martes, 29 de julio de 2014

sábado, 26 de julio de 2014

Orihuela


Confieso que conozco más la vida de Miguel Hernández que su obra. Probablemente porque soy de los que piensan que antes de conocer la trayectoria más conocida de un personaje, en este caso la faceta literaria, hay que conocer lo que transcurre entre el día que nació y el día que murió. Me ocurrió con Antonio Machado (de quien, por cierto, hoy se cumplen 139 años de su nacimiento) y puedo decir que me enamoré de su vida y casi a la par lo iba haciendo de su obra. Quizá con Miguel Hernández me ocurra lo mismo, reconozco que tengo grandes carencias en cuanto a su faceta literaria. Pero esta entrada no trata del autor de ‘El rayo que no cesa’, aunque tenga mucho que ver en ella.
Hace unos días estuve en Orihuela, su pueblo y el mío, creo que al nombrar ese pueblo es inevitable no decir o pensar en el prólogo de ‘La elegía’ que le dedicó a su amigo Ramón Sijé, a quien tanto quería. Era un compromiso que tenía con una amiga (a quien tengo que agradecerle que hiciera de mi visita lo que en el tiempo será un recuerdo especial) que vive en ese pueblo: yo iba a visitarla y ella, a cambio, me enseñaba la casa en la que nació y en la que posteriormente vivió Miguel Hernández. Era una visita programada para meses atrás, pero por distintos motivos la tuvimos que aplazar hasta que, por fin, ambos hemos podido pagar nuestra deuda.
Hay ciudades en las que ha nacido un personaje o ha ocurrido algún hecho reseñable y apenas tiene importancia en el lugar, salvo una placa que recuerde la efeméride, algo así como ‘Aquí nació…, Aquí vivió…, Aquí murió… Aquí ocurrió…’. No, en Orihuela no ocurre lo mismo con su más famoso poeta. Esa ciudad ha sabido mantener, cuidar y preservar la figura y el legado de Hernández.
Cuando alguien va a ver la casa de algún gran personaje no sabe lo que puede encontrarse y eso es lo que me sucedió a mí. En este tipo de visitas hay dos puntos de vista diametralmente opuestos: 1º) una vez en el lugar piensas que aquello no era así, que lo que está viendo es artificial y no es más que un vulgar reflejo de lo que pudo ser. 2º) todo lo que se ve es real, el mobiliario, la estructura, las paredes, los suelos… nada ha cambiado desde entonces y todo es tal y cual lo conoció el personaje. En este caso, al menos para mí, se mezclan ambos sentimientos predominando claramente el segundo, ya que la casa en la que Miguel Hernández vivió, desde 1904 hasta 1934, con sus padres y hermanos queda conservada de una manera bastante fiel a lo que fue en aquellos tiempos y prácticamente no se le podrían poner objeciones. La conservación y las posteriores restauraciones que hayan podido llevarse a cabo dan muestra de un cuidado y un saber hacer. Me atrevería a decir que esa vivienda apenas ha sido alterada. Sin duda alguna, para un ‘hernandiano’ sería perfectamente un lugar de peregrinación.


De todo, quizá, lo que más emocionó es cuando pasamos al huerto de la casa, al que se accede cruzando un patio. Es un huerto pequeño, en el que hay una higuera, una morera y un cactus de higos chumbos. Allí, mi anfitriona me dijo: “Esta es la higuera, es todavía la misma higuera”. “¿A qué higuera se refiere?”, pensé. A los pocos segundos caí que estaba allí, siendo parte de la Elegía a Ramón Sijé:

Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera...


Uno se siente tan insignificante…
Junto a la casa, separado por unos metros, se encuentra el Centro de Estudios Hernandianos, un edificio desde donde se promueve la vida y la obra del poeta. Lamentablemente estaba cerrado y no pudimos entrar; ya tengo una excusa para volver.
Después de visitar ese espacio en el que se respira a Miguel por cada rincón, nos desplazamos a ver la casa en la que nació. Si antes hablaba de dos sensaciones al ver una casa de un personaje, aquí no tengo dudas que tuve la primera sensación que he descrito anteriormente: una profunda decepción. La vivienda estaba cerrada, pero solamente con ver la puerta ya me podía imaginar qué tipo de atentados restauradores pueden aguardar al visitante que entre allí por primera vez. Lo única que da pistas de que fue su casa es una placa que hay en la fachada.



