martes, 16 de julio de 2019

Metas y finales (de ejercicio)



Para los que dicen que no es importante la meta si no el camino… les invitaría a que hagan el viajecito que hice ayer con la moto.
Y, encima, el sablazo de Hacienda.


Para que después digan que ‘Hacienda somos todos’, ¡y una mierda! Unos lo somos más que otros.

sábado, 13 de julio de 2019

Angélica


Es una sensación extraña encontrarte con alguien después de casi nueve años. En situaciones así, uno puede suponer lo que decir, lo curioso es que queda todo en suposición.
El pasado jueves me reencontré con Angélica, después de muchos años. Por las vueltas que da la vida ella está trabajando en Albacete y aprovechando la estancia en mi pueblo me acerqué a visitarla.
Creo que pocas veces he dicho esto, pero ella está mejor con los años. Parece como si hubiera estado metida en una cápsula en la que el tiempo corre de otra manera diferente para el resto de los mortales.
Sí que la noté distinta en la forma de expresarse, como si estuviese a la defensiva (imagino que podrá tener motivos para ello), pero a lo largo de la tarde, casi al final, volvió a ser la mujer que yo recordaba.
Una tarde no es nada, temporalmente hablando, y más si es con alguien que es de un lugar de La Mancha… aunque se negó a hablar del Quijote… imagino que sería para que no me quedase a cenar.
Tengo la sensación que quedaron muchas cosas por hablar, quizá porque no se dio la ocasión o porque después de tantos años no era momento de ello. No obstante, me quedo con una cosa que me dijo, que muchas cosas que le han sucedido en estos años, de forma directa o indirecta, han sido como consecuencia de la relación que tuvimos. De una u otra forma parece que yo he sido una especie de Michael Landon en Autopista hacia el cielo… Un tipo de ángel que aparece, hace lo que tiene que hacer y se va.
Me enorgulleció, aunque creo que no se notó, pero por dentro estaba pletórico, que me dijera que, esté donde esté, va mirando hacia arriba cuando va por las calles.
Podría decir, sin temor a equivocarme, que es la única persona que conozco con la que podría estar horas y horas conversando de lo que ella dice que para mí es una religión: el Quijote. A pesar de haberse negado en esta ocasión tengo la excusa perfecta para convencerla; en Albacete hay un restaurante en un edificio modernista, con una decoración muy particular, lo descubrimos cuando ya me iba... sería un escenario perfecto.


martes, 9 de julio de 2019

El calor del amor en un bar



Me apetece…
Coger la moto…
Sin rumbo…
Llegar (no importa el lugar)…
Sentarme en una terraza…
Que aparezcas…
Y comenzar con una...
Dos…
Tres cervezas…
O lo que sea…
Hasta…

Y quiero compartir…
Yo no puedo pensar en todo…
Por eso espero que te hayas preocupado…
De reservar una habitación…
Para seguir bebiendo…
Dormir…


Mañana será otro día…



sábado, 6 de julio de 2019

Sin miedo a nada


Habíamos quedado que nos veríamos sobre las 8 de la tarde, allí, en el Ronin. Teníamos que hablar. Creo que era martes y yo el jueves defendía el proyecto.

Había quedado con Plácido después de mucho tiempo. Por las fechas que son nos pusimos a recordar estos meses hace años, agobiados por los exámenes cuando el calor invitaba a otra cosa. Las noches eran calurosas y al tener la ventana abierta parecíamos un bufet libre para los mosquitos. Después de un largo rato comenzó a hablar de Victoria. Contó algo que yo desconocía, al menos los detalles.

