sábado, 2 de diciembre de 2017

Vitruvio denostado



Marco Vitruvio (arquitecto, ingeniero y escritor romano) defendía en su tratado ‘De Architectura’ que la arquitectura descansa sobre tres pilares básicos: venustas (belleza), firmitas (firmeza) y utilitas (utilidad), produciéndose un equilibrio entre estas tres variables, aunque la ausencia de una de ellas haría que una construcción no pudiera ser considerada como tal.
En nuestro tiempo parece que el concepto de venustas ha perdido relevancia en un contexto arquitectónico donde, muchas veces, la teorización de una idea es un elemento suficiente para justificar y dar sentido a un proyecto, más allá que la resolución formal y la belleza del mismo.
El principio de firmitas, entendido como la resolución constructiva y material del edificio, aunque fundamental, pierde cada vez más importancia, en la medida en que se busca economizar al máximo los costos, no se entiende que una buena construcción es una buena inversión, que requerirá mucho menos mantenimiento en un futuro y resistirá de mejor manera el paso del tiempo. El sector de la construcción, y me refiero desde el peón hasta el arquitecto, ha perdido ese sabor artesanal que tenía y se ha convertido en un proceso industrial; alguna vez he dicho que echo de menos un borrón de tinta en los planos.
Finalmente, el principio de utilitas, relacionado con el uso del edificio, al igual que con firmitas, pierde calidad en función de la rentabilidad.
Firmitas y utilitas pueden tener una relación con aspectos cuantificables, ergo tienen un costo. La venustas es un principio gratuito y que no va necesariamente asociado a un coste, es algo mucho más subjetivo. En ese sentido, un edificio hermoso no será necesariamente más costoso que uno que lo sea menos, lo que lo vuelve por lo tanto fundamental para la arquitectura. Los tres pilares básicos no van enlazados de forma proporcional.
Urge volver el principio de venustas, el eterno dilema de si la arquitectura es arte está más latente que nunca. Frente a una realidad que, probablemente, de manera inconsciente, margina o, quizá, no valora, este último pilar.


Tales construcciones deben lograr seguridad, utilidad y belleza.
Se conseguirá la seguridad cuando los cimientos se hundan sólidamente y cuando se haga una cuidadosa elección de los materiales sin restringir gastos.
La utilidad se logra mediante la correcta disposición de las partes de un edificio de modo que no ocasionen ningún obstáculo, junto con una apropiada distribución, según sus propias características, orientadas del modo más conveniente.
Obtendremos la belleza cuando su aspecto sea agradable y esmerado cuando una adecuada proporción de sus partes plasme la teoría de la simetría”.
Marco Vitruvio

1 comentario:

Mikel dijo...

Llevo tiempo pensando escribir sobre este tema y sobre todo poner muchas fotos. Hace tiempo los constructores y arquitectos dejaban su santo y seña en los edificios que construían. En Valencia hay edificios que son una obra de arte, incluso atraen al turismo. Hoy todo está prefabricado, es comprar el material y montar como en un edificio lego.