sábado, 11 de julio de 2009

Ilusiones rotas

Después de tanto tiempo fuera de casa, me apetecía ver a mis amigos. Sentía una especie de nerviosismo y de emoción propia del momento ¿Cómo les habrían ido las cosas durante este tiempo? ¿Qué cosas nuevas tendrían que contarme? Aunque solamente habían pasado unos meses parecía más tiempo, es lo que sucede cuando te alejas de las cosas habituales y luego vuelves, se teme que hayan cambiado demasiado.
Quedé con todos en el bar en el que solíamos coincidir los sábados. Me apetecía verlos de nuevo y contarles y que nos contásemos cosas, pero también me apetecía disfrutar en soledad de ese lugar al que asistía y en el que tan buenos momentos he pasado. Así que salí de mi casa una hora antes para dirigirme al lugar de encuentro. Una vez allí y saludada la gente conocida, me pedí un bombón con hielo y cogí el periódico para leerlo con calma. Quería saborear la sensación de estar de nuevo “en casa”. Llevaba unos diez minutos y de repente una voz me saludó:

Parece que no haya pasado el tiempo ¿verdad?

Esa voz me resultaba familiar, levanté la vista y allí estaba Él. Como por intuición, Plácido, también había decidido llegar pronto a la cita. Me levanté y nos abrazamos.

¿Cómo te va todo? – le pregunté con una sonrisa en los labios.

Bien, esperando las vacaciones que ya me hacen falta. – Me contestó sentándose en la mesa.

¿Qué es de tu vida? ¿Qué tal todo? – preguntó mientras removía el café que el camarero le había servido.

Bueno, supongo que si te lo cuento todo ahora después te aburrirás cuando vengan los demás porque lo tendré que repetir y será más de lo mismo, así que... si no te importa luego os cuento. Pero en líneas generales estoy bien. – Contesté – ¿Y tú? ¿Qué me tienes que contar de nuevo? – Pregunté para hacer tiempo mientras venían los otros amigos.

Bueno, de momento voy tirando, que dados los tiempos que corren no es poco. – Dijo con resignación.

Me dejas sorprendido. – Le contesté. – Si no te conociera pensaría que ese “voy tirando” esconde algo.

Tú siempre tan perspicaz. La verdad que siempre hay algo que contar. – Contestó con tono lacónico.

¿Qué te ocurre? ¿te has casado y estabas borracho? – Dije en tono jocoso para romper un poco el hielo y que se sintiese cómodo.

Bueno, supongo que será mejor que te lo cuente. Estos ya lo saben y mejor que te enteres por mí que no por otros. – Dijo resignado.

¿Recuerdas que te dije que había conocido a una chica y que estábamos empezando una relación? – Me preguntó.

Si – le contesté yo – la verdad que estabas muy pesadito, al menos cuando yo me fui, siempre hablando de ella. –

Pues bien, empezamos la relación y todo iba, aparentemente, bien… hasta que dejó de ir y lo hemos dejado. – Su cuerpo se movía por el movimiento incesante de sus piernas y al mismo tiempo daba vueltas con la cucharilla al café.

Vaya, lo siento. La verdad que se te veía muy bien y quería preguntarte por ella. Menos mal que me lo has dicho y no he metido la pata. – Dije sin saber que decir.

No te preocupes, no me hubiera molestado. Hay veces que las cosas pasan sin saber por qué y hay que estar preparado, o al menos procurar estarlo.

Plácido, hay cosas a las que por muchas veces que te hayan pasado nunca te acostumbras. Cada cosa, cada situación, cada momento se vive de una manera distinta, ni mejor ni peor, es distinto. Aunque suene exagerado te voy a poner un caso que como ejemplo me sirve: A una madre que se le muere un hijo lo sufrirá y lo llorará y si se le muere otro pasará lo mismo aunque la situación sea distinta, pero el dolor es el mismo. Pues esto es igual y aunque estés preparado siempre te golpean y acaba doliendo. Espero que entiendas lo que te quiero decir, aunque claro es muy fácil verlo desde fuera, quizás si supiera… ¿Qué pasó?

