiraría de la primera. Si ambas llevasen esquís o raquetas no se hundirían, aunque se cogiesen de la mano, porque el peso queda repartido. Esta es la explicación más sencilla que se me ocurre e idéntica al diálogo con el ingeniero.


Al final decidió que la cimentación la obviase, justificándolo en que si eso había aguantado 20 años, la nueva intervención iba a ser similar a la existente, incluso se aligeraban cargas, por lo tanto no había peligro. No obstante, me dijo una cosa que me dejó alucinado: “Diga lo que diga el CTE, no hay problema en usar zapatas con una tensión admisible de 0,05 MPa, siempre que sea una solución económica”. Es decir, que el CTE se puede torear. Para hacernos una idea, imaginemos a un juez diciendo “diga lo que diga la Constitución” o a un profesor de autoescuela “diga lo que diga el Código de Circulación”… ¡para echar a correr! Por no hablar de lo de “solución económica”; a mí me grabaron a fuego la frase “del lado de la seguridad”. Para diseñar un proyecto, lo más importante es estar del lado de la seguridad y el lado económico es secundario, ¿quién firmaría una estructura económica pero que no cumpla los requisitos del CTE? Sólo un loco.
Resumiendo. Esta semana visé la memoria en el Colegio. Una vez en el despacho, antes de enviárselo ya visado, lo revisé y me di cuenta que me había equivocado. Había puesto correctamente los cálculos de la piscina, pero los de la terraza eran otros cálculos anteriores con la cimentación calculada… mi cabreo y juramentos fueron de los que hacen historia; así que tuve que volver al colegio al día siguiente, pedir disculpas por mi error y que me quitasen la parte errónea y me adjuntasen la buena. No me pusieron ningún problema y envié la memoria correcta visada. No me ha contestado todavía, pero lo que tengo claro es que ya no hago nada más. Paso, paso, paso.
He quedado tan harto de la puñetera memoria que me he prometido a mí mismo que este verano no me voy a meter en ninguna piscina… y la playa no me gusta, así que a base de duchas me refrescaré. Aunque si alguien me invita a las islas Seychelles quizá me lo piense.

martes, 2 de mayo de 2017

Escenarios eternos


Hay canciones que forman parte de mi memoria histórica musical, quizá porque son algo más simples letras con música. En algunos casos sus intérpretes ya han fallecido, pero por esa maravilla de la tecnología continúan estando tres presentes, ¿alguien duda que Nino Bravo, Rocío Jurado o Antonio Flores no puedan ‘subirse’ a un escenario?
Tengo guardadas algunas cartas amarillas que, de vez en cuando, me siguen recordando como te amo, pero… pero todavía me queda una última vida.







sábado, 29 de abril de 2017

Justificación universitaria



Hace unos días me enviaron la siguiente frase: “Un estudio de la Universidad de Michigan demostró que quienes están eternamente pendientes de los errores ortográficos de los demás tienden a ser menos tolerantes y amables en ocasiones… o, simplemente, odiosos”.
Parece ser que vivimos unos tiempos en los que saber escribir y hablar es considerado como algo excepcional y, al mismo tiempo, decir a alguien que lo haga es considerado como un signo de intolerancia, ¡ojo! que lo ha dicho una universidad, ni más ni menos que la de Michigan. Yo creo que los que defienden esta teoría ni habrán pisado una universidad en su vida, ni sabrán donde está Michigan, hasta dudo que una universidad, me da igual la que sea, haya sido capaz de decir semejante tontería.
Este artículo no está ni mejor escrito que el que podría escribir cualquier otra persona. Tampoco es nada excepcional, simplemente está escrito (creo yo) de una forma correcta y respetando las normas que rigen la escritura en lengua castellana. Todos cometemos errores, pero es sensato diferenciar cuando esos errores pueden ser algo inusual o habitual. De la misma forma, se podría decir que uno no es mejor conductor que otro por respetar un semáforo en rojo o por pedir que lo respeten, sencillamente, eso es algo que hay que hacer.
Trasladado a la escritura es lo mismo. Uno no escribe mejor por usar con corrección las reglas ortográficas, sencillamente, eso es algo que hay que hacer. Evidentemente, si hilamos más fino, sí que podríamos decir que hay gente que escribe mejor que otra, pero ello se deriva de la forma en la que estructura sus escritos. Me explico. Yo podría escribir un libro perfectamente, sin faltas de ortografía, pero eso no significa que sea un buen libro… supongo que es por eso por lo que existen grandes genios de la literatura universal, que no hace falta citar  y que todos podríamos nombrar… pero eso es otro tema.
Concluyendo. Mala época esta en la que hay que ser mediocre con las letras y el uso de las palabras para no ser acusado de intransigente. Mala época ésta en la que usa como justificativo a la incultura la siguiente coletilla: “Tú tendrás mucha cultura, pero no tienes educación y yo prefiero tener educación a tener cultura”, como si la cultura y la educación fuesen cosas antagónicas. Como dijo Unamuno: “¡Qué país, paisaje y paisanaje!”.

