martes, 22 de agosto de 2017

Herramientas complementarias


He dedicado algunas entradas para hablar de los distintos programas y/o herramientas que uso habitualmente. Los he dividido en lo que podrían ser un primer grupo denominado ‘herramientas de diseño’, es decir, aquellos que sirven para dibujar como el Revit, AutoCAD y Sketchup. El segundo grupo serían ‘herramientas de cálculo’ cuya uso y aplicación son los que dan sentido a lo que se diseña; son programas necesarios para llevar a cabo una edificación más allá del diseño. Me estoy refiriendo a Cype, Presto, Arkö+ y a la Herramienta oficial de cálculo del DB HR del CTE.
Finalmente, escribiré sobre un tercer y último grupo. No influyen en el diseño ni en el cálculo. Simplemente se aplican a construcciones ya hechas. Serían ‘programas complementarios’. En mi caso, aunque hay muchos más, sólo manejo dos: el CEXv2.3 y el TasaVIV.
El CEXv2.3 es un programa para la calificación de eficiencia energética de edificios residenciales y pequeños y grandes terciarios teniendo en cuenta los materiales de la fachada, tipo de carpinterías y las instalaciones de calefacción y climatización. Aquí habría que hacer un inciso, ya que no hay nada que diga que es un pequeño o gran terciario. La única diferenciación es a través del tipo de instalaciones que tenga, por lo tanto, dependerá del ingeniero que las calcule.
He hecho varios certificados energéticos y, la verdad, me parece una forma de sacar dinero, ya que no sirve para nada. El certificado energético sólo es obligatorio para vender o alquilar un inmueble. Nada más. Al propietario le dan una letra, que es la que ha calculado el programa y que va de la A a la F, y ya está. Y digo que no sirve para nada porque dependiendo de los datos que se introduzcan puede salir una letra más o menos favorable, ya que no va a ser revisado por nadie. De la misma forma, si la letra saliera muy desfavorable, hay unas ‘medidas correctoras’ que el programa recomienda y que es obligatorio especificar, pero que en absoluto obligan al cliente a aplicarlas, entre otras cosas, porque son bastante costosas, económicamente hablando. Por poner un ejemplo. En una vivienda sale una letra E (bastante desfavorable) y se le indica que, con algunas medidas correctoras, puede pasar a una letra C. Simplemente se le informa de ello, pero no tiene la obligación de adoptarlas. A eso me refiero con que no sirve para nada. Pero bueno… hay que hacerlo.


El otro programa es TasaVIV. Este programa lo conocí por casualidad, en un curso de tasaciones y valoraciones inmobiliarias que hice hace tiempo. No me dedico a hacer tasaciones, aunque cuando estudiaba reconozco que era una asignatura que me parecía interesante. A las tasaciones se puede dedicar cualquiera que tenga formación en una carrera técnica, aunque si bien, para dedicarse a ello, hay que pertenecer a alguna sociedad de tasación debidamente acreditada por el Banco de España. En mi caso hice el curso porque me gusta el tema, por tener más formación y sin intención de dedicarme a ello profesionalmente. He hecho algunas tasaciones para conocidos, de manera orientativa. Por ejemplo, el precio de una vivienda que alguien ha acabado de heredar o de alguien que quiera vender su vivienda. Pero siempre a modo orientativo, ya que al no pertenecer a ninguna sociedad tasadora no tiene más valor.
Pero centrándonos en TasaVIV, es un programa creado por Eulogio Sánchez, un arquitecto de Cáceres que lleva más de cuarenta años dedicándose a hacer tasaciones. Eulogio ha sido mi profesor en varios cursos online que he hecho de tasaciones y valoraciones inmobiliarias. Esta aplicación sirve para la elaboración de tasaciones de todo tipo de elementos residenciales (edificios, viviendas, trasteros, garajes, etc.), llegando a la valoración de parcelas y edificaciones, en el caso de unifamiliares que dispongan de terreno no edificado, emitiendo un informe de tasación muy, muy completo en formato y contenido profesional, ya que los cálculos se pueden emitir por los cuatro métodos de valoración reconocidos: método de comparación, método de coste de reposición, método de actualización y método residual.

