sábado, 24 de febrero de 2018

Antonio Machado. Paisajes del alma


Un recorrido por los paisajes sorianos que marcaron la vida del poeta. Una mención, que no recuerdo porque no hay olvido, en el 79 aniversario de su muerte.

En la desesperanza y en la melancolía de tu recuerdo, Soria, mi corazón se abreva”.


Pinchar sobre la imagen para ver el vídeo.

martes, 20 de febrero de 2018

El origen del pelotazo urbanístico y la burbuja inmobiliaria


Busto de Craso. Museo de Louvre, París

Creemos ser los primeros que hemos practicado el desenfreno urbanístico. Sin embargo, hay precedentes mucho más antiguos. Esto que llamamos ‘burbuja inmobiliaria’ es un invento que ya tiene, como mínimo, un par de miles de años.
Los romanos podrían considerarse la primera gran cultura del cemento y del ladrillo. La ciudad de Roma, durante el periodo imperial, llegó a albergar a un millón de habitantes y cualquier terreno era codiciado por el sector inmobiliario. Era la primera vez que una civilización entendió que el suelo urbano era una fuente de poder y de riqueza.
Craso, un comerciante de noble cuna, se dedicó al negocio inmobiliario llegando a engrosar su fortuna de 2 millones a 42 millones de denarios. Sus amistades con políticos poderosos estaban bien ‘cimentadas’. El pelotazo urbanístico ya lo practicaban los romanos. Por aquel entonces ya se inflaban los presupuestos y los bloques en los que se hacinaban las familias eran cada vez más altos y endebles. Los últimos pisos eran los más económicos, ya que, en caso de incendio, era probable que si alguien se encontraba en la vivienda no tuviera tiempo de salir, por lo que sus habitantes tenían más probabilidades de morir.
El avispado Craso se enriqueció comprando casas incendiadas que los propios inquilinos vendían a bajo precio por miedo a que colapsara la edificación. Creó un ejército de 500 esclavos arquitectos para desescombrar y luego alquilar las viviendas precariamente reparadas. Ya tenemos más argumentos para considerar a Roma como la madre de nuestra civilización.

sábado, 17 de febrero de 2018

martes, 13 de febrero de 2018

sábado, 10 de febrero de 2018

Mi primer intento de soborno



Por medio de un amigo recibí un encargo. Tal y como se puede ver en las fotografías no es difícil adivinarlo. La cubierta se está cayendo y la propietaria quiere repararla. Es una casa de un pueblo prepirenaico en la que no se habita y que está a la venta, pero resulta difícil venderla en el estado actual y, por ello, la decisión de reparar el tejado de la forma más económica posible.
En principio, cualquiera podría pensar que hace falta un proyecto, ya que, aunque no se altere la volumetría, sí que se toca una parte de la estructura, como es la cubierta. Ahora bien, el Código Técnico de la Edificación (CTE), que sería la Constitución para los que se dedican a las leyes o la Biblia para los católicos, no hace mención específica a las obras de mantenimiento. En esta vivienda simplemente se va a sustituir el tejado para que no se deteriore más y pueda haber hundimiento del forjado superior, la casa no va a ser habitada ni nada por el estilo; los maderos, aparentemente se ven bien, sin flecha ni xilófagos que los afecten, y, salvo que huera alguno muy afectado, no se iban a tocar. Hacer un proyecto según el CTE implicaría cumplir una serie de normas que serían de aplicación en una vivienda de uso, pero no en esta. No obstante, en la actualidad, esta cubierta tampoco cumple el CTE, ya que el forjado es de cañizo barro y mortero de cal en la cara inferior, en la parte superior se colocan la tejas.
Pues bien, con la propietaria fui al ayuntamiento para pedir un permiso de obras y poder comenzar. Mi idea era adjuntar en la solicitud una pequeña memoria, presupuesto y estudio básico de seguridad y salud. Un técnico del Ayuntamiento nos dijo que no habría problemas en dar permiso, pero que tal y como era la obra que le explicábamos habría que hacer un proyecto (me quedé perplejo), aunque (lo que voy a decir es textual) “los trámites se podrían acelerar pagando una tasa”.
Me sorprendí bastante. La propietaria le preguntó el precio de esa tasa y el dijo que lo tenía que mirar, pero que no era mucho. Cuando acabó de decirlo le nombré el CTE y la no mención a trabajos de mantenimiento (como era el caso). El técnico, que no sé si conocía esa particularidad, respondió que eso es una interpretación muy libre y que en cualquier obra que se toque estructura hay que presentar un proyecto y volvió a hacer mención a ‘la tasa’ para evitar ese paso. El tío nos estaba pidiendo una mordida en nuestra propia cara.
Salimos de allí y le comenté a Silvia (que así se llama la clienta) mis impresiones. Las interpretaciones de las leyes son muy subjetivas. Puedo demostrar que no haría falta proyecto… pero otro podría demostrar que sí hace falta. Y así estamos… a ver lo que pasa. Si fuera una propiedad mía lo haría con la idea que yo tengo y corriendo con todos los riesgos (aunque insisto que eso es muy subjetivo) pero, en este caso, no soy yo quien tiene que decidir. Una cosa tengo clara: no estoy dispuesto a pagar ninguna ‘tasa’.

sábado, 3 de febrero de 2018

Tasando vivendas



A veces, cuando tengo que hacer una tasación, me siento como Ebenezer Scrooge…


martes, 30 de enero de 2018

Mozart, sinfonía nº 40.


