martes, 17 de octubre de 2017

Micro XV


En un examen de Selectividad preguntaron ‘¿qué es el riesgo? Esto’, respondió un alumno. Fue el único que acertó.
¿Qué es la felicidad? Esto.

sábado, 14 de octubre de 2017

Un pequeño oasis



Tengo la costumbre de ir mirando hacia arriba cuando voy por la calle. En ocasiones, la gente desconoce que existen cosas más allá de la altura de nuestros ojos y es increíble averiguar que hay otra ciudad.
A principios de semana descubrí ‘algo sospechoso’ entre tanta uniformidad rojigualda colgando de los balcones. Ni más ni menos que una bandera tricolor.
No pude resistirme a fotografiarlo, aunque sé que la fotografía no es la mejor por las ramas que la tapan.
Pero, sinceramente, ver tantas banderas me cansa y agobia. Me pregunto si todos estos que cuelgan banderas rezumando patriotismo, no tenían banderas que colgar cuando el Gobierno les daba dinero a los bancos, quebraban las cajas, subían los impuestos, la corrupción se convirtió en seña de identidad o recortaban en Educación y Sanidad.

Dale un pez a un hombre y comerá un día; dale una bandera y olvidará que tiene hambre.

martes, 10 de octubre de 2017

Españolísimo



Creo que es la primera vez en que sin que haya un pretexto deportivo se vean multiplicarse banderas españolas desde los balcones de las viviendas.
Parecía que el nacionalismo español, ese de la exaltación patriótica, había dado paso a una suerte de patriotismo blando e inofensivo. Muchos españoles nos sentíamos orgullosos por motivos deportivos, gastronómicos, culturales… el patriotismo había dado paso a un localismo que hacía enorgullecer por encima de la pertenencia a un país.
Ahora parece que la cosa va mutando y vuelve ese fanatismo de la unidad indivisible de la Patria. Una pasión que a lo lardo de la historia de este país ha sido regada por cadáveres y sangre. Un nacionalismo español que ha defendido su hegemonía en los últimos siglos mediante guerras, cárcel, exilios y venganzas. Un nacionalismo que tuvo dos periodos claramente destacados: 1) durante la invasión napoleónica, con un pequeño resquicio de esperanza en el trienio liberal (1820 - 1823) y una hegemonía durante la ‘década ominosa’ (1823 -1833) personificados en la figura del felón Fernando VII, el caudillo del siglo XIX. 2) Durante la dictadura franquista, sobre la que no hace falta decir demasiado.
Ese nacionalismo jamás se fue. Estuvo aletargado en la derecha y en parte de la izquierda, reciclado en ‘patriotismo constitucional’. Siempre defendiendo sus intereses y chocando con nacionalismos.
El problema no es Cataluña, el problema es esta España que necesita separarse de ese nacionalismo y de, no me cansare de repetirlo, el cojonudismo. España ha cambiado a lo largo de la historia y nada podrá impedir que siga haciéndolo.