martes, 15 de agosto de 2017

Yo te diré… La verdadera historia de los últimos de Filipinas



Hace días terminé de leer el libro de Manuel Leguineche ‘Yo te diré… La verdadera historia de los últimos de Filipinas’. Para los que, como yo, conocen el episodio de Baler y quieran centrarse solamente en aquel episodio puede quedar un poco vacío. No obstante, aun conociendo la historia de ‘los últimos’, es un libro casi imprescindible para entender el contexto histórico en el que ocurrieron los hechos, que no es otro que la independencia de Filipinas. Un episodio vergonzante para la historia de España en el que, por poner un ejemplo, cuenta Leguineche que el mismo día en el que España perdió las últimas colonias la gente en Madrid se fue a los toros (citando incluso el cartel) y luego a una manifestación.
Pero centrándonos en lo que es libro, como he dicho al principio, apenas aporta nada nuevo respecto al sitio en el que estuvieron durante casi un año los cincuenta cazadores una vez acabada la guerra, ¡qué gran forma de ponerle el epílogo a un imperio!
Leguineche comienza a contar la historia casi diez años antes de los hechos. Explica quienes fueron José Rizal, Andrés Bonifacio y Emilio Aguinaldo o que fueron la Liga Filipina o el Katipunan. Todo ello nos sirve para entender porqué se produjeron aquellos hechos. No es por eso de extrañar que comience a hablar del sitio de Baler y de ‘los últimos de Filipinas’ a partir de la página 257 (el libro tiene 479).
Hay que señalar que Leguineche no era historiador, era periodista y, por ello, no escribía libros de historia propiamente dichos, sino relatos históricos con técnica periodística, con una estructura personal, no cronológica, mediante saltos en el tiempo adelante y atrás.
Creo que el autor comete el error en dividir a los sitiadores en buenos y malos, probablemente sin ninguna malicia, pero eso lo que se desprende a medida que se va leyendo el libro.
Aunque este libro se publicó en 1999, puede ser una lectura muy aconsejable para introducirse en el apasionante episodio de los héroes de Baler. No obstante, actualmente hay información inédita sobre el tema mucho más recomendable como, por ejemplo, el libro de Miguel Leiva y Miguel Ángel López de la Asunción, ‘Los últimos de Filipinas. Mito y realidad del sitio de Baler’.

Argumento: 8
Ambientación: 8
Personajes: 6
Capacidad para seducir al lector: 7

sábado, 12 de agosto de 2017

Herramientas de cálculo


Comentaba hace algunas entradas los distintos programas que utilizo para dibujar. En concreto eran tres: AutoCAD, Sketchup y Revit. Con estos tres programas se puede hacer cualquier tipo de diseño.
No obstante, una edificación, una vivienda, no solamente es diseño… hay mucho más. Aparte de lo que vemos a simple vista hay otro tipo de elementos que no vemos, que están y que son imprescindibles. Ese tipo de elementos deben cumplir unas características y requerimientos que hagan que la vivienda sea habitable. Pongamos un ejemplo. Nos miramos desnudos en un espejo, simplemente vemos lo que somos, lo que hay por fuera, pero no vemos los distintos órganos que tenemos en el interior y que nos permiten ser lo que somos, asimismo, esos órganos tienen que tener unos condicionantes para que nuestro cuerpo funciones correctamente. Con una vivienda ocurre lo mismo, no todo es dibujar.
Existen una serie de herramientas que son las que hacen que todo ese engranaje dé el resultado final.
El programa CypeCad, más conocido como Cype, es uno de los programas más usados en construcción y un referente en el cálculo y dimensionado de la estructura de un edificio. Pero, aunque esa su principal labor, este programa también permite otros dos paquetes de aplicaciones. El primero sería el cálculo y diseño de las principales instalaciones de un proyecto como, por ejemplo, el suministro y evacuación de aguas, electricidad, aire acondicionado y calefacción, ventilación, protección contra incendios. El segundo destinado a la gestión de obras y documentación del proyecto como realización permitiendo realizar mediciones, presupuestos, memorias y un control de todos los costes que se produzcan en la obra. Estos tres bloques lo convierten en una herramienta casi imprescindible.

