sábado, 23 de septiembre de 2017

La canción del verano


Si tuviera que elegir la canción del verano, de mi verano, me quedaría con ‘Despacito’.
Sí, supongo que he sucumbido. No creo que se diga nada de esta canción que no se haya dicho ya. A todas horas y en todos los sitios. También, con eso de querer que fuera el vídeo más visto en Youtube, cuando estaba en el ordenador ponía el vídeo, quitaba el sonido y continuaba con mis cosas; cuando me acordaba volvía a darle para que sonase de nuevo. Algo así como el que juega a la bolsa y de vez en cuando, aunque haga otras cosas, mira cómo están los valores.
Cada uno podrá tener una opinión distinta. Probablemente, la gran mayoría dirá que es una canción absurda, machista y todos los adjetivos descalificativos que queramos poner. Pero sospecho que con esta canción pasa lo mismo que con Sálvame, nadie lo ve y sin embargo tiene unos altos índices de audiencia; todo el mundo presume de ver los documentales de La 2 y ocurre lo contrario.
Después de haberla escuchado docenas de veces, me atrevo a decir que tiene frases que podrían encajar en un poema y no pasarían desapercibidas. Hay dos frases que, aisladas, pronunciadas lentamente (en este caso despacito), son algo más que palabras elegidas al azar.
La primera sería “tú eres el imán y yo soy el metal”. Sólo el emisor y el receptor son capaces de comprender el sentido de esta frase. Va más allá de una metáfora relacionada con la rama de la física que estudia el magnetismo. El imán y el metal están condenados a atraerse. Sí, digo bien, condenados.
La segunda frase es “firmo en las paredes de tu laberinto y hacer de tu cuerpo todo un manuscrito”. Escapa a lo puramente sexual, hay una conjunción con lo intelectual. Las paredes de ese laberinto me evoca al laberinto de Creta construido por Dédalo, un arquitecto ateniense desterrado que, por encargo del rey Minos, construyó un laberinto para encerrar al minotauro. Pero Dédalo, tras perder el favor real, fue encerrado en el mismo laberinto. El arquitecto construyó unas alas de cera, con las que consiguió escapar de su prisión junto a su hijo Ícaro. Pero éste, desobedeciendo los consejos de su padre, voló tan alto que se acercó demasiado al sol, derritiendo sus alas y cayendo al mar ahogándose. Un laberinto no es sólo un recinto caótico, es mucho más... es arquitectura... ingenio... mitología...
Y hacer del cuerpo un manuscrito… y no se me ocurre mejor texto que el Quijote escrito en ese cuerpo femenino… El Quijote no puede estar en el cuerpo de cualquier mujer y cualquier mujer no puede llevar el Quijote en su cuerpo. La obra cumbre de la literatura hecha mujer... La mujer deseada elevada a una doble veneración superlativa, más allá de la comprensión humana. La unión de dos eternidades en el fondo de mi ser. 
Sí,‘Despacito’ es algo más que una simple canción.


martes, 19 de septiembre de 2017

Escena de la depilación de 'Virgen a los 40'


En cualquier momento, por malo que sea mi día o mi humor, me basta con ver este vídeo para reír a carcajadas.
Por cierto… todo es real. El actor Steve Carell pensó que sería una buena idea que la escena pareciera lo más real posible y ofreció inocentemente su cuerpo para grabar la escena en la sala de depilación. No se usaron dobles ni bello falso y los alaridos e insultos que se ven en el corte final de la película son 100 % reales. 


¡¡¡¡Folla pezoneees!!!!
No puedo parar de reír.

sábado, 16 de septiembre de 2017

martes, 12 de septiembre de 2017

Condado de Treviño, Petilla de Aragón, Rincón de Ademúz y Llívia


Un enclave es un territorio de una provincia o comunidad situado en otra. En España hay varios, pero solamente escribiré sobre los que conozco.
En Álava está el Condado de Treviño, perteneciente a Burgos. En el siglo XIII, Alfonso VIII de Castilla se anexionó el territorio de Álava que, por aquel entonces, pertenecía al Reino de Navarra, gobernado por Sancho el Fuerte. La villa de Treviño resistió de manera numantina a la conquista del rey castellano, quedando sitiada y si posibilidad de recibir ayuda por parte del rey navarro. Ante esta situación, Sancho el Fuerte de Navarra y Alfonso VIII de Castilla negociaron la capitulación y el Condado de Treviño quedó anexionado a Castilla, a cambio, el castellano entregaba al navarro Miranda de Arga, Mendavia, Larraga y otras ciudades.


Petilla de Aragón es un pequeño municipio que está en Aragón y en el siglo XII pasó al Reino de Navarra. La leyenda dice que Pedro II de Aragón perdió Petilla jugando a las cartas con Sancho VII El Fuerte, rey de Navarra. No se sabe con certeza cómo pasó a manos navarras, pero se cree que el motivo pueda ser una deuda. Pedro II de Aragón ofreció a Sancho VII el Fuerte de Navarra unas plazas fortificadas (Gallur, Ascó y Petilla) a cambio de un préstamo de 20.000 maravedíes y que los aragoneses tenían que devolver en 20 años. Jaime I el Conquistador no pudo devolver el préstamo y en 1231 Petilla pasó a formas parte del Reino de Navarra. Casi un siglo más tarde, los aragoneses intentaron tomarla por la fuerza, pero los de Petilla aguantaron el asedio y fueron auxiliados por Carlos II de Navarra, que en premio a su fidelidad les premió con una reducción de impuestos. Finalmente, apuntar que en Petilla de Aragón nació el Premio Nobel de Medicina Santiago Ramón y Cajal.


El tercer enclave que conozco es el Rincón de Ademuz. Fue conquistado en 1210 por Pedro II de Aragón y cincuenta años después fue anexionado al Reino de Valencia por Jaime I el Conquistador. En 1269, este rey donó la localidad de Arcos de las Salinas (que era la que conectaba el Rincón de Ademuz con el Reino de Valencia) al Consejo de Teruel, convirtiendo a Ademúz en un enclave valenciano.


Pero de todos los enclaves, el que más raro me parece es el de Llívia, una localidad que pertenece a Gerona y que está completamente rodeada por territorio francés. Esta situación viene del Tratado de los Pirineos (1659). Francia y España sellaban la paz tras sus rifirrafes en la Guerra de los Treinta Años. La conocida como Paz de los Pirineos reconocía la derrota de los españoles y como pago, entre otras cosas, el rey Felipe IV cedía al rey francés 33 pueblos del valle de Querol. Entre ellos debía figurar Llívia. Sin embargo, debido a un oportuno tecnicismo, el territorio permaneció español, ya que 130 años antes había sido catalogado como villa y no como pueblo por Carlos I. Es decir, España tiene una población en territorio francés, a unos 7 u 8 kilómetros de la frontera. Cabe destacar, como curiosidad, que Llívia posee la farmacia más antigua de Europa, documentada en 1594.


martes, 5 de septiembre de 2017

Aunque tú no lo sepas


A veces dicen que las cosas buenas pasan tarde. A veces dicen que lo mejor llega tarde. A veces maldecimos nuestra suerte porque algo nos haya llegado tarde. A veces… a veces pienso que no fue lo suficientemente tarde… que fue demasiado pronto.
Probablemente ha sido la única persona que llegó a mi vida pronto, demasiado pronto, sí, siempre lo he pensado. Con la prontitud que pueden suponer doce años. Sí… doce años… como dice Neruda “nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”.
Ahora, desde la serenidad que da el paso del tiempo, puedo valorar las cosas de forma diferente. Es cierto que ya no somos los mismos.
Es tan poco un folio y, sin embargo, ¡puede significar tanto! Un folio en blanco para comenzar a escribir, sin que hubiera nada anterior.

Me gustaría que mi vida fuera un folio en blanco para comenzar a escribir desde el principio – solía decirme.

Ese fue mi primer regalo. Un folio envuelto en papel de regalo. Se lo di una noche de sábado, volvíamos de cenar y la acompañé a casa. Bajó del coche y cuando iba a entrar al edificio le dije:

Espera – bajé del coche, abrí el maletero y le dije: – esto es para ti – se lo di y sin decir nada más nos dimos las buenas noches.

