martes, 11 de diciembre de 2018

Palencia


Hay lugares que sin saber los motivos nos llaman para que vayamos a conocerlos. Desconozco el motivo. Esto mismo me ocurría con una ciudad con la que jamás he tenido relación, ni siquiera hubiera sabido colocarla en el mapa. Se trata de Palencia. Siempre he tenido el anhelo de conocer esta ciudad y durante el último puente he podido cambiar el anhelo por la realidad.
Es posible que fuera por ese interés que siempre me han despertado aquellos lugares de los que no se habla, que nunca salen en los medios y que están ahí, esperando que alguien los descubra. Eso mismo me ha pasado con Teruel, Soria y, ahora, Palencia.
A diferencia de Teruel y Soria, que sí que sabía lo que había y lo que iba a ver, en esta ocasión iba totalmente a ciegas. ¿Palencia? ¿Qué puede haber en Palencia?
Al llegar a una ciudad desconocida con interés de conocerla se siente la necesidad de marcar un itinerario que sea el que guie. No obstante, hay veces que las casualidades se imponen y es innecesario. Cuando te pierdes con el coche por la ciudad y sin saber cómo te encuentras de frente con la iglesia de San Miguel y su majestuosa torre, donde, según la tradición, se casó el Cid con doña Jimena, es evidente que no se puede programar una ruta. ¿Cuándo hubiera descubierto este edificio? ¿Al decirlo un plano? Ante ciertas joyas arquitectónicas no cabe ser metódico, hay que improvisar.


En Palencia toda la vida de la ciudad gira en torno a la calle Mayor. Una vía peatonal, con los típicos soportales castellanos, que alberga la mayoría de monumentos civiles. A lo largo de la vía se pueden encontrar edificios modernistas con otros más eclécticos que no desentonan con el urbanismo.
Descubrí a Victorio Macho, un escultor local, fallecido hace más de 50 años, que está muy presente en la ciudad. Destaca su obra el Cristo del Otero, un cristo de más de 20 m. de altura, a pocos kilómetros de Palencia y cuya figura es una seña de identidad de la ciudad.


Tengo la sensación que Palencia es una ciudad acomplejada, que no acaba de creerse el potencial que tiene. Al igual que hace unas entradas comentaba que Santiago no cuida su patrimonio porque no lo necesita para ser lo que es; creo que Palencia no le da la importancia a su patrimonio porque piensa que no tiene interés, como he dicho al principio, ¿qué puede haber en Palencia? Y eso mismo pensarán los palentinos.
Es una ciudad para descubrirla, sin que nadie marque un rumbo, porque en cualquier momento podemos encontrarnos con un edificio que nos haga detenernos para observarlo e incitarnos a entrar. Es una ciudad en la que hay que estar preparados para la sorpresa y ante la sorpresa estamos desarmados, simplemente tenemos que dejarnos llevar y disfrutar.
No obstante, no sólo la ciudad es merecedora de ser descubierta. Hay dos lugares más que no pueden dejar de visitarse. Jamás he llorado cuando he estado delante de un edificio arquitectónico y ha tenido que ser en la provincia de Palencia donde se me han saltado las lágrimas al estar delante de ellos. Sthendal sintió por mí. Pero eso lo dejo para otras entradas.