El siguiente programa sería Presto, destinado solamente a la gestión y control de costes para la edificación.
Toda la información se mantiene en el presupuesto, desde la planificación hasta las certificaciones, incluyendo el control económico de la obra, información de los sistemas de gestión de calidad y la documentación de la obra terminada.
Personalmente, para realizar presupuestos prefiero Arquímedes, una aplicación encuadrada dentro de Cype. Me parece más intuitivo y con un banco de precios completísimo.


Hay otro tipo de programas que ya son más específicos y no se suelen utilizar debido a que, quizá, no se le dé demasiada importancia. Es decir, una vivienda tiene que cumplir el Código Técnico de la Edificación y parece ser que con eso ya sea suficiente. Sin embargo, hay ciertos elementos sobre los que podemos actuar y hacer que la vivienda tenga unas condiciones manifiestamente mejorables. Me estoy refiriendo a las carpinterías.
El programa Arkö+, de forma sencilla, intuitiva y rápida, configura y calcula los valores exigidos por el CTE para las ventanas. También genera planos en AutoCAD y memorias en Word y PDF.


Finalmente, una herramienta a la que le tengo especial ‘cariño’ por lo importante que me parece. Es una herramienta de cálculo frente al ruido. Se llama Herramienta oficial de cálculo del DB HR del CTE, así, tal cual. Quizá, por su complejidad o porque siempre a la sombra del aislamiento energético o porque no resulta atractivo a la hora de proyectar, este elemento sea uno de los más olvidados a la hora de realizar un proyecto. Pero basta con recordar las veces que hemos estado en un local o incluso en nuestra propia vivienda y nos hemos quejado del ruido. Sin lugar a duda, el ruido es una gran olvidado en la edificación. Yo tengo una teoría para ello. Calentar una casa en invierno o enfriarla en verano son cosas que valen dinero y, por ello, se invierte en aislamiento térmico. Para combatir el ruido no pagamos a ninguna compañía y, por lo tanto, al no costarnos dinero parece que nos importe menos. Esa es mi teoría, no se actúa sobre el ruido porque no te pasan un recibo todos los meses diciendo cuánto cuesta que no haya ruido.


Evidentemente, hay otro tipo de programas que hacen más o menos lo mismo. Aquí, en esta entrada, simplemente he escrito de los que tengo en mi ordenador y uso habitualmente.

martes, 8 de agosto de 2017

El hábito hace al monje


Definitivamente, el hábito hace al monje… ahora entenderéis la justificación.
Acudí a una vivienda en una zona que es conocida en Zaragoza por el alto nivel económico de la gente que vive en ese barrio: Montecanal. El problema es que en la vivienda se escuchan ruidos en la habitación de matrimonio cuando desde la vivienda de arriba usan el cuarto de baño y en el comedor cuando están usando las duchas de la propia vivienda. Básicamente es un problema de ruidos en las tuberías de AF y ACS debido a un exceso de presión, por lo que la solución sería una válvula reductora.
A lo que iba. Acudí a la vivienda (digna del nivel de la zona en la que estaba) y al llamar me abrió la dueña. Una mujer de unos 40 años que vestía una camiseta larga que le llegaba por encima de las rodillas, con un bronceado playero y una melena por debajo de los hombros. Una vez allí se puso a explicarme el problema y, sin venir a cuento, a contar que habían estado de vacaciones… que tienen un apartamento en Santoña… que habían estado un mes, etc., etc., etc.
Pues bien… yo allí aguantando las ínfulas de la buena señora y comprobando las llaves de los aparatos sanitarios. Estando en el comedor le pregunto si había tenido problemas de humedades y me dijo que no lo había visto. El sofá lo tiene a pocos centímetros de la pared, entonces se va hacia él y se pone de rodillas en el mismo y apoyándose en el respaldo, dándome la espalda, para ver si había humedades. Yo, allí plantado, detrás de ella… se me puso la misma cara que a Paco Martínez Soria (por eso de estar en Zaragoza) cuando veía los muslos de una mujer. Me faltaba la boina y hacer “eeeeeeeehhhhh” (con su característica voz).