Sí, fue una época inolvidable… viajamos, solíamos hacerlo casi todos los fines de semana… íbamos a Madrid al teatro… museos... exposiciones… conferencias…
Pero, ¿qué pasó? Lo dice una famosa canción… “Yo sabía que te quería y te traje dentro de mí. Pero te dejé marchar”. Y la dejé marchar porque no supe cuidarla y cuando una cosa no se cuida es porque no se valora en la medida que corresponde y cuando no se valora es porque no se sabe apreciar. Hace tiempo hablamos de lo que pasó. No hay que darle más vueltas. Cuando se está acostumbrado a ir a 120 es difícil pasar de golpe a 70. Ella ponía una pausa en mi vida que yo no acababa de asimilar. Por no extenderme, yo era un Quijote impulsivo y ella era una Dulcinea reflexiva. Y aquello, poco a poco, fue minando la relación. En aquellos tiempos, mi perspectiva de la vida era muy distinta a la que tengo ahora. Pero no, como dijo Cyrano poco antes de morir: “No me quejo, lo apruebo ante el Todopoderoso”. No sirve lo primero ni renegar de lo segundo. Las cosas pasaron como pasaron y fueron como fueron. Yo siempre pienso que las cosas pasan o no pasan, pero no hay que forzarlas.
En doce años pasan muchas cosas que no esperas que pasen y otras que esperas que pasen y no pasan. Todo ello va moldeando una forma de ser y de pensar, de la misma forma que la corriente de un río va transformando las piedras de su lecho. Hubo un tiempo en que pensaba que el que no arriesgaba no ganaba, ahora pienso que el arriesgar también implica perder.
Yo me fui y ella quedó en Zaragoza. De una u otra forma, nunca perdimos el contacto. A ella le pasaron cosas y a mí también, más de una década da para mucho, pero siempre supimos el uno del otro. Aunque, por esas cosas que pasan, estuvimos más de 3 años sin hablar, fue algo que inconscientemente ambos decidimos. Cuando volvimos a hacerlo, recordando, le envié algunos correos que ella me mandó al principio, correos en los que escribía cosas como...

Me duele que errores anteriores puedan estar afectando el inicio de la mejor parte de mi vida: el momento en el que los sueños pueden despertar y prepararse para hacerse realidad, el momento en el que quisiera gritar que no me equivocaba al pensar que un día la vida te pondría en mi camino y si consigo que esta vez “el viento sople a favor”, te demostraré que la realidad, en ocasiones, supera la ficción y que esta historia tiene momentos que todavía nadie había escrito en ningún libro”.

Quisiera poder escribir junto a ti el libro de nuestras vidas, para escucharlo después de tu boca o de tus ojos mientras estoy sentada en mi mecedora”.

Se sorprendió. – Nunca he vuelto a escribirle a nadie como te escribía a ti – me dijo.

A mí tampoco me han vuelto a escribir como me escribía ella. Después de años he vuelto a Zaragoza, probablemente y espero que de forma definitiva. El pasado miércoles, después de muchos meses sin vernos, quedamos para comer. Me dijo que se iba fuera. Es profesora y este año estará dando clases en un pueblo de Huesca (provincia de la que es originaria). Allí se quedará, como mínimo, hasta septiembre de 2018.

Un año pasa pronto... y Huesca sólo está a 80 km de Zaragoza... – respondí.
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sábado, 2 de septiembre de 2017

Septiembre



Septiembre implica cambios, un antes y un después de cada etapa. Siempre lo he considerado un mes fundamental en los ciclos vitales de mi vida. De una u otra forma ha sido el punto de inflexión que ha marcado el futuro englobado en doce meses.
No creo en eso de ‘año nuevo, vida nueva’. Nada tiene que cambiar al pasar del 31 de diciembre al 1 de enero. Pero sí creo que eso ocurre en este mes que hemos entrado. Uno mismo, días antes, ya va planificando los meses sucesivos. En mi caso suelto lastre del pasado y dejo huecos vacíos para lo que venga. Es entonces cuando me siento liberado y veo una posible evolución en la que trato de centrarme; tratar de mantener, por el motivo que sea, lo que, en cierta forma, no aporta nada a mi vida es algo que me desestabiliza. Aunque a estas alturas tampoco sé si llegaría esa desestabilización, la sortearía dándole un pase de capote. Tengo cosas mucho más importantes en que pensar hasta el próximo septiembre.

martes, 29 de agosto de 2017

Bulbuente, a la falda del Moncayo


Si tuviese siete vidas como los gatos, no tengo duda que la actual está desperdiciada. Las otras seis quiero vivirlas en un pueblo. Pero, cuando digo pueblo me refiero a núcleos de ciudad de, como mucho, 500 habitantes. Si hay gente que se siente atrapada en un cuerpo que no es el suyo, a mí me ocurre lo mismo: soy un pueblerino atrapado en el cuerpo de un ciudadano. Soy alguien que ha nacido y vivido en ciudades medianamente grandes, pero que siente que pertenece a otro tipo de vida, a otro hábitat.
El pasado fin de semana quedé con un amigo y su familia para ir de barbacoa a su pueblo: Bulbuente, un pequeño pueblo, de poco más de 200 habitantes, a la falda del Moncayo. Me gustaría matizar que no es exactamente su pueblo, es el pueblo de sus padres. Él ya nació en Zaragoza, sus hermanas, con las que se lleva varios años, todavía nacieron en el pueblo. En Bulbuente pasaba los veranos cuando era un crío.
Allí, desde la terraza de su casa, se ve el “Moncayo azul y blanco”, como lo denominó Antonio Machado y se siente el aire fresco. El mismo aire que iba buscando Bécquer como tratamiento para la tuberculosis durante su estancia en el monasterio de Veruela (a 10 km de Bulbuente) y desde donde escribió ‘Desde mi celda’. O el que 75 años más tarde le recomendarían al mismo Machado para la misma enfermedad que también acabaría con su mujer Leonor. Aire, aire del Moncayo. Dicen que quien no ha visto toros en el Puerto no sabe lo que es un día de toros. Quien no ha respirado aire del Moncayo no sabe lo que es aire puro. Pero lo mejor de todo es que apenas tenía cobertura en el móvil y cualquier WhatsApp me llegaba con quince minutos de retraso, o bien recibía tarde mensajes de que me habían llamado. Me daba igual. Absolutamente igual.
Antes de comenzar a comer fuimos a la plaza del pueblo. Es fácilmente reconocible porque tiene el único bar y está el ayuntamiento. Pero lo más destacable es que en el centro hay una fuente, llamada la de los dos caños, porque de ella salen dos caños (¿para qué complicarse la vida con nombres rimbombantes?) y en la parte superior hay una pequeña figura de San Bartolomé, patrón de Bulbuente, dentro de una urna de cristal.


Me resultó curioso ver a un hombre con una furgoneta vendiendo melones y sandías. ¿Alguien se imagina al lado del Ayuntamiento de una ciudad algo así? Que si permiso de esto, de lo otro, que si estacionamiento, que si la imagen… Me acerqué y pedí un melón.



¿Quies llevarte dos gordicos? – me preguntó el hombre con un acento que lo delataba.

Así que me llevé un par por cinco euros.
Estando en la terraza, con este amigo y su mujer, hablábamos de cosas sin importancia mientras yo ojeaba el Heraldo de Aragón. Tres o cuatro niños jugaban alrededor de la fuente, en una mesa había un par de abuelos con boina hablando del tiempo y en otra mesa un par de matrimonios jóvenes. Me sentía feliz, tranquilo. Por un momento pensé, ¿cómo deben estar ahora las playas? Hagamos un ejercicio mental y comparemos cualquier playa que conozcamos, a las 12:30 horas, con la escena que he comentado. Sobran las palabras. Tomamos un par de tercios cada uno (Ambar, por supuesto), una Coca–Cola para la hija de ellos y un paquete de patatas; todo eso por 9’30 €. Continuemos con el ejercicio mental, ¿en qué chiringuito de playa se podría tomar lo mismo al mismo precio?
Después de comer salimos a dar una vuelta por el pueblo. Además de la tradición a la suelta de becerras que tienen por esa zona, me llamó la atención el ‘concurso de tractores’. ¿Concurso de tractores? En las discotecas, en verano, suelen hacer concurso de camisetas mojadas, ¿pero de tractores? El concurso consiste en que los participantes, con el mismo tractor, tienen que hacer un recorrido al que se han puesto unos obstáculos y otra prueba es hacer otro recorrido con un remoque y marcha atrás, todo ello en el menor tiempo posible.

A Bulbuente, por lo visto, no ha llegado la Ley de Memoria Histórica.


Un pueblo en el que a pesar de haber sido fiestas los adornos en las calles son banderines de plástico o de papel. No son necesarias grandes luminarias.