martes, 4 de diciembre de 2018

Tipical Spalucia



Lo que ha pasado en Andalucía era algo que se podía adivinar. España es un país que no se ha quitado sociológicamente la idea del franquismo (o fascismo, valga la redundancia). Un violador no es célibe de un día a otro, un ladrón no se vuelve honrado de un día para otro y un franquista no se vuelve demócrata de un día para otro. El sentimiento fascista estaba adormecido y el separatismo catalán ha sido la mecha para despertarlo. La derecha ha echado leña al fuego y la izquierda no ha sabido como apagarlo.
Las elecciones andaluzas no han sido para elegir el gobierno de la Junta, han sido unas elecciones en clave nacional. Un factor, creo que importante, es el de que en Cataluña hay mucho emigrante andaluz (lo que allí llaman charnego) y que quizá el tema independentista ni les va ni les viene, es más, quizá se sientan ‘marginados’ y ‘señalados’ por los independentistas y cuando han tenido la ocasión de devolver el golpe a ciertos catalanes (entiéndase la metáfora) han votado que ellos son más españoles que nadie y el que viva España. Ha ganado la “España de balcones” que defendía Casado (como si poner colgado un trapo rojigualdo fuera a solucionar todos los problemas), la España que se pone la camiseta de la Selección Española y la España que despide a la Guardia Civil de los cuarteles al grito “a por ellos”.
Hace años, en una de las visitas que hice a Collioure para visitar la tumba de Machado, paré a echar gasoil en la última área de servicio que hay antes de pisar suelo francés. Fue la primera y la última vez. Allí vendían figuras de bailaoras flamencas, toreros, guitarritas, sombreros cordobeses, un portarretratos de Lola Flores, abanicos… todos sobre un pequeño pedestal con una plaquita que se podía leer ‘España’. Sí, eso es lo primero que se encuentra (o se encontraba) un europeo al cruzar la frontera y entrar en este país. Todos los españoles somos eso, esa es la imagen que damos. ¡Claro! Cuando eso está en peligro sale el machito ibérico (o no sé si llamarlo, por extensión, machito andaluz) y dice que de eso nada, que somos muy españoles… y entonces es cuando pasa lo que pasa.
‘Andaluces levantaos’, dice el himno andaluz. No haré un chiste fácil, pero si es para esto más vale que continúen sentados.
Ahora bien. Del PP no se puede esperar nada, nada bueno, quiero decir. No tienen vergüenza porque es algo que no se podía robar en la caja del dinero público. Y Ciudadanos pues más o menos lo mismo, aunque no se puede decir que, comparados con los peperos, hayan metido la mano en la caja. Pero como el machito ibérico (o, insisto, machito andaluz) sólo se mueve por las testosterona, tengo curiosidad por ver si en los próximos días, de la misma forma que llaman a Podemos partido de extrema izquierda (sinceramente, a mí eso me pone), tienen cojones para llamar a VOX partido de extrema derecha.
Pero en todo esto hay una nota cómica. Javier Maroto (como lo definiría un verdadero macho ibérico, o macho andaluz), ‘un maricón’, del PP, haciéndole guiños a VOX diciendo que “Lo mejor que les puede pasar a los hispanoamericanos es que su hija se case con un español” o que “Lo que no puede pretender es que ellos sí puedan pactar con independentistas como el señor Torra y los batasunos, y yo no pueda pactar con el partido donde milita Ortega Lara”. Este (como lo definiría un verdadero macho ibérico, o macho andaluz) ‘maricón’ que se pudo casar con su marido (otro día habrá que hablar de la doble moral de los conservadores), gracias a que un Gobierno del PSOE aprobó una ley de matrimonio homosexual, ahora flirtea con un partido que se quiere cargar esa ley… ¿este tío podrá dormir por las noches?
Si es que, visto lo visto, no me extraña que los catalanes quieran separarse de ‘Espalucía’ ¡y quién no!

sábado, 1 de diciembre de 2018

Cosas del sábado


Los sábados ya no los marca sólo el bombón con hielo y el periódico a las 12:00.


sábado, 24 de noviembre de 2018

El Quijote según Gustave Doré


Si a cualquiera de nosotros nos pidiesen que hiciésemos un retrato robot físico de cómo era don Quijote y Sancho Panza, supongo que habría una coincidencia de un 85 % en las descripciones. De don Quijote no hay duda, “frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años. Era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro”, pero de Sancho Panza sólo se dice, al final de la primera parte, que era “de cuerpo chico”, nada más, el aspecto horondo con que se le representa viene del subconsciente por ser “gran comilón”.
A la imagen del amo y escudero no cabe duda que contribuyó Gustave Doré. Yo, por mi parte, de la misma forma que el caballero andante imaginaba su mundo, también prefiero imaginarlos tal y como yo los veo, no como otros lo hagan. “Porque has de saber, amigo Sancho, que todas las cosas de este castillo son como de encantamiento”. 



martes, 20 de noviembre de 2018

El entierro de Durruti


Hoy es 20 N. No cabe duda que es una fecha en la que han muerto figuras de la historia de España, ya sea por una u otra razón Quizá, la mayor parte de la gente lo relacione con la muerte del hispanicida Franco o del fascista José Antonio. Creo que poca gente sabrá que el 20 N, este mismo día, de 1936, moría Buenaventura Durruti. ¿Quién fue? Un hombre. 



Llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones

sábado, 17 de noviembre de 2018

Santiago de Compostela


Es Santiago de Compostela una ciudad que uno piensa que tiene mucho que ofrecer. Al ascender por esas escaleras modernistas que dan acceso a la alameda se puede sospechar que al final habrá algo que merezca la pena ese esfuerzo. Nada más llegar arriba hay un vergel de distintas especies arbóreas, pero, por encima de todo, hay una estatua de Rosalía de Castro. Cuando en cinco minutos ya se ha dado con una estatua de la gran literata gallega da indicios de pensar que lo que vamos a encontrar va a ser todo del mismo nivel.


Caminando por la alameda, por nuestra izquierda, podemos ver el símbolo universal de Santiago, la catedral. Pero no es eso lo que me llama la atención, tiempo habrá para verla de cerca; lo más llamativo es una estatua de bronce de Valle Inclán, sentado en un banco, como si fuera alguien que está allí esperando una conversación. Rosalía y Valle en menos de diez minutos. Salvo Soria, en la que puedes encontrarte a Antonio y a Gerardo, no recuerdo encontrarme con dos grandes de nuestra literatura en tan poco espacio de tiempo en ninguna ciudad. No cabe duda que Santiago tiene algo más que la catedral.


Para llegar a la famosa plaza del Obradoiro, hay que caminar por calles peatonales, imagino que son resquicios del antiguo trazado medieval. No obstante, no se aprecia una relación entre el urbanismo medieval y la arquitectura de los edificios. Es difícil percibir un entorno medieval acorde al lugar histórico en el que se está. Se llega a la plaza de la catedral y…
Y aquí creo que merecería capítulo aparte. Uno de los principales lugares de la cristiandad y meta de un camino milenario merecería libros y libros; no obstante, no se trata de explicar nada, simplemente contar sensaciones desde un punto de vista arquitectónico.


Me da la sensación que Santiago de Compostela es una ciudad que tiene una arquitectura impuesta por, sobre todo, la importancia religiosa que tuvo durante la edad media. No ha hecho falta nada más, el apóstol ya era suficiente reclamo para que se construyeran alrededor iglesias y universidades. Es ese el motivo por el que hay tanto patrimonio y, quizá, sea esa exageración de patrimonio la causa por la que no se le presta la atención suficiente ni el cuidado, limpieza y mantenimiento que merecen; estoy convencido que, en cualquier otra ciudad, cualquier edificio alrededor de la catedral sería seña del lugar, pero aquí es uno más. Sí, estoy diciendo que el exceso de patrimonio de Santiago de Compostela es el responsable del mal estado y poca preocupación, por parte de quien sea, de que los edificios no se mantengan como deberían. Haciendo un paralelismo sería como alguien que es rico de cuna, ¿qué necesidad tiene de preocuparse por el dinero si lo ha tenido, tiene y tendrá sin necesidad de trabajarlo? Algo así le ocurre a esta ciudad, no ha tenido que preocuparse de ‘generar’ patrimonio y le da lo mismo. El reclamo es el apóstol y es suficiente para atraer a miles de turistas al año sin preocuparse del entorno.
No obstante, hay excepciones en las que sí que se aprecia el cuidado que merecen los edificios; no todo es esa dejadez que escapa a los ojos de aquellos que se quedan en “que bonito” o “me gusta”, sin poder explicar el motivo, como si de darle al botoncito de Facebook se tratase.
Dicen que la primera impresión es la más importante. Yo no estoy de acuerdo. Una primera impresión sirve para hacerse una idea muy general y en sucesivas perfilar las sensaciones más concretas. Con la visita a Santiago me ha ocurrido eso, mi primera sensación ha sido contradictoria, quizá porque tenía la idea de una ciudad rica en patrimonio y, por extensión, bien conservado. No obstante, sabiendo lo que he visto, necesitaré otras visitas para dar una opinión más particular de los edificios, por ejemplo, de la catedral. En esta entrada no puedo escribir lo que vi en su interior y, tampoco, se trata de particularizar en un edificio habiendo tantos. No obstante, va en consonancia con la idea general que tengo del patrimonio santiagués. Aun así, es una ciudad que merece ser visitada sin ninguna prisa. La decadencia arquitectónica, como decía Ruskin, también es hermosa.

sábado, 10 de noviembre de 2018

Filosofía pura


Ni Tales de Mileto,
ni Sócrates,
ni Platón,
ni Aristóteles,
ni Averroes,
ni Tomás de Aquino,
ni Descartes,
ni Locke,
ni Hegel,
ni Nietzsche,
ni Heidegger,
ni Sartre,
ni Bauman,

¡El Fary!