¿Qué paso? Ni siquiera yo llego a entenderlo. Es una de esas cosas que no te esperas que salgan nunca por donde acaban saliendo y al final no hay solución, o no se quiere que haya. Nosotros nos llevábamos bien, lo pasábamos bien y creo que, al menos por mi parte, era una relación bonita, apasionada, ideológicamente compatible, intelectualmente complementaria y sexualmente compenetrada. Pero… en ocasiones lo sólido se fractura y te das cuenta que hay algo falla. Posiblemente era como tenía que acabar, porque era todo idílico pero había una cosa en la que no podíamos coincidir. Algo lo suficientemente importante como para romperlo todo por fuertes que fuesen sus cimientos y eso es, al final, lo que yo creo que ha hecho que todo terminara.

No te entiendo, me parece que estás dando vueltas sin contar realmente lo que sucedió. Evidentemente, no tienes ninguna obligación de hacerlo. – Dije ante semejante acertijo que me había soltado.

Muy bien, iré al grano. – Respondió firmemente. – Te he dicho que todo iba bien y apenas teníamos problemas ¿no? Pues bien, un día dije algo que no debía acerca de un lugar al que debíamos ir. Simplemente dije que no me gustaba, expresé una opinión y ella no lo entendió así. Creía que la ignoraba con mis palabras ¿cómo podía pensar eso? Traté de explicárselo por activa y por pasiva pero no había forma de hacerla cambiar y yo no sabía qué hacer, no sabía cómo explicárselo. Ahí empezó todo. Eso fue la chispa que encendió la mecha de viejos fantasmas que volvieron a aparecer. –

Desconozco si ese sitio sería importante o no, pero no me parecen motivos suficientes para empezar a romper algo. Tú expresaste una opinión y conociéndote no creo que lo dijeses para ofenderla y ella, si te conocía no debería habérselo tomado así. No sé, pero si algo sale del corazón se debe entender y si tú en ese momento lo pensabas ella debería haberlo entendido como tal y en absoluto un ataque o un menosprecio. Lo siento Plácido, pero no me parece un argumento lo suficientemente fuerte como para estropear algo que dices que era tan sólido. Pero ¿a qué fantasmas te refieres? ¿Qué quieres decir con que volvieron a aparecer? – Le pregunté, sorprendido por sus argumentos y curioso por su relato.

Como te he dicho eso fue el principio del fin. Ella se agarraba a eso como que ya no era lo mismo que algo se había roto y yo, no sabía qué más podía decir. En ocasiones el perdón no sirve de nada, no para uno mismo, sino para los demás. Eso desemboco en otro tema que era problemático, algo que para los dos suponía un problema muy grande. Lo suponía por dos motivos, porque yo no estaba dispuesto a renunciar a algo y ella tampoco. Yo quería tener, al menos, la oportunidad y ella no estaba dispuesta a darla. Aquí no se trata de inocentes o culpables ni de razones falsas o verdaderas, simplemente se trata de anhelos, ilusiones y ganas y si eso no se tiene no se puede obligar a nadie a que tenga los mismos que puedas tener tú. – Esto es lo que me contestó, parando para dar un sorbo de café y mientras yo aproveché para preguntarle.

¿A qué te refieres? ¿Qué anhelos son esos? ¿Cuáles eran para ser lo suficientemente importantes como para terminar una relación?

Supongo que es difícil de explicar cuando no se tienen ciertas cosas. Verás yo espero algún día poder sentarme con mi hijo y enseñarle a sumar, a leer, cambiarle los pañales, bañarlo, llevármelo a la montaña, enseñarle todo, poder transmitirle cosas, valores, ver como algo tuyo crece y compartes todo lo que puedes. – Me contestó con un brillo en los ojos.

O sea que quieres ser padre ¿no? ¿Y cuál es el problema? Ya te llegará, como supongo que a mí... sí me tiene que llegar. – Le dije con naturalidad.

Precisamente ese es el problema, que nunca me hubiera llegado, no hubiera sabido nunca lo que eso significa. – Su tono de voz había cambiado, hablaba con tristeza.

¿Por qué? Eso tú no lo sabes, quizás sí o quizás no. – Le respondí.