En el que parece que el tiempo se ha parado. Ha decidido no seguir y tampoco es necesario que lo haga.


En el que se pueden ver vallas que cortan las calles.


O estructuras en los que se colocan maderos para que el toro no se meta en alguna casa (esta casa de la esquina, que hace 90º, es la de mi amigo).


Lugares en los que el Ayuntamiento no te manda cartitas a casa, emite bandos.


O si alguien no se entera siempre queda el recurso de la megafonía.


A mi amigo lo conocía la gente mayor.

¿Quién es pues? – preguntó una mujer a otra cuando pasamos por delante de su casa.
E lhijo la Sagrario – respondió la otra.

Cuando nos íbamos, mi amigo se encontró con un amigo del pueblo, de los que viven allí seguido. Se iba al corral, a descargar almendras de un camión que habían llevado y así no iba el domingo.

Esto ya no es lo que era – decía. Antes en fiestas se llenaba y ahora ya no viene ni la mitad. ¿Te acuerdas de pequeños cuando nos tirábamos con las bicis o el monopatín? Ahora los críos, en la plaza, con los móviles.

Estos días he pensado sobre él sábado. ¿Cómo tiene que ser la vida cualquier día del año? Por ejemplo, un martes de noviembre, a las 19:00 horas… sólo unos pocos pueden saberlo. Se puede ser feliz con tan poco… pero, la felicidad, cuesta tanto de alcanzar...

sábado, 26 de agosto de 2017

Marieta



Lo que más me gusta de Marieta (como yo la llamo) es que sabe reconocer sus errores, es decir, no se justifica si ha hecho algo incorrecto. Asume las consecuencias de sus actos y es capaz de escuchar cuando alguien trata de aconsejarla. Lo malo de todo es que reconoce muchas cosas y con esto no quiero decir que se equivoque mucho, simplemente que hace las cosas sin pensar en las consecuencias. Le falta contar hasta 20. Supongo que todo es debido a su desconocimiento de las Leyes de Newton, especialmente la tercera: “Todo cuerpo que ejerce una fuerza sobre otro cuerpo experimenta una fuerza de igual intensidad en la misma dirección, pero en sentido opuesto”, es decir ‘la ley de acción y reacción’.
Quienes la conocen desde siempre dicen que es un torbellino. Al menos, cuando ha estado conmigo, por decirlo de una forma elegante… me sorprende. Sabe comportarse.
Sí que tengo una espina clavada que, probablemente, ahí siga. Hace algunos años quiso estudiar y le brindé mi apoyo. Es de admirar la fuerza de voluntad que tuvo y para mí fue todo un placer tutorizarla en sus estudios, de hecho, fue la que mejores notas sacó de todo su curso: de media por encima de 9. Aunque… fue flor de un día, hablando en términos arquitectónicos, un proyecto que no ha salido. Es lo que decía con anterioridad al referirme a la tercera ley de Newton… hace la acción, pero no tiene en cuenta la reacción y, en este caso, la reacción es el final... Marco Polo bien lo hubiera merecido.
Si hay alguna cosa que en algún momento le he comentado es su dependencia. Es alguien muy dependiente y no sabe estar sola pudiendo perder, de forma indirecta, parte de esa libertad para hacer lo que le gustaría. Ser dependiente es lo que tiene. Sí, puedes hacer lo que quieras… pero con limitaciones.
De una u otra forma, la considero alguien especial. Sin saber el motivo, ni la razón. Supongo que fue porque nos conocimos en momentos en los que las vidas de ambos estaban sufriendo algunos cambios, momentos vitales en los que un poco de oxígeno es estar en medio del Amazonas y eso hizo que inconscientemente nos apoyáramos mutuamente creando un nexo difícil de romper. Fueron cientos de horas hablando (con algún hombre lobo de por medio) y eso deja un poso. Además, es una mujer imponente. La imagino de más joven. Si ahora es una tormenta, con 20 años sería una tempestad.

martes, 22 de agosto de 2017

Herramientas complementarias


He dedicado algunas entradas para hablar de los distintos programas y/o herramientas que uso habitualmente. Los he dividido en lo que podrían ser un primer grupo denominado ‘herramientas de diseño’, es decir, aquellos que sirven para dibujar como el Revit, AutoCAD y Sketchup. El segundo grupo serían ‘herramientas de cálculo’ cuya uso y aplicación son los que dan sentido a lo que se diseña; son programas necesarios para llevar a cabo una edificación más allá del diseño. Me estoy refiriendo a Cype, Presto, Arkö+ y a la Herramienta oficial de cálculo del DB HR del CTE.
Finalmente, escribiré sobre un tercer y último grupo. No influyen en el diseño ni en el cálculo. Simplemente se aplican a construcciones ya hechas. Serían ‘programas complementarios’. En mi caso, aunque hay muchos más, sólo manejo dos: el CEXv2.3 y el TasaVIV.
El CEXv2.3 es un programa para la calificación de eficiencia energética de edificios residenciales y pequeños y grandes terciarios teniendo en cuenta los materiales de la fachada, tipo de carpinterías y las instalaciones de calefacción y climatización. Aquí habría que hacer un inciso, ya que no hay nada que diga que es un pequeño o gran terciario. La única diferenciación es a través del tipo de instalaciones que tenga, por lo tanto, dependerá del ingeniero que las calcule.
He hecho varios certificados energéticos y, la verdad, me parece una forma de sacar dinero, ya que no sirve para nada. El certificado energético sólo es obligatorio para vender o alquilar un inmueble. Nada más. Al propietario le dan una letra, que es la que ha calculado el programa y que va de la A a la F, y ya está. Y digo que no sirve para nada porque dependiendo de los datos que se introduzcan puede salir una letra más o menos favorable, ya que no va a ser revisado por nadie. De la misma forma, si la letra saliera muy desfavorable, hay unas ‘medidas correctoras’ que el programa recomienda y que es obligatorio especificar, pero que en absoluto obligan al cliente a aplicarlas, entre otras cosas, porque son bastante costosas, económicamente hablando. Por poner un ejemplo. En una vivienda sale una letra E (bastante desfavorable) y se le indica que, con algunas medidas correctoras, puede pasar a una letra C. Simplemente se le informa de ello, pero no tiene la obligación de adoptarlas. A eso me refiero con que no sirve para nada. Pero bueno… hay que hacerlo.


El otro programa es TasaVIV. Este programa lo conocí por casualidad, en un curso de tasaciones y valoraciones inmobiliarias que hice hace tiempo. No me dedico a hacer tasaciones, aunque cuando estudiaba reconozco que era una asignatura que me parecía interesante. A las tasaciones se puede dedicar cualquiera que tenga formación en una carrera técnica, aunque si bien, para dedicarse a ello, hay que pertenecer a alguna sociedad de tasación debidamente acreditada por el Banco de España. En mi caso hice el curso porque me gusta el tema, por tener más formación y sin intención de dedicarme a ello profesionalmente. He hecho algunas tasaciones para conocidos, de manera orientativa. Por ejemplo, el precio de una vivienda que alguien ha acabado de heredar o de alguien que quiera vender su vivienda. Pero siempre a modo orientativo, ya que al no pertenecer a ninguna sociedad tasadora no tiene más valor.
Pero centrándonos en TasaVIV, es un programa creado por Eulogio Sánchez, un arquitecto de Cáceres que lleva más de cuarenta años dedicándose a hacer tasaciones. Eulogio ha sido mi profesor en varios cursos online que he hecho de tasaciones y valoraciones inmobiliarias. Esta aplicación sirve para la elaboración de tasaciones de todo tipo de elementos residenciales (edificios, viviendas, trasteros, garajes, etc.), llegando a la valoración de parcelas y edificaciones, en el caso de unifamiliares que dispongan de terreno no edificado, emitiendo un informe de tasación muy, muy completo en formato y contenido profesional, ya que los cálculos se pueden emitir por los cuatro métodos de valoración reconocidos: método de comparación, método de coste de reposición, método de actualización y método residual.

