sábado, 25 de febrero de 2017

Yo quiero ser... niño



Cuando era pequeño era inevitable la pregunta de los adultos: “¿qué quieres ser de mayor?” Nunca tenía una respuesta definida, salvo un rápido encogimiento de hombros; ante la insistencia en la interrogación respondía lo primero que se me ocurría, incluso a la misma pregunta de la misma persona en espacios de tiempo muy separados podía decir profesiones que nada tenían que ver entre ellas.
Ahora me resulta extraño haber dicho médico… ¡Yo médico! ¡Cuando soy el más aprensivo del planeta!
Otra que dije, y que no me hubiera importado, es abogado. Dada mi facilidad para ‘meterme en líos’ reconozco que hubiera sido algo muy práctico… y si le añadimos mi adoración por el Quijote ya sería la mezcla perfecta.
Entre medias también dije, alguna vez, pintor de cuadros.
Después, cuando llegué a 7º de EGB y en clase de historia nos explicaron la España de los Reyes Católicos, el imperio español, Carlos I, Felipe II… fue como ver por primera vez al primer amor de tu vida. Ahí me enamoré de la historia y decidí que quería ser historiador… pero, claro, ¿qué practicidad tenía eso? Difícil vivir de la historia. Sería el amor platónico que me acompañaría toda la vida.
Por cierto, también tuve una época en la que quería ser cartero. Viviría en mi pueblo, trabajaría medio día y no tendría que estudiar mucho, porque conocía todas las calles, ¿qué podía haber más sencillo?
Y así (rodando, rodando), como sentía cierta atracción por la física, pero no la suficiente como para dedicarme a ella en cuerpo y alma, y me encantaba dibujar, pero tampoco lo suficiente como para estar todo el día con el lápiz en la mano, me decanté por algo que aunara ambas disciplinas: la arquitectura; algo que jamás se me había ocurrido.
Hubo una respuesta que nunca dije y que seguro que ahora sería la más acertada. Si ahora me preguntasen “¿qué quieres ser de mayor?” tengo claro lo que respondería: cuando sea mayor quiero volver a ser un niño.


PD. Sí, soy yo, con dos años y tres meses.