martes, 25 de abril de 2017

Comparables



Mi memoria histórica futbolística creo que comienza a principios de los 90, aproximadamente durante el Mundial de Italia.
Era una época en la que comenzaba el ocaso del gran Diego Armando Maradona y emergían otros jugadores, que si bien no llegaban a su nivel estaban destinados a marcar una época. Eran los tiempos de Roberto Baggio, Marco Van Basten, Paulo Futre, el gran Hristo Stoitchkov o el magnífico Romario. Pero, para mí, destacaba uno: Michael Laudrup. Quizá le faltase más gol, pero su técnica era superlativa, inigualable.
La siguiente década, la de los 2000, estuvo marcada por del Piero, Rivaldo, Iniesta, Xavi, Zidane, Ronaldo… Pero hubo un jugador que destacó por encima de todos. No necesita descripción ni presentación, su nombre es Ronaldinho.
Después del Gaucho, ya no esperaba ver nada igual… hasta que apareció él. En mi caso, verlo jugar es como leer el Quijote. Después de que mis ojos hayan pasado por las letras de la inmortal obra de Cervantes, sé que no volveré a leer nada igual, nada admitirá comparación porque ya he alcanzado la cima de mi gusto literario. Lionel es su nombre y Messi su apellido.
Es cierto que aparecerán grandes jugadores en los próximos años… pero ninguno como Messi, de la misma forma que no se puede escribir el Quijote todos los días, Cervantes lo escribió sólo una vez.
En cuatro siglos, nadie ha vuelto a escribir una novela igual... un dato no muy esperanzador para los futuros amantes del fútbol.
Si Cervantes fuese un escritor del siglo XXI hubiese escrito sobre un futbolista llamado Messi. Si Messi fuese un personaje literario del siglo XVII sería el protagonista de la inmortal obra de Cervantes. A veces, las comparaciones no son odiosas.

martes, 18 de abril de 2017

No es jeque todo lo que reluce



Cuando era estudiante siempre decía que me gustaría que un jeque árabe me encargase la construcción de un palacio, por el que me pagaría 400 millones de pesetas y a vivir el resto de mi vida.
Hace unos días me ofrecieron la posibilidad de un trabajo que podía ser una oportunidad para el futuro al ocasionar cierta estabilidad. Se trata de la construcción de un hotel de 15 alturas y 120 viviendas unifamiliares, un proyecto que podría durar 7 u 8 años. Suena bonito. Parece ser que el supuesto jeque había aparecido.
Hace años, no recuerdo si escuché o leí, la frase ‘cuidado con lo que deseas, porque puede hacerse realidad’. Pues algo así ha pasado. La única diferencia es que no era un jeque, eran unos empresarios españoles, y no era en Dubai, era en Bata. ¿Bata? ¿Dónde está eso? Pues… en Guinea Ecuatorial.
Cuando me preguntaron si estaría dispuesto a ir, después de un minuto en silencio pensándolo, dije que no, respuesta que sorprendió. Entre mis razones la que más destaqué, fue que era demasiado tiempo. Para ser sinceros fue lo primero que se me ocurrió, pero la verdadera razón era que yo no me veía trabajando en un país con una dictadura tan atroz, con todo lo que eso implica. Yo, siendo extranjero y pudiendo elegir, no me imagino haber ido a trabajar a la Alemania nazi, a la Italia fascita o a la España franquista. No obstante, la situación de los que allí fuésemos sería distinta al resto de las gentes del país; según nos dijeron viviríamos en una zona sin ningún tipo de problemas y otras comodidades que aquí son habituales, pero que allí se consideran privilegios y que no están al alcance de los nativos.
No hace falta buscar demasiado. En Wikipedia, podemos encontrar información de la situación social y política del país:

De los 100 escaños, 99 corresponden en la actual legislatura al partido único de la dictadura, el Partido Democrático de Guinea Ecuatorial (PDGE)”.

