martes, 27 de junio de 2017

De mesa de dibujo a ordenador


Parece que fue ayer. Aunque sea una frase hecha, simplemente hay que mirar atrás para darse cuenta lo rápido que pasa el tiempo.
La primera vez que vi una mesa de dibujo fue en el instituto. Me parecían unos trastos imponentes, muy sencillo de ajustar. Con un tornillo de palomilla en el lateral se apretaba y aflojaba y el pesado tablero se ponía a la medida. Algunas tenían un paralex, que sujeto mediante unos hilos a las esquinas de la mesa subía y bajaba para poder hacer líneas paralelas. Todo un descubrimiento.


Pasados los años, cuando me hizo falta, mis padres me compraron una mesa que ya no conservo. De 1’50 de ancho por 1’00 de largo. Era semiautomática, ya que con un pedal se podía subir y bajar el tablero con mayor comodidad. Le puse el paralex (que siempre acababa por torcerse) y un flexo. Creo que les costó 25.000 pesetas, hace entre 20 y 25 años. Ya no la conservo.
Cuando yo estudiaba esto era lo que había. Los complementos eran una escuadra, un cartabón, compás, escalímetro y distintas plantillas de letras y símbolos y, por supuesto, como no, los ‘rotring’. De 0’2, 0’4 y 0’8 eran los más usados y en menor medida los de 0’6… ¡cuántas puntas habré roto! ¡Cuántas veces me manchaba las manos rellenándolos! Y una vez acabados los planos, a un tubo de plástico que todavía guardo.


Hoy en día, todo lo anterior es innecesario. Lo único que necesito es lo que muestro en la fotografía de abajo: mi ordenador portátil. Aquí tengo todos los programas y aplicaciones necesarias que otro día explicaré. Se podría decir que la arquitectura ha pasado de convertirse en una profesión sedentaria a nómada; se puede trabajar en cualquier parte llevando el ordenador. Sí, sin duda alguna, el tiempo pasa muy rápido.


1 comentario:

Mikel dijo...

En la primera empresa que trabajé después de acabar mis estudios de Formación profesional, había un delineante y usaba la mesa de dibujo para el diseño de los moldes o matrices que se hacían en la empresa, y luego se lo enseñaban al cliente para que diera el visto bueno. Después le pusieron un ordenador y tuvo que aprender dibujo y diseño en tres D. Las ventajas de usar el ordenador eran enormes, pero tuvo muchos problemas porque no se adapto al cambio.