Ella apareció, como siempre, no muy puntual -continuó Plácido- yo estaba sentado en una mesa del fondo. Cuando llegó me saludó y se sentó. Se la notaba con cierto nerviosismo, como si no quisiera estar allí, sospecho que ella intuía el verdadero motivo por el que habíamos quedado. Estuvimos hablando de cosas banales cuando, cambiando de tema le dije: el jueves defiendo el proyecto.
- ¿Cómo lo llevas? -me preguntó.
-Bien, lo tengo bastante controlado, tengo que practicar para hacer una exposición mucho más rápida.
- Bueno, seguro que tendrás suerte… A ver cuando lo presento yo y me voy de aquí.

En ese momento se hizo un silencio entre los dos. Sabíamos lo que eso podía suponer… el adiós… la separación. Nuestro paso por la universidad había estado marcado por ambos. Lo nuestro era un secreto a voces que, a veces, se hacía difícil.
Fue en ese momento cuando le dije lo que le quería haber dicho al principio y no hice por miedo a perderla, a que aquello que era nuestro se convirtiese en polvo. Siempre pensaba, tenía la esperanza que ella querría seguir adelante y que, finalmente, algún día daría el paso y me diría lo que yo quería escuchar… pero nunca llegaba. Pasaban los años y seguíamos igual. Imagino que en aquellos tiempos yo veía el final muy lejano y por ello no forzaba nada esperando que las cosas siguiesen su curso. Pero ya era el final y había que decidir. Con la edad ves las cosas de diferente forma y el Plácido de hoy hubiera tenido una charla con el Plácido de ayer. Entonces, sin rodeos, le dije:
- El jueves presento el proyecto. Se cerrará una etapa muy importante en mi vida y comenzará otra. Victoria… déjalo y vente conmigo. Comencemos los dos juntos un nuevo camino.

Ella me miró… calló durante unos segundos, que a mí me parecieron una eternidad, y me contestó:
- Diego tiene que ser el padre de mis hijos.

Se levantó, me deseó suerte para el tribunal y se marchó. Esa fue la última vez que la vi *.  En ese momento, como si el destino quisiera poner la guinda a aquello, sonó en televisión el sonido de un piano, una canción que entonces era número 1. Yo quedé allí... pensando... recordando... desde el primer al último minuto pasaron por mi mente, ¿había merecido la pena? Esa era la pregunta que me rondaba mientras sonaba la canción.



Lo que acababa de escuchar era algo que desconocía. Él jamás nos lo contó y nosotros nunca le preguntamos. En ese momento tampoco quise preguntar que pensó en aquel momento. Probablemente me hubiera sorprendido... o no.
Plácido aprobó el proyecto y se fue. Todos nos fuimos.
Victoria acabó al año siguiente. Según me contaron, Diego la dejó al año y medio.

* La última vez que Plácido vio a Victoria fue en noviembre de 2017, como ya conté en su día.