sábado, 7 de octubre de 2017

Sólo puede quedar uno



Lo que ocurre en Cataluña me recuerda a esas películas en las que el protagonista está contra las cuerdas, sin esperanza y, por eso, pero el espectador sabe que, al final, saldrá victorioso.
Antes que nada, me gustaría aclarar que yo no soy independentista, simplemente estoy a favor del derecho a decidir. Yo no sé si los catalanes quieren o no irse de España, porque nadie les ha preguntado. No obstante, sí que hay una mayoría en el parlamento catalán que están a favor de la independencia y eso puede dar una pista del sentir catalán. No obstante, soy partidario de que los catalanes voten lo que quieren hacer y luego que votemos el resto de españoles, pero teniendo argumentos para poder tomar una decisión. No se puede obligar a quedarse a alguien que quiera irse, igualmente no se puede obligar a marcharse a alguien que quiera quedarse. En eso consiste la palabra que algunos prostituyen inmisericordemente cada vez que se escudan tras ella: democracia.
Visto lo visto no hay solución. Esto será una pelea en la que, como se decía en la película de Los Inmortales, sólo puede quedar uno. No hay otra solución y el discurso de Felipe VI ‘el Preparado’, no dejó lugar a dudas. El Rey, cuyo papel se supone que es el de moderador, apostó sin titubear por la mano dura contra la Generalitat, sin dar lugar al diálogo. Digno heredero del primer Borbón, su tocayo el V que comenzó su ascenso a la Corona con una guerra que, precisamente, comenzó en Barcelona.
No causa sorpresa que ‘el Preparado’ se decante por la unidad de España; pero también se ha posicionado políticamente por una forma concreta de poner solución.
Se dice que el Rey es del Atlético de Madrid, ahora ya sabemos una cosa más: que también es de derechas. Con sus palabras elimina, repito, cualquier posibilidad de dialogo (como proponía Podemos) o cualquier negociación (como proponía el PSOE).
El discurso de ‘el Preparado’ fue algo bochornoso. Yo escuché a una persona, que no se ha presentado a unas elecciones, pero que representa a un país, hablar de estado de Derecho, democracia y defender la Constitución. Una persona que representa la institución más antidemocrática que pueda existir estaba, sin ruborizarse, diciendo cosas como: “el derecho de todos los españoles a decidir democráticamente su vida en común”. ¡Y esto lo dice un tío que tiene un artículo en la Constitución que lo protege de todo y de todos! Artículo 56: La persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad. ¡Un tío que no vota en elecciones ni se somete a ellas hablando de decidir democráticamente!
Desde hace décadas vivimos en un Estado democrático”. ¡Y esto lo dice un Rey, un Jefe de Estado que no puede ser elegido por el resto de españoles!
Para subrayar una vez más el firme compromiso de la Corona con la Constitución y con la democracia”. Esto me parece lo más coherente, pero con matices. Entiendo que exprese su compromiso con la Constitución, pues esta le permite que continúe gozando de su posición. Pero que no mezcle en la misma frase Corona y democracia… no hace falta ser licenciado en Derecho para saber que son conceptos antagónicos; a partir de entonces cualquier argumento pierde valor.
Resumiendo, todo un discurso de España cañí, hablando de indisolubilidad de la Patria… ni una sola referencia a las cargas policiales.
Pero si algo bueno ha tenido el discurso de ‘el Preparado’ ha sido para que se haya dirigido a todos sus súbditos en una fecha distinta a la Nochebuena. Algunos aplaudirán con las orejas.
Resumiendo: el Rey está preparando el terreno para que el Gobierno más corrupto de Europa occidental y parte de la oriental, si lo considera, intervenga de manera durísima. Ahora ya se han quitado todos la careta. A unos, por desgracia, ya los conocíamos y otros han salido del armario en el que estaban para mostrar lo que escondían. Con el tema de Cataluña se ha descubierto que el concepto de democracia que tiene la Corona y el Gobierno es ‘opinad libremente en democracia, pero siempre que opinéis lo mismo que yo’.
Y como epílogo a este artículo diré mi opinión tal y como yo veo que acabará todo. España ya ha perdido Cataluña; o no lo sabe o no lo quiere ver, pero es cuestión de tiempo. El Gobierno jamás ha tenido interés en negociar una solución al problema. Cuando llegó Rajoy a la Moncloa, el independentismo era del testimonial, ahora es un clamor. Y digo que ha perdido Cataluña porque va en la historia de este país. No voy a relatar ahora como y porqué se perdieron Cuba, Filipinas o Guinea. Simplemente haré referencia a lo que dijo Unamuno para referirse al talante dialogante de los españoles: el cojonudismo. Pasamos a ser un país, en cuyo imperio no se ponía el sol, a tener el propio territorio colonizado con Gibraltar y, pronto mutilado en una parte.
En este país, en lo referente a territorio, siempre se ha apostado por una vía: la unidad no se rompe. He dicho que no hablaría de la independencia de Filipinas, Cuba y Guinea, y no lo voy a hacer (espero con esto alimentar la curiosidad sobre el tema de los que puedan leer este artículo), pero hubiera bastado sentado a dialogar para no haber tenido que llegar a la guerra con las antiguas colonias. España jamás ha dialogado justificándose en patrañas patrióticas, ¡gran diferencia con Inglaterra! En la actualidad, antiguas colonias inglesas como Australia, Nueva Zelanda, Canadá (que no son países sospechosos de ser tercermundistas) y así hasta 50 países pertenecen a la Commonwealth, teniendo a la Reina Isabel II como cabeza de la organización, aunque muchos países sean repúblicas o monarquías. Pero España… El mañana efímero, de Antonio Machado, es el mejor retrato del país.


No puedo resistirme a copiar un artículo de Javier Pérez Royo, Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Sevilla.

