martes, 20 de abril de 2010

Paseando por Ciudad Real




Seguí mi camino hacia Ciudad Real. El camino fue tranquilo, pero raro. Me sentía extraño en una tierra desconocida. Atrás quedaban los molinos y, salvo algunos que veía a mi izquierda, a lo lejos, en algún montículo, ya no volví a estar cerca de ellos.

Llegué a mi destino antes de lo esperado, poco después de las 3 de la tarde. La verdad, no esperaba que el camino fuera tan rápido y yo, que apenas corro, sentí que tenía muchas horas por delante para descubrir una ciudad que nunca había pisado. No sabía lo que me iba a encontrar así que, pensaba que, esas horas por delante serían insuficientes para mezclarme con la ciudad y poder saborearla.

Una vez me había alojado en el hotel tuve la tentación de acostarme, de echarme un rato. Estaba cansado por haber madrugado y un sueñecito reparador no me hubiera venido mal, pero pensé que estaba en un sitio desconocido, inexplorado, y que el tiempo que dedicase a mi merecida siesta lo perdería en descubrimientos que todo viajero debe hacer cuando visita lugares nuevos. A falta de un salacot, cogí mi cámara y me fui a perderme entre sus calles, a mezclarme entre ellas y a respirar su olor.

Apenas había gente. Supongo que por las horas que eran, la mayoría, estarían haciendo lo que había pensado yo unos minutos antes. Llegué a una plaza, la Plaza del Pilar. Allí me encontré con la primera referencia al Quijote, una estatua del autor de la novela.

Seguí caminando y llegué a la Plaza Mayor. Un espacio que me pareció bastante curioso. He de decir que, urbanísticamente me pareció un lugar excepcional. Está cortado al tránsito rodado, apenas circulan vehículos, a no ser los de la policía y a poca velocidad. Si una plaza está destinada para ser el centro neurálgico de la ciudad, donde sus habitantes se sientan seguros, sin preocuparse del tráfico, sin duda alguna, esta plaza es ejemplar y cumple con todos los requisitos. Las calles, también peatonales, desembocan a ella plácidamente, de una forma ordenada, y sin ningún tipo de caos que impida la circulación de los transeúntes. Un espacio bien definido que marca su recorrido. Se entra y se sale por uno u otro extremo, no hay más. Cada cual sabe su destino y el paso que tiene por ella. Sin duda alguna, algo digno de elogiar.

Ahora bien, lo que gana en urbanismo, lo pierde en arquitectura. No sé lo que era la ciudad hace siglos, ni lo que era esa plaza, pero estoy seguro que no era lo que es ahora. Supongo que los edificios se asemejaban a la época en la que estaban construidos, que no eran meras imitaciones de algo. Arquitectónicamente, esa plaza está muerta. No tiene un etilo definido. Lo único que nos recuerda un pasado glorioso de lo que pudieron ser sus años de esplendor son unos soportales que dan idea de lo que podía haber sido antaño. Como en muchos lugares, cuando un edifico ha caído en ruina y han intentado restaurarlo, se ha cometido el error de no saber mantener el espíritu original y eso es lo que ha sucedido allí. Las antiguas edificaciones han ido cayendo y se han sustituido por otras que han intentado que fueran semejantes, pero que, por desgracia, distan mucho de la idea original. Un ayuntamiento de estilo neogótico es, posiblemente, el edificio más característico. No deja indiferente. Los lugareños lo llaman “el barco”, porque dicen que se asemeja a uno por su parte superior en forma de velas. Sinceramente creo que es una aberración, no tanto por el edificio como por el lugar donde se encuentra.

Salí de la plaza y continué caminando en busca de nuevas sorpresas. Llegué a la catedral. Un edificio donde uno puede sentarse y pasarse horas mirando, analizando, y siempre encontrar algo nuevo. La parte exterior tiene elementos predominantes del gótico. Se podría definir de este estilo, aunque tiene pinceladas románicas, renacentistas y barrocas en menos medida. Me gustó. Los distintos estilos allí entrelazados no la hacen desagradable a la vista. Me hubiera gustado poder verla por dentro pero no pude, estaba cerrada. Tengo que decir que no pude visitar el interior de ninguna iglesia que me encontré por el mismo motivo.