Desde la toma del poder por parte de Teodoro Obiang, se suceden los asesinatos políticos y las desapariciones así como las parodias de juicios que destacan por la ausencia de garantías procesales. Los informes de Amnistía Internacional y otros organismos independientes recogen e informan, desde hace años, de una estremecedora realidad en cuanto a detenciones arbitrarias, horribles torturas, apaleamientos y muertes en detención”.

En la década de 2000 a 2010 varias veces ha estado entre los diez países con regímenes más represivos”.

Visto lo visto, insisto, sin profundizar mucho… no creo que yo pudiera estar y trabajar en un país así.
Ahora me arrepiento… me arrepiento de, en lugar de haber deseado en mis tiempos de estudiantes que apareciese un jeque, no haber deseado conocer a una millonaria que me solucionase la vida… bueno, nunca es tarde, la pido ahora (espero no arrepentirme de este deseo en un futuro).

sábado, 15 de abril de 2017

Aunque el PP se vista de demócrata, facha se queda



No falta mucho para que en España se declare el franquismo como Bien de Interés Cultural una definición que, exactamente, significa: “figura jurídica mediante la cual se declaran por parte de una autoridad competente de un país, una región o una ciudad; o a través de organizaciones de naciones los bienes materiales muebles o inmuebles que representan la identidad de una población o una comunidad”. Y es que a la vista de recientes acontecimientos es evidente que el franquismo merece una especial protección. Si algunos Ayuntamientos pretenden colgar la bandera republicana para homenajear la primera democracia que tuvimos en España… ahí están los delegados del Gobierno para poner en marcha la fiscalía del Estado y prohibir ‘semejante crimen’.
Por otra parte, estamos en Semana Santa y el Gobierno no es que permita todo tipo de procesiones y eventos públicos de carácter confesional en este país aconfesional, si no que ahí está toda una ministra de Defensa, como María Dolores de Cospedal (espécimen del siglo XXI de lo que sería la Sección Femenina), para ordenar que todas las banderas en los cuarteles del ejército ondeen a media asta en señal de duelo por la muerte de Jesucristo.
Esto ocurre en 2017, en pleno siglo XXI, en un país que se da golpes de pecho denominándose democrático y que hace cuarenta años que celebró sus primeras elecciones llamadas democráticas, después de otros tantos años de dictadura; aunque si uno escucha a los voceros de la derecha parece que haya sido al revés, es decir, cuarenta años de república y ocho de dictadura.
Actualmente, nadie diría que el franquismo sea un acontecimiento del pasado y no lo es, precisamente, porque los herederos del franquismo no tienen ningún problema en imponer sus planteamientos nacionalcatólicos allá donde se tercie. Prohibido exhibir la bandera republicana. Prohibido hacer bromas sobre el Valle de los Caídos. Prohibido aplicar la Ley de Memoria Histórica y que algunos puedan enterrar a sus muertos, eso es ‘reabrir heridas’, según el Gobierno. Por supuesto, prohibido prohibir el compadreo entre el Estado y la rancia Iglesia Católica, algo muy del gusto del franquismo.
Durante estos días estoy leyendo noticias sobre Ayuntamientos que han sido denunciados por el PP local por colocar el 14 de abril la bandera republicana, para homenajear la primera vez que en este país tuvimos democracia… ese mismo partido que cuando estaba en el poder en esos mismos Ayuntamientos se negaba a aplicar la Ley de Memoria Histórica.
Pues así las cosas, no cabe duda que es desde el Gobierno donde se encargan de mantener las heridas abiertas, para que quede claro quienes ganaron la Guerra Civil y cuya legitimidad ganada en el campo de batalla no pueda ponerse en duda. Y es que si la cabra tira al monte, la derecha tira al fascismo, en su vertiente patria llamado franquismo.

