martes, 26 de septiembre de 2017

Cortázar, escaleras y yo



Recientemente he releído ‘Instrucciones de una escalera’, de Julio Cortázar. Un texto maravilloso. El autor describe magistralmente el procedimiento para subir una escalera, ¡incluso la colocación de los pies! ¿Cuántas cosas hacemos y/o sabemos sin preguntarnos realmente cómo o por qué? Cortázar no invita, casi nos obliga, a una observación de algo cotidiano, como si fuera una acción de otro mundo.
Pero aquí es donde yo quería llegar. Cortázar (no seré yo el que le quite el mérito, ni mucho menos) se lo encuentra todo hecho, es decir, ya tiene la escalera. He aquí mi problema: yo no tengo escalera, tengo que calcularla. Llevo una semana calentándome los sesos para construir una escalera en un edificio en el que quieren colocar un ascensor. El hueco que tengo es de 1’99 m. de ancho y 2’79 m. de largo. En un edificio de cuatro plantas con una altura desde la cota cero hasta el forjado del último piso de 12’44 m. Las alturas entre forjados no son iguales… tiene que cumplir (sí o sí) la teoría de Rondelet: 2 Ch + h = 62 ó 66 cm… ver si las normas urbanísticas permiten descansillos con tres peldaños o de qué forma se encajan los peldaños en los descansillos… cálculo de uso… cada tramo no puede ser inferior a 90 cm… encajar barandilla… anchura de descansillo 80 cm…. y más… y más… y más…
Sí, muy listo Cortázar, ¡maravilloso! Con la sencillez que explica el uso de la escalera, podría haber explicado el cálculo.
Primero piscinas y ahora escaleras… y algunos preocupándose por Cataluña, ¡tonterías!

sábado, 23 de septiembre de 2017

La canción del verano


Si tuviera que elegir la canción del verano, de mi verano, me quedaría con ‘Despacito’.
Sí, supongo que he sucumbido. No creo que se diga nada de esta canción que no se haya dicho ya. A todas horas y en todos los sitios. También, con eso de querer que fuera el vídeo más visto en Youtube, cuando estaba en el ordenador ponía el vídeo, quitaba el sonido y continuaba con mis cosas; cuando me acordaba volvía a darle para que sonase de nuevo. Algo así como el que juega a la bolsa y de vez en cuando, aunque haga otras cosas, mira cómo están los valores.
Cada uno podrá tener una opinión distinta. Probablemente, la gran mayoría dirá que es una canción absurda, machista y todos los adjetivos descalificativos que queramos poner. Pero sospecho que con esta canción pasa lo mismo que con Sálvame, nadie lo ve y sin embargo tiene unos altos índices de audiencia; todo el mundo presume de ver los documentales de La 2 y ocurre lo contrario.
Después de haberla escuchado docenas de veces, me atrevo a decir que tiene frases que podrían encajar en un poema y no pasarían desapercibidas. Hay dos frases que, aisladas, pronunciadas lentamente (en este caso despacito), son algo más que palabras elegidas al azar.
La primera sería “tú eres el imán y yo soy el metal”. Sólo el emisor y el receptor son capaces de comprender el sentido de esta frase. Va más allá de una metáfora relacionada con la rama de la física que estudia el magnetismo. El imán y el metal están condenados a atraerse. Sí, digo bien, condenados.
La segunda frase es “firmo en las paredes de tu laberinto y hacer de tu cuerpo todo un manuscrito”. Escapa a lo puramente sexual, hay una conjunción con lo intelectual. Las paredes de ese laberinto me evoca al laberinto de Creta construido por Dédalo, un arquitecto ateniense desterrado que, por encargo del rey Minos, construyó un laberinto para encerrar al minotauro. Pero Dédalo, tras perder el favor real, fue encerrado en el mismo laberinto. El arquitecto construyó unas alas de cera, con las que consiguió escapar de su prisión junto a su hijo Ícaro. Pero éste, desobedeciendo los consejos de su padre, voló tan alto que se acercó demasiado al sol, derritiendo sus alas y cayendo al mar ahogándose. Un laberinto no es sólo un recinto caótico, es mucho más... es arquitectura... ingenio... mitología...
Y hacer del cuerpo un manuscrito… y no se me ocurre mejor texto que el Quijote escrito en ese cuerpo femenino… El Quijote no puede estar en el cuerpo de cualquier mujer y cualquier mujer no puede llevar el Quijote en su cuerpo. La obra cumbre de la literatura hecha mujer... La mujer deseada elevada a una doble veneración superlativa, más allá de la comprensión humana. La unión de dos eternidades en el fondo de mi ser. 
Sí,‘Despacito’ es algo más que una simple canción.


martes, 19 de septiembre de 2017

Escena de la depilación de 'Virgen a los 40'


En cualquier momento, por malo que sea mi día o mi humor, me basta con ver este vídeo para reír a carcajadas.
Por cierto… todo es real. El actor Steve Carell pensó que sería una buena idea que la escena pareciera lo más real posible y ofreció inocentemente su cuerpo para grabar la escena en la sala de depilación. No se usaron dobles ni bello falso y los alaridos e insultos que se ven en el corte final de la película son 100 % reales. 