Pues nada, no había humedades. Fuimos a la habitación de matrimonio y se sentó en la cama cruzando las piernas… ahora me faltaba sacar un pañuelo del bolsillo y secarme la frente. “Voy a llamar al vecino para que encienda los aparatos de su baño”, dijo. Sacó su móvil. Yo allí plantado sin saber si mirar o no mirar.


En ese momento dice: “Alfredo, ve encendiendo los grifos que está aquí el albañil para escuchar los ruidos”. Desperté. Yo iba vestido con zapatillas deportivas, pantalón vaquero, un polo rojo Adidas y con una mochila que llevo siempre en la que guardo un metro, nivel, un lápiz de obra, libreta, bolígrafos y pocas cosas más... no sé... a lo mejor es que tengo que llevar escrito un cartel en la frente para que sepan lo que soy.
Cuando acabaron las pruebas le dije que iba a escribir un informe del problema y una vez aprobado por la constructora la avisaría el día en el que el albañil tuviera que acudir. “¡Ah!, ¿qué tú no eres el albañil?” “No, yo soy arquitecto” y continuamos hablando de los problemas de la vivienda, pero con otro tono por su parte.
Definitivamente… o necesito un estilista o vestir todos los días con traje y corbata.

sábado, 5 de agosto de 2017

Una escena inolvidable


Si hay una escena televisiva que marcó mi infancia (y creo que la de muchos de mi generación) es la siguiente.



Es una escena de El misterio de Salem’s Lot, de Stephen King. Ralph ha sido convertido en vampiro por Barlow y por la noche va a chuparle la sangre a su hermano Danny. Esa escena me traumatizó. Creo que tendría 11 ó 12 años cuando la vi en la serie emitida en televisión. En el colegio, durante los siguientes días, era el tema principal sobre el que todos hablaban. Como si no tuviera suficiente con mirar debajo de la cama todas las noches ahora, también, vigilar la ventana que había en mi habitación. Recuerdo que mi amigo Jorge nos contó que llevaba tres noches sin dormir y, por eso, daba alguna cabezada en clase o lo hacía de día, en el sofá, cuando su madre pudiera vigilarlo. Él dormía con su hermano en la misma habitación. Su hermano tenía la cama cerca de la ventana y a la noche siguiente de la escena de marras, cuando los dos se habían acostado, no tuvo una mejor idea que sacar la mano de la cama y hacer ruiditos en el cristal de la ventana. Del grito que soltó sus padres se levantaron, él durmió en otra habitación y su hermano lo hizo ‘calentito’.
Yo recordaba el nombre de la serie, pero no sabía que estaba basado en un libro y, ni mucho menos, que era de Stephen King… en aquellos tiempos no existía Google.
Años más tarde vi el libro en una papelería y no dudé por un instante en comprarlo, fue la lectura del verano. Daba la misma sensación de miedo e incluso llegué a soñar con alguna escena. Hay una película más moderna, del año 2004, protagonizada por Rob Lowe en el papel principal.
Este fin de semana trataré de ver la de mi niñez… pero lo haré durante el día… por si acaso.