El discurso del Rey: desastre sin paliativos

El discurso del rey no debió producirse, porque un discurso de esa naturaleza no tiene encaje en una Monarquía Parlamentaria. Por muy difíciles que sean las circunstancias o, mejor dicho, cuanto más difíciles sean las circunstancias, menos se justifica la intervención de una magistratura hereditaria, que, justamente por ello, carece de legitimación democrática.
El discurso del rey fue un acto de profunda deslealtad respecto del poder constituyente del pueblo español. En la Constitución el principio de legitimación democrática del Estado figura en el art. 1.2 CE: “la soberanía nacional reside en el pueblo español del que emanan los poderes del Estado”. A continuación, viene la Monarquía parlamentaria: “la forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria”, dice el art. 1.3 CE.
El art. 1.2 CE es el presupuesto del art. 1.3 CE, sin el cual este último resulta inexplicable. Sin legitimación democrática se puede ser “órgano”, pero no “poder” del Estado y, en consecuencia, no se puede tener una intervención de naturaleza política, como fue el discurso del rey. En el discurso del rey hubo falta de respeto a la Constitución y deslealtad al poder constituyente del pueblo español.
Pero el discurso no solamente fue un error porque se produjo cuando no se debía haber producido, sino además por el contenido y por la forma del mismo. El rey no supo estar a la altura de lo que las circunstancias tan difíciles exigían y pronunció un discurso, que no solamente no va a contribuir a encontrar una salida al laberinto en que nos encontramos, sino que puede contribuir a todo lo contrario.
El rey, para articular el discurso, disponía de múltiples posibilidades, pero dada su posición en el pináculo del edificio constitucional, dos destacaban sobre todas las demás. El rey podía haber hablado en nombre del Estado o en nombre de la Nación.
Son dos perspectivas distintas, que, sin embargo, no tienen por qué ser antagónicas, porque pueden ser complementarias. Pero son perspectivas desde las que se construyen discursos distintos.
Felipe VI optó por hablar exclusivamente en nombre del Estado, reproduciendo los términos en que viene expresándose el presidente del Gobierno desde hace años. El rey se identificó con la posición del PP y de Ciudadanos, esto es, de la derecha española, sin tomar en consideración ninguna de las contribuciones de los demás partidos y de manera especial de las aportadas por el PSOE. Las reacciones de los portavoces de los distintos partidos hablan por sí solas. La incomodidad de José Luis Ábalos en la entrevista en Hora 25 no podía ser más expresiva.
Si el rey hubiera hablado en nombre de la Nación, el discurso podría haber sido completamente distinto. Hubiera podido decir que su preocupación es mantener la unidad de la nación española en su enorme diversidad, expresar su preocupación por los desgarres y fisuras que se estaban poniendo de manifiesto y dirigirse a todos los ciudadanos, independentistas incluidos, para evitar que los desgarres y fisuras pudieran ir a más.
Podría haber afirmado que entendía su función en el edificio constitucional como la de contribuir a encontrar una fórmula de convivencia en la que todos, independentistas incluidos, se encontraran cómodos. Añadir que, en su opinión, eso únicamente se puede conseguir con un diálogo de buena fe y terminar, por último, lamentando lo sucedido en los últimos días.
A continuación, hubiera podido hablar en nombre del Estado y dejar claro que, en ningún caso, se puede tolerar el quebrantamiento de la Constitución y del resto del ordenamiento jurídico y añadir que la Constitución únicamente puede ser reformada mediante los procedimientos de reforma previstos en ella misma, los cuales exigen, dada las mayorías exigidas, un diálogo entre todos.
Con un discurso de este tenor, el rey podía haber contribuido a reducir la tensión y abrir la puerta para un escenario distinto de aquél en que ahora mismo nos encontramos. No entiendo muy bien por qué excluyó esta posibilidad.
La posición del rey no puede ser la de repetir el discurso del presidente del Gobierno, entre otras cosas, porque en lugar de fortalecerlo, lo debilita, lo devalúa. ¿Qué confianza se puede tener en un Presidente del Gobierno, que necesita que el rey venga en su ayuda? El rey, en sus relaciones con todos los partidos políticos, tiene que ser neutral. Si deja de serlo, pone en peligro su propia presencia en el sistema político. En su discurso del martes dejó de serlo. Y además se notó. Y mucho. Por lo que dijo y por cómo lo dijo. Su lenguaje, también el corporal, fue de una agresividad extraordinaria, con expresiones no solo contundentes sino hirientes. Todo lo contrario de lo que la sociedad española, tan angustiada por los acontecimientos del fin de semana, necesitaba.
El error ha sido mayúsculo. Su padre, el rey Juan Carlos I, en el año inicial de la transición, en junio de 1976, calificó en entrevista al semanario Newsweek la acción del Gobierno Arias como un “desastre sin paliativos”, propiciando con ello la dimisión de Arias y su sustitución por Adolfo Suárez. Con estos mismos términos habría que calificar el discurso del rey del pasado martes
.