¿Qué tendrá esta música?
Que el hombre haya ido a la luna es una tontería comparado con que Mozart haya compuesto una sinfonía.


sábado, 27 de enero de 2018

Un nombre



Cuando el nombre se convierte en más que una identificación, pasa a ser una prolongación de aquello a lo que va unido. Sólo a eso, a todo eso. Dejar salir las letras por los labios, pero ver que no concuerdan con lo que representan…
Entonces, en esos casos, se evita pronunciar para no sentir que uno se comunica con el vacío. Es el mismo nombre, pero no son los mismos gestos, la misma mirada, las mismas sensaciones… no es nada. Palabras unidas que pierden sentido al ser pronunciadas.
Un nombre que pertenece, recuerda y durante el breve espacio temporal en que es pronunciado es difícil percibir que tipo de pausa es. Si vida real en el paréntesis de la fantasía o fantasía en el paréntesis de la realidad.
Un nombre no es un nombre… es mucho más; es lo que representa…. aunque se pronuncie en quechua.

martes, 23 de enero de 2018

Partida de ajedrez



Todos tenemos unas metas, unos fines, unos propósitos; la vida se compone de eso. No sólo uno, varios en distintas facetas y etapas de nuestra vida.
No creo en el destino, ni que éste esté escrito… simplemente los distintos movimientos que hagamos en nuestra vida son los que nos hacen ser como somos y llegar donde llegamos.
Aunque sea un ejemplo muy recurrido, se podría decir que nuestra vida, vista desde un plano superior, sería como un enorme tablero de ajedrez en el que nosotros somos piezas que nos vamos moviendo.
A nivel cotidiano, tenemos nuestro propio tablero y movemos nuestras propias piezas. Sería algo así como una muñeca matrioska, pero ajedrecísticamente hablando. Somos piezas de un enorme ajedrez y, al mismo tiempo, estamos jugando con un ajedrez propio. Nuestros pequeños movimientos influirán en los grandes.
El ajedrez es un juego que requiere pensar, intuición, calma, análisis… las prisas no sirven para nada. Un peón puede hacer ganar una partida de la misma forma que lo puede hacer la reina. Sólo hay que saber jugar las piezas y esperar el momento.
El más grande ajedrecista de todos los tiempos, José Raúl Capablanca, dijo en una ocasión “Cuando ustedes ven una posición se preguntan qué puede suceder, que sucederá. Yo lo sé”. En el fondo, todos podríamos hacer nuestra esa frase, ya que podemos saber lo que sucederá dependiendo de los movimientos que estamos dando... otra cosa es que no lo queramos asumir y tiremos hacia adelante. 
Sólo hay tres opciones: ganar, perder o tablas. Movamos pieza. Que siga la partida.

sábado, 20 de enero de 2018

martes, 16 de enero de 2018

Desconectar



¡Qué largo se me está haciendo el mes de enero! ¿Será eso que llaman ‘cuesta de enero’? Comencé la primera semana en la cama con una medio gripe o lo que quiera que fuera eso. La semana pasada tuve una serie de contratiempos en el trabajo que poco a poco se han solucionado, pero que en el momento no hacen ni puñetera gracia; a todo esto, añadirle la tensión por una reunión que tengo mañana y que he estado preparando durante muchas semanas atrás. Y ya, para ponerle la guinda… el sablazo de Montoro que me espera del pasado trimestre. Podrá parecer un topicazo, pero necesito unas vacaciones. Necesitaría perderme por ahí una semana, sin rumbo fijo, me da lo mismo que sea norte, sur, este u oeste… de la misma forma que hice más de diez años atrás en mi viaje anacoreta. Desconectar. Hasta el verano todavía queda mucho tiempo. Ya decidiré…