martes, 1 de agosto de 2017

Quasimodo existe



Buscando información sobre catedrales, descubrí que Quasimodo, el personaje principal de la novela ‘Nuestra señora de París’, de Víctor Hugo, realmente existió.
En la Galería de Tate (Londres), se encontraron unos documentos que resaltan la verdadera identidad del que, supuestamente, sería Quasimodo. Este famoso jorobado debe su existencia a un empleado que trabajaba en la reparación de la catedral en el año 1820.
Según los documentos encontrados, se trataba de la autobiografía de un señor llamado Henry Sibson, un aventurero británico que viajó y recorrió la Europa del siglo XIX, llegando a conocer a personajes importantes de la época. Los documentos demuestran que el jorobado está inspirado en la vida de Sibson, que fue contratado por el Gobierno francés para la reparación de la catedral por su gran talento artístico y definiéndose como “un escultor solitario y jorobado al que no le gustaba mezclarse con los demás”.
Lo que forma parte de la leyenda es la referencia al amor por la gitana Esmeralda, surgiendo todo ello de la creatividad de Víctor Hugo.
En ocasiones, grandes personajes literarios surgen de uno real, pero, casi siempre, el primero engulle al segundo.
El caso de Quasimodo es curioso. Muchos han tratado de analizar las numerosas enfermedades que padecía y que causaban su deformidad, pero nadie se había preocupado por demostrar si era alguien real.
Si realmente Sibson era Quasimodo hay que decir que tenía un gran mérito. Una persona con sus enfermedades y delicada salud que se esforzaba en algo y que era reconocido por ello. Si fuese un personaje actual… paguita y a vivir del cuento. 
Entre esto último y hacer lo que hacían los atenienses [arrojar a los ‘no aptos’ (niños débiles, enfermos, deformados o con retraso mental) desde el Monte Taigeto] hay un término medio y Sibson es la prueba.
A partir de ahora observaré las catedrales de forma distinta, imaginando el tipo de gentes que trabajarían en ellas. Visto desde un punto de vista romántico, supongo que todas las catedrales tienen su Quasimodo… continúa trabajando en ellas.

sábado, 29 de julio de 2017

Micro XIV


3, 2, 1…

sábado, 22 de julio de 2017

Mi séptima ola


Siempre supe que volvería a Zaragoza, no sabía cuándo, pero sí que lo haría… y no como lo hacía habitualmente, no… lo haría para quedarme. Ahora, pasados algunos años desde que me fui obligado por la crisis, ha llegado el momento… y vuelvo.
Desde hace meses era una posibilidad que podía tomar forma y la semana pasada se materializó. Con un par de amigos, y después de tener ciertas garantías, hemos dado el paso de emprender algo que puede ser interesante, ya que parece que el sector de la construcción comienza a moverse y hay que estar presente.
Cuando la posibilidad tenía todos los visos de ser real recordé a Sancho Panza, cuando dejó el gobierno de la ínsula Barataria.

Yo no nací para ser gobernador, ni para defender ínsulas ni ciudades de los enemigos que quisieren acometerlas. Mejor se me entiende a mí de arar y cavar, podar y ensarmentar las viñas, que de dar leyes ni de defender provincias ni reinos. Bien se está San Pedro en Roma: quiero decir, que bien se está cada uno usando el oficio para que fue nacido. Mejor me está a mí una hoz en la mano que un cetro de gobernador; más quiero hartarme de gazpachos que estar sujeto a la miseria de un médico impertinente que me mate de hambre; y más quiero recostarme a la sombra de una encina en el verano y en mi libertad, que acostarme con la sujeción del gobierno entre sábanas de Holanda”.

Con este pasaje no hace falta explicar nada, está todo dicho. Zaragoza, Aragón, ser feliz, vivir.
A veces que hay que arriesgar, tirar una moneda al aire y, si es preciso, soplar para que caiga del lado que queremos engañando al destino. Dicen que de los 20 a los 40 años aprendemos y a partir de los 40 es cuando podemos aplicar lo aprendido. Supongo que ha llegado el momento y lo que yo no haga por mí no lo hará nadie, lo que no haga ahora no lo haré en el futuro. Digamos que parto de cero y tengo un camino por delante… en positivo.
A partir de esta próxima semana comienza un nuevo camino, una nueva etapa. Estoy lleno de energía, ilusionado y con ganas, convencido de que esta es la gran ola que estaba esperando, aquella sobre la que escribí hace un par de años, esa que algunos llaman ‘la séptima ola’ y arrasa con todo. Nada vuelve a ser igual después de ella.