martes, 3 de octubre de 2017

El síndrome Lopera


Cada vez que entrevistaban a Manuel Ruiz de Lopera, el que fue presidente del Betis, siempre decía lo mismo: que estaba trabajando por el Betis (aunque fuera a altas horas de la tarde), que había madrugado mucho, que apenas había comido… Y, claro, como Lopera era un personaje que daba mucho juego para la imitación, pues siempre comenzaban las imitaciones preguntándole si continuaba trabajando, a qué hora se había levantado y qué había comido.
Creo que tengo el síndrome Lopera. A las 7:30 horas ya estoy en la calle, para tomar un café con los albañiles, antes de que comiencen la jornada, y ver cómo llevan los trabajos. Luego a visitar obras, hasta media mañana que paro para tomar un bombón con hielo. Hay veces que tengo que ir a por materiales o, si no, vengo directamente a la oficina y me pongo a organizar los trabajos para que salgan los números, ¿qué significa esto? De cada trabajo sacar los costes directos, costes indirectos, costes de material, beneficio… etc. De esa forma se lleva un control más estricto. Por ejemplo, si una reforma de una cocina y un baño son 10.000 euros, de esa cantidad hay que saber cuánto corresponde a materiales (por ejemplo, un saco de cemento se puede usar para varios trabajos y eso son beneficios), el desgaste de herramientas, transporte, impuestos, beneficios… etc. Controlando eso, los trabajos son rentables. Pues bien, dependiendo del volumen del trabajo hay que tenerlo controlado.
Otras veces tengo que dibujar planos… Desplazarme a alguna vivienda para hablar con clientes y presentarles presupuestos… Hacer proyectos, con todo lo que ello implica (memoria, estudio de seguridad y salud, pliego de condiciones, gestión de residuos, cálculos…).
Como he dicho al principio, a las 7:30 ya estoy en la calle y no suelo volver a casa antes de las 20:30… y, excepto las veces que tengo comidas de trabajo, como Lopera, como algo rápido. Por supuesto, todo eso se traduce en que hay veces que me despierto por las noche y estoy una o dos horas despierto, dando vueltas en la cama.
Pero el colmo ha sido este fin de semana pasado. El pasado miércoles me encargaron un proyecto para la rehabilitación de una fachada y necesitaban el proyecto para ayer lunes. Así que me tocó estar ‘pringado’ viernes, sábado y, lo que es peor,  ¡el domingo! El sábado no hubo ni café ni periódico y el domingo, a las 9 de la mañana, ya estaba delante del ordenador. Paré a las 14:00 y continué desde las 16:00 hasta que acabé, a las 18:30.
Encima de todo lo que he explicado, tengo que llevar controladas todas las facturas, cobros, fechas de pagos, etc. Pero a esto último le pondré solución contratando a una secretaria de confianza, para que una tarde a la semana se encargue de todo el papeleo.
Como don Manué, dejándome la vida por er Beti… pero yo sin el Cristo del Gran Poder.

Los primeros 40 segundos de este audio podría firmarlos yo.



PD 1 Los veinte minutos que me ha costado escribir este artículo los tendré que recuperar.
PD 2 ¿Alguien conoce a alguna millonaria casadera?
PD 3 Dos minutos más que me ha costado escribir las posdatas y diez en ponerlo en el blog.
PD 4 Parezco el conejo blanco de Alicia, siempre mirando su reloj.

martes, 26 de septiembre de 2017

Cortázar, escaleras y yo



Recientemente he releído ‘Instrucciones de una escalera’, de Julio Cortázar. Un texto maravilloso. El autor describe magistralmente el procedimiento para subir una escalera, ¡incluso la colocación de los pies! ¿Cuántas cosas hacemos y/o sabemos sin preguntarnos realmente cómo o por qué? Cortázar no invita, casi nos obliga, a una observación de algo cotidiano, como si fuera una acción de otro mundo.
Pero aquí es donde yo quería llegar. Cortázar (no seré yo el que le quite el mérito, ni mucho menos) se lo encuentra todo hecho, es decir, ya tiene la escalera. He aquí mi problema: yo no tengo escalera, tengo que calcularla. Llevo una semana calentándome los sesos para construir una escalera en un edificio en el que quieren colocar un ascensor. El hueco que tengo es de 1’99 m. de ancho y 2’79 m. de largo. En un edificio de cuatro plantas con una altura desde la cota cero hasta el forjado del último piso de 12’44 m. Las alturas entre forjados no son iguales, con variaciones en algunos pisos de 7 cm.… tiene que cumplir (sí o sí) la teoría de Rondelet: 2 Ch + h = 62 ó 66 cm… ver si las normas urbanísticas permiten descansillos con tres peldaños o de qué forma se encajan los peldaños en los descansillos… encajar huellas de unos 28 cm.... contrahuellas entre 16 y 19 cm.... cada tramo con unas medidas de escalón distinto... cálculo de uso… cada tramo no puede ser inferior a 90 cm de ancho… encajar barandilla… anchura de descansillo 80 cm…. y más… y más… y más…
Sí, muy listo Cortázar, ¡maravilloso! Lo complicado no es escribir lo que escribió Cortazar, lo complicado es diseñar la escalera para que Cortazar pueda escribirlo. Yo no quiero que me digan cómo subir por una escalera, yo quiero que me digan cómo resuelvo esta maldita escalera. Es como ir a la luna... lo difícil no es ir... lo complicado es cómo ir.
Primero piscinas y ahora escaleras… y algunos preocupándose por Cataluña, ¡tonterías!