Seguro que no. El problema radicaba ahí. Ella no quiere tener hijos. No ahora sino nunca. Es una decisión que tiene tomada desde hace años. Lo hablábamos y era un tema muy espinoso que nos llevaba a discusiones. Sabíamos que el problema ese podía saltar pero continuamos, ambos, con la esperanza que el otro cambiase de opinión... Pero no fue así. Yo le decía que no quería tenerlos por obligación, es posible que llegado el momento yo no pueda o ella no pueda y no pasa nada, no los tenemos y sin problemas, simplemente se trata de oportunidades, de tener la oportunidad de poder cumplir un sueño, un anhelo, de tener la oportunidad de ser padre, pero esa oportunidad se me negaba sin ninguna posibilidad, por mínima que fuera esa puerta sabía que la tenía cerrada desde el primer día y ante eso ¿qué hacer? Ahora no suponía un problema muy grande, pero pasado un tiempo si la relación hubiera seguido, estoy seguro que hubiera sido un problema. Por ello, a raíz de lo que dije salió este tema y decidimos darle una solución y nos dimos cuenta que no había otra que dejarlo.

Yo permanecía apoyado con los codos en la mesa, la mano derecha apoyada en la cara y con la izquierda cogí un cigarro y me lo encendí. La verdad que no sabía muy bien que decir. Entendía lo que Plácido me decía, pero también la entendía a ella. El no puede obligarla a intentar ser madre ni ella puede quitarle la ilusión de poder ser padre. Di un par de caladas al cigarro y contesté:

Plácido, creo que habéis hecho lo mejor. Supongo que la decisión no habrá sido fácil para ninguno de los dos, pero hay veces que es mejor perder que más perder. Yo creo que nadie nace queriendo ser madre puesto que madre se hace, no se nace, del mismo modo que padre. Quién sabe. Cada uno sabe lo que gana y lo que pierde en la vida con las decisiones que tome. Evidentemente esta es lo suficientemente importante como para ser tomada en serio. Poco más te puedo decir ¿Tú cómo estás? ¿Habéis vuelto a hablar?

No. – Me contestó tímidamente. – No nos hemos llamado ni nada. Ella dijo que mejor que no lo hiciéramos nunca. Supongo que en el fondo es lo mejor ¿de qué puede servir? ¿Acaso solucionará algo? ¿Sabes una cosa? Yo la quería. Me encantaba oírla recitar poemas, me quedaba ensimismado cuando me decía uno de Quevedo dedicado a Góngora. Era genial, todo en ella lo era. Su mirada con una inocencia que se veía si observabas sus ojos, su sonrisa sobre unos labios perfectamente delineados, su nariz, me gustaba observarla de perfil… Era puro fuego que dejaba el corazón helado cuando acariciabas su piel mezclado con su perfume, un perfume cuyo olor todavía recuerdo. Son muchas cosas, Marino, que prefiero tenerlas para mí. Eso, si me lo permites déjamelo solamente era nuestro, ahora es mío.

Se notaba, por su descripción, que estaba afectado, aguantaba el tipo para no estallar en lágrimas. Plácido era así. Estoy seguro que en otro lugar, a solas, se hubiese echado en mis brazos en busca de consuelo, pero en el bar no lo quería hacer. Yo lo miraba, callado, esperando que dijera algo. Cualquier cosa me hubiera valido, desde que nos fuéramos hasta que nos quedásemos. Creo que necesitaba hablar y yo no podía proponerle nada mejor.

Sigo teniendo su teléfono, el que usaba con ella. – Siguió contando. – La verdad que no espero que me llame pero no me importa. Yo tampoco la llamaré. No, no es por orgullo simplemente porque me mueven cosas y sé que sería doloroso para mí que me dijera que ha conocido a alguien, aún sin ningún derecho hacia ella por mi parte, pero a mí me dolería ¿entiendes? Sentiría un pinchazo en el estómago y no me apetece. Prefiero, simplemente, pensar que le irá bien, que cumplirá sus sueños y será feliz. Con eso me conformo. Le deseo lo mejor.

Entiendo lo que dices. – Le contesté. – Alguien con quien has compartido cosas, aunque le desees lo mejor pero siempre hay algo que duele. No creo que las personas seamos objetos que ni sintamos ni parecemos y donde ha habido llamas quedan brasas así que si eso es lo que sientes creo que no haces mal.

