Juan Rosell, presidente de la CEOE en este siglo XXI, en un alarde de primitivismo y, porque no decirlo, de sinceridad, se ha traslado a siglos atrás para explicarnos cuál es su concepto de lo que tendría que ser nuestro sistema laboral. El presidente de los patronos ha manifestado que: “Tener un trabajo fijo y seguro es un concepto del siglo XIX”. Ya puestos… la cobertura del trabajador, el pacto social y todo lo que hace de una sociedad algo mejor que la actual. La explotación laboral es un hecho de nuestro tiempo y desde la presidencia de la CEOE se apuesta porque ese modelo no decaiga; es más, se podría pensar que Rosell sueña con que vuelva a utilizarse el término ‘negrero’, si no estuviera tan mal visto, en lugar del de ‘empresario’.
Supongo que el modelo de Rosell es la eliminación de los derechos de los trabajadores y, en un futuro, la posibilidad de que los profesionales puedan ser contratados por horas, por ancho de espalda, por altura o, incluso, que en lugar de revisiones médicas que les miren la dentadura. El contrato fijo cumple una serie de garantías inadmisibles para el jefe de los patronos, cuyo país ideal sería la sociedad descrita en las novelas de Dickens.
La cosa pinta muy mal para el trabajador español. Vivimos unos tiempos en los que prima la especulación y en el que se ha privatizado las ganancias, pero se han socializado las pérdidas. Hoy se asume que la función empresarial a la sociedad es la de crear empleo (sin importar el tipo de empleo) a cambio de pagar menos impuestos.
Tenemos la desgracia que en este país, tan acostumbrados a tirar de patriotismo, no salgan a la palestra grandes empresarios y millonarios exigiendo para ellos mismos un aumento de impuestos, tal y como ocurrió en EEUU, preocupados porque la injusticia de que su carga fiscal sea mucho menor que la de sus trabajadores y preocupados por la alarmante desigualdad y sus consecuencias. En este país abundan los sinvergüenzas; los hubo en el siglo XIX, XX y los hay en el XXI. Los avances en derechos sociales y laborales siempre les han provocado urticaria.
Supongo que el modelo de Rosell es la eliminación de los derechos de los trabajadores y, en un futuro, la posibilidad de que los profesionales puedan ser contratados por horas, por ancho de espalda, por altura o, incluso, que en lugar de revisiones médicas que les miren la dentadura. El contrato fijo cumple una serie de garantías inadmisibles para el jefe de los patronos, cuyo país ideal sería la sociedad descrita en las novelas de Dickens.
La cosa pinta muy mal para el trabajador español. Vivimos unos tiempos en los que prima la especulación y en el que se ha privatizado las ganancias, pero se han socializado las pérdidas. Hoy se asume que la función empresarial a la sociedad es la de crear empleo (sin importar el tipo de empleo) a cambio de pagar menos impuestos.
Tenemos la desgracia que en este país, tan acostumbrados a tirar de patriotismo, no salgan a la palestra grandes empresarios y millonarios exigiendo para ellos mismos un aumento de impuestos, tal y como ocurrió en EEUU, preocupados porque la injusticia de que su carga fiscal sea mucho menor que la de sus trabajadores y preocupados por la alarmante desigualdad y sus consecuencias. En este país abundan los sinvergüenzas; los hubo en el siglo XIX, XX y los hay en el XXI. Los avances en derechos sociales y laborales siempre les han provocado urticaria.