Caminando, perdiéndome, di con otra iglesia, la de San Pedro, cerca de la Plaza Mayor. Un edificio gótico bastante bien conservado. Con un rosetón que me pareció espectacular. Un inciso. Esta iglesia estaba abierta pero no me atreví a entrar. Iba a celebrarse una boda y no era plan que el novio no apareciese y me cogiesen a mí para salir del apuro. Mejor no tentar a la suerte.

Continué paseando por la ciudad, yendo a bares y disfrutando de su gastronomía, siempre en agradable compañía.




Al día siguiente visité el museo que tienen dedicado a Cervantes y a su obra. Es imposible no verlo, pues las figuras de don Quijote y Sancho, en la entrada, dan la bienvenida. La verdad, algo digno de ver. Me pareció que lo que allí se ofrece es algo que no puede dejar de visitarse si se visita Ciudad Real, y es algo imperdonable que quien viva allí no lo visite. Dispone de un museo dedicada al tema cervantino, pero por ser domingo estaba cerrada. Me gustaría poder entrar algún día y perderme entre sus letras. Tiene que ser "un orgasmo de satisfacción", como diría mi profesor de autoescuela.




Todavía pude disfrutar de la comida pero ya no quedaba tiempo para más.

En general, la impresión que me llevé es que es una capital de provincias pequeña, con edificios no de excesiva altura, y muy uniformes entre ellos en este sentido. Creo que se podría haber hecho más por conservar el patrimonio existente y potenciar, un poco más, la figura del Quijote y lo que este significa para la zona. De todas formas espero volver. Esa biblioteca me está esperando y, aparte, todavía quedan muchas cosas por descubrir…

6 comentarios:

tag dijo...

Vaya, vaya, veo que te has ido a tierras manchegas de turismo.

Me has recordado cuando yo estuve en Ciudad Real, brevemente, de paso, y de lo que mas me acuerdo es del museo de uno de sus pintores más ilustres, Manuel Lopez Villaseñor.
Está al ladito de la Catedral (donde casualmente tambien había boda aquel dia).
Me impresionó la obra de este pintor, quien aquejado de paralisis desde su infancia, plasmó en sus cuadros un realismo cruel, pintando casi siempre escenas de interior, en tonos grises, marrones desvaidos, colores y temas muy tristes, mortecinos. Dicen que con un transfondo de denuncia social, pero yo creo que pintó todo el sufrimiento que debío acumular por su enfermedad.
Si no lo viste, y vuelves a Ciudad Real no te lo pierdas.
Aunque no es alegre, es digno de ver.

Besitos

Felipe dijo...

Ciudad Real es la capital de mi provincia.Sí es una capital pequeña y muy hogareña:plaza del Pilar,Parque Ortega y Gasset,Catedral...

Ciudad tranquila.Yo suelo decir que es como un pueblo grande

Bienvenido a tierras manchegas

Saludos

Luis Lópec dijo...

Amigo Marino, bonitas descripciones de lugares maravillosos y únicos. Al final me vas a hacer la competencia con las fotos. :-)))))))
Saludos.

MAYTE dijo...

Nunca he estado ahí, pero por lo que cuentas tiene que ser una ciudad preciosa, me alegro que lo pasaras tan bien.

Besos.

Nadia dijo...

Bonitas fotos vecino, y la descripción de Ciudad Real también.

Siempre me han gustado las tierras manchegas, son tranquilas e invitan a descubrir cosas.

Un beso!

Marino Baler dijo...

Tag; No, no estuve en ese museo. Me lo apunto para la próxima. Gracias por la recomendación

Un besset.

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Felipe; Muchas gracias por la bienvenida, ¿de qué pueblo eres?

Un saludo.

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Luis; Gracias. Todavía me queda mucho por aprender en esto de la fotografía. Fíjate que no sabía ni quitar la fecha de las fotos...

Un saludo.

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Mayte; Celebro verte por aquí de nuevo y espero que estés mejor. Si tienes ocasión de ir a esta ciudad te la recomiendo.

Un besset.

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Nadia; Allí tendrías, lo más probable, un 4º B.

Bessets.