martes, 16 de octubre de 2018

Micro XIX


Siempre hay cosas más importantes que hacer… por eso no hacemos lo que toca cuando toca.

sábado, 6 de octubre de 2018

Semana de papeleo



Una semana más como la actual y, como se dice coloquialmente, me tienen que llevar al desguace. A la conclusión que llego es que no he parado, pero, al mismo tiempo, no he hecho nada.
En un par de semanas darán comienzo unas obras sobre las que se empezó a trabajar el mes de febrero y por unas y otras razones se han ido retrasando. Ahora que, por fin, van a arrancar toca la parte más desagradable, la parte administrativa: el papeleo.
Ha sido papeleo, papeleo y más papeleo. En contacto con el asesor para que me envíe justificantes de hacienda y de la seguridad social justificando que no soy un delincuente, papeles sin parar… con los de prevención para que me envíen todo lo de seguridad… imprimir… firmar… escanear… así durante toda la semana, no he podido hacer nada de lo que tenía previsto, ya que de no tenerlo todo en reglar no se puede comenzar. Toda una burocracia innecesaria que hace que se quiten las ganas de hacer cosas.
Hoy y mañana tengo que recuperar el tiempo perdido y adelantar cosas que no he podido hacer. Lo que se dice trabajar los siete días de la semana. Hoy es el pregón de comienzo de fiestas que durarán hasta el 14 y, afortunadamente, la semana será mucho más tranquila. La Virgencica del Pilar me ha echado un cable.

sábado, 29 de septiembre de 2018

El máximo placer



Hace un par de meses recordaba en una entrevista a Martín de Riquer una de pregunta que le hicieron:

P: ¿Qué le diría a alguien que no ha leído el Quijote?
R: ¡Felicitarlo! Lo felicitaría porque le diría que aún le queda en esta vida el placer de leer el Quijote.

Esa respuesta, aunque pueda servir para animar a los demás y convencerles de la lectura de la inmortal obra, dejó en mí un gran vacío. He leído el Quijote cinco veces, según la respuesta de Riquer, ya tengo satisfecho el placer de cinco vidas. Pero no es así. El Quijote nunca me sacia. Es por ello que hace unos días he empezado a llevar a cabo una idea que me rondaba la cabeza desde hacía meses: he comenzado a copiar a mano el Quijote. El Quijote que leí, por primera vez en mi vida, allá por el lejano verano del 94.
Digo bien, copiar, porque ya está escrito. En folios color pastel y tinta negra.
Escuché una vez a Sánchez Dragó decir: “Lo que se divertiría Cervantes escribiendo el Quijote”. Eso es lo máximo.
Quiero ir un escalón más. El placer de leerlo ya lo tengo colmado, ahora quiero tener el placer de ‘darle vida’ a través de mi mano. El máximo placer al que podría aspirar.
Se lo conté a un amigo, muy aficionado al FC Barcelona, pero más que del Barça, es de Messi; el día que Messi se retire estoy convencido que deja de ver fútbol. Tan es así que suele ir a ver varios partidos desde Zaragoza a Barcelona. Cuando se lo comenté poco menos me dijo que, como al caballero, se me había secado el cerebro. Le pregunté que sentía cuando estaba en el campo y veía una jugada de Lio, de las que levantan del asiento: “Es como ver jugar a Dios”, me respondió. Lo siguiente que le dije fue: “Imagina que estás en el campo, con el estadio lleno, una final de Champions contra el Real Madrid y tú estás jugando, allí, con Messi. Messi te pasa la pelota y metes el gol de la victoria”. No supo contestar, su cara lo decía todo.
Aunque el ejemplo me sirva es algo totalmente distinto. Él jamás podrá jugar con Messi, pero yo sí podré hacer lo que hizo Cervantes, escribir (en este caso copiar) El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. VALE.