martes, 11 de abril de 2017

El Cristo de la Sínode, de Juan Manuel Miñarro


A pesar de mi ateísmo, tengo que reconocer que de la Semana Santa me gusta la imaginería; me parece una magnífica ocasión de poder ver arte escultórico al aire libre. Independientemente de lo que uno crea o deje de creer, pienso que hay imágenes que merecen la pena detenerse para observarlas, es algo que me gusta hacer y, la verdad, siempre descubro algún detalle o gesto que me hacen pensar que estoy ante una obra de arte.
Siempre pensaba que las iglesias, como edificio, eral algo acotado para los creyentes… y no es así. De hecho, pocos placeres encuentro como los de estar 4 ó 5 horas visitando una catedral (el resto de placeres son inconfesables). A veces pienso lo estúpido que fui la primera vez que visité Roma (en la excursión de 8º de EGB) y no entré a ninguna iglesia por eso de ‘mis creencias’, las siguientes vueltas que volví me di cuenta de aquel error. Probablemente, la imagen de Semana Santa que más admirado me tenga es la del Cristo de la Sínode, también conocido como ‘el Cristo de Miñarro’ por su autor, el sevillano Juan Manuel Miñarro.
Esta imagen reproduce exactamente las heridas reflejadas en la Sábana Santa de Turín. Para su realización, se realizó un profundo estudio interdisciplinar, a fin de conseguir que la imagen fuera lo más realista posible. Así, entre otros detalles, se puede destacar que la imagen tiene el aspecto de un fallecido una hora antes, con el vientre inflamado; tiene arena incrustada -que fue traída de Tierra Santa- en las heridas de las rodillas, fruto de las tres caídas que sufrió Jesús de camino al Calvario; frente a la iconografía clásica, los clavos están clavados en las muñecas, tal como se piensa que los romanos hacían en las crucifixiones. A consecuencia de esto, los pulgares están doblados hacia las palmas; la sangre que mana de las heridas es la producida previa y posteriormente al fallecimiento; en las heridas de los latigazos, se puede apreciar las marcas dejadas por las bolas de metal que tenían los látigos en los extremos; el tradicional cartel sobre la cruz está escrito en latín, griego y arameo, y contiene faltas de ortografía. Fue un gesto despectivo, de burla, proclamando su condición de rey de los judíos. Estaría escrito por personas -soldados- no letrados, por lo que es más que posible que contuvieras faltas, tal como se refleja en esta imagen.
Aquí podéis leer más al respecto y en la red hay mucha más información.



sábado, 8 de abril de 2017

Maestrillos, el problema de la educación



Tengo que reconoces que a veces soy, como me define una buena amiga, un ‘pisacharcos’; me meto en cosas que ni me van ni me vienen… pero no puedo evitarlo. Una de esas cosas sería el tema de la educación. Tengo la peor opinión de la educación y del sistema educativo de este país.
Hace unos días escuché en esRadio una entrevista a Inger Enkvist, pedagoga e hispanista sueca, acerca del sistema educativo en España. No puedo estar más de acuerdo con ella. Hacía tiempo que no disfrutaba tanto con una entrevista.
Un profesor tiene que saber, tiene que tener conocimientos para mandar al alumno y mandar a freír espárragos al padre cuando vaya a reclamar mejores notas para su hijo. Pero vamos a ver, ¿qué autoridad y respeto puede tener un profesor que comete faltas de ortografía en las preguntas de los exámenes que prepara para sus alumnos? ¿Qué puede enseñar ese profesor? ¿Qué nivel puede transmitir a sus alumnos? Pero el problema también está en los padres, ya que si mi hijo/a da clases con un profesor que tiene faltas de ortografía en los exámenes presento una queja formal para que mi hijo no esté bajo las órdenes de ese zote.
Y todo el problema de la indigencia cultural del profesorado en general se disfraza en la falta de recursos. ¿Falta de recursos? Es cierto, falta de recursos porque no hay suficiente dinero para echarlos a todos a la puñetera calle y preparar unas oposiciones dignas en las que el que quiera ser profesor sea alguien preparado intelectualmente. Pero claro… es fácil echarle la culpa al sistema de las carencias intelectuales que tienen la gran mayoría de nuestros docentes, aderezado con las nulas ganas de llenar el vacío intelectual que tendrían que tener cubierto los que se dedican a la enseñanza.
Extraigo algunas frases de la entrevista que me han parecido más significativas.