Nombre científico: hombre blandengue
Nombre propio: calzonazos


martes, 30 de octubre de 2018

La leyenda del jinete sin cabeza


Recuerdo haber visto estos dibujos hace mucho tiempo, cuando todavía era un niño. Se quedó en algún rincón en mi memoria un jinete sin cabeza que lanzaba calabazas a alguien que huía en caballo. Eran otros tiempos y los dibujos eran tal cual, en versión latina.
Muchos años más tarde, Tim Burton me hizo recordar y me enseñó la historia.

sábado, 27 de octubre de 2018

Soy albañil


Así, tal cual, soy albañil. Esta semana me he sacado el curso de 20 horas de albañilería y tengo un diploma que me acredita como tal. Pero todo tiene una explicación. Teóricamente, a una obra solamente puede entrar la gente que esté autorizada, es decir, la empresa constructora tiene que facilitar los datos de los albañiles que van a trabajar en esa obra en cuestión. Entre los muchos papeles que piden a la empresa (estar al día con Hacienda, con la Seguridad Social, que los trabajadores estén dados de alta, seguros y recibo de justificante de pago de un seguro de responsabilidad civil, seguro y recibo de justificante de pago de un seguro de convenio de la construcción y alguno más que no recuerdo) hay que presentar uno como que el trabajador tiene un curso de seguridad de 20 horas en albañilería y un justificante médico. Una forma de sacar dinero y, en cierta forma, provocar que la gente trabaje en B. Pues bien, para una obra presenté toda la documentación de los trabajadores que iban a estar y me recalcaron que eran los únicos que podían entrar. Los trabajos consisten en pintar una comunidad, demoler unos tabiques de unos trasteros y volverlos a levantar y sustituir el solado de una cubierta. En urbanismo, al ser obra menor, sólo pedían una declaración responsable y un estudio básico de seguridad y salud.
Por resumir. A pesar de yo haber sido el redactor del estudio básico no tenía acceso a la obra por no ser trabajador y no tener el curso de albañilería. Es por eso que llamé al prevencionista que lleva el tema de seguridad y me dijo que lo tenía que hacer. Por la confianza que nos tenemos, me dijo lo que yo pensaba, que es una forma de sacar dinero. Me puso en ejemplo muy claro: “es como si a ti, que eres piloto de avión, te piden 1.000 horas de vuelo para darte la licencia de ciclomotor”. Pero nada, hay que pasar por ahí y eso se llama 150 euros. De 8:00 a 15:00 horas dos días y de 8:00 a 14:00 horas un día. Total para que me digan que tengo que ponerme casco, llevar botas de seguridad, gafas de protección en según qué trabajos y que pongan vídeos en YouTube. En el aula seríamos unos 15 a 150 euros cada uno 2.250 euros. Había tres o cuatro rumanos que no hablaban ni entendían español, al igual que 4 ó 5 africanos que tampoco. Al final todos aptos. Tengo el título de albañil sin saber levantar una pared o hacer un alicatado.
Me parece una sinvergonzonería que a gente que no conozca el castellano los consideren aptos cuando estamos hablando de seguridad y que a mí, con mi titulación, tenga que sacarme el título si quiero entrar en una obra. Pero todavía queda la revisión médica, otros 90 euros.
Pero no acaba ahí la cosa. Si en una obra se tiene que realizar un estudio de seguridad y salud (no confundir con el estudio básico de seguridad y salud) se tiene que nombrar un recurso preventivo, es decir, delegar en un trabajador de la obra que haya hecho un curso de seguridad de 60 horas y si no hay nadie que lo tenga pueden poner los problemas que les dé la gana. Así que me tocará hacer el curso de 60 horas (unos 250 euros) y nombrarme a mí mismo recurso preventivo en un futuro, ya que, de lo contrario, yo, que digo lo que hay que hacer y cómo hay que hacerlo, no puedo estar en la obra. Por lo tanto, me tendré que nombrar a mí mismo, ¿cabe mayor estupidez?
Y luego dicen que ayudan a las pequeñas y medianas empresas ¡y una mierda! Si es que ya está todo inventado, ¿a quién van a exprimir? A los pobres desgraciados que quieren hacer las cosas bien. A base de impuestos, seguros y cosas como estas.
No voy a seguir escribiendo, porque tengo un cabreo como una mona... quizá, otro día, con calma, escriba sobre ello; ahora, mejor, tomarlo con humor.


