martes, 10 de marzo de 2009

La mejor partida


Como todos los sábados, después de comer, quedábamos en el bar para tomar el café y pasar la tarde jugando una partida de cartas. Eso era una tradición a la que no podíamos faltar pues ya eran demasiados años haciéndolo y se había convertido en una buena costumbre. Lo bueno de estas tardes es que nos reunimos todos los amigos porque entre semana difícilmente nos vemos por las obligaciones de cada uno. Disfrutamos igualmente si ganamos o si perdemos puesto que lo importante es pasar la tarde y lo peor que puede pasar, en caso de perder, es tener que pagar las consumiciones a medias con tu pareja de juego.

Cuando acabamos la partida, a eso de las 8 de la tarde, decidimos tomar la última cerveza e irnos ya para casa, entonces, Plácido, nos dijo que a la semana que viene no vendría puesto que iba de viaje a ver a su hermana.

Pues nada, habrá que buscar un sustituto, hasta la siguiente semana. – Apuntó uno de los que estábamos.

Cuando nos la acabamos nos despedimos, hasta la semana siguiente, con la seguridad que volveríamos otra vez y nos fuimos. Yo, como vivo cerca de Plácido, me iba con él andando.

¿Así que te vas a ver a tu hermana, no? – Le pregunté.

Sí, desde navidad que no nos vemos y ya tengo ganas. – Me contestó.

Hace tiempo que no la veo. – Le dije – Dale saludos de mi parte.

Es curioso, pero tengo una sensación extraña ante este encuentro. - Me dijo mirando al suelo.

¿Por qué dices eso? – Pregunté extrañado – Al fin y al cabo vas a ver a tu hermana.

Si, es cierto. – Contestó rotundo. – Pero es que mi hermana y yo nunca hemos tenido una relación fácil. Hemos estado muy distanciados durante mucho tiempo y en algún momento pensé que eso se prologaría en el tiempo. Pensaba que lo único que nos mantenía unidos eran nuestros padres pero que cuando ellos no estuvieran ya no habría nada que nos uniese.

Vaya, es muy grave eso que dices ¿Cómo llegasteis a esa situación? – Pregunté un poco alarmado por las palabras de Plácido.

Pues como todas las cosas, me imagino, que empiezan por el principio. He tomado un rol que no me correspondía, quizás todo empezó en la adolescencia. – Respondió dubitativo.

¿A qué te refieres? – Dije casi como por inercia.

Supongo que todo empezó cuando íbamos creciendo. Mi hermana empezó a ir con un chico que tenía nuestra edad. – Empezó a relatar.

Sí, lo recuerdo. Entre tú y yo, pero la verdad que era un capullo que nunca acabó de caerme bien. No sé lo que tu hermana pudo ver en él. – Le interrumpí sin darme cuenta.

Pues bien. – Prosiguió. – Yo siempre miraba esa relación con recelo y no porque pensase que mi hermana no tenía derecho a elegir, simplemente porque pensaba que era muy joven. Ella tenía 14 años y el otro, 16. Yo lo que no quería es que se aprovechasen de ella, que la tuviera para pasar el rato solamente... Simplemente no confié en ella y el tiempo me ha demostrado que yo estaba equivocado, que no hacía el papel de hermano con el que apoyarse para cualquier problema. Simplemente actuaba y hacía el papel de “hermano mayor”, el que se cree en el derecho de decidir lo que está bien y lo que está mal. El que todo lo sabe y a quien hay que hacerle caso. Al final esa relación se rompió después de muchos años por circunstancias que no vienen al caso pero yo no tenía ningún derecho a tratar de guiar la vida de mi hermana.

Vaya, me sorprende eso que me cuentas. La verdad que si se toma un rol que no corresponde puede ser peligroso ¿Quién puede decidir lo mejor para una u otra persona? El derecho a equivocarse es una libertad y eso es algo que hay que saber. – Le contesté.