¡¡¡¡Folla pezoneees!!!!
No puedo parar de reír.

sábado, 16 de septiembre de 2017

martes, 12 de septiembre de 2017

Condado de Treviño, Petilla de Aragón, Rincón de Ademúz y Llívia


Un enclave es un territorio de una provincia o comunidad situado en otra. En España hay varios, pero solamente escribiré sobre los que conozco.
En Álava está el Condado de Treviño, perteneciente a Burgos. En el siglo XIII, Alfonso VIII de Castilla se anexionó el territorio de Álava que, por aquel entonces, pertenecía al Reino de Navarra, gobernado por Sancho el Fuerte. La villa de Treviño resistió de manera numantina a la conquista del rey castellano, quedando sitiada y si posibilidad de recibir ayuda por parte del rey navarro. Ante esta situación, Sancho el Fuerte de Navarra y Alfonso VIII de Castilla negociaron la capitulación y el Condado de Treviño quedó anexionado a Castilla, a cambio, el castellano entregaba al navarro Miranda de Arga, Mendavia, Larraga y otras ciudades.


Petilla de Aragón es un pequeño municipio que está en Aragón y en el siglo XII pasó al Reino de Navarra. La leyenda dice que Pedro II de Aragón perdió Petilla jugando a las cartas con Sancho VII El Fuerte, rey de Navarra. No se sabe con certeza cómo pasó a manos navarras, pero se cree que el motivo pueda ser una deuda. Pedro II de Aragón ofreció a Sancho VII el Fuerte de Navarra unas plazas fortificadas (Gallur, Ascó y Petilla) a cambio de un préstamo de 20.000 maravedíes y que los aragoneses tenían que devolver en 20 años. Jaime I el Conquistador no pudo devolver el préstamo y en 1231 Petilla pasó a formas parte del Reino de Navarra. Casi un siglo más tarde, los aragoneses intentaron tomarla por la fuerza, pero los de Petilla aguantaron el asedio y fueron auxiliados por Carlos II de Navarra, que en premio a su fidelidad les premió con una reducción de impuestos. Finalmente, apuntar que en Petilla de Aragón nació el Premio Nobel de Medicina Santiago Ramón y Cajal.


El tercer enclave que conozco es el Rincón de Ademuz. Fue conquistado en 1210 por Pedro II de Aragón y cincuenta años después fue anexionado al Reino de Valencia por Jaime I el Conquistador. En 1269, este rey donó la localidad de Arcos de las Salinas (que era la que conectaba el Rincón de Ademuz con el Reino de Valencia) al Consejo de Teruel, convirtiendo a Ademúz en un enclave valenciano.


Pero de todos los enclaves, el que más raro me parece es el de Llívia, una localidad que pertenece a Gerona y que está completamente rodeada por territorio francés. Esta situación viene del Tratado de los Pirineos (1659). Francia y España sellaban la paz tras sus rifirrafes en la Guerra de los Treinta Años. La conocida como Paz de los Pirineos reconocía la derrota de los españoles y como pago, entre otras cosas, el rey Felipe IV cedía al rey francés 33 pueblos del valle de Querol. Entre ellos debía figurar Llívia. Sin embargo, debido a un oportuno tecnicismo, el territorio permaneció español, ya que 130 años antes había sido catalogado como villa y no como pueblo por Carlos I. Es decir, España tiene una población en territorio francés, a unos 7 u 8 kilómetros de la frontera. Cabe destacar, como curiosidad, que Llívia posee la farmacia más antigua de Europa, documentada en 1594.


martes, 5 de septiembre de 2017

Aunque tú no lo sepas


A veces dicen que las cosas buenas pasan tarde. A veces dicen que lo mejor llega tarde. A veces maldecimos nuestra suerte porque algo nos haya llegado tarde. A veces… a veces pienso que no fue lo suficientemente tarde… que fue demasiado pronto.
Probablemente ha sido la única persona que llegó a mi vida pronto, demasiado pronto, sí, siempre lo he pensado. Con la prontitud que pueden suponer doce años. Sí… doce años… como dice Neruda “nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”.
Ahora, desde la serenidad que da el paso del tiempo, puedo valorar las cosas de forma diferente. Es cierto que ya no somos los mismos.
Es tan poco un folio y, sin embargo, ¡puede significar tanto! Un folio en blanco para comenzar a escribir, sin que hubiera nada anterior.