martes, 15 de agosto de 2017

Yo te diré… La verdadera historia de los últimos de Filipinas



Hace días terminé de leer el libro de Manuel Leguineche ‘Yo te diré… La verdadera historia de los últimos de Filipinas’. Para los que, como yo, conocen el episodio de Baler y quieran centrarse solamente en aquel episodio puede quedar un poco vacío. No obstante, aun conociendo la historia de ‘los últimos’, es un libro casi imprescindible para entender el contexto histórico en el que ocurrieron los hechos, que no es otro que la independencia de Filipinas. Un episodio vergonzante para la historia de España en el que, por poner un ejemplo, cuenta Leguineche que el mismo día en el que España perdió las últimas colonias la gente en Madrid se fue a los toros (citando incluso el cartel) y luego a una manifestación.
Pero centrándonos en lo que es libro, como he dicho al principio, apenas aporta nada nuevo respecto al sitio en el que estuvieron durante casi un año los cincuenta cazadores una vez acabada la guerra, ¡qué gran forma de ponerle el epílogo a un imperio!
Leguineche comienza a contar la historia casi diez años antes de los hechos. Explica quienes fueron José Rizal, Andrés Bonifacio y Emilio Aguinaldo o que fueron la Liga Filipina o el Katipunan. Todo ello nos sirve para entender porqué se produjeron aquellos hechos. No es por eso de extrañar que comience a hablar del sitio de Baler y de ‘los últimos de Filipinas’ a partir de la página 257 (el libro tiene 479).
Hay que señalar que Leguineche no era historiador, era periodista y, por ello, no escribía libros de historia propiamente dichos, sino relatos históricos con técnica periodística, con una estructura personal, no cronológica, mediante saltos en el tiempo adelante y atrás.
Creo que el autor comete el error en dividir a los sitiadores en buenos y malos, probablemente sin ninguna malicia, pero eso lo que se desprende a medida que se va leyendo el libro.
Aunque este libro se publicó en 1999, puede ser una lectura muy aconsejable para introducirse en el apasionante episodio de los héroes de Baler. No obstante, actualmente hay información inédita sobre el tema mucho más recomendable como, por ejemplo, el libro de Miguel Leiva y Miguel Ángel López de la Asunción, ‘Los últimos de Filipinas. Mito y realidad del sitio de Baler’.

Argumento: 8
Ambientación: 8
Personajes: 6
Capacidad para seducir al lector: 7

sábado, 12 de agosto de 2017

Herramientas de cálculo


Comentaba hace algunas entradas los distintos programas que utilizo para dibujar. En concreto eran tres: AutoCAD, Sketchup y Revit. Con estos tres programas se puede hacer cualquier tipo de diseño.
No obstante, una edificación, una vivienda, no solamente es diseño… hay mucho más. Aparte de lo que vemos a simple vista hay otro tipo de elementos que no vemos, que están y que son imprescindibles. Ese tipo de elementos deben cumplir unas características y requerimientos que hagan que la vivienda sea habitable. Pongamos un ejemplo. Nos miramos desnudos en un espejo, simplemente vemos lo que somos, lo que hay por fuera, pero no vemos los distintos órganos que tenemos en el interior y que nos permiten ser lo que somos, asimismo, esos órganos tienen que tener unos condicionantes para que nuestro cuerpo funciones correctamente. Con una vivienda ocurre lo mismo, no todo es dibujar.
Existen una serie de herramientas que son las que hacen que todo ese engranaje dé el resultado final.
El programa CypeCad, más conocido como Cype, es uno de los programas más usados en construcción y un referente en el cálculo y dimensionado de la estructura de un edificio. Pero, aunque esa su principal labor, este programa también permite otros dos paquetes de aplicaciones. El primero sería el cálculo y diseño de las principales instalaciones de un proyecto como, por ejemplo, el suministro y evacuación de aguas, electricidad, aire acondicionado y calefacción, ventilación, protección contra incendios. El segundo destinado a la gestión de obras y documentación del proyecto como realización permitiendo realizar mediciones, presupuestos, memorias y un control de todos los costes que se produzcan en la obra. Estos tres bloques lo convierten en una herramienta casi imprescindible.

El siguiente programa sería Presto, destinado solamente a la gestión y control de costes para la edificación.
Toda la información se mantiene en el presupuesto, desde la planificación hasta las certificaciones, incluyendo el control económico de la obra, información de los sistemas de gestión de calidad y la documentación de la obra terminada.
Personalmente, para realizar presupuestos prefiero Arquímedes, una aplicación encuadrada dentro de Cype. Me parece más intuitivo y con un banco de precios completísimo.


Hay otro tipo de programas que ya son más específicos y no se suelen utilizar debido a que, quizá, no se le dé demasiada importancia. Es decir, una vivienda tiene que cumplir el Código Técnico de la Edificación y parece ser que con eso ya sea suficiente. Sin embargo, hay ciertos elementos sobre los que podemos actuar y hacer que la vivienda tenga unas condiciones manifiestamente mejorables. Me estoy refiriendo a las carpinterías.
El programa Arkö+, de forma sencilla, intuitiva y rápida, configura y calcula los valores exigidos por el CTE para las ventanas. También genera planos en AutoCAD y memorias en Word y PDF.


Finalmente, una herramienta a la que le tengo especial ‘cariño’ por lo importante que me parece. Es una herramienta de cálculo frente al ruido. Se llama Herramienta oficial de cálculo del DB HR del CTE, así, tal cual. Quizá, por su complejidad o porque siempre a la sombra del aislamiento energético o porque no resulta atractivo a la hora de proyectar, este elemento sea uno de los más olvidados a la hora de realizar un proyecto. Pero basta con recordar las veces que hemos estado en un local o incluso en nuestra propia vivienda y nos hemos quejado del ruido. Sin lugar a duda, el ruido es una gran olvidado en la edificación. Yo tengo una teoría para ello. Calentar una casa en invierno o enfriarla en verano son cosas que valen dinero y, por ello, se invierte en aislamiento térmico. Para combatir el ruido no pagamos a ninguna compañía y, por lo tanto, al no costarnos dinero parece que nos importe menos. Esa es mi teoría, no se actúa sobre el ruido porque no te pasan un recibo todos los meses diciendo cuánto cuesta que no haya ruido.


Evidentemente, hay otro tipo de programas que hacen más o menos lo mismo. Aquí, en esta entrada, simplemente he escrito de los que tengo en mi ordenador y uso habitualmente.

martes, 8 de agosto de 2017

El hábito hace al monje


Definitivamente, el hábito hace al monje… ahora entenderéis la justificación.
Acudí a una vivienda en una zona que es conocida en Zaragoza por el alto nivel económico de la gente que vive en ese barrio: Montecanal. El problema es que en la vivienda se escuchan ruidos en la habitación de matrimonio cuando desde la vivienda de arriba usan el cuarto de baño y en el comedor cuando están usando las duchas de la propia vivienda. Básicamente es un problema de ruidos en las tuberías de AF y ACS debido a un exceso de presión, por lo que la solución sería una válvula reductora.
A lo que iba. Acudí a la vivienda (digna del nivel de la zona en la que estaba) y al llamar me abrió la dueña. Una mujer de unos 40 años que vestía una camiseta larga que le llegaba por encima de las rodillas, con un bronceado playero y una melena por debajo de los hombros. Una vez allí se puso a explicarme el problema y, sin venir a cuento, a contar que habían estado de vacaciones… que tienen un apartamento en Santoña… que habían estado un mes, etc., etc., etc.
Pues bien… yo allí aguantando las ínfulas de la buena señora y comprobando las llaves de los aparatos sanitarios. Estando en el comedor le pregunto si había tenido problemas de humedades y me dijo que no lo había visto. El sofá lo tiene a pocos centímetros de la pared, entonces se va hacia él y se pone de rodillas en el mismo y apoyándose en el respaldo, dándome la espalda, para ver si había humedades. Yo, allí plantado, detrás de ella… se me puso la misma cara que a Paco Martínez Soria (por eso de estar en Zaragoza) cuando veía los muslos de una mujer. Me faltaba la boina y hacer “eeeeeeeehhhhh” (con su característica voz).


Pues nada, no había humedades. Fuimos a la habitación de matrimonio y se sentó en la cama cruzando las piernas… ahora me faltaba sacar un pañuelo del bolsillo y secarme la frente. “Voy a llamar al vecino para que encienda los aparatos de su baño”, dijo. Sacó su móvil. Yo allí plantado sin saber si mirar o no mirar.


En ese momento dice: “Alfredo, ve encendiendo los grifos que está aquí el albañil para escuchar los ruidos”. Desperté. Yo iba vestido con zapatillas deportivas, pantalón vaquero, un polo rojo Adidas y con una mochila que llevo siempre en la que guardo un metro, nivel, un lápiz de obra, libreta, bolígrafos y pocas cosas más... no sé... a lo mejor es que tengo que llevar escrito un cartel en la frente para que sepan lo que soy.
Cuando acabaron las pruebas le dije que iba a escribir un informe del problema y una vez aprobado por la constructora la avisaría el día en el que el albañil tuviera que acudir. “¡Ah!, ¿qué tú no eres el albañil?” “No, yo soy arquitecto” y continuamos hablando de los problemas de la vivienda, pero con otro tono por su parte.
Definitivamente… o necesito un estilista o vestir todos los días con traje y corbata.

sábado, 5 de agosto de 2017

Una escena inolvidable


Si hay una escena televisiva que marcó mi infancia (y creo que la de muchos de mi generación) es la siguiente.