sábado, 29 de junio de 2019

sábado, 22 de junio de 2019

La Restauración


Caricatura de Cánovas y Sagasta

La restauración del último cuarto del siglo XIX no solamente fue una vuelta a la Monarquía, sino la implantación de un nuevo modelo en el que dos grandes partidos políticos se alternarían en el poder en el que influía la manipulación electoral y los caciquismos.
Y detrás de todo ello, como artífice y principal impulsor, estaría la figura de Antonio Cánovas del Castillo, que se apoyaría en la figura de Alfonso XII para traer de regreso a la dinastía de los Borbones y levar a cabo un proyecto en el que se asegurase relativa estabilidad política a través del ‘turnismo’ o, lo que es lo mismo, la alternacia en el poder del Partido Liberal-Conservador, liderado por el propio Cánovas, y el Partido Liberal, con Mateo Práxedes Sagasta y de tendencia más ‘progresista’.
A pesar de haber pasado más de un siglo no hemos cambiado tanto. Es cierto que no es el mismo contexto, pero estoy seguro de que a más de uno le sonará aquello, ya no sólo de dos grandes partidos, sino de la eterna pugna entre grandes facciones, entre grandes grupos, la bipolarización de la sociedad española, etc.
Pues nada. La Restauración ha vuelto. La debacle de Unidas Podemos nos ha devuelto a un bipartidismo, aunque ahora tenga otra apariencia. Todo ha cambiado para que nadie cambie.
El PSOE parece que se ha recuperado, la derecha se ha dividido para contener su hemorragia y la nueva política que venía a revolucionarlo todo ha terminado involucionando hacia la vieja izquierda irrelevante y dividida de siempre. Los sociatas le piden al partido del Ibex que les levante el veto, el franquismo sin máscaras obtiene representación y el PP con sus peores resultados, aparentemente, salva los muebles.
Y justo ahora el Campechano anuncia que se aparta definitivamente de la vida pública. Muy oportuno y simbólico. Ya vuelve a estar todo en su sitio, ya puede irse tranquilo. Ha dejado al niño colocado y recolocados a los partidos que aseguran la continuidad del sistema, mientras las mareas que venían a desbordarlo se retiran sin hacer ruido.
Unidas Podemos ha perdido gran parte del poder autonómico y la fuerza para exigirle al PSOE entrar en un gobierno progresista. La famosa ventana de oportunidad que se ha ido estrechando elección tras elección, se ha cerrado de golpe, rompiéndose en pedazos. La tendencia de la izquierda sería coger los cristales rotos para cortarse las venas o apuñalarse entre sí. Ya está pasando. Dirigentes y votantes se echan las culpas unos a otros. No aprenden que es precisamente eso lo que ha llevado hasta aquí, que no hay un único causante sino una responsabilidad compartida, mezcla de personalismos y cainismos, falta de pluralidad y pérdida de transversalidad.
No obstante, estoy esperanzado y sigo pensando que hay una ola de cambio; quiero pensar que es así. Tienen cuatro años para hacerla crecer o acabar de hundirla.
Esperanza.

martes, 18 de junio de 2019

Novia a la fuga


Tiene que ser una gozada cerrar los ojos, pensar dos segundos, decir que sí y salir disparado dejando a todos con un par de narices.
De vez en cuando hay que hacer cosas por las que merezca la pena vivir.
El reloj queda en casa y el viento en la cara… pero… a veces la libertad, nuestra libertad, solamente alcanza un radio de x kilómetros.
Imagina… Imaginemos… esta noche es nuestra… mañana ya será otro día.


martes, 11 de junio de 2019

Cruzando el Rubicón



Alea iacta est. También podría haber dicho Aut Caesar aut nihil, utilizada en el mismo acontecimiento histórico cuando Julio César, desafiando al Senado Romano, cruzó el Rubicón y se enfrentó a Pompeyo. Las tropas de César derrotaron a las de Pompeyo y acabó, de esa forma, la República Romana, agonizante desde hacía casi un siglo, y dio paso a la época del imperio.
Ahora me toca a mí cruzar el Rubicón

sábado, 8 de junio de 2019

Una gran historia de amor en Soria


Un excelente artículo que ha aparecido en La Vanguardia y que, por su sencillez, capacidad de síntesis y emotividad quiero conservar. Así fue, ni más ni menos. Los años de Soria del poeta fueron los más felices de su vida y eso se refleja en su producción literaria, bajo mi punto de vista, su periodo más memorable.

***

Una gran historia de amor en Soria

Plaza Mayor, Soria

Durante cinco años, entre 1907 y 1912, el poeta sevillano Antonio Machado residió en Soria. La capital castellana resultó decisiva en su trayectoria literaria y para su peripecia personal: allí escribió el libro Campos de Castilla y allí conoció y contrajo matrimonio con Leonor Izquierdo, su gran amor. Solo la prematura muerte de esta indujo a Machado a abandonar la ciudad. Más de un siglo después, todavía es posible revisitar algunos de los lugares que marcaron su estancia.
Machado llega a Soria en mayo de 1907. Tiene 32 años, goza de prestigio en los círculos literarios —acaba de publicar Soledades. Galerías. Otros poemas— y es el nuevo catedrático de lengua francesa en el Instituto General y Técnico local, después de aprobar las oposiciones. Se aloja en una pensión, en el número 54 de la calle del Collado. El curso escolar está en la recta final, y Machado propone al director del centro que lo complete su suplente para no perjudicar a los alumnos. Así lo acuerdan y Machado regresa a Madrid, donde pasa el verano.

