martes, 1 de febrero de 2011

Shoichi Yokoi; el último soldado


Hay historias que quedan en el olvido. Son actos heroicos que nos hacen pensar que el romanticismo de ciertas ideas todavía pervive en algunas personas que, sin quererlo se convierten en anónimos protagonistas de estos acontecimientos.

El 7 de mayo de 1.945 Alemania se rinde ante los aliados. La II Guerra Mundial había llegado a s fin después de casi seis años de lucha. La noticia corrió por todo el planeta siendo conocida por todo el mundo. Sin embargo, Shoichi Yokoi, un sastre japonés, no supo de la finalización de la guerra durante 28 años.

Yokoi tuvo que abandonar su profesión de sastre para enrolarse en el ejército imperial japonés durante la II Guerra Mundial. En 1.944 es destinado a la Isla de Guam, en el archipiélago de las Marianas, Océano Pacífico.

El 21 de Julio de 1.944, el ejército estadounidense desembarca en la isla que había sido invadida por los japoneses tres años antes.

Miles de soldados japoneses mueren en combate. Alrededor de dos mil huyen a la selva y se entregan cuando Japón se rinde. Sin embargo, un pequeño grupo de sobrevivientes permanece escondido en la selva. Uno de esos soldados es el sargento Shoichi Yokoi quien se oculta junto con otros dos soldados.

Sus compañeros de fuga están todos muertos ya en 1.964 y, en ese mismo año, se entera por un viejo panfleto que encuentra de que la guerra había acabado 19 años antes, pensando sin embargo, de que se trataba de un documento de propaganda americana. Algo parecido a lo ocurrido en Baler, a finales del siglo XIX, por los que son conocidos como “Los últimos de Filipinas”.

Durante 28 largos años vivió alimentándose de cangrejos, ratas, caracoles, anguilas, palomas, jabalíes y frutas. Se había acondicionado una cueva en la que dormía. Cuando su uniforme quedó inservible se elaboró ropa con materiales naturales de la jungla.

El 24 de Enero de 1.972 dos cazadores lo vieron mientras pescaba. El soldado japonés huyo desesperadamente pero cuando los dos cazadores lo alcanzaron fingió que tenía miedo y se arrodilló pidiendo clemencia. En cuanto se acercaron los dos hombres saltó sobre ellos para luchar pero, debido a la debilidad física que presentaba, fue reducido rápidamente. Aún conservaba su viejo fusil, algunas municiones y una granada oxidada.

El 2 de Febrero de 1.972 entra en Japón donde es aclamado como un héroe por cinco mil admiradores. Se convierte en un personaje público apareciendo en televisión comentando sus técnicas de supervivencia. Ese mismo año contrae matrimonio y en 1.974 intenta sin éxito emprender una carrera política.

El 23 de septiembre de 1.997 fallece en Japón el último soldado del imperio japonés de la segunda guerra mundial.



Shoichi Yokoi a su llegada a Japón.

8 comentarios:

Ysupais dijo...

Singular historia, que para mi habla de que... la guerra hace hombres impotentes, martirizados por el miedo a morir o a matar.
La gente lo recibe como héroe...craso error, pienso.
El hombre subsiste en la naturaleza si ésta le es favorable.
Un saludo.

María dijo...

Estudié el Bachiller Laboral. Siete cursos de Historia. Mis notas solían ser muy buenas. En lo único que fallaba era en Historia. Mi memoria no lograba retener los datos de esta asignatura.

A través de tu blog y, aunque un poco tarde, se me está haciendo ameno leer sobre los temas históricos.

Mi querida profesora, Doña Consuelo, debería estar agradecida contigo.

Yo ya lo estoy.

Maikel dijo...

Esta historia ya la conocía y creo que hasta se hizo una película, a mi me parece estúpido y que no estaba bien de la cabeza o demasiado fanático, que vayan pasando los años y el no se pregunte qué es lo que ha pasado en todo ese tiempo con la guerra"es curioso".
El miedo es un arma temible si piensa que lo podían matar o torturar si se entregaba, la propaganda japonesa ponía a los americanos como lo peor de lo peor, para evitar que se rindieran los soldados y luchasen hasta la muerte.
Pero el ser humano es curioso por naturaleza, y tantos años en la isla y no sentir curiosidad si su país había ganado la guerra o no"es muy extraño", luego está su familia.

Anónimo dijo...

Creo que por historias como esta nació este sitio.

En ocasiones ha parecido que perdías esa esencia inicial. Incluso te saltabas la libertad de expresión que tantas veces has reivindicado, impidiendo que se publicasen mensajes contrarios a tus ideales.

Espero que estés bien y que esto signifique la vuelta de la citada “esencia incial”.

Marino Baler dijo...

Anónimo, te invito a que digas que mensajes, y en qué entradas, no he publicado contrarios a mis ideales. Cuando, como puedes comprobar, no tengo puesta la moderación de comentarios.
Gracias.

MAYTE dijo...

El miedo paraliza a las personas y no los deja pensar, este hombre estuvo 28 años escondido por miedo a ser descubierto y después cuando lo encuentran y hace una vida normal a los 5 años muere, que injusta es la vida!!!

Besos.

Anónimo dijo...

Hola de nuevo!

Pues una de ellas fue en una entrada sobre educación y/o los maestros. La otra... no la recuerdo.

En cualquier caso, el enfado inicial de aquel momento no guarda ningún vestigio en el presente.

Cuídate!

Casteee dijo...

Había escuchado ya esta historia y me parece increible.
Cada día estoy más convencida que la vida nos da lo que podemos soportar.

Besos