sábado, 20 de octubre de 2018

Cuatro versiones


Cuatro versiones (no 20 poemas de amor) y una canción (desesperada).
¿Con cuál me quedo? Con ella, no hay otra... como dice la canción: “Yo me quedo para siempre con mi reina y su bandera”. Cierro los ojos y escucho…








martes, 16 de octubre de 2018

Micro XIX


Siempre hay cosas más importantes que hacer… por eso no hacemos lo que toca cuando toca.

sábado, 6 de octubre de 2018

Semana de papeleo



Una semana más como la actual y, como se dice coloquialmente, me tienen que llevar al desguace. A la conclusión que llego es que no he parado, pero, al mismo tiempo, no he hecho nada.
En un par de semanas darán comienzo unas obras sobre las que se empezó a trabajar el mes de febrero y por unas y otras razones se han ido retrasando. Ahora que, por fin, van a arrancar toca la parte más desagradable, la parte administrativa: el papeleo.
Ha sido papeleo, papeleo y más papeleo. En contacto con el asesor para que me envíe justificantes de hacienda y de la seguridad social justificando que no soy un delincuente, papeles sin parar… con los de prevención para que me envíen todo lo de seguridad… imprimir… firmar… escanear… así durante toda la semana, no he podido hacer nada de lo que tenía previsto, ya que de no tenerlo todo en reglar no se puede comenzar. Toda una burocracia innecesaria que hace que se quiten las ganas de hacer cosas.
Hoy y mañana tengo que recuperar el tiempo perdido y adelantar cosas que no he podido hacer. Lo que se dice trabajar los siete días de la semana. Hoy es el pregón de comienzo de fiestas que durarán hasta el 14 y, afortunadamente, la semana será mucho más tranquila. La Virgencica del Pilar me ha echado un cable.

sábado, 29 de septiembre de 2018

El máximo placer



Hace un par de meses recordaba en una entrevista a Martín de Riquer una de pregunta que le hicieron:

P: ¿Qué le diría a alguien que no ha leído el Quijote?
R: ¡Felicitarlo! Lo felicitaría porque le diría que aún le queda en esta vida el placer de leer el Quijote.

Esa respuesta, aunque pueda servir para animar a los demás y convencerles de la lectura de la inmortal obra, dejó en mí un gran vacío. He leído el Quijote cinco veces, según la respuesta de Riquer, ya tengo satisfecho el placer de cinco vidas. Pero no es así. El Quijote nunca me sacia. Es por ello que hace unos días he empezado a llevar a cabo una idea que me rondaba la cabeza desde hacía meses: he comenzado a copiar a mano el Quijote. El Quijote que leí, por primera vez en mi vida, allá por el lejano verano del 94.
Digo bien, copiar, porque ya está escrito. En folios color pastel y tinta negra.
Escuché una vez a Sánchez Dragó decir: “Lo que se divertiría Cervantes escribiendo el Quijote”. Eso es lo máximo.
Quiero ir un escalón más. El placer de leerlo ya lo tengo colmado, ahora quiero tener el placer de ‘darle vida’ a través de mi mano. El máximo placer al que podría aspirar.
Se lo conté a un amigo, muy aficionado al FC Barcelona, pero más que del Barça, es de Messi; el día que Messi se retire estoy convencido que deja de ver fútbol. Tan es así que suele ir a ver varios partidos desde Zaragoza a Barcelona. Cuando se lo comenté poco menos me dijo que, como al caballero, se me había secado el cerebro. Le pregunté que sentía cuando estaba en el campo y veía una jugada de Lio, de las que levantan del asiento: “Es como ver jugar a Dios”, me respondió. Lo siguiente que le dije fue: “Imagina que estás en el campo, con el estadio lleno, una final de Champions contra el Real Madrid y tú estás jugando, allí, con Messi. Messi te pasa la pelota y metes el gol de la victoria”. No supo contestar, su cara lo decía todo.
Aunque el ejemplo me sirva es algo totalmente distinto. Él jamás podrá jugar con Messi, pero yo sí podré hacer lo que hizo Cervantes, escribir (en este caso copiar) El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. VALE.