martes, 20 de marzo de 2018

Laetitia



Hace más de un mes recibí un correo de una empresa francesa que se dedica a la fabricación y colocación de suelo permeable. Es un pavimento que en España, por lo que sea, no se comercializa; siempre he pensado que los franceses nos llevan de adelanto más de dos siglos, concretamente desde 1789 hasta la actualidad.
Como el producto me pareció interesante contesté al correo pidiendo información. Los correos eran enviados por Laetitia. El nombre no deja lugar a dudas, nombre francés y, supongo, que francesa, sin embargo, su escritura era más que aceptable.
Semanas atrás llamé al teléfono que adjuntaba en el correo, ya que necesitaba cierta información que no venía reflejada sobre los rendimientos del material en la obra. Cuando respondieron… era Laetitia. Y llegados a este punto me pregunto, ¿cómo he podido pasar toda mi vida sin escuchar a una francesa hablar español? Estuvimos hablando durante media hora… parecía que ella susurraba… las s alargardas… las r parecían j… y el tono… bajito… sin interrumpir… 
Hace un par de semanas me envío un correo informándome sobre que iban a hacer, colocarían ese pavimento y si estaba interesado podría asistir. No tuve que pensar nada. Durante el viaje sonaba Aute...
Cuando la vi… su voz fue lo que menos me gustó. Rubia, con mechas y el pelo recogido. Estatura poco más alta de la media y un peso acorde a su altura. Vestía unas mallas negras que remarcaban más su figura y una cazadora color azul marino. 
Allí estaba yo, rodeado de franceses sin entender nada. Pero Laetitia estaba siempre cerca traduciendo cada paso que se daba en la obra. Escucharla hablar ya era una delicia, pero, encima, que hablase de construcción… ¡así no se puede trabajar!
Acabó la jornada y volví a Zaragoza. Volvió a sonar Aute… y en el viaje de vuelta el estribillo de la canción era: J'aime, j'aime, j'aime, faire l'amour avec toi.
Hemos quedado para después de Semana Santa. Tengo que desempolvar los apuntes de suelos y ... ¡hormigón! Años después volvemos a encontrarnos, pero en diferentes situaciones. Todavía quedan muchas cosas que pulir y, ¿por qué no? Collioure... Avignon... París... 

PD. Tuve la osadía de poner la radio y, casualmente, hablaba Susana Díaz…
PD. II ¡Cómo no iba a haber afrancesados!

3 comentarios:

Casteee dijo...

Hola...

Jajaja, a mi personalmente el acento francés me encanta me parece muy sensual..., así que si la chic@ es guap@ ya sabes, así da gusto "trabajar" :P

Me alegro que el viaje haya merecido pena :)

Un Beso

Marino Baler dijo...

Sensual sí que era, sí... quizá demasiado...

Benja García dijo...

Ya sabes lo que toca…aprender francés. Tenía una amiga francesa, era una tía muy simpática que veraneaba en Alzira y una de las cosas que me llamó la atención es que bebía mucho cerveza con fresa.