***

Llevo unos días dándole vueltas al nombre y al logo que usaremos y el resultado es éste. Habrá que ver lo que dicen mis compañeros. Quizá no les guste, quizá tengan otras opciones o, quizá, tomemos la decisión de que alguien nos lo diseñe. De momento es una simple idea…


martes, 18 de julio de 2017

Herramientas para dibujar


No sé hasta que punto ser lo último o lo primero en algo es bueno o malo. Hace unas entradas comentaba el cambio que ha supuesto en los despachos de arquitectura pasar de la mesa de dibujo al ordenador. Yo soy de esas promociones que están a caballo entre lo antiguo y lo moderno. Como decía en aquella entrada, yo conocí esa transición que llamamos nuevas tecnologías.
No sé lo que actualmente se enseñará en las escuelas de arquitectura, me imagino que si volviese el curso que viene estaría totalmente perdido en lo referente a las asignaturas. Por ejemplo, la asignatura de expresión gráfica consistía en dibujar a mano alzada fachadas de edificios singulares (iglesias, ayuntamiento, casas señoriales, etc.), algunos todavía los tengo guardados en una carpeta grande. Otra parte era dibujo técnico (diédrico y acotado). Por la experiencia que tengo, era algo muy difícil de aprender. Hacía los dibujos paso por paso, docenas de veces. Ahí estaba yo con el escalímetro, la escuadra, cartabón, compás y ¡ale! Línea de tierra, cambio de plano, dibujando los distintos tipos de líneas, planos, figuras, intersecciones… ¡y no había manera! Me cambiaban un dato y ya no sabía hacerlo. Era como aprender la misma multiplicación y si cambiaban los números ya no saber multiplicar. ¿Cómo lo aprendí? De la forma más extraña. Después de muchas horas dibujando, sin saber porqué hacía las cosas, un día me levanté y ya sabía hacerlo, lo que suele decir ‘ver la luz’; tanto es así, que luego yo daba clases de esa parte de la asignatura a otros compañeros.
Desconozco si todo esto se seguirá estudiando, supongo que sí, aunque no con la misma intensidad. El caso es que hoy en día todo se hace por ordenador y, la verdad, ya no hace falta ensuciarse las manos con la tinta de los ‘rotring’. El programa por excelencia, el que sustituyó a la mesa de dibujo, es el AutoCAD. Con sus diferentes versiones, es el que más se ha utilizado orientado a la producción de planos, empleando para ello los recursos tradicionales de grafismo en el dibujo, como color, grosor de líneas y texturas tramadas Con este programa se pueden realizar todo tipo de diseños técnicos en 2D y 3D a la escala deseada.

 

Pero desde hace cuatro o cinco años, ha aparecido Revit. Es parecido al anterior, pero, aunque suene contradictorio, totalmente diferente. Funciona por componentes dando la opción de poner ejes y muros arquitectónicos. Aquí no se dibuja, se construye. No se pone una línea, se pone un muro, viga, pared… A los muros les puedes puertas y ventanas, además de asignarles un material. También agregar elementos como muebles, columnas o cortinas. Es un programa sumamente complicado y dudo que haya gente en el mundo que lo sepa manejar todo, todas sus posibilidades, al 100 %.


Finalmente está Sketchup. Con este programa se conceptualizar volúmenes y formas arquitectónicas. Muy intuitivo y sencillo de utilizar. Suelo usarlo cuando tengo que hacer una presentación rápida en 3D para que alguien vea de forma sencilla, por ejemplo, una distribución.


Por eso hablaba al principio de las ventajas y desventajas de la transición entre lo antiguo y lo moderno. Imagino que el manejo de estos programas se aprenderá en las escuelas de arquitectura, mientras que en mis tiempos no existían (con timidez se hablaba de AutoCAD y en pocos estudios se usaba de forma profesional), yo he tenido que aprender a manejarlos de forma autodidacta y cuando llegaba a un punto que no podía seguir no tenía más remedio que hacer cursos particulares (con el correspondiente gasto). Con AutoCAD y Sketchup no tengo ningún problema, pero con Revit… pasará mucho tiempo hasta que me sienta seguro para usarlo sin problema y ni así sabré utilizar todo su potencial.
No obstante, a pesar de todos estos avances, a veces, echo de menos una pequeña mancha de tinta en un plano y maldecir al cielo por ello. No sé... tiene algo de romántico.

Volverán las oscuras golondrinas
de tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a tus cristales,
jugando, llamarán.

