viernes, 27 de febrero de 2009

Acabó febrero



Ya ha pasado un mes desde que empecé con un sencillo homenaje a D. Antonio machado. Solamente hubiera habido algo por lo que lo hubiera dejado pero como no se ha cumplido pues he seguido hasta el final. Dejaré la entrada de la III República para más adelante.

No me he inventado nada. La mayoría de los datos están sacados del libro Ligero de equipaje de Ian Gibson, un libro que aconsejo y que me leí hace tiempo volviéndolo a recordar este mes. Otros los he buscado en otras fuentes pero nada está inventado. Es lo que tiene el contar la vida de alguien, que no se puede cambiar. Se podrá ser más o menos riguroso pero poco se podrá alterar.

Mi intención era contar el último mes de vida del poeta y un poco otros aspectos más personales como su pensamiento político o su vida sentimental. Quizás me he dejado llevar por un exceso de pasión hacia su figura y puedo haber dado una opinión muy particular respecto a ciertas situaciones de su vida. Simplemente es mi opinión y cada uno puede tener la suya igualmente respetable y discutible.

Con esto termino mi homenaje al poeta. No creo que vuelva a escribir sobre él y no porque no quiera sino porque, como dije cuando empezó el mes, hay cosas tan íntimas y que mueven sentimientos tan grandes que no es posible encontrar las palabras. Lo que me evoca el leer a Machado, pasear por Soria o visitar su tumba en Colliure, es algo demasiado personal como para contarlo. Supongo que el alma también puede tener algunos secretillos y estos son, hoy por hoy, los míos.

La poesía creo que se tiene que sentir, no se puede leer del mismo modo que la narrativa. Hay que meterse dentro y entenderla. Por ello los poetas son especiales, por ello hay que cuidarlos, por ello hay que respetarlos, por ello hay que admirarlos y por ello finalizo con un poema de una gran poetisa, Gloria Fuertes, cuyo significado no hace falta explicar, solamente hay que sentir.


Cuando muere un poeta,
no pasa nada…

Machado murió de pena
echando llanto por la almohada.

Hernández murió de rayo
echando sangre por la boca.

Echando sangre por las sienes
murió Lorca.

¡No queremos que mueran más poetas
echando tristeza por la boca!



Siempre en el recuerdo y en el pensamiento don Antonio Machado, poeta.

3 comentarios:

Parsimonia dijo...

El libro que mencionas de Ian Gibson lo tiene mi abuela, pero no se lo he tomado prestado porque no me gusta leer las biografías y además es demasiado exhaustivo.
Hace unos años me compré en un mercado de libros de segunda mano en Barcelona los dos tomos de Ian Gibson sobre la vida de Federico García Lorca y todavía no lo he podido leer, a pesar de que tiene que ser muy interesante, pero tanta información me satura. De todas formas lo tengo como algo pendiente porque tiene un interés inmenso.
Un beso.

Parsimonia dijo...

Marino, te elijo para un concurso. Pásate por mi blog cuando puedas.

Marino Baler dijo...

Parsimonia: Si te lees este libro no te arrepentirás.
A mí me gustan las biografías pero las de ciertos personajes que me interesan. Creo que para saber lo que sentían y porque hacían las cosas hay que estudiar su entorno, su niñez, sus circunstancias. Es como, por ejemplo, observar un edificio antiguo que se puede saber el estilo al que pertenece pero conocer la historia de la época, de las gentes, de cómo pensaban ayuda más a la hora de disfrutarlo...

Gracias por elegirme. Participaré con mucho gusto.

Un beso.