sábado, 22 de septiembre de 2018

Picasso - Dalí



No entiendo de pintura y no me siento cómodo en museos pictóricos porque no sé lo que estoy viendo. Por ejemplo, he estado varias veces en el Prado, y en un día lo he visto todo; es evidente que no lo aprecio. Imagino que debe ser la misma sensación que puedan tener algunos al ver una catedral, sólo que, a lo mejor, ellos no se frustran y disfrutan conformándose con que lo que están viendo es bonito, sin más.
Pero a pesar de ser un inculto pictórico me rindo incondicionalmente a dos autores: Velázquez y Goya. No descubro nada si digo que fueron dos genios.
España ha sido potencia cultural a lo largo de su historia en dos facetas: literatura y pintura. No hace falta explicar los motivos. Otros dos genios de nuestra pintura, que duda cabe, son Picasso y Dalí. Sus estilos distan mucho de los dos anteriores (Velázquez y Goya), pero no colocarlos en nuestro Olimpo artístico sería de necios. No obstante, entre ellos existía una rivalidad como tantas ha habido a lo largo de nuestra historia entre otros genios: Quevedo - Góngora, Cervantes - Lope de Vega, Valle-Inclán - Echegaray.
La rivalidad comenzó cuando Dalí regresó desde Nueva York a la España franquista y Picasso seguía exiliado. En una conferencia en 1951, en el Teatro María Guerrero de Madrid, Dalí acuso al genio malagueño de “matar la belleza del arte con el materialismo comunista”. No obstante, señalaba que había lo había invitado a regresar a España “para gloria de la pintura española por encima de ideologías”. Ese día, delante de la flor y nata de la burguesía y aristocracia madrileñas Dalí dijo unas palabras que lo perseguirían siempre: “Picasso es español; yo también. Picasso es un genio; yo, también. Picasso tendrá unos 72; yo unos 48 años. Picasso es conocido en todos los países del mundo; yo también. Picasso es comunista; yo, tampoco”.
Pocos días después, desde París, Picasso respondía lo siguiente: “Dalí tiene la mano tendida, pero yo sólo veo la falange”.
Recuerdo que en mi infancia mi abuelo me contó este suceso. No se puede discutir la genialidad de Dalí. No obstante, y siendo un lego en la materia, estoy convencido que era un personaje y que el personaje engulló a la persona. Picasso siempre fue Picasso, sin necesidad de nada más.

sábado, 15 de septiembre de 2018

El inviolable nos viola




La justicia española ha archivado la investigación sobre el rey Juan Carlos. Un juez avisa de la inviolabilidad del Jefe del Estado… ¿qué se puede decir ante esto? La inviolabilidad no es más que un arcaísmo, resquicio de las monarquías absolutistas de siglos pasados.
El Título II de la Constitución establece la inviolabilidad e irresponsabilidad del Rey. Sus actos, los tasados en la Constitución, deben ser refrendados por el Presidente o sus Ministros, siendo inválidos si no lo fueran. Pero está claro que aquí, la palabra ‘inviolabilidad’ rebasa todos los límites establecidos dentro de esta Constitución de opereta. Toda la legislación y poderes fácticos del Estado han conspirado y conspiran en que la sobreprotección del Rey va más allá de los límites constitucionales. La inviolabilidad real hay que interpretarla en el sentido constitucional, en funciones atribuidas dentro del marco de ella; pero no creo que haya que interpretarla en actos como intermediación comercial, las comisiones, la evasión fiscal o el blanqueo de capitales, todas ellos no contemplados, legales o no, en la Constitución.
Con el archivo de la investigación sobre Juan Carlos I ‘el Campechano’ se lanza un claro mensaje a Felipe VI ‘el Preparao’: “Haz lo que te pase por los cojones que tú estás por encima de la ley”. Un inciso. Tengo mis dudas que el actual sea un rey tan ‘preparao’ como nos quieren vender, ya que, ¿no sabía nada de las golferías y sinvergonzonerías de su padre?
Siempre se dice que el pueblo es soberano, entonces, ¿por qué al rey se le define como el soberano? ¿No lo es el pueblo? ¿Pertenece él al pueblo? En el DNI dirá una cosa, pero la ley dice otra.
Por cierto… felicitar a todas las mujeres que durante el reinado de Campechano estaban en edad de merecer y han salido indemnes de semejante putero… ¿os imagináis que hubiera querido hacer uso del derecho de pernada? ¡A ver quién lo evita!

martes, 11 de septiembre de 2018

In the ghetto, por El Príncipe Gitano


Sé que es difícil elegir y me ha costado, pero me quedo con: “posdenifi guan sidosido nim” y “tuqueloqueyú anmí


sábado, 8 de septiembre de 2018

Micro XVIII


Si tuviese que llevar tres cosas a una isla desierta no sabría que dos escoger.

martes, 4 de septiembre de 2018

Pliego de condiciones


Estoy convencido que no habrá nadie que se lea el pliego de condiciones de un proyecto, ¡menudo coñazo!

martes, 21 de agosto de 2018

Corazón loco


Los que me conocen saben mi pasión por Teruel.
Teruel tiene las torres mudéjares.
Su catedral, considerada la Capilla Sixtina del mudéjar.
Una escalinata neo-mudéjar que conduce a un parque en el que el tiempo no importa.
Una plaza con un toro que le da fama mundial.
Una historia de dos amantes eternos que siguen sin poder estar juntos.
Dos estaciones, la de tren y el invierno.
Teruel tiene todo esto y mucho más.
Teruel…
Teruel…

