sábado, 12 de enero de 2019

El faro


Una vez escuche escuché decir que ‘un niño sin abuelo, es un niño sin historia’.
No lo sé, porque yo tuve esa figura. Pero quizá mi historia hubiera sido distinta. Hubiera podido ser, entre otras muchas cosas, sobre todo sin república, sin Antonio Machado y sin Quijote. Algunas veces he pensado en todas las conversaciones que nos han quedado pendientes.
Es probable que gran parte de lo que soy, siento o pienso fuese gracias a mi abuelo materno. Siempre me decía que quería que estudiase, lo que la gente de su generación decía ‘ser alguien en la vida’. No le dio tiempo a verlo. Quizá, por eso, cuando aprobé el Proyecto Final de Carrera (PFC) y me dieron el certificado como que ya era licenciado, antes de ir a casa y enseñarlo a mis padres fui al cementerio, me puse delante de él y le dije: “Mira. Lo he conseguido. Aquí está lo que tú querías”. Creo que fue la única vez que le hablé como si estuviera vivo, como si realmente pudiera escucharme.
Mañana, 13 de enero, hará 25 años que falleció. Recuerdo ese día como si fuera ahora mismo, pero no me apetece escribir sobre aquello; es algo demasiado personal, estas palabras ya son lo suficientemente emotivas y, a pesar de los años pasados, sigo emocionándome.
Sí, mi faro era él. En cierta forma, siento que me sigue alumbrando.




sábado, 5 de enero de 2019

San Juan de Baños


Era una sensación parecida a la de alguien que se reencuentra, años después, con un amor de juventud que había olvidado.
En el viaje que hice a Palencia, en una rotonda cerca del hotel, había una señal de dirección que ponía ‘Basílica San Juan de Baños 1’. No me sonaba que hubiera ninguna basílica por la zona, pero estando tan cerca hubiera sido una inconsciencia no visitarla. Al día siguiente, temprano, la tenía delante. La iglesia visigoda San Juan de Baños… y comencé a recordar. La conocía. La había estudiado, en primero de carrera, en la asignatura de Historia de la arquitectura. ¡Sí, era ella! ¡Y la había olvidado! Fue la primera vez en mi vida que lloré delante de un edificio… la segunda y, hasta la fecha, última, no tardaría en llegar. 


Estaba ante una iglesia visigoda, un edificio único, ya que lo árabes arrasaron prácticamente todos los edificios religiosos cuando invadieron la península; quizá, esta se libró al estar dedicada a San Juan Bautista, también venerado en el islam. Se trata de la iglesia en pie más antigua de España, aunque en la actualidad no se realicen misas, únicamente alguna boda. Es un edificio del siglo VII, mandado construir por el rey visigodo Recesvinto. Cuenta la tradición que este rey volvía de batallar contra los vascones y al llegar a la zona tuvo unos dolores nefríticos. Los lugareños le recomendaron que bebiese agua de un manantial cercano, conocido por sus propiedades curativas. El rey sanó y como gratitud decidió levantar un templo a San Juan Bautista. Sea cierta o no la leyenda, el hecho es que a pocos metros del lugar hay un manantial que se dice que es aquel del que bebió Recesvinto. 


Un edificio de esas características hace que uno se sienta pequeño, insignificante. Los visigodos, un pueblo que estuvo durante casi tres siglos en España, muy desconocido en la actualidad y del que apenas quedan edificios reseñables. Estaba delante de algo único. Cerré los ojos e imaginé como aquellos hombres, de los que poco conocemos, pudieron construir este templo… el arco de herradura de la entrada, los muros, los relieves… y, de repente, sin esperarlo, noté como las lágrimas brotaban de mis ojos. Lágrimas de agradecimiento por hacerme sentir lo que estaba sintiendo.


Cuando se está delante de un edificio de esas características no hay que verlo, hay que sentirlo… tocarlo, más bien acariciar con las yemas de los dedos las partes más singulares que estén al alcance y que el frío de sus piedras penetre dentro de ti… escucharlo y que te cuente como los canteros lo parieron sillar a sillar hace más de 1.300 años. Trece siglos en mis manos. 