El resto de la ciudad no me pareció de gran interés. Supongo que para un amante del barroco es la ciudad perfecta, pero a mí es algo que no me atrae. Cada vez que veo un edificio barroco me da la sensación que veo un desfile de carnaval. Acompañado por mi excelente anfitriona vimos algunas de las ¡33 iglesias! que tiene la ciudad. 33 iglesias para una ciudad de poco más de 90.000 habitantes.
Vi algunas desde el coche y, la verdad, vistas algunas vistas todas. Supongo que es un mal congénito de algunos lugares el no cuidar su patrimonio cuando lo tienen en exceso. Eso es lo que le pasa a Orihuela; las pocas iglesias que vimos tenían una restauración que dejaba bastante que desear. Hablar de esto supondría otro artículo más largo, pero así, a modo de pincelada, diré que, por ejemplo, no se puede enlucir con mortero las paredes de un claustro barroco o las fachadas de una iglesia como si fuera cualquier cosa. Hay cosas que deberían estar penadas (entiéndase la ironía).
Si tuviera que quedarme con una impresión de Orihuela diría que es una ciudad con tres ‘capas’: la dedicada al poeta; la religiosa, con todas sus iglesias y sus entornos, y el resto de ciudad con edificios como cualquier otro sitio ajeno a lo demás. Cada cual bien diferenciado y separado. En ninguno de los anteriores espacios hay nada que haga referencia a los otros. Cada lugar tiene su espacio bien delimitado.
Quizá mi análisis pueda estar equivocado y alguien que conozca mejor la ciudad pueda rebatírmelo sin dejarme lugar a réplica; mis impresiones se basan en la visita de unas horas buscando el origen del ‘Viento del pueblo’. 

Como no podía ser de otra forma…

 

martes, 22 de julio de 2014

El manual perfecto contra Podemos



He encontrado una información que me parece muy interesante en el blog ‘Lejos del tiempo’, que bien podría ser la hoja de ruta que siguen aquellos que tienen miedo de que se les acabe el chollo. Me parece que, cuanto menos, es merecedor de ser leído.
Si lo relaciono con la anterior entrada de este blog sería fácil deducir porqué hay tantos a) y b).
Si fuera creyente diría: “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen”. En mi caso me quedo el término ‘hombre masa’. 

Henry Ward ya dejó sentado en el siglo XIX que “ninguna prueba, ninguna rectificación ni desmentido puede anular el efecto de una publicidad bien hecha”. Y en eso están. Harán mal en Podemos si resuelven que una campaña tan burda no merece ser enfrentada. Acuérdense de los trenes de Atocha y los años que ha estado presente en nuestras vidas la patraña sobre su autoría Los principios de la propaganda son técnicas cuya eficacia no depende de que el mensaje sea verdadero o falso. Estos son algunos de los más conocidos:
 
El principio de la verosimilitud
La deformación es una técnica muy utilizada en el mundo de la propaganda. Todos los manuales la definen como una forma de mentir que consiste en hablar de una cosa que existe pero caracterizándola de una manera falaz. Así, el mensaje se hace verosímil, aunque no deja de ser falso. Por ejemplo, haber trabajado en Venezuela se deforma y se traduce por “estar a sueldo del gobierno chavista”. El principio de la verosimilitud consiste en construir argumentos a partir de de informaciones fragmentarias.

Principio de la simplificación y del enemigo único
Se trata de algo elemental: la propaganda tiene que ser simple, sin pliegues ni conceptos complejos, para que el mensaje llegue directamente; para ello hay que adoptar una única idea, un único símbolo. Individualizar al adversario en un único enemigo odioso. Algo tan simple como decir que Pablo Iglesias es defensor de ETA cumple perfectamente con la regla. Es verdad que una proposición de ese tipo puede parecer ridícula a mucha gente, pero a otros les parecerá por lo menos dudoso. Y aquí entra en juego otro de los grandes principios.