Me gustaría que mi vida fuera un folio en blanco para comenzar a escribir desde el principio – solía decirme.

Ese fue mi primer regalo. Un folio envuelto en papel de regalo. Se lo di una noche de sábado, volvíamos de cenar y la acompañé a casa. Bajó del coche y cuando iba a entrar al edificio le dije:

Espera – bajé del coche, abrí el maletero y le dije: – esto es para ti – se lo di y sin decir nada más nos dimos las buenas noches.

Sí, fue una época inolvidable… viajamos, solíamos hacerlo casi todos los fines de semana… íbamos a Madrid al teatro… museos... exposiciones… conferencias…
Pero, ¿qué pasó? Lo dice una famosa canción… “Yo sabía que te quería y te traje dentro de mí. Pero te dejé marchar”. Y la dejé marchar porque no supe cuidarla y cuando una cosa no se cuida es porque no se valora en la medida que corresponde y cuando no se valora es porque no se sabe apreciar. Hace tiempo hablamos de lo que pasó. No hay que darle más vueltas. Cuando se está acostumbrado a ir a 120 es difícil pasar de golpe a 70. Ella ponía una pausa en mi vida que yo no acababa de asimilar. Por no extenderme, yo era un Quijote impulsivo y ella era una Dulcinea reflexiva. Y aquello, poco a poco, fue minando la relación. En aquellos tiempos, mi perspectiva de la vida era muy distinta a la que tengo ahora. Pero no, como dijo Cyrano poco antes de morir: “No me quejo, lo apruebo ante el Todopoderoso”. No sirve lo primero ni renegar de lo segundo. Las cosas pasaron como pasaron y fueron como fueron. Yo siempre pienso que las cosas pasan o no pasan, pero no hay que forzarlas.
En doce años pasan muchas cosas que no esperas que pasen y otras que esperas que pasen y no pasan. Todo ello va moldeando una forma de ser y de pensar, de la misma forma que la corriente de un río va transformando las piedras de su lecho. Hubo un tiempo en que pensaba que el que no arriesgaba no ganaba, ahora pienso que el arriesgar también implica perder.
Yo me fui y ella quedó en Zaragoza. De una u otra forma, nunca perdimos el contacto. A ella le pasaron cosas y a mí también, más de una década da para mucho, pero siempre supimos el uno del otro. Aunque, por esas cosas que pasan, estuvimos más de 3 años sin hablar, fue algo que inconscientemente ambos decidimos. Cuando volvimos a hacerlo, recordando, le envié algunos correos que ella me mandó al principio, correos en los que escribía cosas como...

Me duele que errores anteriores puedan estar afectando el inicio de la mejor parte de mi vida: el momento en el que los sueños pueden despertar y prepararse para hacerse realidad, el momento en el que quisiera gritar que no me equivocaba al pensar que un día la vida te pondría en mi camino y si consigo que esta vez “el viento sople a favor”, te demostraré que la realidad, en ocasiones, supera la ficción y que esta historia tiene momentos que todavía nadie había escrito en ningún libro”.

Quisiera poder escribir junto a ti el libro de nuestras vidas, para escucharlo después de tu boca o de tus ojos mientras estoy sentada en mi mecedora”.

Se sorprendió. – Nunca he vuelto a escribirle a nadie como te escribía a ti – me dijo.

A mí tampoco me han vuelto a escribir como me escribía ella. Después de años he vuelto a Zaragoza, probablemente y espero que de forma definitiva. El pasado miércoles, después de muchos meses sin vernos, quedamos para comer. Me dijo que se iba fuera. Es profesora y este año estará dando clases en un pueblo de Huesca (provincia de la que es originaria). Allí se quedará, como mínimo, hasta septiembre de 2018.

Un año pasa pronto... y Huesca sólo está a 80 km de Zaragoza... – respondí.
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sábado, 2 de septiembre de 2017

Septiembre



Septiembre implica cambios, un antes y un después de cada etapa. Siempre lo he considerado un mes fundamental en los ciclos vitales de mi vida. De una u otra forma ha sido el punto de inflexión que ha marcado el futuro englobado en doce meses.
No creo en eso de ‘año nuevo, vida nueva’. Nada tiene que cambiar al pasar del 31 de diciembre al 1 de enero. Pero sí creo que eso ocurre en este mes que hemos entrado. Uno mismo, días antes, ya va planificando los meses sucesivos. En mi caso suelto lastre del pasado y dejo huecos vacíos para lo que venga. Es entonces cuando me siento liberado y veo una posible evolución en la que trato de centrarme; tratar de mantener, por el motivo que sea, lo que, en cierta forma, no aporta nada a mi vida es algo que me desestabiliza. Aunque a estas alturas tampoco sé si llegaría esa desestabilización, la sortearía dándole un pase de capote. Tengo cosas mucho más importantes en que pensar hasta el próximo septiembre.