Tienes razón ¿Sabes? Yo sé que no he sido un ejemplo a seguir. Pretendía que mi hermana siguiera una línea recta cuando de mi capa he hecho un sayo y nadie me ha dicho nada. Quizás por el hecho de ser hombre me han permitido más que a ella y hoy me doy cuenta del error que eso supone. Posiblemente he perdido mucho tiempo queriendo encauzar la vida de los demás, mientras que la mía hacía aguas por los mismos agujeros que yo pretendía tapar. Ahora lo pienso, quizás haya aprobado una carrera, pero he suspendido como hermano. – Contestó convencido de sus palabras.

¿Cómo te has dado cuenta de ello? – Le pregunté.

Supongo que es como todo. Cuando ves que las puertas se te cierran y alguien te abre una ventana para poder escapar te das realmente cuenta del valor de esa persona. Cuando alguien te presta ayuda sin pedírsela, pero sabe que la necesitas y te la otorga sin reproches ni explicaciones. Es entonces cuando todo lo que creías que eres cambia y piensas lo que has hecho y te das cuenta de las cosas. El orgullo, no sirve para nada. No sirve para nada lo que eres o lo que sabes simplemente sirve como te comportas con los demás. Eso es lo realmente importante. – Contestó con pena.

Me imagino que eso lo dices por lo que pasó hace poco. La verdad que has tenido suerte de que tu hermana te haya brindado esa oportunidad. Confío en que pronto cambie la situación y todo vuelva a la normalidad porque no sé donde llegaremos si la situación sigue como está. Has tenido la suerte que muchos quisieran para ellos ¿Y ahora cómo estáis? – Seguía preguntando.

Evidentemente no se puede cambiar el pasado, simplemente enderezar el futuro. Hemos perdido muchos años de buena relación. Posiblemente mi actitud hizo que mi hermana tampoco confiase en mí. Había cosas que yo hacía y ella en lugar de comentármelo o ayudarme se lo contaba a mi madre y después tenía que acarrear las consecuencias. Pero tal vez lo busqué yo porque en mi papel autoritario tampoco podía esperar que me guardase ningún secreto, cosa por otra parte que me fastidiaba, pero bueno. Quizás, ahora, estamos manteniendo una buena relación. Me atrevería a decir que como hacía años que no la teníamos. Ella tiene su vida y a mí me podrá gustar más o menos pero es lo que ella elije y tampoco soy quién para censurarlo como antes ¿Acaso yo soy un ejemplo a seguir? ¿Qué puedo reprochar yo a nadie cuando algunos sueños no he sido capaz de alcanzarlos? No puedo hacer pagar a nadie las frustraciones de mi vida y del mismo modo que ella ha alcanzado su sueño y es feliz, yo soy feliz porque ella lo es y cuando yo alcance mis sueños quiero que ella lo sea porque yo lo soy. – Respondió con efusividad.

Celebro que te hayas dado cuenta de las cosas. Llegará un momento, como has dicho antes, que tus padres no estarán y aunque tengáis vidas separadas por kilómetros siempre será tu hermana y si una vez te ayudó en el futuro no dudo que lo vuelva a hacer, del mismo modo que tú lo harías con ella. Se pueden elegir muchas cosas en la vida pero los hermanos es algo que te toca y en tu caso ha sido un premio. No lo vuelvas a perder. – Le dije seriamente.

Quizás a ella nunca le diga esto que te digo a ti. He de reconocer que no tengo facilidad de palabra para ciertas cosas. Pero si alguna vez me necesita, no creo que haga falta que me pida ayuda puesto que antes le prestaré mi mano. – Contestó convencido de sus palabras.

Así sea. – dije yo. – Y lo dicho salúdala de mi parte.

No te preocupes que así lo haré. – me contestó sonriendo.

Entonces cambiamos de tema y nos pusimos a comentar la partida de la tarde y porqué había perdido. Seguimos comentándolo hasta que él giró por su calle y yo seguí hacia mi casa. Estaba un poco pensativo con ciertas jugadas que no debería haber hecho y pensaba que a la semana siguiente no sería lo mismo. Plácido aunque no acudiese seguro que iba a ganar su mejor partida en muchos años.