Y el interior, austero, tal y como era la arquitectura visigoda. Una nave central y dos laterales separadas por arcos de herradura sobre columnas marmóreas romanas. Los visigodos aprovechaban los materiales de sus predecesores. Los arcos de herradura, ya utilizados casi tres siglos antes de que los árabes lo popularizaran en la península. Es muy fácil ver la mezquita de Córdoba o la alhambra de Granada y admirarse de sus arcos; hay cosas que están al alcance de cualquiera.


Pero, quizá, lo que más me sorprendió, fue la corona votiva de Recesvinto, con la inscripción ‘Recesvinto Rex’; si bien es una copia, ya que la original está en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid, ese era el sitio original de esta corona. Tantas y tantas veces vista en libros y la tenía allí delante. En un instante en que no me sentía observado me atreví a tocarla y, aunque fuese una copia, aún así, sentía que estaba tocando algo grande único, espectacular. 




A lo largo de la historia la iglesia ha sufrido alteraciones constructivas y su distribución ha cambiado con los siglos, ¡que Ruskin les perdone! 



Pero conserva su esencia visigoda, la de un pueblo olvidado en el tiempo y que podemos conocer gracias a edificios como este, por lo menos, despertar nuestras inquietudes.

Lateral izquierdo 

Parte trasera 

Lateral derecho 

Si queréis saber más de esta construcción os recomiendo visitar la siguiente página. Bien lo merece.

martes, 1 de enero de 2019

1 de enero. Feliz año nuevo



Y todavía es 1 de enero. Que llegue, cuanto antes, el 21.

sábado, 29 de diciembre de 2018

Micro XIX


¿Por qué la gente siempre pregunta ‘cómo estás’? ¿Por qué nunca preguntan ‘cómo te sientes’?

lunes, 24 de diciembre de 2018

Una noche distinta



Esta es la misma entrada que puse hace un año, dos, tres, cuatro, cinco… y la misma que puse en esta fecha desde que comecé en el maravilloso mundo bloguero. El día es el mismo, por eso creo que sirve. Un año más y los motivos son los mismos, como lo serán al año que viene y al siguiente, y al siguiente, y al siguiente… Sólo eso, al fin y al cabo, aunque no participe del folclore navideño, sí que creo que es una noche distinta.
Desde el año 97, el día de Nochebuena, suelo hacer siempre lo mismo; a las 8 de la tarde subo a la terraza de la casa de mis padres y enciendo una vela. No soy muy amante de la Navidad, pero sí que creo que esa es una noche especial. Tengo la suerte de haberla celebrado siempre en compañía de mi familia, por ello me siento afortunado, por poder estar con la gente que quiero. Pero también surgen otros sentimientos inevitables, como son el acordarme de mis seres queridos que ya no están. Por eso necesito un momento para acordarme de ellos en soledad. Justo es el momento en el que enciendo la vela. Me acuerdo, especialmente, de ellos y no puedo evitar la melancolía, esa que solamente se puede sentir en privado... y es que algunas cosas nunca cambiarán.
Después del primer recuerdo, dedico mi luz a más gente; primero a personas que conozco y que comparten culaquier tipo de relación conmigo y después, muy especialmente, a gente que no conozco pero que existen. Y pienso en todos los que están lejos de casa por motivos de trabajo y esta noche no estarán con sus familiares, en aquellos que tienen que pasar la noche en un hospital, que tienen que dormir en un cajero, en un banco o en cualquier contenedor. En esas madres que desde sus países pensarán en sus hijos, lejos de casa; en aquellos lejos de sus países por cualquier motivo; en los que están de viaje; en aquellos que esta noche cenarán solos en casa porque no tienen familia u otros que, sencillamente, no podrán cenar; en todos aquellos que acabaron sus días lejos del hogar… como mi admirado poeta y en tantos más que se nos podrían ocurrir y que no por no nombrarlos están ausentes. Por todos ellos también enciendo la vela, para que su luz, al menos esta noche, no les haga sentirse tan solos. Que sepan que alguien, desde la distancia, se acuerda de ellos y sabe que existen. Nunca se sabe, quizá, al año que viene, tal noche como esta, yo pueda estar en alguna de esas situaciones.
Este año, como los anteriores, también les dedico esta canción. Un canto a la paz y a la libertad nunca igualado, igual que os la dedico a todos los que pasáis por aquí.