sábado, 13 de enero de 2018

Una década



Siempre me había hecho ilusión tener un espacio para mí en el que poder guardar cosas que me pareciesen interesantes, un sitio en el que lo que se me ocurriese no quedase olvidado. Es por eso que siempre había querido tener una página web personal. Hace años (no es que ahora sea un experto) esto de la informática era un mundo para mí y la idea de tener mi web era algo que se iba desvaneciendo… hasta que un día… descubrí una cosa que se llamaba ‘blog’, un lugar personal en el que la gente ponía lo que quería y eso es lo que estaba buscando. Durante unas semanas (en mis ratos libres) estuve buscando información sobre los blogs, ya que partía de cero y no sabía nada de nada. Así pues, un sábado, 5 de enero de 2008, decidí crear mi primer y único blog: este.
Con el paso del tiempo pienso que lo que hay aquí escrito es lo que yo soy; en alguna ocasión he dicho que la mejor forma de conocerme es leyendo mi blog. Evidentemente yo no soy el mismo de hace una década y eso, como he dicho, ha tenido reflejo en este sitio. Hay bitácoras en las que la primera entrada suele ser a modo de presentación. La mía no, la mía fue un artículo hablando del entonces Rey… y es que en aquellos años yo tenía unas ilusiones y aspiraciones que hoy, aunque continúen estando, están un poco aletargadas. Es por ello que me rondaba la cabeza hablar casi siempre de lo mismo: temas políticos y relacionados con la república. Quizá una de las dificultades fue encontrar el título, ya que si ponía claramente mis intenciones (por ejemplo, llamarlo ‘Pensamientos de un republicano’) hubiera sido algo que me limitase mucho y podría llegar un momento en que no tuviera nada que decir o decir siempre lo mismo. Por eso decidí ponerle un título más genérico en el que pondría lo que me apeteciese según el momento y las circunstancias, de ahí surge ‘Pensamientos y más cosas’. El subtítulo va relacionado, ya que siempre ‘hay algo que contar’. Lo que sí que tenía claro es que quería tener un recuerdo en forma de homenaje perpetuo a Antonio Machado y a la ciudad de Soria. Lo primero que puse cuando organizaba la barra de la derecha (sidebar) y lo que tengo desde el principio son los vídeos dedicados al poeta y a la ciudad castellana.
Con todo eso... mi blog ya estaba en marcha. El resto vino después… agregar otros blogs para seguir… los primeros comentarios… conocer gente… los premios que nos concedíamos entre blogueros… todo eso forma parte de este lugar que, quizá, algún día cuente.
Supongo que al ser de ciencias tengo cierta inquietud por los datos y de eso escribiré en las siguientes líneas.
Desde la primera a esta han sido 652 entradas. El año más prolífico ha sido el 2017 que hemos dejado, con 95; mientras que el menos fue 2012, con 28. Al principio decidí escribir siempre que me apeteciese, sin ser obligación; luego, a los pocos meses, decidí que publicaría solamente los martes y los sábados, por no ser demasiado cargante para aquellos que me siguieran. Lo que sí que he hecho ha sido publicar todos los meses, desde 2008 siempre ha habido, al menos una entrada al mes. Los meses que más veces he publicado han sido en agosto y octubre de 2008, con 12 entradas cada uno y los que menos marzo, abril y agosto de 2011 y marzo, mayo, junio, agosto y septiembre de 2012, con una entrada cada uno.
He recibido 2.901 comentarios, siendo la entrada titulada ‘Prefiero que no la hagas’, con 35 comentarios, la que mayor participación tuvo. Por otra parte, ‘La inportancia de la ortografía’ ha sido la entrada más leída con 20066 visitas. Todos estos datos después de un total de 244.396 visitas.
Básicamente, esto son datos que no se ven públicamente, que los refleja un contador interno. Hace diez años que comencé en este mundo bloguero y, la verdad, es algo que me gusta. El blog será algo que no creo que deje mientras pueda seguir manejando un ordenador. Habrá veces que pondré más o menos cosas, pero siempre lo tendré presente. Aquí siempre se me podrá encontrar. Podría continuar escribiendo más cosas al respecto. Cosas como cuáles son mis entradas favoritas; que supuso para mí, a nivel interno, tener un blog; la gente que conocí, tanto en persona como cibernéticamente… como era mi vida aquel enero de 2008 y las cosas que me ocurrieron. Lo recuerdo perfectamente porque ese mes, casualmente, conocí a dos personas que de una u otra manera continúan formando parte de mi vida: Marta y Nieves (en ese orden y con apenas una semana de diferencia)… pero tiempo habrá para ello. Estos han sido los primeros diez años, ahora a por los siguientes. Seguiré.

sábado, 30 de diciembre de 2017

Otro más



Dada mi costumbre de publicar los martes y los sábados, por lógica, esta será la última entrada de este año. Del mismo modo, por ser el día que es, podría servir la misma entrada por la circunstancia de acabar el año.
Suele ser habitual durante las últimas horas del año que la gente haga balance o decir eso de ‘año nuevo, vida nueva’. No creo que sea necesario ni una cosa ni otra. Mi vida será la misma cuando llegue el 1 de enero, el 2, 3, 4… Puede que cambie a lo largo del año porque tenga que hacerlo, pero no será ni el 1 de enero ni por ser otro año distinto. Y, del mismo modo, hacer balance de lo que he hecho o he dejado de hacer sería una especie de discurso borbónico durante la Nochebuena y, sinceramente, no le veo ningún sentido, cualquier momento del año es bueno para hacer una retrospección.
Pero supongo que es inevitable no acordarse de ciertas cosas y mientras escribo estas líneas retrocedo con la memoria y pienso en todo lo ocurrido durante este año. Ha sido un año (esta es la única parte diferente a esta misma entrada del año anterior) emocionante, sorpresivo, esperanzador y muchas más cosas…
Quizá quedó algo por pensar, decir o hacer… ahora ya no importa; como decían los berserkers antes de entrar en batalla.

Por todo lo que debimos pensar y no pensamos.
Por todo lo que debimos decir y no dijimos.
Por todo lo que debimos hacer y no hicimos”. 

Nos leemos en unos días.