martes, 28 de octubre de 2014

¡Qué les corten la cabeza!



A estas alturas de la película, ¿alguien duda que vivamos en un país de políticos corruptos? Negar esto sería de necios, ya que es algo que está más evidente que la rivalidad Barça – Madrid. Por eso, hablar o escribir sobre algo que todo el mundo sabe es algo que está de más, máxime si sólo sirve para que uno se cabree al ponerse a pensar en los casos de corrupción que llevamos en los últimos años (por ejemplo durante todo el siglo XXI).
Llegados a este punto habría que preguntarse, ¿qué motiva al político corrupto para hacer lo que hace? Muy sencillo, que no hay escarmiento. Por lo visto, el riesgo de la cárcel no es suficiente elemento disuasorio para toda esta ralea que saquean impunemente las arcas públicos y se llenan el bolsillo por ocupar un cargo público.
Quizá habría que tomar otro tipo de medidas. A todo aquel que se le pille metiendo mano en la caja común o haciendo lo que no debe aprovechándose de su cargo que le corten las manos, sí, de manera literal, manos cortadas. El problema es que no tendríamos un país de mancos como lo eran Cervantes o Valle-Inclán. Ya, yendo más lejos y dependiendo de la cantidad robada o defraudada hacer lo que decía la Reina de Corazones: “¡Qué le corten la cabeza!”… es probable que eso hiciera a más de uno recapacitar y se lo pensase dos veces antes de hacer lo que no debe. Si por las buenas estamos viendo que no hay resultados habrá que hacerlo por las malas. Ya no caben más advertencias, demasiado estamos aguantando.

2 comentarios:

Maikel Urrutia dijo...

El gran problema que yo veo es; Que para cambiar el sistema y limpiar de mierda este país, hace falta la colaboración de los que tienen el control y el poder para poder hacerlo. Y como estamos viendo, no están muy por la labor de perder sus privilegios en beneficio del pueblo y hacer un sistema mas justo.

Marino Baler dijo...

Yo creo que ésto no cambia de manera pacífica. Pero somos demasiado civilizados; tienen suerte.