Uno de los problemas de la educación de España es el nivel de los maestros”.
Elevar el corte para entrar es esencial”.
Si el sistema es malo y no se pide un esfuerzo, la inversión tiene poca importancia”.
Se habla de inversión cuando no se atreven a exigir a los alumnos, y también a los profesores, un esfuerzo”.
El nivel del sistema finlandés es el nivel de los profesores en primaria. La selección es muy fuerte, muy seria y un alumno no encuentra profesores que no sean personas cultas”.
Ningún país con buen resultado ha eliminado los deberes, es una reivindicación muy extraña”.

Aquí copio el artículo que hace referencia a la entrevista y que se puede escuchar en este enlace.

Tras comparecer en la comisión de Educación en el Congreso de los Diputados, la pedagoga e hispanista sueca Inger Enkvist ha hablado en los informativos de esRadio de los problemas más graves de la educación española. Concretarlos todos es para Enkvist una “pregunta imposible”. Pero sí ha resaltado uno fundamental: “El nivel de los maestros”. En su opinión, “elevar el nivel” entre los profesores de primaria “sería muy importante” para mejorar la educación. “Elevar el corte para entrar es esencial”, ha insistido, “si los alumnos empiezan bien, continuarán con ventaja”.
Enkvist no ve relación entre inversión y resultados educativos: “Si el sistema es malo y no se pide un esfuerzo, la inversión tiene poca importancia”. Para la pedagoga, se habla de inversión “en parte porque uno no se atreve a exigir a los alumnos, y también a los profesores, un esfuerzo”.
Uno de los sistemas más elogiados mundialmente es el finlandés, cuya clave de éxito es, según Enkvist, “el nivel de los profesores en primaria”. La selección es “muy fuerte, muy seria”, y un alumno no encuentra profesores que no sean “personas cultas”. Si desde el principio se profundiza en Historia, en Geografía, en el mundo intelectual, aunque sea en un nivel sencillo, el alumno se acostumbra, no lo cuestiona y sigue adelante”, ha destacado. Además, ha subrayado como esa excelencia entre los maestros hace que ni padres ni políticos cuestionen el sistema: “Confían en los profesores”.
En Asia, ha contado, la razón de su éxito es otra: para ellos lo fundamental es “el esfuerzo”, que es conjunto entre toda la población y que tiene como objetivo “sacar adelante el país”. “Hay un esfuerzo nacional que exige ciertos sacrificios pero que se acepta por el bien de todos”, ha indicado.
Sobre las soluciones para los alumnos que se quedan atrás, Enkvist ha contado la solución finlandesa: darles profesores de educación especial, sacar a los niños del grupo y trabajar “de forma intensiva” con él.
En Asia, la responsabilidad recae en los padres, que deben “asegurarse de que el niño pueda seguir el ritmo del grupo”. “Aceptan el esfuerzo como parte” del objetivo de que los alumnos obtengan un nivel “relativamente igual”.
En este punto, Enkvist ha dicho no entender propuestas como la huelga de deberes: “Ningún país con buen resultado ha eliminado los deberes, es una reivindicación muy extraña”. En su opinión, los deberes tienen que ver con la forma en la que se desarrolla la jornada escolar y ha enfatizado que las tareas en casa deben tener un equilibrio con el ocio. El objetivo, que la tarea “sea eficaz como aprendizaje y agradable para el joven”.
Por último, Enkvist se ha referido a la inmersión lingüística, con la que es muy crítica. La pedagoga defiende que se “pueda elegir”. Si se convierte en algo obligatorio, como en Cataluña, “es una medida muy cuestionable; política, nada educativa”. “No es algo que deba hacer un estado democrático”, ha zanjado.