Pero aquellas manchas de tinta,
que veíamos salir del rotring
y caer como lágrimas del día...
ésas... ¡no volverán!

sábado, 15 de julio de 2017

Entrevista a Camarón de la Isla


Cerremos los ojos y escuchemos la entrevista, ¿quién diría que quien habla es el mejor cantaor de flamenco de todos los tiempos? Ciertos personajes son más de lo que muestran al mundo y eso los convierte en únicos, en inmortales...


martes, 11 de julio de 2017

Solución para no volver



Si digo Monsieur Sans-délai, probablemente, la gran mayoría no sepa a quién me estoy refiriendo. Si digo Monsieur Sans-délai y Larra, quizá, siga sin sonar a nada. Pero si digo Monsieur Sans-délai, Larra y Vuelva usted mañana es posible que algunos hayan adivinado a quién me estoy refiriendo. La resolución de la ecuación es que Monsieur Sans-délai es un francés que ha venido a España para reclamar unas propiedades, presentar unas propuestas de negocio y visitar Madrid, dicho de otra forma, es el personaje principal del ‘Vuelva usted mañana’, de Mariano José de Larra. Cuando Sans-délai pretende resolver sus asuntos en quince días, Larra, conocedor del carácter de los españoles, le advierte que va a necesitar unos cuantos meses… y así fue.
Pues bien, me siento como Monsieur Sans-délai. Hace unos tres meses me encargaron un proyecto. Se trataba de un garaje para tres coches. La construcción era independiente de la vivienda, con sus instalaciones, puerta basculante eléctrica, etc., etc. Corría prisa, porque querían tenerlo construido para el verano, ya que la propiedad no quería tener sus flamantes vehículos al raso mientras pasaba las vacaciones.
En menos de diez días lo tenía hecho: memoria, presupuesto, planos, cálculos, etc. Alguna noche hasta bien tarde y algún madrugón inesperado. Bien, lo tengo acabado, visado y entregado, ¿qué faltaba? Lo más importante: cobrar. Como el encargo era de un conocido hice un precio generoso por todo el trabajo y decidí cobrar 3.000 euros.
En principio no había problema. “A la semana que viene”, me dijeron. Pero ‘a la semana que viene’ no dieron señales de vida, así que llamé ese viernes a última hora y no me lo cogieron.
Llamé a la siguiente y cuando me lo cogieron, después de pedir disculpas, que me sonaron a excusas, me dijeron que en unos días se pondrían en contacto conmigo y me lo liquidarían. Yo estaba entre la resignación y el cabreo. Me llamaron a los diez días y me pidieron una obra anexa al garaje y al tenerlo lo liquidarían todo. Era algo sencillo, me llevó un par de tardes, y lo entregué. Después siguieron las excusas: que no sé quién se había muerto, que estaban de viaje, que… Lo que me hizo gracia es cuando me dijeron que “de momento hemos aparcado las obras” y yo, que no puede reprimirme en la contestación, respondí “sí, si metéis coches pequeños, tenéis más espacio”. Se rieron con un simple “je, je” y me confirmaron que antes de comenzar las obras me pagarían… y así estamos.
Las obras no han comenzado. Se de buena tinta que quieren hacerlas… pero a saber. Ahora soy yo ‘el que fuma en pipa’, pero ya llegará el momento del certificado final de obra…
Aunque no hay mal que por bien no venga. Desde entonces tengo a los bares como un ejemplo a seguir. Cada vez que entro en alguno y veo el típico azulejo que pone, ‘Hoy no se fía, mañana sí’ me siento como un vulgar aprendiz en las relaciones laborales. Pero, sin duda alguna, mis ídolos son esos que tienen un garrote que dice: ‘paga o me descuelgo’ o ‘paga lo que debes’, ¡qué grandes hombres de negocios! A partir de ahora, cada vez que presente un presupuesto, en la última hoja irá impreso un garrote con alguna de esas leyendas. A ver si así no tengo que volver más veces. Bromicas las justas.