Que paséis una buena noche.



sábado, 22 de diciembre de 2018

De belenes navideños



Es innegable que una de las cosas típicas de estas fechas son los belenes navideños. Imagino que primero comenzarían representando el nacimiento de Jesús, con pocas figuras, y con el paso de los años se fueron ampliando hasta lo que son hoy en día, algunos parecen pequeñas poblaciones, con un centenar de figuras.
En los belenes ocurre algo peculiar. Cuanto mayor es su tamaño, mayor error. Esto es algo evidente en cualquier ámbito y en los belenes se acentúa. Si un belén quiere representar escenas reales es fundamental que respete la proporcionalidad. Este factor es importante para que sea algo admirable. Quizá sea por formación profesional, pero es en lo primero que me fijo cuando veo un belén. Es ridículo colocar un castillo y dos soldados a la puerta cuya altura llega a las almenas, o un agricultor delante de una vivienda y se ve claramente que esa figura no cabría por la puerta… y así muchos ejemplos. Como se habrá podido adivinar, al hablar de proporcionalidad me refiero a las figuras respecto a las construcciones. Un belén, al fin y al cabo, no deja de ser un elemento en el que se usa la arquitectura y la arquitectura deber ser proporcionalidad. Ya lo dijo Vitrubio, la arquitectura es “firmitas, utilitas, venustas” y esto no se aplica en los belenes; partiendo de esa base, son representaciones grotescas y ridículas.
Es por ello que no me gustan los belenes, porque, no son proporcionales, no son reales ni creíbles, ya no representan nada; la gran mayoría están montados para hinchar el ego de sus montadores; me refiero, especialmente, a aquellos que se colocan en lugares públicos o escaparates comerciales a la vista de todos.
Procuro no ir, al menos acompañado, a ver belenes. Si hiciera la reflexión que aquí he expuesto delante de uno, con más visitantes, es posible, que no fuera bien recibido. No siempre la intención es la que cuenta.

martes, 11 de diciembre de 2018

Palencia


Hay lugares que sin saber los motivos nos llaman para que vayamos a conocerlos. Desconozco el motivo. Esto mismo me ocurría con una ciudad con la que jamás he tenido relación, ni siquiera hubiera sabido colocarla en el mapa. Se trata de Palencia. Siempre he tenido el anhelo de conocer esta ciudad y durante el último puente he podido cambiar el anhelo por la realidad.
Es posible que fuera por ese interés que siempre me han despertado aquellos lugares de los que no se habla, que nunca salen en los medios y que están ahí, esperando que alguien los descubra. Eso mismo me ha pasado con Teruel, Soria y, ahora, Palencia.
A diferencia de Teruel y Soria, que sí que sabía lo que había y lo que iba a ver, en esta ocasión iba totalmente a ciegas. ¿Palencia? ¿Qué puede haber en Palencia?
Al llegar a una ciudad desconocida con interés de conocerla se siente la necesidad de marcar un itinerario que sea el que guie. No obstante, hay veces que las casualidades se imponen y es innecesario. Cuando te pierdes con el coche por la ciudad y sin saber cómo te encuentras de frente con la iglesia de San Miguel y su majestuosa torre, donde, según la tradición, se casó el Cid con doña Jimena, es evidente que no se puede programar una ruta. ¿Cuándo hubiera descubierto este edificio? ¿Al decirlo un plano? Ante ciertas joyas arquitectónicas no cabe ser metódico, hay que improvisar.