Calle El Collado, una de las principales de Soria

Cuando llega octubre, Machado se instala en Soria, en la misma pensión, dispuesto a asumir sus responsabilidades laborales. Dos meses después, la propietaria de la casa de huéspedes la cede a su hermana, Isabel Cuevas, quien la dirigirá junto a su esposo, Ceferino Izquierdo, y sus tres hijos. Machado conoce así a Leonor, la hija mayor del matrimonio, una niña de catorce años muy trabajadora y risueña, dotada con el entusiasmo de vivir que a él le falta a veces. El establecimiento se traslada al número 7 de la calle Estudios, en la esquina con la Travesía Teatinos. Aunque la pensión ya no existe, una placa en la fachada del inmueble recuerda su presencia.

Antonio Machado y Leonor

La docencia absorbe poco a Machado: solo es responsable de dos clases, con ocho y siete alumnos cada una. Testimonios de la época hablan de un profesor amable y bien intencionado, que se esfuerza para que los niños aprendan a pensar. Aquel centro de enseñanza aún pervive en el mismo edificio, un antiguo convento de jesuitas del siglo XVII, y sigue dedicado a la educación secundaria. Hoy lleva el nombre de IES Antonio Machado. Conserva intacta una de las aulas donde él dio clase, así como la documentación académica que dejó como profesor. En el exterior del edificio hay dos esculturas que representan al poeta. Una es un busto en bronce, creado por Pablo Serrano en 1982; la otra, una figura de Machado sentado, creada por Ricardo González Gil en 2010.
La actividad docente deja mucho tiempo libre a Machado, que él dedica a arrimar el hombro: da clases gratuitas a obreros en la Escuela de Artes y Oficios. También pasea y escribe. Una de sus caminatas preferidas discurre junto al río Duero, entre el monasterio templario de San Polo y la ermita barroca de San Saturio, construida sobre unas cuevas que acogieron a anacoretas en los tiempos antiguos. El paseo avanza a lo largo de poco más de 1 km, entre álamos y chopos con las cortezas grabadas por parejas de enamorados.

Monasterio de San Polo, Soria

De vuelta de sus recorridos, Machado se detiene en el Casino Numancia —hoy rebautizado Círculo de la Amistad—, donde lee el periódico y participa en tertulias. El establecimiento está en el número 23 de la calle Collado y merece una visita, es muy bonito. Si acuden, no se pierdan el Museo de la Casa de los Poetas que hay en la tercera planta. Como curiosidad, el mismo casino fue frecuentado una década después por Gerardo Diego, quien solía tocar un piano Steineway & Sons de 1872 aún presente en el local.
El interés de Machado por Leonor se ahonda cada vez más, y ella le corresponde. Pronto entablan relaciones, y Machado pide formalmente su mano. La familia tiene dudas lógicas por la diferencia de edad, pero acaba delegando la decisión en la niña. Se casan el 30 de julio de 1909; Antonio tiene 34 años, Leonor, 15. La ceremonia se celebra en la iglesia de Santa María La Mayor y asiste el claustro de profesores al completo. Cuando los novios salen del templo diversas personas se burlan zafiamente de ellos.