Es una escena de El misterio de Salem’s Lot, de Stephen King. Ralph ha sido convertido en vampiro por Barlow y por la noche va a chuparle la sangre a su hermano Danny. Esa escena me traumatizó. Creo que tendría 11 ó 12 años cuando la vi en la serie emitida en televisión. En el colegio, durante los siguientes días, era el tema principal sobre el que todos hablaban. Como si no tuviera suficiente con mirar debajo de la cama todas las noches ahora, también, vigilar la ventana que había en mi habitación. Recuerdo que mi amigo Jorge nos contó que llevaba tres noches sin dormir y, por eso, daba alguna cabezada en clase o lo hacía de día, en el sofá, cuando su madre pudiera vigilarlo. Él dormía con su hermano en la misma habitación. Su hermano tenía la cama cerca de la ventana y a la noche siguiente de la escena de marras, cuando los dos se habían acostado, no tuvo una mejor idea que sacar la mano de la cama y hacer ruiditos en el cristal de la ventana. Del grito que soltó sus padres se levantaron, él durmió en otra habitación y su hermano lo hizo ‘calentito’.
Yo recordaba el nombre de la serie, pero no sabía que estaba basado en un libro y, ni mucho menos, que era de Stephen King… en aquellos tiempos no existía Google.
Años más tarde vi el libro en una papelería y no dudé por un instante en comprarlo, fue la lectura del verano. Daba la misma sensación de miedo e incluso llegué a soñar con alguna escena. Hay una película más moderna, del año 2004, protagonizada por Rob Lowe en el papel principal.
Este fin de semana trataré de ver la de mi niñez… pero lo haré durante el día… por si acaso.

martes, 1 de agosto de 2017

Quasimodo existe



Buscando información sobre catedrales, descubrí que Quasimodo, el personaje principal de la novela ‘Nuestra señora de París’, de Víctor Hugo, realmente existió.
En la Galería de Tate (Londres), se encontraron unos documentos que resaltan la verdadera identidad del que, supuestamente, sería Quasimodo. Este famoso jorobado debe su existencia a un empleado que trabajaba en la reparación de la catedral en el año 1820.
Según los documentos encontrados, se trataba de la autobiografía de un señor llamado Henry Sibson, un aventurero británico que viajó y recorrió la Europa del siglo XIX, llegando a conocer a personajes importantes de la época. Los documentos demuestran que el jorobado está inspirado en la vida de Sibson, que fue contratado por el Gobierno francés para la reparación de la catedral por su gran talento artístico y definiéndose como “un escultor solitario y jorobado al que no le gustaba mezclarse con los demás”.
Lo que forma parte de la leyenda es la referencia al amor por la gitana Esmeralda, surgiendo todo ello de la creatividad de Víctor Hugo.
En ocasiones, grandes personajes literarios surgen de uno real, pero, casi siempre, el primero engulle al segundo.
El caso de Quasimodo es curioso. Muchos han tratado de analizar las numerosas enfermedades que padecía y que causaban su deformidad, pero nadie se había preocupado por demostrar si era alguien real.
Si realmente Sibson era Quasimodo hay que decir que tenía un gran mérito. Una persona con sus enfermedades y delicada salud que se esforzaba en algo y que era reconocido por ello. Si fuese un personaje actual… paguita y a vivir del cuento. 
Entre esto último y hacer lo que hacían los atenienses [arrojar a los ‘no aptos’ (niños débiles, enfermos, deformados o con retraso mental) desde el Monte Taigeto] hay un término medio y Sibson es la prueba.
A partir de ahora observaré las catedrales de forma distinta, imaginando el tipo de gentes que trabajarían en ellas. Visto desde un punto de vista romántico, supongo que todas las catedrales tienen su Quasimodo… continúa trabajando en ellas.

sábado, 29 de julio de 2017

Micro XIV


3, 2, 1…

sábado, 22 de julio de 2017

Mi séptima ola


Siempre supe que volvería a Zaragoza, no sabía cuándo, pero sí que lo haría… y no como lo hacía habitualmente, no… lo haría para quedarme. Ahora, pasados algunos años desde que me fui obligado por la crisis, ha llegado el momento… y vuelvo.
Desde hace meses era una posibilidad que podía tomar forma y la semana pasada se materializó. Con un par de amigos, y después de tener ciertas garantías, hemos dado el paso de emprender algo que puede ser interesante, ya que parece que el sector de la construcción comienza a moverse y hay que estar presente.
Cuando la posibilidad tenía todos los visos de ser real recordé a Sancho Panza, cuando dejó el gobierno de la ínsula Barataria.

Yo no nací para ser gobernador, ni para defender ínsulas ni ciudades de los enemigos que quisieren acometerlas. Mejor se me entiende a mí de arar y cavar, podar y ensarmentar las viñas, que de dar leyes ni de defender provincias ni reinos. Bien se está San Pedro en Roma: quiero decir, que bien se está cada uno usando el oficio para que fue nacido. Mejor me está a mí una hoz en la mano que un cetro de gobernador; más quiero hartarme de gazpachos que estar sujeto a la miseria de un médico impertinente que me mate de hambre; y más quiero recostarme a la sombra de una encina en el verano y en mi libertad, que acostarme con la sujeción del gobierno entre sábanas de Holanda”.

Con este pasaje no hace falta explicar nada, está todo dicho. Zaragoza, Aragón, ser feliz, vivir.
A veces que hay que arriesgar, tirar una moneda al aire y, si es preciso, soplar para que caiga del lado que queremos engañando al destino. Dicen que de los 20 a los 40 años aprendemos y a partir de los 40 es cuando podemos aplicar lo aprendido. Supongo que ha llegado el momento y lo que yo no haga por mí no lo hará nadie, lo que no haga ahora no lo haré en el futuro. Digamos que parto de cero y tengo un camino por delante… en positivo.
A partir de esta próxima semana comienza un nuevo camino, una nueva etapa. Estoy lleno de energía, ilusionado y con ganas, convencido de que esta es la gran ola que estaba esperando, aquella sobre la que escribí hace un par de años, esa que algunos llaman ‘la séptima ola’ y arrasa con todo. Nada vuelve a ser igual después de ella.

***

Llevo unos días dándole vueltas al nombre y al logo que usaremos y el resultado es éste. Habrá que ver lo que dicen mis compañeros. Quizá no les guste, quizá tengan otras opciones o, quizá, tomemos la decisión de que alguien nos lo diseñe. De momento es una simple idea…


martes, 18 de julio de 2017

Herramientas para dibujar


No sé hasta que punto ser lo último o lo primero en algo es bueno o malo. Hace unas entradas comentaba el cambio que ha supuesto en los despachos de arquitectura pasar de la mesa de dibujo al ordenador. Yo soy de esas promociones que están a caballo entre lo antiguo y lo moderno. Como decía en aquella entrada, yo conocí esa transición que llamamos nuevas tecnologías.
No sé lo que actualmente se enseñará en las escuelas de arquitectura, me imagino que si volviese el curso que viene estaría totalmente perdido en lo referente a las asignaturas. Por ejemplo, la asignatura de expresión gráfica consistía en dibujar a mano alzada fachadas de edificios singulares (iglesias, ayuntamiento, casas señoriales, etc.), algunos todavía los tengo guardados en una carpeta grande. Otra parte era dibujo técnico (diédrico y acotado). Por la experiencia que tengo, era algo muy difícil de aprender. Hacía los dibujos paso por paso, docenas de veces. Ahí estaba yo con el escalímetro, la escuadra, cartabón, compás y ¡ale! Línea de tierra, cambio de plano, dibujando los distintos tipos de líneas, planos, figuras, intersecciones… ¡y no había manera! Me cambiaban un dato y ya no sabía hacerlo. Era como aprender la misma multiplicación y si cambiaban los números ya no saber multiplicar. ¿Cómo lo aprendí? De la forma más extraña. Después de muchas horas dibujando, sin saber porqué hacía las cosas, un día me levanté y ya sabía hacerlo, lo que suele decir ‘ver la luz’; tanto es así, que luego yo daba clases de esa parte de la asignatura a otros compañeros.
Desconozco si todo esto se seguirá estudiando, supongo que sí, aunque no con la misma intensidad. El caso es que hoy en día todo se hace por ordenador y, la verdad, ya no hace falta ensuciarse las manos con la tinta de los ‘rotring’. El programa por excelencia, el que sustituyó a la mesa de dibujo, es el AutoCAD. Con sus diferentes versiones, es el que más se ha utilizado orientado a la producción de planos, empleando para ello los recursos tradicionales de grafismo en el dibujo, como color, grosor de líneas y texturas tramadas Con este programa se pueden realizar todo tipo de diseños técnicos en 2D y 3D a la escala deseada.