En Palencia toda la vida de la ciudad gira en torno a la calle Mayor. Una vía peatonal, con los típicos soportales castellanos, que alberga la mayoría de monumentos civiles. A lo largo de la vía se pueden encontrar edificios modernistas con otros más eclécticos que no desentonan con el urbanismo.
Descubrí a Victorio Macho, un escultor local, fallecido hace más de 50 años, que está muy presente en la ciudad. Destaca su obra el Cristo del Otero, un cristo de más de 20 m. de altura, a pocos kilómetros de Palencia y cuya figura es una seña de identidad de la ciudad.


Tengo la sensación que Palencia es una ciudad acomplejada, que no acaba de creerse el potencial que tiene. Al igual que hace unas entradas comentaba que Santiago no cuida su patrimonio porque no lo necesita para ser lo que es; creo que Palencia no le da la importancia a su patrimonio porque piensa que no tiene interés, como he dicho al principio, ¿qué puede haber en Palencia? Y eso mismo pensarán los palentinos.
Es una ciudad para descubrirla, sin que nadie marque un rumbo, porque en cualquier momento podemos encontrarnos con un edificio que nos haga detenernos para observarlo e incitarnos a entrar. Es una ciudad en la que hay que estar preparados para la sorpresa y ante la sorpresa estamos desarmados, simplemente tenemos que dejarnos llevar y disfrutar.
No obstante, no sólo la ciudad es merecedora de ser descubierta. Hay dos lugares más que no pueden dejar de visitarse. Jamás he llorado cuando he estado delante de un edificio arquitectónico y ha tenido que ser en la provincia de Palencia donde se me han saltado las lágrimas al estar delante de ellos. Sthendal sintió por mí. Pero eso lo dejo para otras entradas.

martes, 4 de diciembre de 2018

Tipical Spalucia



Lo que ha pasado en Andalucía era algo que se podía adivinar. España es un país que no se ha quitado sociológicamente la idea del franquismo (o fascismo, valga la redundancia). Un violador no es célibe de un día a otro, un ladrón no se vuelve honrado de un día para otro y un franquista no se vuelve demócrata de un día para otro. El sentimiento fascista estaba adormecido y el separatismo catalán ha sido la mecha para despertarlo. La derecha ha echado leña al fuego y la izquierda no ha sabido como apagarlo.
Las elecciones andaluzas no han sido para elegir el gobierno de la Junta, han sido unas elecciones en clave nacional. Un factor, creo que importante, es el de que en Cataluña hay mucho emigrante andaluz (lo que allí llaman charnego) y que quizá el tema independentista ni les va ni les viene, es más, quizá se sientan ‘marginados’ y ‘señalados’ por los independentistas y cuando han tenido la ocasión de devolver el golpe a ciertos catalanes (entiéndase la metáfora) han votado que ellos son más españoles que nadie y el que viva España. Ha ganado la “España de balcones” que defendía Casado (como si poner colgado un trapo rojigualdo fuera a solucionar todos los problemas), la España que se pone la camiseta de la Selección Española y la España que despide a la Guardia Civil de los cuarteles al grito “a por ellos”.
Hace años, en una de las visitas que hice a Collioure para visitar la tumba de Machado, paré a echar gasoil en la última área de servicio que hay antes de pisar suelo francés. Fue la primera y la última vez. Allí vendían figuras de bailaoras flamencas, toreros, guitarritas, sombreros cordobeses, un portarretratos de Lola Flores, abanicos… todos sobre un pequeño pedestal con una plaquita que se podía leer ‘España’. Sí, eso es lo primero que se encuentra (o se encontraba) un europeo al cruzar la frontera y entrar en este país. Todos los españoles somos eso, esa es la imagen que damos. ¡Claro! Cuando eso está en peligro sale el machito ibérico (o no sé si llamarlo, por extensión, machito andaluz) y dice que de eso nada, que somos muy españoles… y entonces es cuando pasa lo que pasa.
‘Andaluces levantaos’, dice el himno andaluz. No haré un chiste fácil, pero si es para esto más vale que continúen sentados.
Ahora bien. Del PP no se puede esperar nada, nada bueno, quiero decir. No tienen vergüenza porque es algo que no se podía robar en la caja del dinero público. Y Ciudadanos pues más o menos lo mismo, aunque no se puede decir que, comparados con los peperos, hayan metido la mano en la caja. Pero como el machito ibérico (o, insisto, machito andaluz) sólo se mueve por las testosterona, tengo curiosidad por ver si en los próximos días, de la misma forma que llaman a Podemos partido de extrema izquierda (sinceramente, a mí eso me pone), tienen cojones para llamar a VOX partido de extrema derecha.
Pero en todo esto hay una nota cómica. Javier Maroto (como lo definiría un verdadero macho ibérico, o macho andaluz), ‘un maricón’, del PP, haciéndole guiños a VOX diciendo que “Lo mejor que les puede pasar a los hispanoamericanos es que su hija se case con un español” o que “Lo que no puede pretender es que ellos sí puedan pactar con independentistas como el señor Torra y los batasunos, y yo no pueda pactar con el partido donde milita Ortega Lara”. Este (como lo definiría un verdadero macho ibérico, o macho andaluz) ‘maricón’ que se pudo casar con su marido (otro día habrá que hablar de la doble moral de los conservadores), gracias a que un Gobierno del PSOE aprobó una ley de matrimonio homosexual, ahora flirtea con un partido que se quiere cargar esa ley… ¿este tío podrá dormir por las noches?
Si es que, visto lo visto, no me extraña que los catalanes quieran separarse de ‘Espalucía’ ¡y quién no!