Principio de la vulgarización
Toda propaganda debe ser popular y hay que adaptar el mensaje al menos inteligente de los individuos a los que va dirigido. Cuanto más grande sea la masa a convencer más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. Los propagandistas parten del convencimiento de que la capacidad receptiva del pueblo es limitada, su comprensión escasa y su facilidad para olvidar elevada. Las masas, como rebaños ignorantes, son capaces de tragarse cualquier historia por disparatada que sea. Empezamos diciendo que es amigo de los terroristas pero confiamos que al final de la campaña los más ignorantes de la parroquia terminen relacionando, al menos inconscientemente, a la coleta de Iglesias con el fantasma de ETA revivido para la ocasión Y en esto se apoya otra ley.

Principio de la transfusión
La propaganda opera siempre a partir de una idea preexistente, ya sea una mitología o un complejo de odios o prejuicios tradicionales. Se trata de difundir argumentos que arraiguen en actitudes primitivas, en miedos atávicos e irracionales, en convicciones monolíticas. ‘Los gitanos son ladrones’, dice el estereotipo ‘¿qué más hay que explicar?’ Esa idea es suficiente para una sociedad en la que se ha asentado el racismo previamente.
ETA no es más que una banda mafiosa cuyos militantes son pistoleros sedientos de sangre”; esta es una buena idea preexistente para asentar sobre ella el mensaje de la propaganda. ¿Para qué más análisis? Quien diga que su existencia tiene explicaciones políticas tiene que ser amigo de los terroristas. Y aquí enlazamos con otra ley.

Principio del método de contagio
Se trata de reunir a diversos adversarios en una sola categoría o en un solo individuo. Los adversarios han de constituirse en una suma individualizada. Por ejemplo: Pablo Iglesias es un defensor de ETA, a sueldo del gobierno bolivariano, que es aliado de Cuba y protege en Caracas a terroristas de todo pelaje, sobre todo a los de las FARC y a los vascos. Todo forma parte de un único círculo, de un único imaginario: ETA, la revolución bolivariana, Pablo Iglesias, las FARC, el terrorismo, Cuba…Lo que nos lleva a otra norma.

Principio de orquestación
La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas. No vale desviarse del mensaje principal. Y esto se complementa con otro precepto.

Principio de la exageración
Es un clásico de la propaganda; se trata de convertir cualquier detalle, cualquier anécdota, por pequeña que sea, en un asunto grave. Por ejemplo: Iglesias participa como tertuliano en un programa de Hispan TV, lo que se divulga proclamando que está al servicio de los ayatollah. La exageración tiene una debilidad: es detectable por el gran público si se aísla, si se refiere sólo a una circunstancia que el sujeto de la campaña puede explicar y desmontar; por eso no hay que darle tiempo. En esto consiste otro principio.

Principio de la renovación
Esta ley dice que hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal, que cuando el adversario responda, el público ya esté interesado en otra cosa. La respuesta del adversario nunca debe de poder contrarrestar el nivel creciente de los ataques. Se trata de que no tenga tiempo de enfrentar las acusaciones en avalancha: perroflauta, proetarra, separatista, mercenario del chavismo, agente de los iraníes, desarrapado, extremista, castrista… Lo que nos conduce a otra norma.

Principio de la silenciación
Se busca anular la defensa que interpone la persona objeto de la campaña. Se trata de acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen al adversario. Las acusaciones se difunden a bombo y platillo y la defensa del agredido se transmite con sordina o fragmentada. De este modo se consigue hacer un gran ruido en el que los argumentos suenan mucho y los contra argumentos se oyen poco, provocando entre la gente una sensación de confusión. Una madeja indescifrable para la mayoría que suele desembocar en la idea de que “cuando el río suena agua lleva”.

Principio de la transposición
Otro clásico. Consiste en proyectar en el adversario los propios errores y atacarle con los mismos argumentos con los que se es criticado.”Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan”. Por ejemplo: si eres de un partido muy corrompido y estás hundido hasta los ojos en la Gürtel, los sobresueldos, Bárcenas, Blasco, Matas, Bankia, Camps, Fabra… nada más ocurrente que acusar al de la coleta de haber trabajado en una fundación que factura sus servicios al gobierno venezolano, sin especificar si esto es normal o irregular. Y así llegamos al último principio.