Iglesia Santa María la Mayor, Soria

Junto a la iglesia, otra creación del escultor Ricardo González Gil evoca a la pareja. Hecha en bronce, se basa en una fotografía de la boda en la que Machado aparece sentado en una silla, mientras su mujer permanece de pie a su lado, con las manos sobre los hombros del poeta. González ha dejado la silla vacía para que los paseantes la ocupen. La instalación se conoce popularmente como ‘El rincón de Leonor’.
A pesar de algunos pronósticos, la pareja es dichosa. La madre de ella les prepara una casita en el número 4 de la calle Estudios, aunque apenas la utilizan: Machado comprende que Leonor es más feliz entre los suyos. Los recién casados, personas religiosas, acuden los domingos a misa en la iglesia de Santo Domingo. En septiembre de 1910, Machado emprende un viaje para conocer más a fondo su tierra de acogida. Junto a unos amigos, se desplaza a Cidones en coche. Desde allí sigue a pie hasta Vinuesa y a caballo hasta Covaleda, camino de los Picos de Urbión y del nacimiento del río Duero. Una tormenta los sorprende en las alturas y descienden a la Laguna Negra de Urbión. La vivencia inspirará su romance La tierra de Alvargonzález.
Machado pide una beca de ampliación de estudios al Ministerio de Instrucción Pública, que se la concede. El matrimonio se traslada a París en enero de 1911 para mejorar su conocimiento del idioma francés. Hasta que, en julio, Leonor vomita sangre. Hospitalizada, le diagnostican tuberculosis. Los doctores recomiendan a Machado que la instale en un lugar con el aire limpio y seco. Ninguno mejor que Soria, adonde regresan.

Ermita de Nuestra Señora del Mirón, Soria

Machado alquila una casita cercana a la ermita del Nuestra Señora del Mirón. El poeta extrema los cuidados, pero su esposa se siente cada vez más cansada e indispuesta, empeora a ojos vista. En abril de 1912 se publica Campos de Castilla. El 1 de agosto de ese año, Leonor fallece. El funeral se oficia en la misma iglesia de Santa María La Mayor que formalizó su enlace apenas tres años antes. La entierran en el cementerio de El Espino. Su tumba tiene una sencilla lápida de mármol con un minimalista epitafio: “A Leonor, Antonio.” Curiosamente, una pared cercana sostiene un buzón identificado como de Leonor Izquierdo. Quienes lo desean, depositan cartas y poemas dedicados a la esposa de Machado. En el cementerio de Coulliure, donde descansa el poeta, existe otro buzón similar, este con su nombre.
Durante ocho días, Machado visita la tumba de su esposa fallecida. Después abandona esa Soria que tanto amó, pero que le resulta insufrible sin la compañía de Leonor. Se encaminará a Baeza (Jaén). Años después recapitulará su paso por Soria como la época más satisfactoria de su existencia: “Si la felicidad es algo posible y real –lo que a veces pienso–, yo la identifico mentalmente con los años de mi vida en Soria y con el amor de mi mujer”.
Antonio Machado solo volvió una vez a la ciudad: fue el 5 de octubre de 1932, a raíz del homenaje que los sorianos le dedicaron y de su nombramiento como hijo adoptivo. El acto tuvo lugar en uno de sus lugares más queridos: la ermita de San Saturio, en cuya plazoleta una placa recuerda el evento. Desde entonces, el paraje es conocido como ‘El Rincón del Poeta’. Machado no visitó la tumba de la que había sido su mujer.

martes, 4 de junio de 2019

El conejo blanco


Ayer me confirmaron el encargo de un proyecto de reforma de un local para montar una lavandería.
Debo hacer la memoria constructiva, el pliego de condiciones, el plan de control de calidad, la gestión de residuos, el estudio básico de seguridad y salud y, quizá, algún plano.
Y... todo para mañana…
Y... no llego...
No tengo tiempo…
Vuelven las ‘noches blancas’, como los junios de antaño.