sábado, 1 de diciembre de 2018

Cosas del sábado


Los sábados ya no los marca sólo el bombón con hielo y el periódico a las 12:00.


sábado, 24 de noviembre de 2018

El Quijote según Gustave Doré


Si a cualquiera de nosotros nos pidiesen que hiciésemos un retrato robot físico de cómo era don Quijote y Sancho Panza, supongo que habría una coincidencia de un 85 % en las descripciones. De don Quijote no hay duda, “frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años. Era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro”, pero de Sancho Panza sólo se dice, al final de la primera parte, que era “de cuerpo chico”, nada más, el aspecto horondo con que se le representa viene del subconsciente por ser “gran comilón”.
A la imagen del amo y escudero no cabe duda que contribuyó Gustave Doré. Yo, por mi parte, de la misma forma que el caballero andante imaginaba su mundo, también prefiero imaginarlos tal y como yo los veo, no como otros lo hagan. “Porque has de saber, amigo Sancho, que todas las cosas de este castillo son como de encantamiento”. 



martes, 20 de noviembre de 2018

El entierro de Durruti


Hoy es 20 N. No cabe duda que es una fecha en la que han muerto figuras de la historia de España, ya sea por una u otra razón Quizá, la mayor parte de la gente lo relacione con la muerte del hispanicida Franco o del fascista José Antonio. Creo que poca gente sabrá que el 20 N, este mismo día, de 1936, moría Buenaventura Durruti. ¿Quién fue? Un hombre. 



Llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones

sábado, 17 de noviembre de 2018

Santiago de Compostela


Es Santiago de Compostela una ciudad que uno piensa que tiene mucho que ofrecer. Al ascender por esas escaleras modernistas que dan acceso a la alameda se puede sospechar que al final habrá algo que merezca la pena ese esfuerzo. Nada más llegar arriba hay un vergel de distintas especies arbóreas, pero, por encima de todo, hay una estatua de Rosalía de Castro. Cuando en cinco minutos ya se ha dado con una estatua de la gran literata gallega da indicios de pensar que lo que vamos a encontrar va a ser todo del mismo nivel.