sábado, 23 de septiembre de 2017

La canción del verano


Si tuviera que elegir la canción del verano, de mi verano, me quedaría con ‘Despacito’.
Sí, supongo que he sucumbido. No creo que se diga nada de esta canción que no se haya dicho ya. A todas horas y en todos los sitios. También, con eso de querer que fuera el vídeo más visto en Youtube, cuando estaba en el ordenador ponía el vídeo, quitaba el sonido y continuaba con mis cosas; cuando me acordaba volvía a darle para que sonase de nuevo. Algo así como el que juega a la bolsa y de vez en cuando, aunque haga otras cosas, mira cómo están los valores.
Cada uno podrá tener una opinión distinta. Probablemente, la gran mayoría dirá que es una canción absurda, machista y todos los adjetivos descalificativos que queramos poner. Pero sospecho que con esta canción pasa lo mismo que con Sálvame, nadie lo ve y sin embargo tiene unos altos índices de audiencia; todo el mundo presume de ver los documentales de La 2 y ocurre lo contrario.
Después de haberla escuchado docenas de veces, me atrevo a decir que tiene frases que podrían encajar en un poema y no pasarían desapercibidas. Hay dos frases que, aisladas, pronunciadas lentamente (en este caso despacito), son algo más que palabras elegidas al azar.
La primera sería “tú eres el imán y yo soy el metal”. Sólo el emisor y el receptor son capaces de comprender el sentido de esta frase. Va más allá de una metáfora relacionada con la rama de la física que estudia el magnetismo. El imán y el metal están condenados a atraerse. Sí, digo bien, condenados.
La segunda frase es “firmo en las paredes de tu laberinto y hacer de tu cuerpo todo un manuscrito”. Escapa a lo puramente sexual, hay una conjunción con lo intelectual. Las paredes de ese laberinto me evoca al laberinto de Creta construido por Dédalo, un arquitecto ateniense desterrado que, por encargo del rey Minos, construyó un laberinto para encerrar al minotauro. Pero Dédalo, tras perder el favor real, fue encerrado en el mismo laberinto. El arquitecto construyó unas alas de cera, con las que consiguió escapar de su prisión junto a su hijo Ícaro. Pero éste, desobedeciendo los consejos de su padre, voló tan alto que se acercó demasiado al sol, derritiendo sus alas y cayendo al mar ahogándose. Un laberinto no es sólo un recinto caótico, es mucho más... es arquitectura... ingenio... mitología...
Y hacer del cuerpo un manuscrito… y no se me ocurre mejor texto que el Quijote escrito en ese cuerpo femenino… El Quijote no puede estar en el cuerpo de cualquier mujer y cualquier mujer no puede llevar el Quijote en su cuerpo. La obra cumbre de la literatura hecha mujer... La mujer deseada elevada a una doble veneración superlativa, más allá de la comprensión humana. La unión de dos eternidades en el fondo de mi ser. 
Sí,‘Despacito’ es algo más que una simple canción.


martes, 19 de septiembre de 2017

Escena de la depilación de 'Virgen a los 40'


En cualquier momento, por malo que sea mi día o mi humor, me basta con ver este vídeo para reír a carcajadas.
Por cierto… todo es real. El actor Steve Carell pensó que sería una buena idea que la escena pareciera lo más real posible y ofreció inocentemente su cuerpo para grabar la escena en la sala de depilación. No se usaron dobles ni bello falso y los alaridos e insultos que se ven en el corte final de la película son 100 % reales. 


¡¡¡¡Folla pezoneees!!!!
No puedo parar de reír.

sábado, 16 de septiembre de 2017

martes, 12 de septiembre de 2017

Condado de Treviño, Petilla de Aragón, Rincón de Ademúz y Llívia


Un enclave es un territorio de una provincia o comunidad situado en otra. En España hay varios, pero solamente escribiré sobre los que conozco.
En Álava está el Condado de Treviño, perteneciente a Burgos. En el siglo XIII, Alfonso VIII de Castilla se anexionó el territorio de Álava que, por aquel entonces, pertenecía al Reino de Navarra, gobernado por Sancho el Fuerte. La villa de Treviño resistió de manera numantina a la conquista del rey castellano, quedando sitiada y si posibilidad de recibir ayuda por parte del rey navarro. Ante esta situación, Sancho el Fuerte de Navarra y Alfonso VIII de Castilla negociaron la capitulación y el Condado de Treviño quedó anexionado a Castilla, a cambio, el castellano entregaba al navarro Miranda de Arga, Mendavia, Larraga y otras ciudades.