sábado, 1 de junio de 2019

Una semana de catastróficas desdichas de Marino Baler



No cabe duda que esta semana pasará a mi historia personal. Hay fechas que nunca se olvidan y esta semana ha ocurrido un hecho que no quiero relatar, pero que jamás podré olvidar.
Esta catastrófica semana comenzó el lunes, a primera hora, cayendo mi móvil de las manos y rompiéndose la pantalla, y, se supone que, ha finalizado esta mañana cuando, en mi tradicional lectura de periódico los sábados, he querido hacer el autodefinido y ya estaba medio hecho. He puesto que ha finalizado esta mañana porque no tengo intención de salir en lo que queda de día y, por supuesto, ni mañana tampoco; ya puede haber una alerta peor que la de Chernobyl que un servidor no se moverá de casa. Las últimas, aproximadamente, 123 horas pasarán a mi historia personal y no por nada que me hubiera gustado.
Definirla mala creo que sería darle un calificativo demasiado generoso. Si tuviera que compararme con Lemony Snicket éste llevaría un trébol de cuatro hojas en la solapa.
Es curioso, pero durante los últimos años el mes de mayo nunca me ha sido favorable y los acontecimientos van sucediéndose al mismo tiempo que Helios se acerca irremediablemente hacia el día 31.
Ya lo dijo Scarlet… “después de todo, mañana será otro día”… y otra semana.

martes, 28 de mayo de 2019

Lo que el viento se llevó



Después de todo, mañana será otro día.
Scarlet O’Hara

sábado, 25 de mayo de 2019

El demonio de la soberbia



Pero, ¿cree su Señoría que a mí me estorba? No, a mí no me estorba nadie, señor Lerroux, por dos razones: en primer lugar, porque yo, en el fondo, tengo de mi raza el ascetismo, todas las cosas de la vida las tengo ya echadas a la espalda hace muchísimos años y habiendo gozado de casi todas me son absolutamente indiferentes. En segundo lugar, porque tengo el demonio de la soberbia y a un hombre soberbio nadie le estorba”.
Manuel Azaña a Alejandro Lerroux, entonces Presidente del Gobierno, el 3 de octubre de 1933.

