sábado, 20 de septiembre de 2008

Como el pianista


La otra noche estuve con Plácido y un par de amigos más, Daniel y Luis, en el pueblo de estos cenando. Es algo que solemos hacer de vez en cuando. Todos nos conocimos en el instituto y después estuvimos, los cuatro, en el mismo piso durante la universidad. Cuando acabamos y por la proximidad geográfica (apenas 20 km. se separan nuestros pueblos) hemos continuado manteniendo el contacto y de vez en cuando solemos quedar todos a cenar o a comer. Son buenos momentos en los que recuerda casi todo y aunque se suele hablar de lo mismo son conversaciones que no aburren y siempre gusta de recordar. Siempre hay una u otra anécdota que uno recuerda y otro ha olvidado.

Fuimos al restaurante y nos sentamos en la mesa. A decir verdad en estas ocasiones lo de menos es la comida pues creo que se disfruta más de la compañía que de lo que se tiene en el plato. Una vez acabamos pedimos café y como estábamos a gusto decidimos quedarnos allí un rato más y pedir licores.

Yo tenía a mi izquierda a Luís, enfrente a Plácido y a mi derecha a Daniel. Charlábamos y nos reíamos y como no podía ser de otra manera, hablamos de nuestros tiempos de estudiantes, empezamos a recordar a antiguos compañeros que ya no hemos vuelto a ver y de mil anécdotas, tantas veces repetidas, pero que nunca aburren. De repente Luís dijo algo que cambió la situación:

– El otro día me llamó Victoria. Me dijo que se va casar –.

De repente se hizo un silencio. Luís agachó la cabeza en señal de arrepentimiento por haber dicho algo que no debía, Daniel se encendió un cigarro, yo bebí de mi vaso y miré a Plácido. Estaba con los codos apoyados en la mesa y los dedos entrelazados entre sí, inmóvil, con la cabeza levantada mirando un punto fijo entre Luís y yo. Miré a mis compañeros y ambos lo miraban de reojo.

Volví a mirar a Plácido. Me iba acercando lentamente a su mirada hasta tenerlo cerca, el seguía absorto, sin pestañear. Yo me acercaba hasta que lo tuve a pocos centímetros. Atravesé su mirada y llegué al lugar donde estaba. En sus recuerdos. Plácido, al oír lo que había dicho Luís había vuelto al pasado. A esa parte del pasado del que llevábamos hablando toda la noche pero que omitíamos.

Estaba allí, con ella. Viviendo cada momento, escuchando y pronunciando cada palabra. Plácido, pobre Plácido. Nosotros lo vivimos con él y sabíamos que era una batalla que de antemano tenía perdida, pero ¿Con qué derecho podíamos privarle de esa felicidad? ¿De qué hubiera servido el decirle que en ocasiones es mejor perder que más perder si no atendía a razones? Arriesgaste en un juego en el que la derrota se paga con lágrimas y dolor y ahora volvías a revivirlo. Plácido, amigo, me recordabas al pianista de la canción: “El más joven maestro al piano, vencido por una mujer”.

Pero no puedes sentirte así. Ahora, después de diez años de aquello, nosotros, los que lo vivimos contigo podemos decir que tú no perdiste porque ¿Qué le hubieras negado que te hubiera pedido? Nada. Incluso la vida eterna la hubiera rechazado si no fuera para compartirla contigo. Sé que en ocasiones la has recordado y aunque ya no sientes lo mismo hay cosas que no se olvidan… simplemente se aprende a vivir con ellas. Como ella te dijo una vez:

“¿Crees que algún día nos olvidaremos el uno del otro? Yo, sinceramente creo que no”.

Y estoy seguro, que no te ha olvidado. Es imposible que lo haya hecho. Por la sonrisa que tienes dibujada en los labios estoy seguro que le deseas que sea feliz. Al menos, tan feliz como lo hubiera podido ser a tu lado.

Todo esto ocurrió en unos treinta segundos, que parecieron una eternidad, hasta que Daniel rompió el silencio y pidió la cuenta.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

me alegra ver que nos sigues hablando de Plácido

Anónimo dijo...

He pasado el fin de semana en casa de mis padres. Pero esta vez no he ido sola, mi prima y mi sobrina de 5 años me han acompañado.
Conducía yo y en el viaje de vuelta mi prima me ha contado que unos amigos suyos se separan. Llevaban 12 años juntos pero él, por casualidad, se encontró con su primera novia hace unas semanas. Está separada y tiene un niño de 3 años. Han hablado mucho. No saben qué paso. Se llevaban bien. Congeniaban a la perfección...
12 años después, un niño de tres años por parte de ella y una novia que ahora se siente engañada no son suficientes argumentos para detener la fuerza de un amor que nunca se apagó.
"Si ya no puede ir peor, espera a que sople el viento a favor" pero... "ante la duda, un sí".

Luna.

mario dijo...

le deseo a placido ,un feliz reencuentro como el de esos conocidos tuyos .

juan e dijo...

yo le deseo felicidad , aunque pienso que se conforma con poco y que no la ha olvidado ¿ es posible que alguien se la haga olvidar ? ¿ o no habra nada que olvidar? de cualquier manera en nuestro camino encontramos a esa persona , aveces se busca ...otras te la encuentrasy ante la duda siempre si

Marino Baler dijo...

Me imagino que Plácido la recuerda como aquello que pudo ser y no fue... Pero también piensa que la vida sigue.

Un saludo a todos.