martes, 4 de noviembre de 2014

Mi primer análisis



Hoy me he hecho mi primer análisis, al menos que yo recuerde. Creo que la última vez que me sacaron sangre fue cuando tenía 8 ó 9 años para, que me dijeran cual es mi grupo sanguíneo.
Quienes me conocen saben que soy bastante aprensivo. No soporto que alguien me cuente operaciones y que me enseñe alguna cicatriz. Por lo general no me importa ir a los hospitales, pero cuando tengo que visitar a alguien y tiene goteros o veo a enfermos paseando por los pasillos con el gotero arrastrándolo en una especie de percha o alguien con sonda… palidezco, me pongo blanco y me entra malestar.
Hoy creo que me he portado bastante bien. Antes de comenzar la extracción de sangre he entregado un botecito con orina y la enferma, con no muy buenos modales, me dice: “Está muy lleno. Esto no se tiene que llenar tanto”. Yo, que estaba como un flan y lo que menos me apetecía era que me tocaran mis partes nobles (metafóricamente hablando), le he contestado: “Mire usted, en el bote no vienen ninguna indicación. Las instrucciones para mear las conozco, pero para llenar un bote de estos no, así que lo he llenado hasta arriba. La orina que sobre la pueden tirar”. Nos hemos fulminado con la mirada.
Me he quedado de pie esperando a que me llamasen (tengo la costumbre de no sentarme en hospitales ni ambulatorios) y a los tres minutos para dentro.
Me he sentado en una silla y un enfermero joven me ha dicho en que brazo quería que me sacaran la sangre; le he dado el izquierdo, ya que he pensado que del derecho no puede salir nada bueno, y le he preguntado si iba a sacar mucha cantidad, a lo que me ha respondido que “tres tubitos” señalándolos encima de la mesa; yo ni los había visto. Creo que he palidecido y me ha preguntado si me mareaba “no lo sé”, le he contestado, ya que, como he dicho antes, hacía muchos años que no me sacaban sangre. En esos momentos pensaba: “¿En mi situación habrá alguien que se haya levantado y no se lo haya hecho? Porque eso es lo que me apetece hacer ahora”. Me ha puesto una goma y me daba golpecitos con los dedos buscándome la vena y yo sin mirar. He notado un mínimo pinchazo y a partir de ahí solamente pensada: “Que acabe ya, que acabe ya, que acabe ya…”. Al momento dijo: “Ya está”. “¿Ya?”, respondí yo, ya que al ver tres tubitos esperaba tres pinchazos. La verdad es que no sé cómo lo ha hecho pero apenas he notado nada. Me ha puesto un algodón con esparadrapo y tras cerciorarse que no me mareaba mientras me levantaba (y yo también asegurarme que no lo estaba), nos hemos despedido, muy correcto el enfermero, y he salido.
La verdad es que no ha sido tan dramático como yo lo imaginaba. Pero eso sí, no es algo que tenga prisa por repetir.
El viernes sabré los resultados.

PD. Ya sé que la foto no tiene demasiado que ver con la entrada; pero no quería poner una demasiado explícita por motivos evidentes.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Una buena experiencia.Todo un valiente.Nadie se levanta y se marcha, todo el mundo lo soporta en mayor o menor media. Ojalá todo en la vida fuesen los tres tubitos.

Maikel Urrutia dijo...

Tengo una fobia a las agujas que no te lo puedes ni imaginar, siempre he evitado que me pichen y sobre todo hacerme análisis de sangre. Solamente cuando no he tenido más remedio por una emergencia de salud “como hace cuatro años”. A mí me sacan cinco tubos y como no puedo tomar nada para calmar los nervios pues a echarle un par de narices y rezar para que me toque alguien bueno. Y como dicen que tengo las venas bailonas…pues lo paso un poco mal, la última vez me metieron media docena de pinchazos. Al final es resulta más doloroso, porque me la sacan de las venas de la mano que se ven…pero duele! Saludos y espero que te salgan bien los análisis.

Marino Baler dijo...

Anónimo: para mí esto pasará a la leyenda. Con esta entrada pretendo inmortalizar la efeméride :).

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Maikel: eso se llama 'belenofobia', en la red puedes encontrar mucha información; tengo una amiga que la sufre y está en manos de sicólogos es increible.
Entiendo tu sensación... ese tipo de cosas no son agradables. Miedo me da a mí el día que tenga que entrar en un hospital y me tengan que poner goteros (si llega el caso). De pensarlo me agobio.

Muchas gracias.

Aileon dijo...

Tienes suerte...

A mí me dejan la última y con todo el personal disponible porque mis venas son tímidas y se esconden...eso dicen, y no hay manera. Pero vamos que salgo mareada, y con tiras de esas por todos lados, uff.

Ánimo,
Un abrazo.

Marino Baler dijo...

Aileon: visto lo visto todos tenemos historias con esto de extracción de la sangre... estamos apañados para ser donantes :)

Besets

Maikel dijo...

Ya me dijeron que podía tener ese problema pero nunca nadie me dijo de ir a un psicólogo. Pero yo creo que todo me viene de pequeño, cuando me pinchaba un practicante que era un matarife. Una vez me tocó un nervio o algo, dejándome paralizado parte del cuerpo y acabe en el hospital. Creo que eso me ha marcado siempre, pero si tengo que ir voy pero lo paso muy mal. Ahora me hago un análisis todos los años y la verdad no es agradable pero necesario. El no hacerme análisis de sangre regularmente me pudo costar caro, ya que era diabético del tipo 2, tenia colesterol, la tensión por las nubes y yo sin enterarme. Según el médico me podía haber dado un infarto en cualquier momento. Pero me puse las pilas, me estuve medicando, hice un régimen muy estricto, algo de deporte y cambié mis hábitos de vida…ya que no me cuidaba. Ahora ya no soy diabético, el colesterol normal y el resto de análisis me salieron de categoría. La única manera de prevenir esto es con análisis anuales, por mucho que nos fastidie. Ya que muchas enfermedades no avisan hasta que te arrean el golpe.
Un saludo

Marino Baler dijo...

Maikel: yo recuerdo que de pequeño pedía al practicante que me pinchase sin aguja.
A partir de cierta edad ya hay que empezar a cuidarse.