Supongo que es lo mejor, al menos yo, no puedo olvidar las cosas tan rápido y todavía están ahí. No es como un traje que lo lavas y mientras te pones otro, no, no es así. De todas formas espero que ella pueda entender que no la llame, que entienda que si no lo hago no es por orgullo, eso no sirve de nada, lo hago por mí y también por ella. Y encima mi madre, de vez en cuando, me suele preguntar. A ella no le he contado las razones, solamente las sabes tú.

Terminando de decir esto me di cuenta que el mentón le temblaba y que los ojos se le pusieron cristalinos. Plácido no pudo aguantarse y un par de lágrimas salieron rodando por su mejilla. Yo le di un par de palmadas en la espalda y lo consolé con las únicas palabras que se me ocurrían:

Plácido, seguro que ella lo entenderá. Seguro que piensa lo mismo. Creo que difícilmente podrá olvidarte y nunca podrá decir cosas malas de ti.

Plácido me miró y asintió. En esos momentos se levantó de la mesa.

Un segundo voy al servicio.

Me dejó allí solo, cabizbajo durante un minuto, pensando en su historia. En esos momentos alguien me dijo:

¿Podemos sentarnos o nos quedamos de pie?

Yo levanté la cabeza y allí estaban un par de amigos con los que había quedado. Me levanté y les di un abrazo.

¿Estás solo? – Dijo otro.

No, Plácido acaba de llegar y está en el servicio, ha entrado muy rápido, casi sin saludar. – Le contesté.

Justo en ese instante salía Plácido con los ojos y la cara goteando. Se sentó en la mesa y me preguntó:

¿Qué es de tu vida? ¿Qué tal todo?

Ahora ya podía contarles mis últimos meses.

15 comentarios:

Only dijo...

Nuestro corazón siempre nos reserva sorpresas,
y cuando ama nos muestra alguna más, y no siempre exentas de dolor.

Ánimo y fuerza, para Plácido

y un besset también, para tí.

Parsimonia dijo...

Es que tener un hijo es una cosa muy importante y que afecta plenamente a la vida de las dos personas que van a ocuparse de esa vida para siempre.
No es ni será la única relación que se rompe por ese motivo. Es una lástima y siento que tu amigo sufra.
Por lo demás, que disfrutes tus días de vacaciones en tu hogar.
Yo no paro durante la semana y luego los fines de semana sigo con el tema de la mudanza. Parece mentira lo que se tarda en ordenar chismes, poner lámparas, levantar armarios, etc.
Espero pronto tener los fines de semana para actividades de ocio u ociosas, je je.
Besos

Anónimo dijo...

Una historia preciosa, con un final muy triste, Creo que esa chica es egoísta, no conozco a ninguna mujer que no quiera sentir que es madre. en esta vida hay que luchar,sufrir... Su posición es muy cómoda. Que ambición puede tener esa mujer el dia de añana? por quien luchará? Espero que cambie de opinión y que recapacite. Esta vida es muy bonita. Ánimo Plácido,algundía te llegará esa oportunidad. suerte.

Marino Baler dijo...

Only; Son curiosas las cosas del corazón, este tiene razones que la razón no entiende.

Un besset.

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Parsimonia; Es cierto lo de la responsabilidad, pero un hijo también es, por así decirlo, la máxima culminación entre dos personas (bueno así lo veo yo y siempre que se puedan tener con normalidad, claro).

Menudo palacio te estarás decorando. A ver si terminas pronto y vuelves de nuevo.

Un beso.

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Anónimo; Supongo que cada uno tiene sus prioridades y que el máximo sacrificio que se puede hacer es por un hijo. Es posible que haya gente que no esté dispuesta a sacrificarse en ese sentido y creo que también es respetable. Yo me imagino lo bonito que tiene que ser pasear a tus nietos durante la vejez.

Un saludo.

Parsimonia dijo...

jaja
No es un palacio, es que no tengo tiempo para dedicárselo a la casa.
Ya estoy más o menos instalada del todo. Ya tengo hasta internet, jeje, pero es que el trabajo me ocupa mucho y luego tengo que hacer los deberes de vida higiénica, ya sabes: limpiar platos, suelos, hacer la comida...
Tengo ideas y espero volver pronto. Mientras disfruto de vuestras lecturas.
Besos.