 

Pero desde hace cuatro o cinco años, ha aparecido Revit. Es parecido al anterior, pero, aunque suene contradictorio, totalmente diferente. Funciona por componentes dando la opción de poner ejes y muros arquitectónicos. Aquí no se dibuja, se construye. No se pone una línea, se pone un muro, viga, pared… A los muros les puedes puertas y ventanas, además de asignarles un material. También agregar elementos como muebles, columnas o cortinas. Es un programa sumamente complicado y dudo que haya gente en el mundo que lo sepa manejar todo, todas sus posibilidades, al 100 %.


Finalmente está Sketchup. Con este programa se conceptualizar volúmenes y formas arquitectónicas. Muy intuitivo y sencillo de utilizar. Suelo usarlo cuando tengo que hacer una presentación rápida en 3D para que alguien vea de forma sencilla, por ejemplo, una distribución.


Por eso hablaba al principio de las ventajas y desventajas de la transición entre lo antiguo y lo moderno. Imagino que el manejo de estos programas se aprenderá en las escuelas de arquitectura, mientras que en mis tiempos no existían (con timidez se hablaba de AutoCAD y en pocos estudios se usaba de forma profesional), yo he tenido que aprender a manejarlos de forma autodidacta y cuando llegaba a un punto que no podía seguir no tenía más remedio que hacer cursos particulares (con el correspondiente gasto). Con AutoCAD y Sketchup no tengo ningún problema, pero con Revit… pasará mucho tiempo hasta que me sienta seguro para usarlo sin problema y ni así sabré utilizar todo su potencial.
No obstante, a pesar de todos estos avances, a veces, echo de menos una pequeña mancha de tinta en un plano y maldecir al cielo por ello. No sé... tiene algo de romántico.

Volverán las oscuras golondrinas
de tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a tus cristales,
jugando, llamarán.

Pero aquellas manchas de tinta,
que veíamos salir del rotring
y caer como lágrimas del día...
ésas... ¡no volverán!

sábado, 15 de julio de 2017

Entrevista a Camarón de la Isla


Cerremos los ojos y escuchemos la entrevista, ¿quién diría que quien habla es el mejor cantaor de flamenco de todos los tiempos? Ciertos personajes son más de lo que muestran al mundo y eso los convierte en únicos, en inmortales...


martes, 11 de julio de 2017

Solución para no volver



Si digo Monsieur Sans-délai, probablemente, la gran mayoría no sepa a quién me estoy refiriendo. Si digo Monsieur Sans-délai y Larra, quizá, siga sin sonar a nada. Pero si digo Monsieur Sans-délai, Larra y Vuelva usted mañana es posible que algunos hayan adivinado a quién me estoy refiriendo. La resolución de la ecuación es que Monsieur Sans-délai es un francés que ha venido a España para reclamar unas propiedades, presentar unas propuestas de negocio y visitar Madrid, dicho de otra forma, es el personaje principal del ‘Vuelva usted mañana’, de Mariano José de Larra. Cuando Sans-délai pretende resolver sus asuntos en quince días, Larra, conocedor del carácter de los españoles, le advierte que va a necesitar unos cuantos meses… y así fue.
Pues bien, me siento como Monsieur Sans-délai. Hace unos tres meses me encargaron un proyecto. Se trataba de un garaje para tres coches. La construcción era independiente de la vivienda, con sus instalaciones, puerta basculante eléctrica, etc., etc. Corría prisa, porque querían tenerlo construido para el verano, ya que la propiedad no quería tener sus flamantes vehículos al raso mientras pasaba las vacaciones.
En menos de diez días lo tenía hecho: memoria, presupuesto, planos, cálculos, etc. Alguna noche hasta bien tarde y algún madrugón inesperado. Bien, lo tengo acabado, visado y entregado, ¿qué faltaba? Lo más importante: cobrar. Como el encargo era de un conocido hice un precio generoso por todo el trabajo y decidí cobrar 3.000 euros.
En principio no había problema. “A la semana que viene”, me dijeron. Pero ‘a la semana que viene’ no dieron señales de vida, así que llamé ese viernes a última hora y no me lo cogieron.
Llamé a la siguiente y cuando me lo cogieron, después de pedir disculpas, que me sonaron a excusas, me dijeron que en unos días se pondrían en contacto conmigo y me lo liquidarían. Yo estaba entre la resignación y el cabreo. Me llamaron a los diez días y me pidieron una obra anexa al garaje y al tenerlo lo liquidarían todo. Era algo sencillo, me llevó un par de tardes, y lo entregué. Después siguieron las excusas: que no sé quién se había muerto, que estaban de viaje, que… Lo que me hizo gracia es cuando me dijeron que “de momento hemos aparcado las obras” y yo, que no puede reprimirme en la contestación, respondí “sí, si metéis coches pequeños, tenéis más espacio”. Se rieron con un simple “je, je” y me confirmaron que antes de comenzar las obras me pagarían… y así estamos.
Las obras no han comenzado. Se de buena tinta que quieren hacerlas… pero a saber. Ahora soy yo ‘el que fuma en pipa’, pero ya llegará el momento del certificado final de obra…
Aunque no hay mal que por bien no venga. Desde entonces tengo a los bares como un ejemplo a seguir. Cada vez que entro en alguno y veo el típico azulejo que pone, ‘Hoy no se fía, mañana sí’ me siento como un vulgar aprendiz en las relaciones laborales. Pero, sin duda alguna, mis ídolos son esos que tienen un garrote que dice: ‘paga o me descuelgo’ o ‘paga lo que debes’, ¡qué grandes hombres de negocios! A partir de ahora, cada vez que presente un presupuesto, en la última hoja irá impreso un garrote con alguna de esas leyendas. A ver si así no tengo que volver más veces. Bromicas las justas.

sábado, 8 de julio de 2017

Pasando por el taller



Hay dos cosas que me horrorizan: que se estropee el coche y que no funcione el ordenador. Probablemente más lo primero que lo segundo, ya que el ordenador, en ocasiones, puede ser suficiente con formatearlo y… más se perdió en Cuba. Pero el coche no. Eso ya es algo más complejo que no depende de uno mismo.
Pues bien, eso es lo que ha pasado. Se me ha estropeado el coche. Esta semana hice un viaje largo y al llegar al destino salía humo por el capó del motor. En esos momentos (y que me perdonen los creyentes) me acordé de todos los santos que hay en el cielo (a lo mejor me dejaría alguno). Me gustaría añadir que los últimos 200 kilómetros de mi viaje no conducía yo, sino que lo hacía otra persona. No sé si esto pudo influir o no. Cada uno tiene una forma de conducir distinta y conoce su coche. Sabe cuando cambiar de marchas, hasta donde puede estirarlas, que velocidad coger, cuando frenar, como reducir… creo que se establece una simbiosis entre el coche y el conductor, ambos se conocen y se acoplan perfectamente. Con esto no quiero decir que el hecho de que mi coche fuera conducido por otra persona durante un trayecto tan largo haya influido en la avería, digamos que es casualidad.
Como decía, salía humo del capó. Lo abrí y no tenía agua. Esperé un buen rato y cuando se enfrió un poco le puse refrigerante que siempre llevo en el maletero. Pero nada. Por algún sitio la perdía. Esta mañana lo he llevado al taller de un conocido. Ha empezado a quitar tornillos y piezas como si no hubiera mañana. A cada tornillo que quitaba yo estaba más asustado pensando si luego sabría encajarlos de nuevo, ¡qué mal rato! Por fin, ha dado con el problema: un manguito de no sé dónde se había partido y por ahí perdía agua. De paso, me ha recomendado cambiar la correa de distribución (“una vez que abrimos el motor la cambiamos”, me ha sugerido), en teoría le faltan 60.000 km, pero se veían algunas grietas y ya, puestos en faena, el filtro de aceite, el aceite, el filtro del aire, ver la culata de no sé qué, no sé cuántos manguitos y otras cosas que no recuerdo y que prefiero no recordar.
Resumiendo, si fuera una persona se podría decir que va a pasar por el quirófano. No es que tenga muchos años (este mes once) ni tenga muchos kilómetros (188.000), pero supongo que este momento tenía que llegar. En este caso, la recuperación no será de reposo… será de mi bolsillo.

martes, 27 de junio de 2017

De mesa de dibujo a ordenador


Parece que fue ayer. Aunque sea una frase hecha, simplemente hay que mirar atrás para darse cuenta lo rápido que pasa el tiempo.
La primera vez que vi una mesa de dibujo fue en el instituto. Me parecían unos trastos imponentes, muy sencillo de ajustar. Con un tornillo de palomilla en el lateral se apretaba y aflojaba y el pesado tablero se ponía a la medida. Algunas tenían un paralex, que sujeto mediante unos hilos a las esquinas de la mesa subía y bajaba para poder hacer líneas paralelas. Todo un descubrimiento.