Caminando por la alameda, por nuestra izquierda, podemos ver el símbolo universal de Santiago, la catedral. Pero no es eso lo que me llama la atención, tiempo habrá para verla de cerca; lo más llamativo es una estatua de bronce de Valle Inclán, sentado en un banco, como si fuera alguien que está allí esperando una conversación. Rosalía y Valle en menos de diez minutos. Salvo Soria, en la que puedes encontrarte a Antonio y a Gerardo, no recuerdo encontrarme con dos grandes de nuestra literatura en tan poco espacio de tiempo en ninguna ciudad. No cabe duda que Santiago tiene algo más que la catedral.


Para llegar a la famosa plaza del Obradoiro, hay que caminar por calles peatonales, imagino que son resquicios del antiguo trazado medieval. No obstante, no se aprecia una relación entre el urbanismo medieval y la arquitectura de los edificios. Es difícil percibir un entorno medieval acorde al lugar histórico en el que se está. Se llega a la plaza de la catedral y…
Y aquí creo que merecería capítulo aparte. Uno de los principales lugares de la cristiandad y meta de un camino milenario merecería libros y libros; no obstante, no se trata de explicar nada, simplemente contar sensaciones desde un punto de vista arquitectónico.


Me da la sensación que Santiago de Compostela es una ciudad que tiene una arquitectura impuesta por, sobre todo, la importancia religiosa que tuvo durante la edad media. No ha hecho falta nada más, el apóstol ya era suficiente reclamo para que se construyeran alrededor iglesias y universidades. Es ese el motivo por el que hay tanto patrimonio y, quizá, sea esa exageración de patrimonio la causa por la que no se le presta la atención suficiente ni el cuidado, limpieza y mantenimiento que merecen; estoy convencido que, en cualquier otra ciudad, cualquier edificio alrededor de la catedral sería seña del lugar, pero aquí es uno más. Sí, estoy diciendo que el exceso de patrimonio de Santiago de Compostela es el responsable del mal estado y poca preocupación, por parte de quien sea, de que los edificios no se mantengan como deberían. Haciendo un paralelismo sería como alguien que es rico de cuna, ¿qué necesidad tiene de preocuparse por el dinero si lo ha tenido, tiene y tendrá sin necesidad de trabajarlo? Algo así le ocurre a esta ciudad, no ha tenido que preocuparse de ‘generar’ patrimonio y le da lo mismo. El reclamo es el apóstol y es suficiente para atraer a miles de turistas al año sin preocuparse del entorno.
No obstante, hay excepciones en las que sí que se aprecia el cuidado que merecen los edificios; no todo es esa dejadez que escapa a los ojos de aquellos que se quedan en “que bonito” o “me gusta”, sin poder explicar el motivo, como si de darle al botoncito de Facebook se tratase.
Dicen que la primera impresión es la más importante. Yo no estoy de acuerdo. Una primera impresión sirve para hacerse una idea muy general y en sucesivas perfilar las sensaciones más concretas. Con la visita a Santiago me ha ocurrido eso, mi primera sensación ha sido contradictoria, quizá porque tenía la idea de una ciudad rica en patrimonio y, por extensión, bien conservado. No obstante, sabiendo lo que he visto, necesitaré otras visitas para dar una opinión más particular de los edificios, por ejemplo, de la catedral. En esta entrada no puedo escribir lo que vi en su interior y, tampoco, se trata de particularizar en un edificio habiendo tantos. No obstante, va en consonancia con la idea general que tengo del patrimonio santiagués. Aun así, es una ciudad que merece ser visitada sin ninguna prisa. La decadencia arquitectónica, como decía Ruskin, también es hermosa.

sábado, 10 de noviembre de 2018

Filosofía pura


Ni Tales de Mileto,
ni Sócrates,
ni Platón,
ni Aristóteles,
ni Averroes,
ni Tomás de Aquino,
ni Descartes,
ni Locke,
ni Hegel,
ni Nietzsche,
ni Heidegger,
ni Sartre,
ni Bauman,

¡El Fary!

Nombre científico: hombre blandengue
Nombre propio: calzonazos