Aileon dijo...

Bueno, en mi humilde opinión, yo no hablaría de egoísmo en un tema tan delicado. Si es verdad que el tener un hijo es lo más maravilloso que le puede pasar a un ser humano, pero también podría ser considerado egoísmo el que 'obliga' o 'incita' a hacer algo que no desea por el motivo que sea. Yo la palabra egoísta en estos casos no la utilizaría, simplemente tienen puntos de vista y prioridades distintas frente a la vida, ambas igual de respetables.

Siento lo de tu amigo. Me imagino que debe ser una situación complicada y nada llevadera.

Cuando dos personas caminan juntas pero no miran hacia la misma dirección... es complicado.

En cuanto a tus vacaciones, espero que las estés disfrutando tal y como se merecen.

Cuídate,
Saludos

Marino Baler dijo...

Parsimonia; Pues nada, espero que pronto termines y sueltes las ideas que tienes.
Eso de "deberes de vida higiénica" es una forma muy académica (y curiosa)de decirlo. Mis mejores asignaturas eran/son limpiar platos y tender la ropa, suspendía en cocinar y hacer la cama.

Bessets.

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Aileon; Eso es lo que piensa Plácido y así es como he tratado de transmitirlo. Cada uno en la vida tiene sus prioridades y son totalmente lícitas. Ahora bien, en el momento que afecten a otra persona, como este caso, pues ya hay que tomar decisiones supongo dolorosas. No creo que se pueda reprochar nada a nadie, por mucho que duela. Todo es cuestión de prioridades y no todos tenemos que tener las mismas. Lo entiendo.

Las vacaciones de momento bien, gracias, sin poder conducir y practicando ciclismo Xddd.

Un beso.

Luis Alejandro Bello Langer dijo...

Y cuando a uno lo golpean en las cosas del amor, siempre duele...pero solemos terminar recuperándonos aunque en el momento pensamos que todo ha terminado.

Ahora, sobre la que parece ser la razón de la ruptura...pues a veces hay que tener cuidado con lo que se dice, sobre todo si es una relación que no lleva mucho tiempo; pero también es cierto que, si vamos a andar paranoicos, mejor no empezar una relación. Se trata de confianza, al fin y al cabo.

Sobre el tema de la paternidad...se hace complejo cuando hay quienes no desean asumir ese desafío y placer a la vez; hay muchos peces en el mar, primero...y lo segundo es que hay que ponerse en todos los planos (después de todo, las herencias se pueden dejar de otra forma...como en los Blogs).

Las cosas hay que dejarlas como están...mejor retirar las pocas tropas que quedan antes de exponerlas a una masacre napoleónica. Saludos afectuosos y mis disculpas por la extensión de este comentario.

P.D.: Me agrada que tengas una imagen de Víctor Jara.

Marta dijo...

Ante todo, darte las gracias por compartir con nosotros esa gran amistad que tienes con Plácido.
Desde mi humilde opinión creo que ante una situación tan complicada han tomado la mejor decisión. Y por supuesto, aquí nadie es culpable. Lo siento mucho por Plácido, porque aunque no lo conozca le tengo un gran cariño y respeto.
En cuanto a ti .....como dice la canción ... "un ratito a pie y otro caminando ..." jajaja

besos

Marino Baler dijo...

Luis; Bienvenido a mi blog. Has dicho algo que define muy bien lo que podrían haber sido las cosas, "una masacre napoleónica". Al final con el paso del tiempo, es posible que uno de los dos no hubiera sido feliz. Supongo que hay veces que hay que tomar decisiones duras en un momento antes que luego sean más duras.

Gracias por comentar y nada que disculpar.

P.D. Opino que, al menos en España, Victor Jara es una figura muy desconocida para la mayor parte del público. Una lastima. Aquí le rindo un particular homenaje.

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Marta; Bueno, mientras no le importe a Plácido lo seguiré haciendo.Coincido contigo, en ocasiones no somos jueces para juzgar decisiones personales y más si llevan implícitas unas consecuencias.

Le haré llegar a Plácido tus saludos.

Un beso.

Luna de Oro dijo...