Pasados los años, cuando me hizo falta, mis padres me compraron una mesa que ya no conservo. De 1’50 de ancho por 1’00 de largo. Era semiautomática, ya que con un pedal se podía subir y bajar el tablero con mayor comodidad. Le puse el paralex (que siempre acababa por torcerse) y un flexo. Creo que les costó 25.000 pesetas, hace entre 20 y 25 años. Ya no la conservo.
Cuando yo estudiaba esto era lo que había. Los complementos eran una escuadra, un cartabón, compás, escalímetro y distintas plantillas de letras y símbolos y, por supuesto, como no, los ‘rotring’. De 0’2, 0’4 y 0’8 eran los más usados y en menor medida los de 0’6… ¡cuántas puntas habré roto! ¡Cuántas veces me manchaba las manos rellenándolos! Y una vez acabados los planos, a un tubo de plástico que todavía guardo.


Hoy en día, todo lo anterior es innecesario. Lo único que necesito es lo que muestro en la fotografía de abajo: mi ordenador portátil. Aquí tengo todos los programas y aplicaciones necesarias que otro día explicaré. Se podría decir que la arquitectura ha pasado de convertirse en una profesión sedentaria a nómada; se puede trabajar en cualquier parte llevando el ordenador. Sí, sin duda alguna, el tiempo pasa muy rápido.


sábado, 24 de junio de 2017

Me someto a una ordalía



¿Qué es una ordalía? ¿Qué significa esta palabreja? Son actos que hoy han quedado como frases hechas, pero en la Edad Media eran reales. Era una institución jurídica eclesiástica que, atendiendo a mandatos divinos, juzgaba la inocencia o la culpabilidad de los que se sometían a ella. Por ejemplo, hoy en día se dice ‘poner la mano en el fuego’ (¿quién no lo ha dicho alguna vez?) cuando confiamos en algo plenamente. En la Edad Media no era así, eso era una ordalía. En aquellos tiempos, el acusado debía poner la mano en una hoguera o sujetar unos hierros candentes. Si Dios lo consideraba inocente no se quemaba, pero si lo consideraba culpable… y me da a mí que muchas veces lo consideraría culpable. Pero llamarlo ordalía es un eufemismo porque, como el lector habrá podido comprobar, no eran ni más ni menos que torturas. Pero no solamente está la que he citado, había una que consistía en  que el acusado debía sacar una pesada bola de un recipiente con agua hirviendo. Se le vendaban los brazos y manos y al cabo de x días se le quitaba el vendaje, si había sanado era inocente y si quedaban heridas era culpable. Se llevaban a cabo muchos tipos de ordalías y no me extenderé en el tema, en internet hay mucha información al respecto.
Después de esta introducción tendrá más valor lo siguiente, ya que yo me sometería a una ordalía y pondría la mano en el fuego porque ninguno de los que habitualmente visitan esta humilde bitácora tienen una cuenta en el extranjero. Es por eso, que a cualquiera de nosotros eso de las amnistías fiscales, desde el punto de vista patrimonial, nos importa tanto como el pinchazo de la rueda de una bicicleta en Pekín.
Pero sí que nos afecta desde el punto de vista que nos tomen por imbéciles (un poco más) de lo que habitualmente suelen hacerlo. Me estoy refiriendo a la que decretó Montoro, que es la misma que el Tribunal Constitucional dice que es ilegal y que ahora el mismo ministro anuncia a los cuatro vientos que hay que prohibir por ley que en el futuro se puedan decretar más amnistías de este tipo, ¡con un par!
El ministro de Hacienda ha comparecido en el Congreso para dar explicaciones… a su manera. Ha venido a decir que él no quería, pero tuvo que hacerlo por el riesgo de rescate y quiebra y, por ello, había que hacer lo que fuera para recaudar dinero. El resultado fue que de unos 30.000 declarantes se recaudaron 1.200 millones de euros de unos 40.000 millones que se suponen irregulares. Es aquí cuando nos toman por imbéciles. Cualquier español paga en impuestos entre el 20 % y el 47 % de su salario. Mientras que el Gobierno de Rajoy subía los impuestos, a los defraudadores le perdonaba el fraude a cambio de abonar el 10 %. Un inciso: ¿qué pensarán de esto en Venezuela? Sigamos. No queda ahí la cosa, ya que en lugar del 10 % del dinero no declarado, Montoro lo dejó en el 10 % de los intereses producidos por el dinero no declarado; una gran diferencia.
Pero la broma continua. Si se añadía cualquier activo no declarado en aquel momento, se pagaba un 10 % en lugar del 25 %, que es la media del impuesto de sociedades. Al final de todo, de los 2.500 millones de euros no se recaudó ni la mitad (1.200).
Llegados a este punto se me ocurren las siguientes cuestiones: ¿merece la pena pagar impuestos? Sí, es imprescindible. ¿Merece la pena pagar impuestos con esta gente en el poder? Es lo que hay. ¿Cuál es la solución? A mí se me ocurre alguna, lo que pasa es que decirla públicamente no sería demasiado aconsejable. Estoy cabreado. Si plasmase todo lo que me pasa por la cabeza mientras escribo este artículo, más que amnistía necesitaría un indulto.
Bien. Creo que he salido indemne de la ordalía, al menos así lo atestigua el que pueda seguir escribiendo: ninguno de los que habitualmente leen este blog se han visto beneficiados por la amnistía fiscal. Pero voy a someterme, de nuevo, a esta prueba divina. Después del cabreo que tengo voy a dejar de escribir sobre política -pongo la mano en el fuego- como mínimo hasta pasado el verano. Y añado al cabreo la vergüenza, ¡a saber qué se dirá de nosotros en Venezuela!

martes, 20 de junio de 2017

Firmas


Con lo contento y orgulloso que estaba con mi firma y… ¡menudo coñazo! Esta mañana he estado en el colegio visando un proyecto. Se trata de la colocación de un ascensor en un edificio. Es habitual firmar en la parte inferior izquierda de cada hoja que tenga algo escrito o dibujado.
He presentado un proyecto de 300 folios por una cara (memoria, pliego de condiciones, plan de control de calidad, estudio de seguridad y salud, gestión de residuos, presupuesto y planos) lo que supone firmar ¡300 veces! como mínimo.


Como hace años que tengo la misma firma, no sé si a estas alturas podría cambiarla, ya que todos mis documentos tienen el mismo diseño. Pues nada, tendré que hacerme une cuño y, ale, como si fuera un oficinista: tinta - folio, tinta - folio, tinta - folio, tinta - folio, tinta - folio, tinta - folio, tinta - folio, tinta - folio, tinta - folio, tinta - folio, tinta - folio, tinta - folio, tinta - folio, tinta - folio,… y así cientos de veces. ¡Menudo coñazo!