sábado, 8 de julio de 2017

Pasando por el taller



Hay dos cosas que me horrorizan: que se estropee el coche y que no funcione el ordenador. Probablemente más lo primero que lo segundo, ya que el ordenador, en ocasiones, puede ser suficiente con formatearlo y… más se perdió en Cuba. Pero el coche no. Eso ya es algo más complejo que no depende de uno mismo.
Pues bien, eso es lo que ha pasado. Se me ha estropeado el coche. Esta semana hice un viaje largo y al llegar al destino salía humo por el capó del motor. En esos momentos (y que me perdonen los creyentes) me acordé de todos los santos que hay en el cielo (a lo mejor me dejaría alguno). Me gustaría añadir que los últimos 200 kilómetros de mi viaje no conducía yo, sino que lo hacía otra persona. No sé si esto pudo influir o no. Cada uno tiene una forma de conducir distinta y conoce su coche. Sabe cuando cambiar de marchas, hasta donde puede estirarlas, que velocidad coger, cuando frenar, como reducir… creo que se establece una simbiosis entre el coche y el conductor, ambos se conocen y se acoplan perfectamente. Con esto no quiero decir que el hecho de que mi coche fuera conducido por otra persona durante un trayecto tan largo haya influido en la avería, digamos que es casualidad.
Como decía, salía humo del capó. Lo abrí y no tenía agua. Esperé un buen rato y cuando se enfrió un poco le puse refrigerante que siempre llevo en el maletero. Pero nada. Por algún sitio la perdía. Esta mañana lo he llevado al taller de un conocido. Ha empezado a quitar tornillos y piezas como si no hubiera mañana. A cada tornillo que quitaba yo estaba más asustado pensando si luego sabría encajarlos de nuevo, ¡qué mal rato! Por fin, ha dado con el problema: un manguito de no sé dónde se había partido y por ahí perdía agua. De paso, me ha recomendado cambiar la correa de distribución (“una vez que abrimos el motor la cambiamos”, me ha sugerido), en teoría le faltan 60.000 km, pero se veían algunas grietas y ya, puestos en faena, el filtro de aceite, el aceite, el filtro del aire, ver la culata de no sé qué, no sé cuántos manguitos y otras cosas que no recuerdo y que prefiero no recordar.
Resumiendo, si fuera una persona se podría decir que va a pasar por el quirófano. No es que tenga muchos años (este mes once) ni tenga muchos kilómetros (188.000), pero supongo que este momento tenía que llegar. En este caso, la recuperación no será de reposo… será de mi bolsillo.

martes, 27 de junio de 2017

De mesa de dibujo a ordenador


Parece que fue ayer. Aunque sea una frase hecha, simplemente hay que mirar atrás para darse cuenta lo rápido que pasa el tiempo.
La primera vez que vi una mesa de dibujo fue en el instituto. Me parecían unos trastos imponentes, muy sencillo de ajustar. Con un tornillo de palomilla en el lateral se apretaba y aflojaba y el pesado tablero se ponía a la medida. Algunas tenían un paralex, que sujeto mediante unos hilos a las esquinas de la mesa subía y bajaba para poder hacer líneas paralelas. Todo un descubrimiento.


Pasados los años, cuando me hizo falta, mis padres me compraron una mesa que ya no conservo. De 1’50 de ancho por 1’00 de largo. Era semiautomática, ya que con un pedal se podía subir y bajar el tablero con mayor comodidad. Le puse el paralex (que siempre acababa por torcerse) y un flexo. Creo que les costó 25.000 pesetas, hace entre 20 y 25 años. Ya no la conservo.
Cuando yo estudiaba esto era lo que había. Los complementos eran una escuadra, un cartabón, compás, escalímetro y distintas plantillas de letras y símbolos y, por supuesto, como no, los ‘rotring’. De 0’2, 0’4 y 0’8 eran los más usados y en menor medida los de 0’6… ¡cuántas puntas habré roto! ¡Cuántas veces me manchaba las manos rellenándolos! Y una vez acabados los planos, a un tubo de plástico que todavía guardo.


Hoy en día, todo lo anterior es innecesario. Lo único que necesito es lo que muestro en la fotografía de abajo: mi ordenador portátil. Aquí tengo todos los programas y aplicaciones necesarias que otro día explicaré. Se podría decir que la arquitectura ha pasado de convertirse en una profesión sedentaria a nómada; se puede trabajar en cualquier parte llevando el ordenador. Sí, sin duda alguna, el tiempo pasa muy rápido.