He leído el relato (un placer, sin duda) y he recordado mis tiempos... cuando leía las novelas de Barbara Cartland, Julia, Bianca (no debería confesar que he leído eso)... Siempre tantos malos entendidos en amores tan "profundos" simplemente por "no hablar". Uno pensaba que nunca le diría al otro que era el amor de su vida porque vivía torturado, venía de vuelta de todo... Y ella siempre pensaba que no se merecía el amor de él... Y yo devorando páginas... rechinando los dientes y con ganas de agarrarlos por las orejas y decirles... "QUEREIS HABLAR". Pensé que yo jamás haría eso. Siempre preferiría hablar de más que dejar cosas en el aire. Y estoy callada... pensando que mejor no hablo... porque quizás no le merezco y que seré feliz viendo como él es feliz.¡¡¡¡Qué difícil es comunicar lo importante!!!!.
Un día pensé que tendría al menos cuatro hijos. Luego tuve un hijo... y pensé que jamás tendría otro. Nunca le robaría ni un segundo de todo lo que le daba y si tenía otro solo le daría un 50% como mucho. Luego tuve otro hijo (en un funeral una hija única le dijo a una amiga..."tu tienes un hermano"... y la vi tan sola...). Luego lamenté el haberlo tenido. Luego lamenté el haber tenido los dos. Los adoro y nunca lo lamentas así del todo... pero digan lo que digan... se piensa (o yo soy muy....muy mala). Luego decidí nunca... nunca jamás tener más hijos. Luego... un día quise tanto que pensé que todo lo que había pensado eran sólo tonterías. Y soy una mujer segura de mí misma y me considero estable y sensata. La gente cambia. El amor... cambia a la gente. No se si el hacernos "mayores" nos roba el creer que el amor lo puede todo... o si solo somos nosotros quienes nos autocastigamos para no seguir peleando porque nos acomodamos. No es cuestión de ilusiones... sino de entregas... entregas incondicionales donde solo importa un minuto más... un segundo... Siempre fué así (en las películas, en las grandes historias, en los grandes amores). Siempre hubo heridas. Nunca hubo tantas "barreras" como ahora que hay tan pocos heridos. Todo el mundo se deja antes de herirse. Y en mi mente suenan los ecos de un estribillo (de Julio Iglesias...tampoco debería decirlo): "siempre fue más feliz quien más amó".
La mayoría de nuestras "grandes" decisiones tienen que ver con heridas. Y es el amor y no el tiempo lo que cura las heridas. Pero parece que corren malos tiempos para las cosas sin medida (como la velocidad jajajaaja...).
En absoluto pretendo posicionar ningún tipo de actuación... sólo dejar un poco de lo que nace en tu espacio.

Marino Baler dijo...

Luna de oro; Me alegro leerte de nuevo. Las heridas del amor, creo que son las más difíciles de curar porque hay cosas que no se olvidan, simplemente se aprende a vivir con ellas. Ahora bien ¿qué es mejor amar y perder o no haber amado nunca? Posiblemente desde un punto de vista romántico diría que lo primero, desde un punto de vista práctico me decanto por lo segundo. Es posible que el tiempo nos haga cambiar y posiblemente cumplamos nuestro sueño pero ¿y estar esperando por algo que se tiene ilusión sabiendo que no llegará? La certeza de la negación es peor que la propia negación. No sé si las relaciones son complicadas o son las personas las que las hacen.

Un beso.

P.D. Espero que me visites más a menudo.

Guerrero dijo...

Una situación complicada, no puedes olvidar a una persona pero no puedes (y no debes) obligar a una a intentar cambiar su forma de pensar, creo que fue la mejor decisión aunque las historias del corazón siempre son un secreto que no se cuent a todos, y deberías sentirte orgulloso de que alguien confíe en ti quizá sus secretos más íntimos.

saludos

Marino Baler dijo...

Guerrero; Bienvenido. Eso es, cosas complicadas. Plácido es así, de hecho lo cuento con su consentimiento, evidentemente.

Un saludo.

Luis Lópec dijo...

De nuevo en casa. Disfruta de esas cosas bellas y simples. La conversación, la amistad, las recomendaciones... todo eso hace que la vida sea más llevadera.
Saludos. Te sigo esperando, ¿eh?