PD. Es fácil adivinar cuál es mi firma original y cuál sería mi firma deseada.

sábado, 17 de junio de 2017

Hay cosas más importantes y ahora no toca



En España hemos pasado del “vuelva usted mañana”, de Larra, al “hay cosas más importantes” o “ahora eso no toca”. Cualquiera de las dos últimas variantes podría servir. Hay cosas más importantes que preguntar a los españoles si queremos monarquía o república; hay cosas más importantes que juzgar los crímenes del franquismo, desenterrar a las víctimas del franquismo y eliminar los honores a los hispanicidas; hay cosas más importantes que solucionar el problema de Cataluña; hay cosas más importantes que revisar los privilegios eclesiásticos; hay cosas más importantes que hacer una reforma electoral; hay cosas más importantes que hacer una reforma fiscal y, ¡cómo no!, hay cosas más importantes que hacer una moción de censura al Gobierno más corrupto de toda Europa occidental y parte de la oriental.
Esas son las excusas que ponen esos que llevan toda la vida atornillados al sillón tratando de desviar cualquier cuestión que pudiera arrancarles de su privilegiada posición. Ellos saben lo que nos conviene y lo que no. Los españoles no somos capaces de tomar decisiones para nuestro futuro y ya están ellos para decirnos que “hay cosas más importantes” o “ahora eso no toca”.
Pero en esas llegó la moción de censura de Unidos Podemos y, por supuesto, había cosas más importantes que hacer. Aunque se respire la putrefacción de la corrupción. Aunque el Tribunal Constitucional haya declarado que la amnistía fiscal de Montoro fue ilegal. Aunque un exministro presione junto con otro alto cargo político la conveniencia para sus intereses del nombramiento de determinado fiscal. Aunque el partido del Gobierno esté imputado y declarado como organización criminal. A pesar de todo eso: hay cosas más importantes, ahora no toca.
Evidentemente que hay cosas más importantes, aunque en España seamos líderes europeos (además de en el fútbol) en temporalidad, desigualdad, desempleo, paro juvenil, pobreza infantil, recortes sanitarios, educación o en las cuotas mínimas de los autónomos a las que tienen que hacer frente todos los meses puedan o no puedan. Ellos pueden pasarse la legalidad por donde les dé la gana, pero tú no salgas a la calle con el pelo de colores porque eres un antisistema.
A la moción de esta semana le sobran los motivos (como a Sabina), para lo que no sobran es para votar en contra. Admito que el partido de Pablo Iglesias podría haber encontrado un momento mejor y un consenso previo para evitar lo que finalmente ocurrió, vale, lo acepto. Pero ahora viene la segunda parte… la mayoría le habría respondido que les fallan las formas, que el día les viene fatal, que hoy no estamos… lo que ya sabemos, que “hay cosas más importantes” o “ahora eso no toca”. El verdadero espíritu nacional que retrató Larra con el “vuelva usted mañana”. Hay situaciones, problemas y emergencias que no pueden esperar más.
Sinceramente, lo que más me irritó de la moción no fue como se desarrolló ni que Unidos Podemos la perdiera. Lo que más me repateó fue una frase del españolísimo Alberto Rivera cuando le dijo a Pablo Iglesias: “Usted quiere demoler el sistema y yo quiero reformarlo”. ¡Pues claro que hay que demoler el sistema! Cuando uno tiene gangrena en un brazo lo más sano es amputarlo, no poner tiritas. De la misma forma que cuando en una edificación hay riesgo de colapso lo mejor es demoler. Cuando el sistema está podrido hay que hacer una catarsis. Lo que está claro es que la situación no se reforma apoyando a esos que han traído la putrefacción a las instituciones.
¿Y el PSOE? Psssseee, estos pasaban por allí, como el que no quiere la cosa, oiga. Los sociatas tenían la excusa de Pedro Sánchez y desde que salió elegido hasta el día de la moción tiempo han tenido para sumarse, pedir una prórroga o presentar una propia como les ofreció Pablo Iglesias. Pero tampoco escapan al mal español: hay cosas más importantes y ahora eso no toca.
Es lo que pasa. Acababa Larra su famoso artículo con “¡ay de aquel mañana que no ha de llegar jamás!”. Nunca es el momento de hacer las cosas que tenemos que hacer porque hay cosas más importantes y ahora eso, lo que sea, no toca. Y siempre estamos en el mismo sitio, sin avanzar.

martes, 13 de junio de 2017

Grandeza y desgracia



La moción de censura de Unidos Podemos contra el Gobierno de Mariano Rajoy, me trae a la memoria la frase de D. Manuel Azaña en su discurso ‘Paz, Piedad y Perdón’: “¡Dichoso el que muere antes de haber enseñado el límite de su grandeza! Muchos no han muerto, por desgracia para ellos”.

sábado, 10 de junio de 2017

Llegó el 40 de mayo



Aunque todavía falten un par de semanas para la llegada del verano, para mí, de manera oficial, comienza hoy mismo. Si hay un refrán que sigo a rajatabla es ese que dice ‘hasta el 40 de mayo no te quites el sayo’. Pues bien, hasta ayer mismo he estado vistiendo con camisa de manga larga (cierto es que la remangaba hasta el codo o le daba sólo una vuelta por la manga). Igualmente me pasaba en la cama. Con una sábana y una colcha que, la verdad, no molestaba cuando me la echaba por encima.
Así que todo eso se acabó hasta que vuelvan los primeros fríos. Hoy saldré a la calle con manga corta. Pero confieso que aunque sé que hace calor siempre pienso lo mismo: ¿tendré frío? Yo creo que no pero…
En fin, hoy comienza. Tengo delante de mí un emocionante, intenso y apasionante verano hasta que vuelvan las oscuras golondrinas.
Feliz verano.

martes, 6 de junio de 2017

Exámenes... ¡ni en sueños!



Digo yo si serán las fechas estas en las que nos encontramos, pero la otra noche soñé que todavía estaba estudiando, en plenos exámenes y me faltaban tres o cuatro asignaturas para acabar la carrera.
Un sueño bastante angustioso por dos motivos. El primero porque creo que recordar que entre las asignaturas que me quedaban estaban hormigón, proyectos y ampliación de matemáticas… tres verdaderos huesos. El segundo porque yo había firmado proyectos sin tener la potestad para poder hacerlo y, por ello, no tardarían en venir a buscarme acusándome de no sé qué delito.
Y nada, allí estaba yo, con mis otros compañeros, todos revueltos, preparando los exámenes. Como es normal, desde meses antes ya llevábamos metiéndonos caña, pero, lógicamente, no al mismo ritmo ni intensidad que cuando faltaban tres o cuatro semanas para nuestro particular ‘juicio final’.
¡Qué duro que era aquello! Yo nunca dormía la noche anterior a un examen. Al principio sí que me acostaba y pretendía dormir, por eso que dicen que hay que ir despejado a un examen, pero cerraba los ojos y veía números, letras, fórmulas, definiciones y siempre me tenía que levantar para buscar eso en lo que estaba pensando. Así que desde casi el principio decidí que la noche anterior a un examen era una tontería tratar de dormir. Cuando el examen era por la mañana, el día anterior había intentado hacer una buena siesta, aunque no siempre lo conseguía, y al despertarme me ponía a estudiar 3 ó 4 horas hasta la hora de cenar. Al acabar era lo peor. Sobre las 22:00 horas entraba el bajón al pensar lo que tenía por delante y, además, en televisión siempre por esas fechas proyectaban las mejores películas, parecía que lo hacían a propósito para joder. Pero no había más remedio. Iba a la habitación y me sentaba delante de una mesa que era un tablero de aglomerado con dos patas plegables. Toda lleno de folios. En el suelo dejaba montoncitos agrupados por temas de la parte de ejercicios y en la cama lo mismo, pero con la parte teórica. Eso parecía un campo minado, pero con folios. Y comenzaba la noche…
El reloj pasaba muy lento hasta llegar a las 4 de la madrugada, después parecía que se estabilizaba y a partir de las 5:30 ya empezaba a correr. El cenicero cada vez estaba más lleno y siempre quedaba en algún folio la marca del vaso caliente lleno de café.
A eso de las 7:45 una ducha y a esperar. Revisaba la bolsa veinte veces para no dejarme bolígrafos, lápices, etc. El DNI era muy importante, ya que lo solían pedir junto con la famosa ‘papeleta’ que daban días antes en secretaría y era una especie de justificante que había que presentar en el examen e indicaba que estabas matriculado (no fuera a ser que alguien se presentase por ti. Aunque este tipo de cosas darían para varios posts…).
Por la mañana eran los exámenes más largos. Comenzaban a las 9:00 y acababan a las 14:00 horas… eso era inhumano, ¡cinco cosas escribiendo, haciendo números o dibujando! Por la tarde solían ser los de las asignaturas cuatrimestrales. Estos eran más asequibles. Comenzaban a las 15:00 horas y acababan a las 18:00 horas… tampoco está mal tres horas, ¿eh?
Lo dicho… un suplicio cada vez que llegaban las fechas de exámenes, tanto en enero / febrero como en junio / julio. ¿Volver a pasar por aquello? ¡Ni en sueños!