12 comentarios:

Anónimo dijo...

Hooola Marino!!

El tiempo pone las cosas en sus sitio y el destino, en ocasiones, cuando parece que nos está cerrando una puerta en realidad nos está mostrando una enorme ventana que vale la pena cruzar.

Me alegro muchísimo y te felicito, nunca es tarde.

Será el año de la crisis, pero en el futuro lo recordaremos por muchas otras cosas más, dísfrutalas!!!

Luna.

Anónimo dijo...

Por cierto, sería genial que la hermana de Plácido pudiese leer esto. ¿Conoces el modo de conseguirlo? :D

Marino Baler dijo...

Es cierto Luna. Este año será recordado, para mucha gente, no solamente por la crisis.
Dicen que no hay mal que por bien no venga y supongo que Plácido puede retormar las cosas como eran antes. Por su bien espero que así sea.

Desconozco si su hermana lee esto, de todas formas me imagino que pensará lo mismo que él.

Un beso.

Luis Lópec dijo...

Bellos recuerdos para recordar. Seguro que Plácido gano esa partida.
Saludos, campeón.

Anónimo dijo...

Me alegro enormemente por tu amigo Plácido, espero que disfrute de esa nueva oportunidad, dále ánimos para que así sea.
En cuanto a tí, como siempre, me ha encantado leer la forma en que lo has relatado.

Hasta pronto
besos
Marta

Parsimonia dijo...

Las relaciones familiares siempre son más difíciles por el roce y la confianza.
Cuando los hermanos crecen lo hacen juntos y se equivocan y se hacen daño a veces y otras se ayudan.
Yo siempre he sido muy protectora con mi hermano Fabio, quizás también por ser la mayor, pero él se ha dejado querer siempre. ¿Entiendes lo que quiero decir? Me hubiera gustado que mi hermano me hubiera prestado más apoyo en muchos momentos, pero también ha sido difícil para nosotros, hijos de un matrimonio roto.
Besos.

Marino Baler dijo...

Luis; Seguro que así ha sido.

Un saludo.

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Marta; Cuando hable con Plácido ya me contará. No dudo que le vaya mejor.

Besos.


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Parsimonia; Es lo que ocurre cuando los hermanos se creen con derechos que posiblemente no corresponden.
También entiendo que hay veces que hay que dejar a la persona que elija pero si sabemos que se va a equivocar porque nosotros hemos vivido esa misma situación ¿Debemos dejar que se "estrellen" para que aprendan o impedir que lo hagan? Quizás es una línea muy fina en la que es muy fácil, en ocasiones, rebasarla y equivocarte aunque sea con la mejor intención del mundo. Sea lo que sea siempre el papel de hermano mayor es difícil en ciertas ocasiones.

Un beso.

Parsimonia dijo...

Sí, creo que un hermano debe aconsejar, pero aceptar las decisiones que al final toman, salvo en casos extremos en que corra peligro.
B7's

Melenda dijo...

He disfrutado de esta maravillosa historia. La verdad que quien tiene un BUEN HERMANO, tiene un tesoro, aunque en muchas ocasiones no se da uno cuenta. Seguro que esa hermana estará siempre,yo tengo el placer de conocerla y muy a fondo. Ella está orgullosa de que aunque sea el año de la crisis ha podido reencontrar el hermano que hacía años perdió. Los padres no tienen el porqué unir la relación de hermanos, eso se lleva en la sangre, pues para eso es la misma.

Un beso y ánimo Plácido que has ganado.

Marino Baler dijo...

Melenda; Bienvenida al blog.
Creo que coincidimos en eso. Lo mismo me contó Plácido.

Un saludo.

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Parsimonia; Exacto. Coincidimos en lo mismo.

Besos.

myself dijo...

Una vez más sabes plasmar como nadie la ternura de Plácido a través de tu pluma para ir conociendole un poco mejor.
Es un placer leerte Marino!!!
Un beso desde el Mediterráneo.

Marino Baler dijo...

Myself, muchas gracias. Un placer tus visitas.

Un beso desde lejos de ese maravilloso mar.