Petilla de Aragón es un pequeño municipio que está en Aragón y en el siglo XII pasó al Reino de Navarra. La leyenda dice que Pedro II de Aragón perdió Petilla jugando a las cartas con Sancho VII El Fuerte, rey de Navarra. No se sabe con certeza cómo pasó a manos navarras, pero se cree que el motivo pueda ser una deuda. Pedro II de Aragón ofreció a Sancho VII el Fuerte de Navarra unas plazas fortificadas (Gallur, Ascó y Petilla) a cambio de un préstamo de 20.000 maravedíes y que los aragoneses tenían que devolver en 20 años. Jaime I el Conquistador no pudo devolver el préstamo y en 1231 Petilla pasó a formas parte del Reino de Navarra. Casi un siglo más tarde, los aragoneses intentaron tomarla por la fuerza, pero los de Petilla aguantaron el asedio y fueron auxiliados por Carlos II de Navarra, que en premio a su fidelidad les premió con una reducción de impuestos. Finalmente, apuntar que en Petilla de Aragón nació el Premio Nobel de Medicina Santiago Ramón y Cajal.


El tercer enclave que conozco es el Rincón de Ademuz. Fue conquistado en 1210 por Pedro II de Aragón y cincuenta años después fue anexionado al Reino de Valencia por Jaime I el Conquistador. En 1269, este rey donó la localidad de Arcos de las Salinas (que era la que conectaba el Rincón de Ademuz con el Reino de Valencia) al Consejo de Teruel, convirtiendo a Ademúz en un enclave valenciano.


Pero de todos los enclaves, el que más raro me parece es el de Llívia, una localidad que pertenece a Gerona y que está completamente rodeada por territorio francés. Esta situación viene del Tratado de los Pirineos (1659). Francia y España sellaban la paz tras sus rifirrafes en la Guerra de los Treinta Años. La conocida como Paz de los Pirineos reconocía la derrota de los españoles y como pago, entre otras cosas, el rey Felipe IV cedía al rey francés 33 pueblos del valle de Querol. Entre ellos debía figurar Llívia. Sin embargo, debido a un oportuno tecnicismo, el territorio permaneció español, ya que 130 años antes había sido catalogado como villa y no como pueblo por Carlos I. Es decir, España tiene una población en territorio francés, a unos 7 u 8 kilómetros de la frontera. Cabe destacar, como curiosidad, que Llívia posee la farmacia más antigua de Europa, documentada en 1594.


martes, 5 de septiembre de 2017

Aunque tú no lo sepas


A veces dicen que las cosas buenas pasan tarde. A veces dicen que lo mejor llega tarde. A veces maldecimos nuestra suerte porque algo nos haya llegado tarde. A veces… a veces pienso que no fue lo suficientemente tarde… que fue demasiado pronto.
Probablemente ha sido la única persona que llegó a mi vida pronto, demasiado pronto, sí, siempre lo he pensado. Con la prontitud que pueden suponer doce años. Sí… doce años… como dice Neruda “nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”.
Ahora, desde la serenidad que da el paso del tiempo, puedo valorar las cosas de forma diferente. Es cierto que ya no somos los mismos.
Es tan poco un folio y, sin embargo, ¡puede significar tanto! Un folio en blanco para comenzar a escribir, sin que hubiera nada anterior.

Me gustaría que mi vida fuera un folio en blanco para comenzar a escribir desde el principio – solía decirme.

Ese fue mi primer regalo. Un folio envuelto en papel de regalo. Se lo di una noche de sábado, volvíamos de cenar y la acompañé a casa. Bajó del coche y cuando iba a entrar al edificio le dije:

Espera – bajé del coche, abrí el maletero y le dije: – esto es para ti – se lo di y sin decir nada más nos dimos las buenas noches.