Principio de la unanimidad
Implica que la integración y la aprobación social del individuo dependen de que piense como los demás. Entran en juego la difusión de los mensajes con la coletilla de “todo el mundo sabe”, “toda la gente está de acuerdo”, sin aportar más pruebas y creando una falsa sensación de unanimidad. Una mentira mil veces repetida se convierte en una verdad, decía Goebbels. No traigo a colación al nazi por casualidad. Estos son los once principios en los que asentaba sus campañas de propaganda. Se estudian en todas las escuelas de publicidad. Las prácticas se hacen en el PP.

Aquí se podría decir eso de ‘cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia’. Pero yo me pregunto, ¿por qué la derecha mediática y política le tiene tanto miedo a Pablo Iglesias y a Podemos? ¿Por qué los sociatas lo miran con recelo? Al fin y al cabo solamente tiene un millón y medio de votos en las elecciones europeas, no tiene diputados ni senadores en España… por no tener no tiene ni un solo concejal en la aldea más pequeña de España… insisto, ¿por qué esa campaña tan feroz en su contra? Solamente hay que escucharlos hablar... y luego van dando clases de democracia. El ‘hombre masa’ que responda.

sábado, 19 de julio de 2014

‘Podemos’ y el ‘hombre masa’


“¿Y qué opinas de Podemos?” Es una pregunta que suelo hacer cuando hablo con alguien de política y en la mayoría de los casos suelo encontrarme con dos tipos de respuestas:
a) Buffff… no lo sé… me parece muy radical… le están sacando cosas… tengo que informarme más…
b) Estos lo que quieren es que España sea como Venezuela, Cuba o Corea…

Tengo que confesar que tales respuestas me desconciertan. Me desconciertan porque en ese momento no sé si continuar con el tema o correr un tupido velo y pasar a otra cosa.
Ortega y Gasset acuñó un término que, hoy más que nunca, continúa vigente: el hombre masa. Para el filósofo, entraría en esta categoría toda aquella persona que no está al mismo nivel de sí mismo, el que se encuentra a mitad camino entre el ignorante y el sabio, el que cree saber y no sabe y el que no sabe lo que debiera saber. Creo que me he explicado.
¿Y por qué digo esto? Porque para mí, tanto los de la respuesta a) como los de b) me parece que pertenecen a esa masa, a esa España que bien describió el poeta en ‘El mañana efímero’.
No, no es que yo esté por encima del bien y del mal ni sea ese ‘superhombre’ que definió Nietzsche, pero creo que hay temas que se permiten un argumento sólido (tanto positivo como negativo) o mejor callar.
Entre los de la respuesta a) y b) apenas hay diferencias.
A los a) les preguntaría qué entienden ellos por radicalidad. Probablemente se sientan cómodos con la actual situación, tanto política, social o económica. Si me dicen que ‘sí’ ¡perfecto! acepto que digan que es radical. Si me dicen que ‘no’ me gustaría saber cómo cambiarían la situación actual… sin tocar nada.
Los de b) son, quizá, los que más me sorprenden, probablemente porque se han impregnado de un humanismo jamás visto… ahora a muchos les preocupa Venezuela, Cuba y Corea… cuando probablemente no sabrían ni colocar esos países en el mapa o decir tres ciudades de los mismos (cositas fáciles para no ridiculizarlos demasiado). Pero sí… para atacar a Podemos se justifican en Venezuela, Corea o Cuba. Incluso dicen que Pablo Iglesias hace programas para Irán… Jamás he oído a nadie en televisión criticar a Campechano I por tener tratos con jeques árabes, de países islámicos, para conseguir contratos millonarios para sus amiguetes los empresarios… claro, pero es otra cosa, ¿no?
Pero cada cual que piense lo que quiera… yo me quedo con esto… a lo mejor también soy un hombre masa, pero de otro tipo, quizá de los que piensan que hay que dar una oportunidad a algo nuevo, porque lo que tenemos no funciona. 


A los a) y b) que hayan visto el vídeo les preguntaría, “¿qué opinas de Podemos?” 
 

martes, 15 de julio de 2014

El deporte es ¿salud?