Una de las definiciones de la palabra ‘soberbia’ es la de un sentimiento de superioridad frente a los demás, que provoca un trato distante o despreciativo hacia ellos. Podría asociarse a altivez, engreimiento o petulancia.
Manuel Azaña fue el político más brillante de este país en la primera mitad del siglo XX (probablemente el mejor orador de la Europa de su tiempo). No obstante, era terriblemente crítico consigo mismo. Al citar lo de “tengo el demonio de la soberbia”, se refiere a que era una persona, en cierta medida, arrogante porque, aunque quisiera evitarlo, sentía cierto desdén hacia el inculto… hacia el ‘no cultivado’… hacia el que no ha hecho el esfuerzo de hacerse a sí mismo… hacia toda aquella persona que carecía de las inquietudes por avanzar, mejorar, aprender y, simplemente, dejarse llevar. Azaña sí que hizo ese trabajo y se critica porque sabe muy bien de sus desvíos e, inconscientemente, critica a aquellos que no los tienen.
Siempre lo recordaré. Tenía 14 años, acabé la EGB y comencé 1º de BUP. Para mí fue un cambio muy grande dejar el colegio y pasar al instituto; de llamar don o doña a los profesores a hacerlo de tú, de no poder levantarme cuando el profesor no estaba a poder salir al pasillo entre cambios de clase, de ir a todas las clases a poder saltarme alguna porque no me apetecía asistir y, entre otras más cosas, de la cafetería, de los primeros tonteos con el tabaco o el alcohol, de las primeras fiestas en discotecas… todo eso no podía llevar a nada bueno. En la primera evaluación suspendí siete de diez asignaturas que tenía. No recuerdo muy bien la reacción de mi madre cuando se lo dije (a mi padre no me atrevía), pero puedo imaginar la que sería.
A la semana siguiente, estoy seguro que sería enero, mi padre me dijo que ese fin de semana iría con él a coger naranja. Me despertó el sábado a las 5:30 horas (no hace falta describir el sueño que podía tener), salimos de casa para encontrarnos con otros hombres e ir al sitio al que teníamos que ir, no recuerdo el pueblo, pero sé que era en la provincia de Alicante. Llegamos antes de las 8:00, los hombres cogieron sus tenazas, capazos y se metieron en el campo a cortar naranjas. Amenazaba lluvia. Mi padre me dijo que yo tenía que sacar los cajones llenos, llevarlos al camión y volver con otros vacíos para que pudieran seguir echando, el trayecto desde el lugar de trabajo hasta el camión no era corto.
Imaginemos la escena: una mañana en pleno enero y un chaval de 14 años cargando, como podía, cajones y capazos de naranjas de 13 ó 14 kilos al hombro… Comenzaron a caer gotas de lluvia y yo tenía la esperanza de que pararían de trabajar, pero no fue así, al contrario, había que ir más rápido. La tierra mojada, unida al peso de los cajones hacía que me hundiese, tenía los pies mojados y frío en todo el cuerpo… pero no podía hacer otra cosa tenía que seguir. Así durante dos días.
Cuando el domingo por la noche me tumbé en la cama, del dolor por la carga de los cajones y del cansancio que tenía, no podía dormir. Fue ahí, en ese momento donde me poseyó. Y pensé: “tengo 14 años, hasta que me jubile a los 65 años me quedan, todavía 51 años… ¿los próximos 51 años de mi vida tengo que estar haciendo lo que he hecho durante todos los días? No, yo no quiero eso”. El demonio de la soberbia al que aludía Azaña ya lo tenía dentro de mí. Probablemente, si no hubiera sido por ese fin de semana, mi vida hubiera sido distinta, o no, hablar de ucronías es un ejercicio que nunca se me ha dado bien.
Quizá, con esto que acabo de contar, las personas que me conozcan y lean esta entrada podrán entenderme un poco mejor. Algunos sí que se han percatado de ese demonio que me posee y es por eso que siempre he procurado que caigan en la tentación. A la gente que me ha rodeado y con la que he tenido una relación más personal siempre he tratado de convencerla para que tratasen de mejorar intelectual y culturalmente.
Hace poco descubrí una palabra que, para mí, era desconocida: sapiosexual. Es un término que se utiliza para designar a aquellas personas que consideran la inteligencia como factor principal de atracción sexual. Aunque yo no me refiero concretamente al aspecto sexual, pero sí que me siento atraído por conversaciones y personas que abren la mente; mi estímulo es la gente que sabe, que tiene inquietudes por aprender, por conocer, por seguir creciendo culturalmente… hablar de cosas mundanas se puede hacer con cualquiera, pero hacerlo de literatura, historia, arquitectura, política y cultura en general es mucho más difícil… pero no lo que a mí me guste o necesite le tiene que gustar o lo tiene que necesitar todo el mundo.
De una u otra forma, ese demonio siempre ha estado presente; a veces escondido y cuando ha tenido que salir lo ha hecho sin ningún pudor; aunque reconozco que a medida que ha pasado el tiempo lo he ido controlando y ha salido cada vez menos, en contadas ocasiones. Creo que no tenemos que sentirnos culpables de las vergüenzas de los demás ni dejar que las mismas nos dejen a su nivel. Sea como sea, a mí, como dijo Azaña, hay pocas personas que me puedan estorbar.
Pero la esencia de la frase de D. Manuel no es nueva. Ya se hace mención, como no, en el Quijote, en la conversación que mantiene el andante caballero con don Diego de Miranda.

[…] no se ha de dejar tratar de los truhanes, ni del ignorante vulgo, incapaz de conocer ni estimar los tesoros que en ella se encierran. Y no penséis, señor, que yo llamo aquí vulgo solamente a la gente plebeya y humilde, que todo aquel que no sabe, aunque sea señor y príncipe, puede y debe entrar en número de vulgo”.

¿Tendría también Cervantes, por boca de don Quijote, el demonio de la soberbia?