Sí, fue una época inolvidable… viajamos, solíamos hacerlo casi todos los fines de semana… íbamos a Madrid al teatro… museos... exposiciones… conferencias…
Pero, ¿qué pasó? Lo dice una famosa canción… “Yo sabía que te quería y te traje dentro de mí. Pero te dejé marchar”. Y la dejé marchar porque no supe cuidarla y cuando una cosa no se cuida es porque no se valora en la medida que corresponde y cuando no se valora es porque no se sabe apreciar. Hace tiempo hablamos de lo que pasó. No hay que darle más vueltas. Cuando se está acostumbrado a ir a 120 es difícil pasar de golpe a 70. Ella ponía una pausa en mi vida que yo no acababa de asimilar. Por no extenderme, yo era un Quijote impulsivo y ella era una Dulcinea reflexiva. Y aquello, poco a poco, fue minando la relación. En aquellos tiempos, mi perspectiva de la vida era muy distinta a la que tengo ahora. Pero no, como dijo Cyrano poco antes de morir: “No me quejo, lo apruebo ante el Todopoderoso”. No sirve lo primero ni renegar de lo segundo. Las cosas pasaron como pasaron y fueron como fueron. Yo siempre pienso que las cosas pasan o no pasan, pero no hay que forzarlas.
En doce años pasan muchas cosas que no esperas que pasen y otras que esperas que pasen y no pasan. Todo ello va moldeando una forma de ser y de pensar, de la misma forma que la corriente de un río va transformando las piedras de su lecho. Hubo un tiempo en que pensaba que el que no arriesgaba no ganaba, ahora pienso que el arriesgar también implica perder.
Yo me fui y ella quedó en Zaragoza. De una u otra forma, nunca perdimos el contacto. A ella le pasaron cosas y a mí también, más de una década da para mucho, pero siempre supimos el uno del otro. Aunque, por esas cosas que pasan, estuvimos más de 3 años sin hablar, fue algo que inconscientemente ambos decidimos. Cuando volvimos a hacerlo, recordando, le envié algunos correos que ella me mandó al principio, correos en los que escribía cosas como...

Me duele que errores anteriores puedan estar afectando el inicio de la mejor parte de mi vida: el momento en el que los sueños pueden despertar y prepararse para hacerse realidad, el momento en el que quisiera gritar que no me equivocaba al pensar que un día la vida te pondría en mi camino y si consigo que esta vez “el viento sople a favor”, te demostraré que la realidad, en ocasiones, supera la ficción y que esta historia tiene momentos que todavía nadie había escrito en ningún libro”.

Quisiera poder escribir junto a ti el libro de nuestras vidas, para escucharlo después de tu boca o de tus ojos mientras estoy sentada en mi mecedora”.

Se sorprendió. – Nunca he vuelto a escribirle a nadie como te escribía a ti – me dijo.

A mí tampoco me han vuelto a escribir como me escribía ella. Después de años he vuelto a Zaragoza, probablemente y espero que de forma definitiva. El pasado miércoles, después de muchos meses sin vernos, quedamos para comer. Me dijo que se iba fuera. Es profesora y este año estará dando clases en un pueblo de Huesca (provincia de la que es originaria). Allí se quedará, como mínimo, hasta septiembre de 2018.

Un año pasa pronto... y Huesca sólo está a 80 km de Zaragoza... – respondí.
...
...
...


sábado, 2 de septiembre de 2017

Septiembre



Septiembre implica cambios, un antes y un después de cada etapa. Siempre lo he considerado un mes fundamental en los ciclos vitales de mi vida. De una u otra forma ha sido el punto de inflexión que ha marcado el futuro englobado en doce meses.
No creo en eso de ‘año nuevo, vida nueva’. Nada tiene que cambiar al pasar del 31 de diciembre al 1 de enero. Pero sí creo que eso ocurre en este mes que hemos entrado. Uno mismo, días antes, ya va planificando los meses sucesivos. En mi caso suelto lastre del pasado y dejo huecos vacíos para lo que venga. Es entonces cuando me siento liberado y veo una posible evolución en la que trato de centrarme; tratar de mantener, por el motivo que sea, lo que, en cierta forma, no aporta nada a mi vida es algo que me desestabiliza. Aunque a estas alturas tampoco sé si llegaría esa desestabilización, la sortearía dándole un pase de capote. Tengo cosas mucho más importantes en que pensar hasta el próximo septiembre.