He estado en Soria durante unos días y… la pregunta que me hice es, ¿cómo es posible que yo haya estado tanto tiempo sin pisar Soria? No puedo estar tanto tiempo sin venir aquí.
Mi relación con esta ciudad castellana es especial, se remonta a años atrás… pero eso lo dejo para cuando escriba mis memorias.
Si Teruel existe, Soria es eterna.
La alameda Cervantes.
La calle del Collao.
San Juan de Duero.
San Saturio.
San Juan de Rabanera.
Santo Domingo.
La concatedral de San Pedro.
La iglesia de la Virgen del Espino.
Frío, mucho frío
Y… él… y ella… Antonio y Leonor. Mi admirado poeta, su breve esposa y eterna musa. Una historia de amor en Soria, como también la tiene Teruel y de nexo de unión yo en ambas.
La emoción que he sentido leyendo Campos de Castilla en los lugares machadianos de Soria: el instituto en el que dio clase… la iglesia en la que se casaron… el paseo del Mirón… entre San Polo y San Saturio… la tumba de Leonor… todo ello sólo es comparable a mi recuerdo de niño cogido de la mano de mi abuelo, quien me inculcó el amor a Machado. Unas emociones las puedo revivir, otras sólo recordar. Por eso Soria es…

Y aquí, en cierta forma, me viene este dilema… ¿Teruel o Soria? ¿Soria o Teruel? Quizá estoy loco… o no.
¿Cuál es cuál? 



sábado, 11 de agosto de 2018

La muerte del correcaminos


Resuelta una duda de mi infancia…


sábado, 4 de agosto de 2018

Complejo de enanito


Creo que tengo el complejo de enanito de Blancanieves. Salgo de casa todos los días a las 7:45 y vuelvo pasadas las 21:00 horas.


sábado, 28 de julio de 2018

El cinismo de Casado



De molinero cambiarás, pero de ladrón no escaparás’, proverbio español que en la zona manchega de molinos conocen y aplican muy bien. Lo mismo se podría decir del PP. Pablo Casado es el líder populista de extrema derecha que todos estaban esperando. Ocupa un lugar que parecía destinado a Albert Rivera y Ciudadanos. No sabría decir si los naranjitos llegaron muy tarde o muy tarde, el caso es que no acabaron de ubicarse.
Casado es, como buen pepero, cínico y sin vergüenza. ¿Por qué digo esto? El nuevo presidente del PP es el elemento que dijo que “los de izquierdas están todo el día con la guerra del abuelo, con las fosas de no sé quién”, pero que cerró su discurso de investidura en el aquelarre pepero citando, ni más ni menos, que a Antonio Machado.
Con Casado gana la desmemoria y los del brazo incorrupto de Santa Teresa; los que humillan a las víctimas hablando de la guerra del abuelo y de quienes luchan por sacar a los asesinados de las fosas, citando a Machado, un republicano confeso perseguido por los que Casado representa: “ni está el mañana ni el ayer escrito”, concluyó. El poema completo es…

¡Qué importa un día!
Está el ayer alerto
al mañana, mañana al infinito,
hombres de España, ni el pasado ha muerto,
ni está el mañana –ni el ayer− escrito

Que no olvide Casado que él y su partido tienen pasado.
Es posible que lo único que un pepero, esos que pertenecen a la ‘España que ha de helarte el corazón’, los ‘de cerrado y sacristía, devota de Frascuelo y de María’, pueda citar del gran poeta.
Leer a Ian Gibson, la biografía de Antonio Machado, Ligero de equipaje, como salió de España, cruzó los Pirineos, llegó a Collioure, murió y fue enterrado ha sido, sin lugar a dudas, la lectura más emocionante de mi vida. Estar delante de la tumba del poeta con ese libro en mis manos uno de los momentos que jamás olvidaré.
Escuchar al poeta en boca de Casado es una de las mayores repugnancias. 

sábado, 21 de julio de 2018

Placeres por descubrir


Estatua de Cervantes en Argamasilla de Alba

¿Qué le diría a alguien que no ha leído el Quijote?
¡Felicitarlo! Lo felicitaría porque le diría que aún le queda en esta vida el placer de leer el Quijote. Y añadiría que luego, cada determinado tiempo, se lee una o dos veces. Después se hojea, se va en busca de aquellos pasajes que más nos gustaron. Hasta que se llega a sentir muy familiar.