sábado, 18 de marzo de 2017

Hablamos en diez años


Siempre hay un punto de inflexión. Estoy convencido que ante una situación o decisión difícil no hay ser humano que no haya pensado en algún momento ‘si el tiempo volviese atrás…’, ‘si lo hubiese sabido antes…’, en clara alusión a una posible rectificación de las circunstancias actuales.
Creo que fue Stephen Hawking el que dijo que la prueba de que no se puede viajar en el tiempo es que en nuestra época no hay gente del futuro. Cosa bastante lógica, por cierto, de no ser así, ¿por qué en este 2017 no hay gente de años sucesivos? Me da lo mismo 2100 que 3500. Conclusión: el viaje en el tiempo es imposible.
Cada decisión que tomemos en determinados momentos puede ser decisiva para el futuro y aquel ‘yo’, quizá, recrimine a este ‘yo’ por qué no ha pensado mejor las cosas. Soy una persona que piensa mucho antes de tomar según qué decisiones, que calla antes que decir según qué cosas; quizá porque temo que puedan tener la influencia no deseada en el futuro, aunque en el presente puedan ser llevaderas. Un silencio no creo que comprometa y, en cierta forma, no me gusta el compromiso (esto requeriría un artículo para explicarlo). Si a veces nos parásemos a pensar cómo podemos vernos en el futuro estoy convencido que no pensaríamos tantas veces en el pasado para tener la opción de rectificar. Así pues, la cuestión no es haberlo sabido antes, la pregunta sería ¿cómo me veo de aquí uno, dos, cinco o diez años? ¿Por un momento alguien ha pensado cómo será su vida en un futuro? ¿Cómo le gustaría que fuera? Simplemente hay que pensarlo un momento, para no tener que decir eso de ‘si el tiempo volviese atrás…’. El ‘carpe diem’es algo que habría que cogerlo con pinzas…
¿Cómo me veo yo en un futuro? ¿Cómo te ves tú? ¿En diez años, por ejemplo? Te espero allí para contárnoslo, nos vemos en 2027. Si el tango dice que ‘veinte años no es nada’, diez son ‘na’.