martes, 29 de agosto de 2017

Bulbuente, a la falda del Moncayo


Si tuviese siete vidas como los gatos, no tengo duda que la actual está desperdiciada. Las otras seis quiero vivirlas en un pueblo. Pero, cuando digo pueblo me refiero a núcleos de ciudad de, como mucho, 500 habitantes. Si hay gente que se siente atrapada en un cuerpo que no es el suyo, a mí me ocurre lo mismo: soy un pueblerino atrapado en el cuerpo de un ciudadano. Soy alguien que ha nacido y vivido en ciudades medianamente grandes, pero que siente que pertenece a otro tipo de vida, a otro hábitat.
El pasado fin de semana quedé con un amigo y su familia para ir de barbacoa a su pueblo: Bulbuente, un pequeño pueblo, de poco más de 200 habitantes, a la falda del Moncayo. Me gustaría matizar que no es exactamente su pueblo, es el pueblo de sus padres. Él ya nació en Zaragoza, sus hermanas, con las que se lleva varios años, todavía nacieron en el pueblo. En Bulbuente pasaba los veranos cuando era un crío.
Allí, desde la terraza de su casa, se ve el “Moncayo azul y blanco”, como lo denominó Antonio Machado y se siente el aire fresco. El mismo aire que iba buscando Bécquer como tratamiento para la tuberculosis durante su estancia en el monasterio de Veruela (a 10 km de Bulbuente) y desde donde escribió ‘Desde mi celda’. O el que 75 años más tarde le recomendarían al mismo Machado para la misma enfermedad que también acabaría con su mujer Leonor. Aire, aire del Moncayo. Dicen que quien no ha visto toros en el Puerto no sabe lo que es un día de toros. Quien no ha respirado aire del Moncayo no sabe lo que es aire puro. Pero lo mejor de todo es que apenas tenía cobertura en el móvil y cualquier WhatsApp me llegaba con quince minutos de retraso, o bien recibía tarde mensajes de que me habían llamado. Me daba igual. Absolutamente igual.
Antes de comenzar a comer fuimos a la plaza del pueblo. Es fácilmente reconocible porque tiene el único bar y está el ayuntamiento. Pero lo más destacable es que en el centro hay una fuente, llamada la de los dos caños, porque de ella salen dos caños (¿para qué complicarse la vida con nombres rimbombantes?) y en la parte superior hay una pequeña figura de San Bartolomé, patrón de Bulbuente, dentro de una urna de cristal.


Me resultó curioso ver a un hombre con una furgoneta vendiendo melones y sandías. ¿Alguien se imagina al lado del Ayuntamiento de una ciudad algo así? Que si permiso de esto, de lo otro, que si estacionamiento, que si la imagen… Me acerqué y pedí un melón.



¿Quies llevarte dos gordicos? – me preguntó el hombre con un acento que lo delataba.

Así que me llevé un par por cinco euros.
Estando en la terraza, con este amigo y su mujer, hablábamos de cosas sin importancia mientras yo ojeaba el Heraldo de Aragón. Tres o cuatro niños jugaban alrededor de la fuente, en una mesa había un par de abuelos con boina hablando del tiempo y en otra mesa un par de matrimonios jóvenes. Me sentía feliz, tranquilo. Por un momento pensé, ¿cómo deben estar ahora las playas? Hagamos un ejercicio mental y comparemos cualquier playa que conozcamos, a las 12:30 horas, con la escena que he comentado. Sobran las palabras. Tomamos un par de tercios cada uno (Ambar, por supuesto), una Coca–Cola para la hija de ellos y un paquete de patatas; todo eso por 9’30 €. Continuemos con el ejercicio mental, ¿en qué chiringuito de playa se podría tomar lo mismo al mismo precio?
Después de comer salimos a dar una vuelta por el pueblo. Además de la tradición a la suelta de becerras que tienen por esa zona, me llamó la atención el ‘concurso de tractores’. ¿Concurso de tractores? En las discotecas, en verano, suelen hacer concurso de camisetas mojadas, ¿pero de tractores? El concurso consiste en que los participantes, con el mismo tractor, tienen que hacer un recorrido al que se han puesto unos obstáculos y otra prueba es hacer otro recorrido con un remoque y marcha atrás, todo ello en el menor tiempo posible.

A Bulbuente, por lo visto, no ha llegado la Ley de Memoria Histórica.


Un pueblo en el que a pesar de haber sido fiestas los adornos en las calles son banderines de plástico o de papel. No son necesarias grandes luminarias.


En el que parece que el tiempo se ha parado. Ha decidido no seguir y tampoco es necesario que lo haga.


En el que se pueden ver vallas que cortan las calles.


O estructuras en los que se colocan maderos para que el toro no se meta en alguna casa (esta casa de la esquina, que hace 90º, es la de mi amigo).


Lugares en los que el Ayuntamiento no te manda cartitas a casa, emite bandos.


O si alguien no se entera siempre queda el recurso de la megafonía.


A mi amigo lo conocía la gente mayor.

¿Quién es pues? – preguntó una mujer a otra cuando pasamos por delante de su casa.
E lhijo la Sagrario – respondió la otra.

Cuando nos íbamos, mi amigo se encontró con un amigo del pueblo, de los que viven allí seguido. Se iba al corral, a descargar almendras de un camión que habían llevado y así no iba el domingo.

Esto ya no es lo que era – decía. Antes en fiestas se llenaba y ahora ya no viene ni la mitad. ¿Te acuerdas de pequeños cuando nos tirábamos con las bicis o el monopatín? Ahora los críos, en la plaza, con los móviles.

Estos días he pensado sobre él sábado. ¿Cómo tiene que ser la vida cualquier día del año? Por ejemplo, un martes de noviembre, a las 19:00 horas… sólo unos pocos pueden saberlo. Se puede ser feliz con tan poco… pero, la felicidad, cuesta tanto de alcanzar...