Dicen que el deporte es bueno; que aquellos que lo practican tienen una vida más sana. Hasta aquí de acuerdo. Ahora bien, supongo que para practicar deporte te tiene que gustar, un poco aunque sea, de lo contrario, ¿qué sentido tiene? Además de practicarlo también se trata de verlo y de disfrutarlo. Por ejemplo, una persona que corre supongo que le gustará ver las olimpiadas, ¿verdad?
Pues bien, a mí me gusta el fútbol, lo practicaba de pequeño y soy aficionado, simplemente me gusta ver partidos que no tengan importancia… y matizo esto. Antes era un acérrimo futbolero hasta que el Valencia CF perdió la final de Champions, por segunda vez consecutiva, en el año 2001. Ese día decidí que se había terminado el fútbol y que no volvería a ver un partido que yo considerase que iba a suponer que mi corazón se pusiera como una bola de una máquina de pin-ball.
Desde entonces creo que no he visto ningún partido de los llamados históricos en los que jugase la Selección Española u otros equipos españoles, bien porque quería que perdiesen o bien porque quería que ganasen.
El caso es que el domingo rompí la norma y me puse a ver la final del mundial. Yo iba con Argentina. Estaba sentado en un sillón y le pegaba al reposabrazos por cada ocasión fallada, me levantaba, saltaba y movía las piernas como si estuviera chutando. Pero hubo un momento en que no puede resistirlo: cuando Higuaín falló solo delante del portero. Creía que me moría y decidí no ver más el partido e irme a ver una película. Me enteré del resultado al final por medio de un wassap, porque una persona sabía que no lo estaba viendo, “Nada que celebrar” fue su mensaje. Entonces supe que Argentina había perdido. Juré en arameo todo lo que tenía que jurar durante unos cinco minutos y continué con la película tan tranquilo.
¿Y por qué digo todo esto? Pues bien… porque no sé si el deporte es tan bueno, porque si fuera sano y todo eso que se dice ni yo ni nadie se exaltaría. Evidentemente no me creo eso de ‘lo importante es participar’ ¡y una mierda! (con perdón), lo importante en el deporte es ganar, se trata de una competición, ¿o uno compite por gusto? Si ayer, durante los 15 minutos que pude aguantar viendo el partido, alguien me dice que me tranquilice, que sólo es un juego y que disfrute probablemente me hubiera callado, pero por dentro lo hubiera mandado al mismo sitio que mandó Labordeta a los del PP.
Ahora ya se ha acabado todo… al menos durante un mes y medio ¡menos mal! Volveré a jurar en arameo pasado ese tiempo, pero prometo que tardaré en ponerme delante del televisor para ver un partido que me importe.

sábado, 12 de julio de 2014

Micro (III)


Construí un castillo de arena junto al mar, pero una ola lo destruyó.
Construí un castillo de naipes en una buena superficie, pero el aire lo derribó.
Ya no tengo ganas de construir nada más, me quedo en mi choza.

martes, 8 de julio de 2014

Su nombre es...


Voy a hablar de alguien que ha estado casi siempre conmigo y que hasta ahora había mantenido en silencio, nadie sabía de ella.
Ha estado mucho tiempo a mi lado, como para encontrarme perdido si no está cerca. Ha sido mi mejor consejera, mi amiga, mi compañera… nunca me ha fallado. Quizá, por eso, me cuesta tanto decirle adiós y apartarla de mi lado… porque puede que sin ella me sienta perdido, porque me ha dado toda la libertad que cualquiera podría desear
Forma parte de mí y yo de ella, casi somos uno… he llegado a quererla… a amarla… tanto que si no está conmigo noto que algo me falta.
Quizá tenga miedo, miedo a no sé qué, simplemente lo tengo, me bloqueo y me quedo en blanco cuando veo que ella se aleja. Tengo un miedo extraño a que alguien pueda ocupar su lugar, ¿por qué? No lo sé; quizá porque ha estado a mi lado demasiado tiempo… como un perro abandonado al que es muy difícil domesticar. Todo tiene un precio.
Su nombre es soledad.


Como un péndulo en el aire…” 
 

sábado, 5 de julio de 2014

Micro (II)


Empezar de nuevo es arrastrar el pasado, perpetuar el dolor. En esencia nada cambia. Cíclico.

martes, 1 de julio de 2014

Messi es un perro, un hombre perro

Simplemente grandioso… narración… vídeo… él… Algún día diré: “Yo vi jugar a Messi”.